La reclusión a la que nos obliga la pandemia del coronavirus
tiene, entre otros muchos inconvenientes, la imposibilidad de convivir con
personas capaces de aportar no pocos argumentos para estos textos que se
escriben siempre con un afán ilustrativo y didáctico. Pero bueno, también
incita la creatividad y la acción de reinventarse para superar la clausura sin
subirse por las paredes. En ese menester, creo que ya he significado me está
ayudando mucho a llenar mi tiempo (que ahora sí que lo es mío) el dedicarme a
escribir una novela con argumento histórico en la que hay que documentar hasta
las comas.
El otro día, buscando expresiones habituales en la España
del rey Felipe II, me tropecé con una que aun llegué a escuchar en mi niñez,
pero que ahora está completamente en desuso. Se trata de la expresión
interrogativa «¿Cuál es su gracia?» Tratando de garantizarme la veracidad del
olvido de la frase, hice algunas llamadas telefónicas a gente de la generación
de mis hijos y, por supuesto, a ellos también y todos entendieron que esa
pregunta venía a significar algo así como alcanzar la forma de ser de una
persona. ¿Qué habilidades, qué agudezas, qué tretas, o, incluso, qué
tejemanejes tiene? Pues no, no van las cosas por ahí. La locución lo que viene
a inquirir es el nombre que uno tiene. En otras palabras, significa lo mismo
que ¿Cómo te llamas?. La explicación es muy sencilla; históricamente, como es
sabido, el nombre se recibía en el sacramento del bautismo, que confería la
gracia santificante de entrar en el seno de la iglesia. Por por eso la frase
completa vendría a decir algo así: «¿Qué gracia (que nombre) le pusieron a
usted al bautizarle?» Bueno, esa ya se ha perdido, ahora vamos a por el usted.
Los precios a futuro del petróleo se han desplomado y cunde
la preocupación en la economía mundial. Eso no es normal, eso no es bueno,
dicen todos, incluso los que advertían del peligro de agotar los combustibles
fósiles. El mundo se ha frenado en seco: cien mil aviones han dejado de volar y
200 millones de coches se han parado. Existe la inquietante sensación de que el
planeta puede salirse de su eje. Las consecuencias económicas se presumen tan
graves que están preocupados incluso los ecologistas radicales, los que hace
tres meses clamaban contra la contaminación del tráfico aéreo y aplaudían el
viaje en barco de vela de aquella niña, ¿la recordáis?, que se llamaba Greta
Thumberg.
Pero ahora hay prioridades y da menos apuro aplicarlas.
Curiosamente, ahora ya no hay en la sociedad tanto odio al plástico. La mayor
parte de las piezas que ayudan a respirar a los enfermos, la totalidad de los
equipos que protegen a médicos y enfermeras, son de plástico. Plástico para los
tubos de ensayo y para las pipetas, para las bandejas que sujetan los cultivos,
para las fundas que logran que todo esté estéril con seguridad. Para las gafas
y las viseras, para las jeringuillas y las torundas, para las batas y los
guantes. Látex de alta resistencia, mamparas de metacrilato para los comercios,
plásticos de todas las estirpes y grosores. Miles de máquinas impresoras de
plástico se han convertido en auxiliares eficaces… Millones de bolsas de basura
están haciendo estos días una tarea que con papel o con trapos nunca hubiera
sido posible. Dirán lo que dirán, pero el plástico –derivado del maldito
petróleo a fin de cuentas– ha hecho más bien que mal a la humanidad. Y estos
días se está ganando un respeto que estaban a punto de quitarle.
Es otro de los aspectos del mundo en los que es posible que
haya un viraje en el futuro, un cambio de orientación de las ideas. Es verdad
que usamos mucho plástico y que deberíamos procurar reciclar mucho más. Pero
donde hay que trabajar es en la invención y desarrollo de plásticos más
fácilmente degradables no en su prohibición. Hagamos aviones que pesen menos
para consumir menos combustible, pero no es preciso demonizar a los aviones.
El petróleo West Texas no es que esté bajando sino que el
lunes cotizó en negativo. Hay tanta producción acumulada que empieza a ser un
agudo problema seguir con una extracción que no se puede detener. De modo que,
en la Bolsa ha empezado a cotizar del revés, en negativo. Los productores,
aterrorizados por la posibilidad de colmatar sus depósitos, pagaban a los
compradores para que se llevaran el producto.
De la censura a la bonificación. De ser un malvado agente
depredador a ojos del mundo ecologista, a ser la causa de un problema que va a
traer la ruina a millones de familias. Pronto, antes de lo que suponemos, se
regulará la necesidad de que los coches vuelvan a circular. De hecho, ya son
muchas las ciudades donde se está repensando el concepto de transporte
colectivo en un mundo lleno de aprensivos cautelosos. ¿No habrá que volver a
dar sentido al odiado coche? Porque la individualidad de la bicicleta está
probada pero el problema es que no sirve para todas las edades.
El simpático concejal Grezzi recuperará su papel social a
base de organizar una salida ordenada de los garajes de confinamiento: el
coche, como los niños, no será autorizado sino más bien obligado a circular.
Contamine un poco, señor; por el bien de la economía, consuma algo de
combustible.
Fa 40 dies, concretament el dissabte 14 de març, es
decretava l’estat d’alarma a Espanya i s’iniciava un període incert de
confinament. La quarentena s’ha complit com si d’una llarga quaresma es
tractara amb la privació d’eixir de casa més enllà de per complir les
obligacions essencials. Tancats, els mitjans de comunicació ens estan informant
-en ocasions recorrent al sensacionalisme, a la poca ètica professional o al
politiqueig- de com es va succeint la pandèmia al món. I especialment es fan
ressò de les seues víctimes, els milers de persones que continuen morint pel
coronavirus i el dolor que deixa al seu costat entre els familiars i amics que
ni tan sols poden despedir-los públicament. I també tracten el sofriment econòmic de les empreses
i treballadors que s’han quedat sense faena i ara encaren un futur ben difícil
ple d’interrogants.
Però esta gran crisi econòmica, sanitària, social i
emocional també ha mostrat una altra cara de la moneda més positiva. La
solidaritat entre les persones, especialment amb les més necessitades, o la
importància de tindre uns sistemes econòmic i sanitari més sòlids i sostenibles
amb menor dependència exterior. També ha fomentat l’enginy i gràcia de molta
gent des del seu balcó, el redescobriment de les relacions familiars entre
aquells que passaven moltes hores al carrer, el recolzament al xicotet comerç,
la importància de molts treballadors invisibles i la davallada del consumisme
innecessari amb el respir que ha tingut la natura i que hui celebra el 50é Dia
de la Terra.
Amb tot, encara que ja s’estan concretant aspectes del
procés de desconfinament com l’eixida dels menors de 14 anys a partir de
dilluns 27, l’estat d’alarma s’allargarà almenys fins el 9 de maig. La
conjuntura actual ha portat a mostrar la cara amable de moltes empreses i
persones que per a uns representa la seua faceta real i per a altres simple
postureig de fàcil oblit. I quan tot passe ens acostumarem a una nova realitat
i, amb la perspectiva de les coses que aporta el pas del temps, podrem traure
bones conclusions i lliçons. Perquè després serem nosaltres els protagonistes
que haurem viscut un moment històric i contarem anècdotes del coronavirus,
entre les que sempre ens quedaran aspectes alegres com este recull fotogràfic
de xiquets i xiquetes d’Otos amb les mones confinades de Pasqua.
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