Arxiu mensual: maig de 2020

LA JUNTA DE DEFENSA PASIVA CONTRA AERONAVES. LA BÚSQUEDA DE FONDOS


Cartel cerámico en la Plaza del Mercado de Alicante.

BERNARDO GARRIGÓS SIRVENT, CRONISTA OFICIAL DE XIXONA

La Junta Local de Defensa Pasiva era entidad encargada de coordinar las medidas de carácter organizativo y administrativo (gestión de personal y búsqueda de recursos económicos) adoptadas para la construcción de refugios contra aeronaves durante la Guerra Civil.

La composición era la siguiente: Victorino Mira Planelles, presidente del Consejo Municipal; Juan López Selfa, médico titular; Sebastián Mas Silvestre, farmacéutico titular; José González Moraga, militar en activo; Miguel Vilaplana Colomer, maestro de obras; Federico Soler Masiá, representante de la prensa y Rafael Cremades Cortes, interventor de los fondos municipales. Este último ejerció como secretario en las primeras sesiones.

Algunos de los componentes de la Junta de Defensa Pasiva fueron sustituidos de sus cargos conforme se incorporaban a filas.

El ataque indiscriminado y salvaje por parte de la aviación fascista italiana contra el mercado central de Alicante el miércoles 25 de mayo de 1938, que provocó la muerte de entre 250 y 300 ciudadanos y un número de heridos superior a los 200, fue el detonante para que el Ayuntamiento de Xixona se decidiera a crear la Junta Local de Defensa Pasiva: “Por la Presidencia se manifestó que en vista de los continuos bombardeos realizados en Alicante por la aviación facciosa, era del parecer debiera convocarse inmediatamente a la Junta de Defensa Pasiva para la construcción inmediata de refugios y estudiar la forma donde pudiera obtenerse alguna cantidad para poder sufragar los primeros gastos, acordándose por unanimidad que dicha Junta empiece lo más rápidamente posible su cometido ofreciendo el Consejo su ayuda incondicional para cuanto redunde en beneficio de la seguridad personal contra los (referentes)digo referidos bombardeos”[1].

La legislación republicana sobre la Defensa Pasiva contra aeronave data casi de un año antes, en concreto arranca en un decreto del Ministerio de Defensa del 28 de junio de 1937. A pesar de ello, y hasta este hecho luctuoso, los mandatarios jijonencos no creyeron necesario la constitución de esta institución. Tras el acuerdo del pleno municipal del 10 de junio la Junta de Defensa Pasiva se constituyó el 15 de junio.

El objetivo prioritario era: “la construcción urgente de refugios en la localidad al objeto de evitar el mayor número posible de víctimas a la población civil en caso de bombardeo aéreo”[2].

Dada esta necesidad urgente de construir refugios los esfuerzos de esta institución irán encaminados a conseguir los recursos materiales, humanos y económicos necesarios para cumplir con tal fin.

Inicialmente se pensó que la mejor forma de contribuir a sufragar estos gastos era fijar una cuota mensual a todos los vecinos sirviendo de base el repartimiento general de utilidades del presente año, debido a su carácter igualitario. Mientras se fijaba esta cuota se decidió abrir una suscripción voluntaria, puesto que el inicio de los trabajos era inminente.

La Junta de Defensa Pasiva no renunció a las aportaciones voluntarias, aunque era bastante difícil que los contribuyentes las aceptaran si ya pagaban una cuota obligatoria. A pesar de esto sabemos que los médicos, enfermeros y pacientes de la clínica psiquiatrita instalada en el actual colegio Eloy Coloma aportaron 750 ptas. y la Cooperativa de Vestir y Similares acordó contribuir con 100 ptas. mensuales, aunque no sabemos si realmente lo hicieron.

Las aportaciones voluntarias no debieron ser cuantiosas, puesto que el 29 de junio, a la semana de iniciarse los primeros trabajos, ya se indicaba que estaba a punto de agotarse. Durante esta primera semana de trabajo se habían pagado 1.216 ptas. en gastos de jornales, dinamita y portes. Así se fijó la aportación mensual individual en un 15% del repartimiento general de utilidades.

Como era previsible, de nuevo los gastos sobrepasaron a los ingresos y en la sesión del 7 de septiembre de 1938 se propuso; o bien crean un nuevo impuesto; o bien aumentar el tanto por ciento que los jijonencos satisfacían. Hasta agosto de 1937 se habían gastado 36.100 pesetas, suma bastante importante. Finalmente se decidió aumentar en un 20% la cuota que satisfacían aquellos propietarios que estaban inscritos en el padrón de matrícula industrial. Es decir que los comerciantes e industriales pasarían a pagar un 35% de la cantidad asignada en el repartimiento general de utilidades, mientras que el resto de la población pagaría un 15%. Esta medida se adoptó porque los munícipes entendieron que este sector gozaba de un mejor estatus económico que el resto de la población.

