Los precios a futuro del petróleo se han desplomado y cunde
la preocupación en la economía mundial. Eso no es normal, eso no es bueno,
dicen todos, incluso los que advertían del peligro de agotar los combustibles
fósiles. El mundo se ha frenado en seco: cien mil aviones han dejado de volar y
200 millones de coches se han parado. Existe la inquietante sensación de que el
planeta puede salirse de su eje. Las consecuencias económicas se presumen tan
graves que están preocupados incluso los ecologistas radicales, los que hace
tres meses clamaban contra la contaminación del tráfico aéreo y aplaudían el
viaje en barco de vela de aquella niña, ¿la recordáis?, que se llamaba Greta
Thumberg.
Pero ahora hay prioridades y da menos apuro aplicarlas.
Curiosamente, ahora ya no hay en la sociedad tanto odio al plástico. La mayor
parte de las piezas que ayudan a respirar a los enfermos, la totalidad de los
equipos que protegen a médicos y enfermeras, son de plástico. Plástico para los
tubos de ensayo y para las pipetas, para las bandejas que sujetan los cultivos,
para las fundas que logran que todo esté estéril con seguridad. Para las gafas
y las viseras, para las jeringuillas y las torundas, para las batas y los
guantes. Látex de alta resistencia, mamparas de metacrilato para los comercios,
plásticos de todas las estirpes y grosores. Miles de máquinas impresoras de
plástico se han convertido en auxiliares eficaces… Millones de bolsas de basura
están haciendo estos días una tarea que con papel o con trapos nunca hubiera
sido posible. Dirán lo que dirán, pero el plástico –derivado del maldito
petróleo a fin de cuentas– ha hecho más bien que mal a la humanidad. Y estos
días se está ganando un respeto que estaban a punto de quitarle.
Es otro de los aspectos del mundo en los que es posible que
haya un viraje en el futuro, un cambio de orientación de las ideas. Es verdad
que usamos mucho plástico y que deberíamos procurar reciclar mucho más. Pero
donde hay que trabajar es en la invención y desarrollo de plásticos más
fácilmente degradables no en su prohibición. Hagamos aviones que pesen menos
para consumir menos combustible, pero no es preciso demonizar a los aviones.
El petróleo West Texas no es que esté bajando sino que el
lunes cotizó en negativo. Hay tanta producción acumulada que empieza a ser un
agudo problema seguir con una extracción que no se puede detener. De modo que,
en la Bolsa ha empezado a cotizar del revés, en negativo. Los productores,
aterrorizados por la posibilidad de colmatar sus depósitos, pagaban a los
compradores para que se llevaran el producto.
De la censura a la bonificación. De ser un malvado agente
depredador a ojos del mundo ecologista, a ser la causa de un problema que va a
traer la ruina a millones de familias. Pronto, antes de lo que suponemos, se
regulará la necesidad de que los coches vuelvan a circular. De hecho, ya son
muchas las ciudades donde se está repensando el concepto de transporte
colectivo en un mundo lleno de aprensivos cautelosos. ¿No habrá que volver a
dar sentido al odiado coche? Porque la individualidad de la bicicleta está
probada pero el problema es que no sirve para todas las edades.
El simpático concejal Grezzi recuperará su papel social a
base de organizar una salida ordenada de los garajes de confinamiento: el
coche, como los niños, no será autorizado sino más bien obligado a circular.
Contamine un poco, señor; por el bien de la economía, consuma algo de
combustible.
Fa 40 dies, concretament el dissabte 14 de març, es
decretava l’estat d’alarma a Espanya i s’iniciava un període incert de
confinament. La quarentena s’ha complit com si d’una llarga quaresma es
tractara amb la privació d’eixir de casa més enllà de per complir les
obligacions essencials. Tancats, els mitjans de comunicació ens estan informant
-en ocasions recorrent al sensacionalisme, a la poca ètica professional o al
politiqueig- de com es va succeint la pandèmia al món. I especialment es fan
ressò de les seues víctimes, els milers de persones que continuen morint pel
coronavirus i el dolor que deixa al seu costat entre els familiars i amics que
ni tan sols poden despedir-los públicament. I també tracten el sofriment econòmic de les empreses
i treballadors que s’han quedat sense faena i ara encaren un futur ben difícil
ple d’interrogants.
Però esta gran crisi econòmica, sanitària, social i
emocional també ha mostrat una altra cara de la moneda més positiva. La
solidaritat entre les persones, especialment amb les més necessitades, o la
importància de tindre uns sistemes econòmic i sanitari més sòlids i sostenibles
amb menor dependència exterior. També ha fomentat l’enginy i gràcia de molta
gent des del seu balcó, el redescobriment de les relacions familiars entre
aquells que passaven moltes hores al carrer, el recolzament al xicotet comerç,
la importància de molts treballadors invisibles i la davallada del consumisme
innecessari amb el respir que ha tingut la natura i que hui celebra el 50é Dia
de la Terra.
Amb tot, encara que ja s’estan concretant aspectes del
procés de desconfinament com l’eixida dels menors de 14 anys a partir de
dilluns 27, l’estat d’alarma s’allargarà almenys fins el 9 de maig. La
conjuntura actual ha portat a mostrar la cara amable de moltes empreses i
persones que per a uns representa la seua faceta real i per a altres simple
postureig de fàcil oblit. I quan tot passe ens acostumarem a una nova realitat
i, amb la perspectiva de les coses que aporta el pas del temps, podrem traure
bones conclusions i lliçons. Perquè després serem nosaltres els protagonistes
que haurem viscut un moment històric i contarem anècdotes del coronavirus,
entre les que sempre ens quedaran aspectes alegres com este recull fotogràfic
de xiquets i xiquetes d’Otos amb les mones confinades de Pasqua.
FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA
Levanté la vista del ordenador y miré al cielo nuboso. Y
allí, por donde la cúpula del viejo Asilo de San Juan Bautista, estaba el
avión, grandote y pesado. En un día normal de un momento normal, por allí, por
el sureste, es por donde suelen entrar los aviones en el campo de mi ventana.
Se les ve sobre el mar, acercándose al puerto, formando de noche una fila de
luces… Pero en este caso solo había uno y era sin duda grande: con la lentitud
de un pesado elefante empezó a bajar, de mar a tierra, en busca de la senda de
aterrizaje que cruza el nuevo cauce del Turia a la altura del polígono Vara de
Quart…
Me dio tiempo a hacerle algunas fotos. En la cola, los
cuernos y el perfil de una especie de cabra, de ese oryx tradicional que es
familia de los antílopes, identificaron al aparato como perteneciente a la
compañía oficial de Qatar, una de las tres grandes de los pequeños reinos
petroleros del Golfo Pérsico. Un minuto después se perdió por el suroeste:
estaba ya en la pista de Manises.
Al atardecer, la Generalitat dio una nota de prensa sobre el
último cargamento de material sanitario llegado a Manises. “La carga
transportada por el decimocuarto avión está compuesta por 139.800 mascarillas
FPP2, 215.576 equipos de protección individual (EPI) y 30.000 gafas de
protección. Los 14 vuelos fletados por la Generalitat han transportado un total
de 456 toneladas de material”.
En esa Operación Ruta de la Seda que la Generalitat está
desplegando para traer material sanitario y de higiene, la Qatar Cargo, filial
de la Qatar Airways, juega un papel destacable. Los primeros aviones que
llegaron fueron chinos, después vimos en Valencia un enorme Antonov de la
compañía Volga-Dnepr y ahora han empezado a llegar los Boeing 787 de la Qatar
Cargo, que tiene una flota de 30 aviones de transporte empeñados ahora en volar
día y noche entre oriente y occidente llevando en las bodegas pedidos de
urgencia.
El avión que llegó ayer a Valencia, el 787 Dreamliner, es
una máquina que puede cargar unas 50 toneladas y moverlas en un radio de unos
15.000 kilómetros. La ligereza del aparato, que pesa mucho menos que otros de
su rango, va unida al bajo consumo de sus motores. Eso hace de este modelo de
Boeing un avión especialmente eficaz. Y estos son los “pequeños” cargueros;
porque el Airbus 380, el monstruo de dos pisos, también tiene modelos
habilitados para grandes cargas.
Echo en falta la “cola” de aviones, las siluetas que, de
este a sur se mueven por el horizonte de mi ventana. Valencia está unida a 82
ciudades del mundo y ahora todo está paralizado, vacío y triste. De cada diez
aviones de pasajeros hay al menos siete que están parados y solo las flotas de
carga ocupan los cielos del mundo. Esta crisis va a ser especialmente dura para
la aviación comercial: muchas compañías van a ser extinguidas por una nueva
realidad y no pocas marcas serán absorbidas por otras más fuertes.
Se ha empezado a especular ya con otras realidades: aquel
mundo de vuelos baratos y masivos, aquella forma de conocer el planeta por un
puñado de euros se podría terminar abruptamente. Es más que probable que volar
vuelva a ser caro y selectivo otra vez…
FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA
Casi todos los años, en el Almanaque de “Las Provincias”, se
publicaba el “milacre” ganador del concurso que Lo Rat Penat ponía en pie entre
los que se escribían para los altares de San Vicente Ferrer. En las actas de
beatificación del dominico valenciano constan más de seiscientas acciones
milagrosas realizadas a lo largo de sus predicaciones; pero tampoco era preciso
que los escritores de “milacres” fueran especialmente rigurosos en la toma de
los datos: la sencillez, la espontaneidad eran siempre el principal el encanto de las
representaciones infantiles, donde la ingenuidad predominaba siempre sobre el
rigor.
Un Almanaque elegido al azar de la estantería, el de 1972,
nos ofrece una pieza de Pere Delmonte Hurtado que es ejemplar del género
literario que cada año se pone en escena, en primavera, para la fiesta del
Santo. “La Jueva d’Ecija” es la escenificación libre, libérrima pero
encantadora, de un milagro que el predicador hizo en el pueblo andaluz en la
persona de una mujer judía que, obviamente, se adhiere con fervor al
cristianismo después de haber sido salvada de la muerte por el Pare Vicent cuando
le cae encima una pared de piedra.
Con todo, entre los milagros del fraile valenciano abundan
los que se remiten a la curación de muchos apestados o enfermos en peligro de
muerte. Nacido solo dos años después de la peste que asoló Europa entera en 1348,
Vicente Ferrer obedece a la cultura de una generación que estaba lógicamente
impregnada de los efectos sociales de las pandemias. El dominico Vicente Ferrer
es un predicador, muchas veces apocalíptico, que bebe en las fuentes de esa
cultura, la que proclama el arrepentimiento de los pecados ante un final que
puede llegar en cualquier momento, de manera rápida y artera, a causa de una
enfermedad que se extiende como plaga.
“Els milacres de Sant Vicent” se mueven en un mundo infantil
y están escritos para un público sencillo, que escucha las andanzas milagreras
del santo en los retablos improvisados en la calle. El primero que se conserva
impreso fue escrito para el altar de la calle del Mar y apareció en el “Diario
de la Ciudad de Valencia” de 22 de abril
de 1827. Se titula “La Font de Lliria” y recrea el conocido milagro que permite
que el manantial del actual parque de San Vicente no se haya secado nunca ni en
las peores carestías. Después vendrían muchos más: historias inocentes de vicio
y virtud, hombres malos y en vicioso pecado, demonios exorcizados de mujeres
rabiosas, niños que se paran en el aire antes de golpearse contra el suelo,
bebés resucitados en las manos de madres llorosas… Y apestados que se levantan
para caer rendidos a los pies del fraile que les da la bendición.
El que Pere Delmonte escribió en los primeros setenta se
representó en el altar del Carmen y tiene en su cuadro de actores a todos los
niños de las familias Romero y Borrego, vecinos de raigambre en el entorno de
la plaza de Na Jordana, valencianos de hondas raíces dispuestos a unirse a
todas las fiestas.
— Alça’t i no plores més. / Per la teua contricció / Déu te
dóno el seu perdó / per bo i bondadós com es./
El predicador transmite el perdón a la arrepentida. La
moraleja cae sobre los espectadores como lluvia en primavera. Y los vecinos del
barrio aplauden, un año más, ante el evidente triunfo del bien sobre el mal.
Este año, aunque no hay representaciones, hay más público que nunca esperando
el milagro del gran Santo valenciano.
Tradicionalment, el dilluns de Sant Vicent a les terres
valencianes és l’últim dia de les festes de Pasqua en el que la gent va a
menjar-se la mona i a berenar amb bona companyia i diversió. Però, tot i que té
un fort arrelament, es tracta d’una festa
de caràcter local a efectes laborals en la que segons el municipi es
treballa o no. De forma que, per posar
exemples pròxims, a Albaida és un dia
normal i utilitzen el dia festiu a la fira de juliol o a l’octubre com passa a
Ontinyent, mentre que a Otos els dos dies festius que pertoquen solen ser el
dia de Sant Vicent Ferrer i el segon dia de Nadal, ja que no es contemplen a
tal efecte les festes d’agost.
Enguany, la crisi derivada del coronavirus està trastocant
tota la planificació preestablida i s’han suspès o ajornat grans celebracions
com les Falles, la Pasqua o els moros i cristians d’Alcoi i d’Agullent i no se
sap quan tornaran a ser possibles amb tot el que això comporta a efectes
econòmics i socials. Quan es permetran de nou les aglomeracions i la lliure
circulació de persones? Quantes empreses del sector de l’oci estaran preparades
en eixe moment? Quin pressupost li podran destinar a les festes tant les
famílies com les administracions? Podrem fer vida més normal a un municipi
sense afectats que al centre de Madrid? En definitiva, com serà la desescalada
del confinament i quins canvis comportarà?
Enfront de tants interrogants no ens hem de posar
apocal·líptics com feia sant Vicent. Només podem seguir amb els indicacions
sanitàries per protegir-nos i per evitar una multa i també preparar-nos per
allò que el temps puga portar. Aprofitem la quarantena a casa i, hui que ha
eixit el sol, mengem-nos la mona. Si voleu conèixer millor la figura de Sant
Vicent a Otos, la seua literatura i com se celebrava la festa punxeu ací.
I tantes preguntes que ens fem estos dies de confinament,
com si d’una forma light d’arrest domiciliari es tractara, ens han portat a
recordar cançons i missatges amb melàngia com diu la cançó 20 de abril del 90,
versionada 30 anys després amb tots els canvis que ha portat el temps.
Podía pensar que es el ecuador de la historia, podía
ilusionarme con que ya empezó la cuenta atrás, podía ser tan generoso que lo
daría todo por salir de casa… Podía, no deja ser el momento en el que conjugo
la primera persona del pretérito imperfecto de indicativo del verbo poder. No
es lo mismo decir “podía” que “puedo.”
Yo, tu, el, nosotros, vosotros, ellos, no “puedo”
en singular, o no “podemos” en plural, en cada una de las personas
conjugadas, salir de casa. Al menos hoy por hoy. El 10 de marzo se paró
paulatinamente Valencia, el 15 de marzo, se paró España. Un mes cerrado en
casa, la frase se hizo viral”yo me quedo en casa.”
En este tiempo hemos aprendido mucho, yo al menos. Hoy hago
esta reseña sin hablar del pasado, de la historia de ayer, de los recuerdos
vividos; hoy hablo del presente, ya que esta crónica empieza con las
conjugaciones, continua conjugando el tiempo presente.
En la escuela del hogar, este mes he aprendido a convivir
con la televisión, con los mensajes, con los videos, con los homenajes a
nuestras “heroínas” y “héroes”, con video-llamadas
familiares y al exterior, con las buenas noticias cuando desciende la curva, y
con las peores noticias al ver como suma y sigue el número de difuntos.
Me he enterado de episodios escalofriantes ante la muerte de
personas conocidas, he tenido que dar el pésame a familias amadas que han
perdido seres queridos, tragándose las lágrimas y con el más absoluto silencio,
abrazaron la más desgarradora soledad. He conocido gestos de buenas personas,
de familias, que han ayudado a mitigar las carencias; he hablado con médicos y
sanitarios, que al pie del cañón con una voluntad férrea, han demostrado cada
día, su valía, entereza y humanidad. He podido saludar a amigos de la U.M.E. y
de la Guardia Civil, que no han cesado en sus labores humanitarias.
En el mundo siempre ha tenido un valor de referencia el
dinero; el dinero a la hora de circular se vale de papel y de monedas, las
monedas tienen dos caras. En muchas ocasiones son la balanza del precio de
algo, o la permuta que nos entregamos cuando hay que elegir entre cara y cruz.
Estos días son como una moneda, tenemos las dos caras; hoy es un día que la
cara amarga (no sé cuál de las dos es), me ha motivado a escribir estas
palabras. Hoy ha sido un día cargado de llamadas, mensajes, testimonios… un día
diferente y de contrastes. En los últimos informativos, las noticias no han
sido buenas. Seguimos hablando del día de hoy.