Este sector pronto haría pública sus críticas. Ángel Blanes Serra expuso ante la junta del 2 de noviembre que la nueva tributación había dividido a los contribuyentes en dos categorías: “una de privilegio para los ricos en fincas que pagan el 15 por 100, y otra de sacrificio para los industriales y comerciantes cargados con el 35 por 100”[3]. Los componentes de la Junta de Defensa Pasiva decidieron estudiar la cuestión. El asunto llegó también hasta el pleno municipal quien decidió inhibirse; ya que las competencias estaban delegadas en la Junta de Defensa Pasiva.

El posible aumento de la cuota a satisfacer por los propietarios de fincas rústicas se había expandido como un rumor, ya que si bien existían algunos terratenientes la mayoría de los propietarios poseían pequeñas extensiones de tierra que apenas daban para vivir. La Colectividad Unificada de Trabajadores de la Tierra manifestó su negativa a satisfacer la cuota asignada. Finalmente se decidió trasladar el asunto al Comité Provincial de Defensa Pasiva para que resolviera. Nueve días después, se encontró la solución. Los propietarios de fincas rústicas y urbanas, cuyas utilidades llegasen y pasasen de las 1.000 pesetas, por uno o ambos conceptos, deberán satisfacer una cuota del 35%, equiparándolo con los comerciantes, industriales y profesiones liberales. Con el establecimiento de esta cuota del 35% comenzaron a florecer las solicitudes individuales de revisión de las cantidades asignadas.Con el paso del tiempo y la llegada de 1939 con la acentuación de la crisis económica y  el agravamiento de las carencias de los productos de primera necesidad el concejal Ángel Blanes llevó al pleno la posibilidad de reducir la tasa impositiva. Los munícipes le respondieron que la competencia sobre la financiación de la construcción de refugios dependía de la Junta de Defensa Pasiva, y era a ella a quien debía presentar su propuesta.

La Junta de Defensa Pasiva se reunió el 1 de febrero y acordó rebajar los tantos por cientos a aplicar a los contribuyentes. Se estableció un tipo más alto del 20% y otro del 10% Los industriales, comerciales y propietarios, que tributaban con un 35%, pasarán a hacerlo con un 20 %. Los propietarios cuyas utilidades de rústica y urbana en el Repartimiento de Utilidades no llegasen a mil pesetas y los trabajadores que tributaban con un 15 % verán reducida su aportación al 10%, exceptuándose de esta rebaja aquellos contribuyentes que ya satisfacían la cuota mínima de 1,30 pesetas mensuales.

Esta bajada de cuotas directas hizo que los ingresos disminuyeran y que se tuvieran que buscar aportaciones indirectas, por lo que se decidió gravar el consumo de algunos  productos y servicios que podríamos considerar como no fundamentales: los espectáculos públicos en veinticinco céntimos de pesetas por cada espectador o entrada en cada sesión o función y gravar en 5 pesetas por litro las bebidas alcohólicas (excepto el vino) que se vendían en las sociedades y establecimientos públicos de esta población.

Para controlar el número de entradas que se vendían en los espectáculos públicos se autorizó al presidente para nombrar un representante de esta Junta con la finalidad de que se personara en la taquilla para retirar el importe resultante de cada función.

Las medidas impositivas nunca son del agrado del ciudadano por lo que a las solicitudes de estudio de las cantidades a algunos contribuyentes se unieron en ocasiones el retraso o el impago directamente de la cuota asignada. El 2 de noviembre de 1938 ya se adoptaron medidas para solucionar este problema que lastraba las recaudaciones. Se decidió exponer al público la relación de los deudores y enviar una carta al sindicato de comercio de Jijona para que los comerciantes actúen como controladores del pago de este impuesto: “todo comerciante que venda géneros a los vecinos que presenten el carnet sin el sello acreditativo de haber efectuado el pago de la cuota para la construcción de refugios”[4].

La Sociedad Filatélica de Madrid ha detectado la emisión de sellos con valores de 5 cts. y 25 cts. a nombre del Comité Popular de Defensa. En los sellos de cinco céntimos el texto es de color azul; pero el fondo varía en diferentes colores: naranja, violeta lila, rosa lila, azul rojo, verde. En el valor de 25 cts. el texto es rojo y el fondo de color verde.

 [1] AHMX,  Libro de Actas Capitulares 1935 a 1942, sesión ordinaria del 10 de junio de 1938, sig. 479. Esta es la sesión posterior al ataque del Mercado Central de Alicante. Éste fue el primer punto del orden del día.

[2] AHMX, Libro de actas de la Junta de Defensa Pasiva 1938-1954, sesión del 15 de junio de 1938, sig. 587.

[3] AHMX, Libro de actas de la Junta de Defensa Pasiva 1938-1954, sesión del 2 de noviembre de 1938, sig. 587.

[4] AHMX, Libro de actas de la Junta de Defensa Pasiva 1938-1954, sesión del 2 de noviembre de 1938, sig. 587.

Fuente: https://bgarrigos07.wordpress.com

PROGRESISMO Y LEJÍA

Francisco Perez Puche. Foto de Juan J. Monzó

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

En casa, confinado, me he hecho diestro en el combate contra esas bolitas de pelusa que se forman en los rincones, al abrigo del rodapié. El miedo al virus ayuda a entender por qué se encalaban las barracas, las virtudes del color almagra y también la utilidad de la ceniza de barrilla, madre del bendito jabón. Mientras pasaba la aspiradora me decía, para animarme, que el secreto de la supervivencia humana frente a los bichos de todos los tamaños estuvo en el invento de barrer y alumbrar la cueva: dejar el fusil y volver a tomar la escoba es el futuro de la humanidad.

El color de las ciudades está directamente ligado a las epidemias que ha sufrido. Seguro que cada mortandad producía una capa nueva de cal en las capillas de los conventos y las fachadas de los palacios. Más que las riadas, las epidemias fueron causa del abandono de muchas casas y, a fin de cuentas, piezas decisivas en la transformación de las ciudades. El urbanismo, que tanto emboba ahora con la mal llamada «reforma» de la plaza del Ayuntamiento, se inventó para lo que se inventó: luchar contra la mugre derribando barrios enteros de casas viejas, sucias e insalubres. Reformar la ciudad en serio fue abrir la calle de la Paz y la avenida del Oeste; y derribar el Barrio de Pescadores, lleno de prostitución y miseria. Lo demás es poner macetas.

En el Marítimo se quiso pero no se pudo. A la izquierda le cuesta asimilar esa misión higiénica del urbanismo en la lucha contra la mugre, endémica en una parte no pequeña del distrito. Ahora, cuando el periódico informa de que se ha llegado a un pacto para poder derribar el Bloque Portuarios, se ve que no todo está perdido y que Sandra Gómez ha aprendido a usar, finalmente, las herramientas progresistas del urbanismo: se derriban edificios viejos sin interés alguno y en su lugar se construyen edificios nuevos. La gracia de la izquierda consistirá, si sabe hacerlo, en conseguir que los habitantes de lo derribado no tengan que emigrar… Y que algunos dejen de hacer hogueras en la calle.

La bayeta y la escoba vuelve a pasar sobre los prejuicios de la ciudad, dolida tras la epidemia. El progreso no consiste en volver a la nostálgica tortada de Goerlich sino en hacer uso inteligente de la lejía. Urbanismo e higiene han ido siempre de la mano. Esas casitas abandonadas, tan adorables, encierran ratas que han vuelto tan campantes. Un Ayuntamiento progresista está urgentemente obligado a combatir la plaga de cucarachas, gatos, palomas y roedores. Y a dar un escarmiento especial a nuestros enemigos, los mosquitos.

Fuente: https://www.lasprovincias.es

LOS AGRICULTORES DE PETRER: TODOS A UNA


Edificio del Sindicato Agrícola y Caja Rural de Ahorros y Préstamos de Petrer en la calle Gabriel Payá. La Ley de Cooperación de 1942 provocó el cambio de Sindicato por el de Cooperativa.

Mª CARMEN RICO NAVARRO, CRONISTA OFICIAL DE PETRER

Fue un 21 de mayo de 1908, hace ahora 112 años, cuando un grupo de labradores se reunió en el número 15 de la calle Mayor, bajo la presidencia de Joaquín Verdú Poveda, iniciando con este gesto la manifestación solidaria más importante habida hasta entonces en el pueblo de Petrer.

Estos campesinos propietarios agruparon sus escasos capitales bajo un ideal, la ayuda mutua, y fundaron el Sindicato Agrícola y Caja Rural de Ahorros y Préstamos de Petrel. Éste fue también el origen de Caixapetrer una entidad crediticia convertida hoy en un símbolo tanto en Petrer como en Elda. Los inicios no fueron fáciles; ilusión y economía se daban la espalda. Tampoco acompañaban las imposiciones legales, ni la sequía, ni las plagas. Pero el auxilio común es una estrategia ganadora, y el sindicalismo pronto alcanzó resultados en Petrer. La entidad se consolidó en acciones de crédito y financiación, a la par que confirió a la clase agrícola las herramientas de producción óptimas para obtener un fruto con garantías, reputado en los mercados comarcanos.