Según el Ministerio de Sanidad ya son 172.541 casos
confirmados, 18.056 fallecidos y 67.504 curados del Covid-19 en nuestro país.
Enhorabuena a los que se han curado, y mucho ánimo a los casos confirmados,
deseándoles una rápida y pronta recuperación. Pero lo peor de todas las cifras
es esa que ya supera lo dieciocho mil difuntos. (Cierro los ojos y suspiro en
silencio).
En este tiempo de confinamiento, hemos aprendido a aplaudir,
a salir al balcón, a las ventanas; quizás haya sido y sea una buena terapia
cantar “Resistiré”, también debe ser algo bonito hacer todos esos
homenajes: la hora del aplauso, de la cacerolada, de la vida pública del balcón
es un hecho, un momento importante. No estoy cuestionando el párrafo anterior,
ni criticando a quien lo hace, mis palabras son fruto de una reflexión que
llega desde un contumaz respeto a tod@s.
Por mi edad, circunstancias familiares y personales, estoy
rodeado de “riesgo”, soy consciente al sector que pertenezco, pero me
hubiera gustado que me dejaran salir para ir a esos ocultos tanatorios a hablar
con esas familias que han perdido a sus seres queridos, echo de menos que se cree
un voluntariado para con guantes, mascarillas, batas o gafas, poder decir a
algunas de esas familias destrozadas, que esperan a la puerta de esos
hospitales, habitaciones calladas, pabellones de desconsuelo, que no están
solas. Que sentimos su dolor y la muerte. Que somos conscientes de que en vida
se ha intentado todo, pero que una vez los ojos se cierran y ya nada de forma
humana se puede hacer, poder mirar a los ojos a esas personas y regalarles un
hálito de paz, de amor, de comprensión. Solo esa mirada de ternura.
Decía en una de sus canciones titulada “Ciudad
Joven” el gran amigo y compositor Vicente Morales de Brotes de Olivo, en
los años ochenta: “El vivir para servir, gozándolo en gratuidad, dando
razón de esperanza, fermentando la unidad; anunciando el resto pobre que llame
a despertar, la conciencia tan dormida, que existe en la humanidad.”
Palabras proféticas, que nadie imaginaba en aquella década, que tantos años
después iban a ser de rabiosa actualidad. Hoy se está pidiendo “fermentar
la unidad”, sabemos que todos, TODOS, somos pobres ¿Con cuántos millones
de parados nos vamos a enfrentar? ¿Qué nos han dicho de la caída del P.I.B.? Y
mi última pregunta ¿Qué hago yo para despertar la conciencia, mi conciencia tan
dormida que existe en la humanidad?
Esa es la pregunta de hoy. Es el silencio ante la muerte. Es
el paso que nos separa del hoy al mañana. He dicho en repetidas ocasiones que
la palabra clave es esperanza, hay más palabras claves: UNIDAD, CONCIENCIA,
GENEROSIDAD y VERDAD. Mientras esas palabras en tiempo presente no despierten
nuestra dormida conciencia, el confinamiento podrá ser eterno. Yo ahora estoy
pensando que me guardo las palmas, la música, los gritos, cualquier
manifestación externa, porque mi corazón está de luto, al igual que lloran en silencio,
esas familias que han perdido a un ser querido y que lo están perdiendo todo.
Porque cuando se pierde la vida en circunstancias como las actuales, nadie es
digno de cuestionarse nada, solo debemos ser capaces de ser humanos y
solidarios. Mirar el horizonte de los enfermos, de las familias, de los hijos,
del mundo.
FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA
Lo veo y no lo creo: los helechos, con todas estas lluvias,
están altos y lozanos, de un verde intenso imposible de reproducir. Ayer recibí
fotos, internet es pura magia para estas cosas. Y llegué a emocionarme como si
me hubieran pasado las fotos de un recién nacido: impensable, hace dos meses,
que un simple helecho pudiera transmitir esa sensación esperanzadora de lo que
renace, de lo que se recupera por sí solo y apunta hacia un porvenir
esperanzador.
Porque resulta que ese helecho está en un sitio difícil, en
un rincón de la entrada donde escasea la luz. Allí han fracasado montones de
proyectos, desde un ciprés a no pocas simientes de flores… José, un marroquí
atento que me vende plantas en el vivero, me lo dijo más de una vez:
— Es un sitio difícil, señor… La luz es muy importante, y el
sol. Les pasa como a las personas: una planta necesita alimento, pero también el
beneficio de la luz del sol.
Fue él quien me dijo que probara con los helechos, menos
exigentes con el sol y el calor. En realidad, el helecho busca las umbrías y la
humedad. Así es que probé, trasplanté un par de ovillos de raíces con muy pocos
brotes y me decidí a esperar. Y aunque tienen el riego asegurado, han sido
estas lluvias las que han dado la fuerza precisa para el salto, el impulso de
la recuperación.
Todo es cuestión de paciencia y esperanza, me digo con
cierto aire de moraleja. Todo es cuestión de aguardar el milagro de la
naturaleza. Y es ahora cuando caigo en que hoy, 19 de abril, es cuando
celebramos en casa un cumpleaños importante; la fiesta del aniversario de la
persona más querida.
¿Recuerdas? Aquél médico, sin mascarilla, te la entregó en
una cesta, como un presente. Estaba llorando, acababa de nacer, era una
promesa, una esperanza, un reto y un proyecto. El médico llevaba en la boca un
puro enorme encendido; y te enfadaste con él, en un rasgo instintivo de
responsabilidad paterna.
— !Qué imprudencia, doctor!
— Pronto empiezas a padecer…
La foto de los helechos será mi regalo. No tengo otra cosa a
mano. Confinados y a distancia, no podremos celebrarlo como todos los años.
Tiempo habrá…
JOSÉ SALVADOR MURGUI SORIANO, CRONISTA OFICIAL DE CASINOS
El origen del Comulgar de Impedidos:
Desde que en los siglos XIII y XIV se popularizaron las
procesiones eucarísticas, cuando se llevaba el viático a los enfermos, se
formaba una pequeña procesión al toque de campana, que se fue haciendo más
solemne en la comunión general de los enfermos e impedidos que se hacía el
domingo de Pascua o en fecha cercana, para cumplir el precepto de
“Comulgar en Pascua florida”, y para la ocasión se adornaba la calle
con enramada, los balcones con reposteros y colchas.
Examinados los Libros Parroquiales, existe una anotación en
el año 1794, que dice: “Fiesta de los Obreros del Santísimo, que tienen
obligación de hacer al año y lo fueron: Julián Muñoz Mayor, y Joseph García de
las Casas de Agustino. Día 17 de abril jueves santo: Misa, procesión y actos.
Día 18 (viernes santo) Actos, procesión, todo ceremonial de Parroquia; Fiesta
del 19 de abril: Misa y procesión general. Día 20 de abril domingo de pascua:
Misa y Procesión del Santísimo por la Plaza.” Aquí ya cita la procesión
por la Plaza, tengamos en cuenta que la vida en el Más de Casinos se reducía a
las inmediaciones de la Plaza.
En el Inventario Parroquial de 1807 dice en los epígrafes
“Nº 15: Una capita para los comulgares de espolín de China.” Y en el
“Nº 19. Un campana sobre la puerta, dos pequeñas para las misas, y otra
para los Comulgares.” Por otra parte sabemos que en 1892 hay expedido un
“Recibo con el Nº 3 que justifica la compra de “Un Pendón de Comulgar
50 p.” Estamos hablando de una tradición que se celebró en Casinos desde
finales del Siglo XVII.
Hay otro aspecto a tener en cuenta y es que se hacen varias
procesiones al año, y que esas procesiones estarían acompañas por músicos. Si
la Banda como tal no se forma hasta 1906, y la forma un sacerdote D. Joaquín
Ripoll, no cabe duda que la existencia de músicos en Casinos fuera mucho anterior
a la formación de la Banda.
Por tanto el Comulgar de Impedidos o “Combregar”
se celebra desde las fechas detalladas, y una vez nace Casinos como pueblo se
hace a expensas del M.I. Ayuntamiento de Casinos, que preside la celebración.
En ella se interpreta el Himno Nacional, a la salida y entrada del Templo, y
cada vez que el sacerdote entra en los hogares de los enfermos.
Históricamente lo explica la “Ordenanzas de S.M. para
el Régimen, Disciplina, Subordinación, y Servicio de sus Exercitos” del año
1768 del monarca Carlos III.
Se tiene constancia que es un hecho el que los
“Granaderos” acompañaran los pasos procesionales. Pero no debemos
olvidar que sus precedentes, se encuentran en el mismo ejército, que
participaba en las celebraciones religiosas. Y de hecho hay documentación que
así lo demuestra, al menos desde el siglo XVIII.
En el año 1808 todavía seguían vigentes, aunque parece ser
que con una pequeña ampliación que había mandado realizar Carlos IV a su valido
Manuel Godoy, las “Ordenanzas de S.M. para el Régimen, Disciplina,
Subordinación, y Servicio de sus Exercitos” del año 1768 del monarca
Carlos III.
Referente a los “Honores Militares”, en el Título
Primero del Tratado Tercero, del Primer Tomo, encontramos una serie de actos a
realizar por los “Cuerpos enteros” en toda Procesión del
“Santísimo Sacramento” o “de Imagen de Santísimo Christo”.
Entre los diez artículos que lo componen, destaca lo siguiente:
En el segundo Título dice: “Ante el “Santísimo
Sacramento”, explica que “por la Infantería se presentarán las Armas,
y batirá la “Marcha” [de Fusileros, de Espinosa (1761)] desde que se
aviste, hasta que se pierda de ojo; y al pasar por delante de las Armas, se le
rendirán poniendo la rodilla derecha en tierra, quitándose el sombrero, ò gorra
[al parecer, se permitía ir con gorro cuartelero]
, y cubriendo con él la llave:
luego que el Santísimo haya pasado, se levantarán los Soldados, y presentarán
las Armas, sin que el Tambor cese de tocar la “Marcha”, lo que se
entenderá igualmente, si su Divina Magestad pasase por Tropa con Vanderas, en
cuyo caso se rendirán estas también.”
Como había que normalizar estas actuaciones en 1984 siendo
Ministro de Defensa Narcis Serra se promulga el siguiente “Real Decreto
834/1984, de 11 de abril, por el que se aprueba el Reglamento de Honores
Militares, nos indica como se ha de proceder con los Honores especiales al
Santísimo sacramento.” Honores que se deben aplicar de igual forma en la
Procesión del Comulgar de Impedidos.
TÍTULO VIII. HONORES ESPECIALES. CAPÍTULO I. Honores al
Santísimo Sacramento.
Artículo 58. Al Santísimo Sacramento le serán tributados los
honores militares de arma presentada e Himno Nacional (primera parte completa).
Sabemos la fecha de celebración, que el Santísimo Sacramento
cuando sale a la calle va bajo palio, y los Honores que tiene que recibir. El
último año que se celebró el Comulgar de Impedidos en Casinos fue en 1975,
según se explica en la Hoja: “CULTOS DE LA SEMANA AÑO 14, Nº 14 de 6 de
abril de 1.975. LUNES: Festividad de SAN VICENTE FERRER. 11 h- MISA A SAN
VICENTE FERRER.
COMULGAR DE IMPEDIDOS: Este año, el solemne comulgar de
impedidos, no se va a poder realizar, porque no se han presentado enfermos que
solicitan recibir la comunión de esta forma. (Mejor dicho, sí que se ha
presentado un solo enfermo, pero ha dicho que si se tenía que hacer solo para
él, que entonces no era necesario).”
En el año 1998, se volvió a celebrar el Combregar hasta el
año 2010, que al igual que la otra vez, por falta de enfermos dejó de
celebrarse. Hoy en esta crónica dejo constancia de esa costumbre que se ha
perdido en nuestro pueblo. Tiempos nuevos, con olvido de lo antiguo, pero no se
nos olvide que esas costumbres cimentaron la historia de Casinos.
Cuadro Artístico del Círculo Católico, 1960. Colección José Víctor Rodríguez López
ANTONIO LUIS GALIANO/CRONISTA OFICIAL DE ORIHUELA
Hace ocho días que pasó la Semana Santa. Esta vez solamente
hemos podido disfrutarla visualmente con imágenes televisivas de otros años,
sin música de bandas en directo, sin poder palpar el terciopelo y la seda, sin
impregnarnos de incienso. Ahora bien, esta situación lamentable que estamos
viviendo no ha podido arrancar de nuestros corazones el sentimiento, ni el amor
a las tradiciones de nuestra tierra.
Emoción que nos ha sido transmitida por nuestros mayores,
que supieron buscar, echando mucha imaginación, para con su trabajo aupar a
nuestra Semana Santa al lugar que ocupa internacionalmente, rastreando fuentes
de financiación para ir reconstruyéndola, poco a poco, y superándola un año
tras otro.
Semana Santa que ha pasado, y ya se tienen los ojos puestos
en la del año próximo, al igual que hacían aquellos que nos precedieron,
rebuscando con talento y ocurrencia los medios económicos para lograr sus
anhelos.
Imaginación de la que ha pervivido la lotería, lotería,
mucha lotería, siempre con la obligada “prima”. Pero, en esos años de
los cuarenta a sesenta del pasado siglo, la cosa iba de rifas, en las que
siguiendo aquella de 1929 a beneficio de la Centuria Romana, se sorteó un
chalet en San Francisco, en la confluencia de la actual Avenida de la Constitución,
calle de la Armengola y la Plaza de Capuchinos, que le tocó al vecino de la
calle de Arriba, José Botella García “El Fleta”, o la mantilla de
blonda que rifó, en 1930, la “Cofradía de los Dolores” siendo
agraciada Benildita Linares Javaloy. Como decía, las rifas siguieron décadas
después, como la promovida por la Hermandad del Prendimiento que hizo lo propio
con ocho tahúllas de tierra, valoradas en 56.000 pesetas (336,58 euros), en
1944. Años después, esta misma Hermandad seguiría con rifas, que fueron desde
un coche Seat 600, a vespinos, pasando por electrodomésticos, cestas de Navidad
y kilos de caramelos. Así mismo, curioso fue el sorteo de la maqueta del paso
de La Sentencia, de Víctor de los Ríos, el 10 de mayo de 1965, en el mismo año
que celebró la Cofradía Ecce-Homo el vigésimo quinto aniversario de su
fundación y del estreno del citado grupo escultórico.
Pero de esa imaginación de nuestros mayores, tal vez la
iniciativa más extendida sea la puesta en escena de numerosas zarzuelas por
varias cofradías, entre ellas la del Ecce-Homo, de las que hablaremos
posteriormente.
Ya en 1930, el 22 de marzo el Teatro Circo subía el telón a
beneficio de la Cofradía del Perdón, representando “Los claveles” del
maestro Serrano, y “La leyenda del monje” y “Música
clásica”, ambas del villenero Ruperto Chapí. En esta ocasión, el Cuadro
Artístico de la Casa Social Católica, dirigido por José Bonavía y teniendo como
maestro concertador a José Garriga, contó con la actuación, entre otros de
María Pérez, Francisco Duréndez y Ginés Gea.
Durante la Segunda República, la citada Cofradía de los
Dolores, en el Teatro Circo y bajo la dirección de Ignacio Genovés, contando
con Luisa Giménez en el principal papel femenino, se representó “El Rey
que rabió”. Y, seguramente, nuestros padres debieron de disfrutar con la
letra original de Miguel Ramos Carrión y Vital Aza, con el coro de doctores:
“Juzgando con los síntomas,/ que tiene el animal,/ que puede estar
hidrófogo,/ bien no lo puede estar./ Y afirma el gran Hipócrates/ que el perro
en caso tal,/ suele ladrar muchísimo, o suele no ladrar./
En los años cuarenta, muchos de los artistas aficionados que
desinteresadamente colaboraron con la Semana Santa de Orihuela, procedían de
los “Amigos del Arte”, que fue fundada en septiembre de 1945,
teniendo su sede social en la calle Salitre (hoy Rufino Gea), y entre ellos
José Rodríguez Lozano. Al igual que otros que aportaron su grano de arena con
su música a la Semana Santa como Emilio Bregante Palazón,
Juan Pedro Muñoz, Bienvenido Espinosa, Mariano Bregante
Rabaza, los violinistas Alfonso Soriano y Moreno, los “Arronis”, José
María Soria “Pinica”, y tantos otros que los oíamos en la procesión
del Santo Entierro, con el “Miserere” y “Stabat Mater”, o
bien con “El Canto de la Pasión”, como Rate Moreno, el maestro Pina,
así como una extensa nómina de voces a las que no dejamos en el olvido.
Pero, la zarzuela sería una fuente de ingresos en momentos
en que renovaban efectos procesionales, y a ella recurrían nuestras cofradías.
Recordamos, a la Compañía dirigida por Francisco Ballesteros que, a favor de la
“Cofradía de los Dolores”, puso en escena “La del Soto del
Parral en el Teatro Circo, el 13 de junio de 1942. Así como, la Compañía
dirigida por Juan Casanova, en ese mismo teatro y a beneficio de la Cofradía
Ecce-Homo, representó “El Huésped del Sevillano”, interpretada por
María Gómez y Antonio Paredes.
Viene también a nuestra memoria, la Agrupación Lírica
Oriolana dirigida por Ignacio Genovés que, el 25 de febrero de 1956 y a beneficio
de la Mayordomía de Ntra. Sra. de los Dolores, por entonces presidida por
Maribel Almunia y López de Sagredo y teniendo como secretaria a Julita Gilí, en
el Teatro Circo presentó “Katiuska” del maestro Pablo Sorozabal. En
ella se dieron cita artistas con un largo recorrido en las tablas como la tiple
Petri Meseguer, Luis Boné, Antonio Panús, Lolín y Lucio Sarabia, los hermanos
Cañizares (Luis y Manolo) y los Grau “los Catalanes” (Manolín y
Pepa). Con nueve años, estuve presente en esta representación y aún recuerdo el
escenario transformado en Ucrania, en la carretera de Kiew a Rumanía. Y entre
sus escenas a Manolo Cañizares Isidro, danzando mientras se cantaba aquello de
“Cosacos de Kazán,/ que sobre caballo van/ sin temor y sin
desmayo./Cosacos de Kazán,/ que en la guerra son un rayo/ y en la paz un
huracán”.
Ese mismo año, el 19 de mayo dicha Agrupación a favor de la
Centuria Romana estrenaba en nuestro Teatro Circo, después de haberlo hecho en
el Teatro Romea de la vecina capital en el mes de abril, la zarzuela de
ambiente murciano “María Jesús no olvidó” con música del maestro
Celdrán y libreto del periodista Antonio Aguilera. El éxito de Petri Meseguer
fue memorable, estando acompañada por los artistas ya citados.
La zarzuela en Orihuela, al margen de las compañías
profesionales sirvió para que los grupos de aficionados, no solo se vieran
entre decorados para el patrocinio las cofradías y hermandades, sino también
para otras entidades. Como ejemplo, recordemos a la Compañía Lírica de Radio
Orihuela, dirigida por Emilio Bregante Palazón, y como directores musicales
Alfredo Benavent y Bienvenido Espinosa que en Salón del Oratorio Festivo y a
beneficio de sus obras se representó “La Alegría de la Huerta” el 18
de abril de 1960. Aún recuerdo a Sebastián Asensio como director de una
“charanga” y a Luis Cañizares, haciéndose el sordo en el papel de
“el Caja”, tocando un bombo y recorriendo todo el patio de butacas
haciendo sonar el instrumento sin reparar en las indicaciones del director.
De igual forma que algunas compañías de aficionados
oriolanas eran reclamadas por otras poblaciones, también en nuestra ciudad se
recurría a otras foráneas, tal como sucedió el 1 de junio de 1963, que en el
Cine Casablanca actuó el Grupo Artístico de Callosa de Segura con
“Katiuska” para la Cofradía de los Azotes. He de reconocer que la
asistencia de niño a estas representaciones forjaron mi afición a la zarzuela
que, luego me llevó a seguir con ella en Cartagena en su Teatro Circo y con los
Festivales de España en mi época de estudiante, o en Madrid cuando trabajaba
allí, o después en el Teatro de la Zarzuela cuando por algún motivo visito la
capital de España.
Sin embargo, la simiente fue plantada en Orihuela, con voces
como la del barítono Pedro Terol, gran amigo de mi padre, y otras como la del
malogrado tenor Joaquín Martínez Zambudio, Antonio Picazo (tenor), Antonio
Vicea (barítono) y Pepe Rodríguez (bajo), del que tengo recuerdo de su gran
interpretación en “La Tabernera del Puerto”, con “Despierta negro”
que presencié en el Teatro Circo. Con su voz viví aquello de “La luna es
blanca, muy blanca./ La noche es negra, muy negra”. Y, después comprobé
que no tenía que envidiar al gran bajo madrileño José Peromingo, al que se la
vi representar en dos ocasiones.
Mas esta semilla era abonada por un gran número de zarzuelas
que se representaban en Orihuela: “La Alsaciana”, “Molinos de
viento”, “La Dolorosa”, “El cantar del arriero”,
“Los Gavilanes”, “Los claveles” y tantas otras.
Y mucha parte de ellas llegaban de la mano de Pepe
Rodríguez, la Cofradía Ecce-Homo y del Cuadro Artístico del Círculo Católico,
teniendo como marco aquel entrañable pequeño Teatro. A veces su elenco
artístico sobrepasaba su frontera y lo veíamos en el Teatro Circo en muchas
ocasiones como en 1961 con “La Dogaresa”; en el Cine Cargen, el 7 de
julio de 1949, con “Agua, azucarillos y aguardiente”, precedida por
“Maravillas Infantiles” que dirigía Carmina Rodríguez; en el Cine
Casablanca, en el que se representó el 10 de marzo de 1962, con dos funciones
“La Calesera” del maestro Francisco Alonso, actuando Antonio
Rodríguez de Egío “El Macando” como “Romito” y
“Posadero”, disfrutando el público con el pasodoble “Los
Chisperos” y aquello de “Militares tampoco me gustan/ que a veces me
asustan/con el espadín/ y toreros tampoco los quiero…”.
Aquel pequeño teatro fue testigo de muchas representaciones
de zarzuelas, efectuándose ciclos como en febrero de 1960, en que se estaba
recaudando fondos para el paso de La Sentencia, a base de entradas de 8, 6 y 4
pesetas. Así pude presenciar “La Alsaciana”, “La del manojo de
rosas” y “La Reina Mora”, en la que Lolita Arques interpretó al
“Niño de los pájaros”, cantando “Pajarillos vendo yo”. A
ésta la vimos muchas veces haciendo pareja con el barítono Pepín Abad. La
segunda de estas obras la pudimos presenciar, el 15 de marzo de 1958, interpretada
por José Antonio Parra.
El Cuadro Artístico del Círculo Católico solía contar con
otras voces como Antonio Paredes, María Gómez, Fina Cartagena, José Miguel Lacárcel,
y actores de carácter como Manuel Escamilla y Gabriel Marcos. Así como la
dirección del maestro concertador, Alfredo Benavent.
Pasaba la Semana Santa y siempre había que dirigir la mirada
hacia el año siguiente, y con imaginación las cofradías y hermandades buscaban
la manera de mejorar su desfile procesional y, a pesar de los precios tan
exiguos salían adelante. De igual forma que se saldrá al año próximo con más
esplendor que nunca, dejando atrás esta situación tan catastrófica que nos ha
tocado vivir, nunca mejor dicho, en este año del Señor de 2020.
La pandemia de gripe desarrollada en tres oleadas sucesivas
entre 1918 y el verano de 1920 dejó según cálculos de los investigadores un
total 40 millones de fallecimientos en todo el mundo.
Su origen parece estar en los Estados Unidos (marzo, 1918),
fue transportada a Europa por los soldados norteamericanos combatientes en la I
Guerra Mundial (1914-1918) y en suelo europeo se extendió rápidamente por todo
el continente, asolado por la Gran Guerra y luego por la pandemia más
devastadora de la historia.
Tras registrarse los primeros casos en Europa la gripe pasó
a España. Un país neutral que no censuró la publicación de los informes sobre
la enfermedad y sus consecuencias. Ser el único país que se hizo eco del
problema provocó que la epidemia se conociese como la Gripe Española. Y a pesar
de no ser el epicentro, España fue uno de los más afectados con 8 millones de
personas infectadas y 300.000 personas fallecidas.
La oleada más virulenta y letal ocurrió a partir de mediados
de agosto de 1918 y se extendió durante el otoño, convirtiéndose en la mayor
catástrofe sanitaria mundial del siglo XX. Afectó a hombres y mujeres por
igual, muriendo de forma fulminante en pocas horas o días, siendo los más
atacados los adultos de entre 20 y 40 años.
Elda no fue ajena a aquella dinámica y los eldenses de hace
cien años también sufrieron en sus carnes la letalidad de aquella pandemia
vírica. Fiebre elevada, dolor de oídos, cansancio corporal, diarreas y vómitos
ocasionales eran los síntomas propios de esta enfermedad. La mayoría de las
personas que fallecieron durante la pandemia sucumbieron a una neumonía
bacteriana secundaria, ya que no había antibióticos disponibles.
En Elda se llegaron a diagnosticar un total de 533 casos de
gripe, lo que supuso un contagio al 6,61 % de la población total de la ciudad.
Pero fue un 14 de agosto de 1918 cuando tenemos constancia del primer
fallecimiento en Elda a causa de la gripe (una mujer de 35 años), que fue
seguido por otros fallecimientos los días 18 (una muchacha de 14 años) y el día
19, una niña de dos añitos.
Ante las graves y trágicas noticias que se publicaban, el
ayuntamiento eldense adoptó medidas de limpieza de calles, recogida de basuras
y desinfección de locales con zotal. Medidas que no evitaron que, a pesar de
que septiembre solo registró 2 víctimas, el mes de octubre se convirtiera en un
mes trágico con 29 muertes registradas a causa del virus de la gripe. Noviembre
no anduvo a la zaga, contabilizándose un total de 14 fallecimientos por la
misma causa. Afortunadamente, el mes de diciembre solo registró 3 muertes, y
fueron las últimas. En total se contabilizaron 52 óbitos a causa de aquel brote
de virus A, del subtipo H1N1, que a diferencia de otros virus que afectan
básicamente a niños y ancianos, muchas de sus víctimas fueron jóvenes y adultos
saludables entre 20 y 40 años, una franja de edad que probablemente no estuvo
expuesta al virus durante su niñez y no contaba con inmunidad natural.
En aquel año de 1918 la población eldense era de 8.067
personas, lo que supone que la epidemia de la gripe tuvo un índice de
mortalidad del 0,64% de la población. Hoy en día, con una población de
52.618 habitantes tendríamos que alcanzar
los 332 fallecimientos para llegar a aquel índice de mortalidad que, cual plaga
bíblica, azotó la Elda de hace un siglo.
Como curiosidad, destacar que aquella epidemia de gripe fue
la causante del fallecimiento no solo de mujeres y hombres “anónimos” sino
también de personas conocidas en la sociedad eldense de aquel momento, como
fueron el ilustre abogado Manuel Maestre Payá (4 de octubre), presidente del
Partido Reformista en Elda y de la religiosa sor Arcángela Badosa, quien
contrajo la gripe atendiendo a los enfermos en el Hospital Municipal,
falleciendo un 27 de noviembre de 1918.
Afortunadamente, sería en 1933 cuando se demostró la
etiología vírica de la gripe y se pudo empezar a combatir adecuadamente con
tratamientos médicos.
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