La industrialización y el éxodo rural no afligieron a la entidad, que supo adaptarse, ahora, bajo el calificativo de Cooperativa por la Ley de Cooperación de 1942 por la que el conocido por todos como el Sindicato pasaba a ser a partir de este momento Cooperativa. La calidad de los vinos, aceites y frutos secos atesoran el saber hacer de los socios cooperativistas a lo largo de su historia secular.

Durante su primera centuria, el espíritu cooperativo ha sido la mejor herencia que los socios han legado a sus hijos, nietos y biznietos. La protección recíproca y la afirmación de lo local, han sido los pilares del cooperativismo agrario en Petrer, conformando un patrimonio colectivo que todo el pueblo tiene la oportunidad de servir y de valer.

Hoy, más que nunca, la Cooperativa Agrícola enfoca su futuro desde perspectivas que le permiten mantenerse y seguir creciendo, con el apoyo de la agricultura pero también de la agroindustria y del comercio.

Las personas que han pasado por esta entidad, desde siempre, han puesto todo su esfuerzo en levantarla y consolidarla, deseamos que continúen desarrollando su labor y que el cooperativismo se mantenga siempre vivo y presente en nuestro pueblo.

El petrerense Xavier Amat Montesinos, doctor y profesor de Geografía Humana en la Universidad de Alicante, coordinó, en 2008, un magnífico libro sobre el cooperativismo agrario en Petrer en el que recoge la historia de esta emblemática y más que centenaria institución. Todas las personas que dieron vida e hicieron grande esta institución aparecen en este estudio fundamental para conocer los orígenes agrícolas de Petrer y el respeto que todavía hoy tenemos por esta actividad primaria que dio vida y trabajo a todo un pueblo. Su título “Tierra, créditos y agua”, una publicación que habla de lo nuestro y de los nuestros y que está a vuestra disposición en las dos bibliotecas de Petrer.

Fuente: https://www.valledeelda.com

LOS GRANDES MISTERIOS DE LA VIDA PRIVADA.9. LA LAVADORA MECÁNICA Y LA ELÉCTRICA

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

Qué bonitas las escenas de las lavanderas en el arroyo. Qué románticas y populares. En el río se aderezaba una zona especial para ellas. Y se canalizaba una acequia para construir un lavadero de grandes losas inclinadas. Era el punto de cita de las comadres; el lugar de los cotilleos y las confidencias. Novelas, cuentos y películas han usado y abusado del lavadero como referente de una España ancestral en la que la mujer llevaba la pesadísima carga de lavar, tender, secar y planchar la ropa de toda la familia. Desde muy antiguo. Como suele decirse, desde la noche de los tiempos…

En las ciudades grandes había lavanderas que se llevaban la ropa de las casas burguesas. Pero eso tenía problemas lógicos de aprensión en tiempos de epidemias y contagios: ¿nuestra ropa se lavará mezclada con otras de personas que hayan podido estar enfermas? Primaban los lavaderos domésticos donde se trabajaba con la famosa tabla de  madera ondulada. Los tendederos estaban en los balcones, en los patios de vecindad o en las azoteas. El escenario era diferente del de los pueblos –en ocasiones era mucho peor– pero la obligación femenina seguía siendo idéntica. Y conocía una sola excepción: la de los soldados, que solían lavarse su propia ropa cuando estaban en campaña.

Entre los sueños de progreso siempre ha estado el de un artefacto que lavara ropa. El primero, el más elemental fue un tonel con un tornillo interior de paletas accionado con manubrio. Algo así es lo que creó, hacia 1780, el inglés Henry Sidgier. Toneles, barricas, artesas, cajones de madera de pino… Todo se fue ensayando, con paletas o mazos para inventar un sistema que reprodujera la tarea de estrujar y golpear la ropa como hacían las mujeres en la orilla del río.

La ropa resultaba muy maltratada por aquellos inventos. Incluso el que se desarrolló en Estadios Unidos hacia 1850, un tambor giratorio, era útil para sábanas y camisas pero no para prendas finas y elegantes. Un tal mister Smith, mejoró el invento dotándolo de un sistema que hacia girar el tambor en uno y otro sentido, pero tampoco fue la panacea. Ni siquiera logró imponerse un artefacto ucraniano que es citado como el primero que, además de lavar la ropa de un hospital consiguió, hacia 1880, secarla sin destruirla.

Lo que sí está considerado como un avance de importancia es la patente de una máquina de lavar ropa movida por corriente eléctrica. Se debe a Alva J. Fisher, un norteamericano que registró su modelo en 1901. Es el sistema del que derivan todos los avances en lavado de ropa que hemos visto en el siglo XX: un tambor giratorio donde se mete la ropa con agua y jabón. Después vendría todo lo demás: la fase de lavado y la de escurrido, la programación, las velocidades, el agua fría y la caliente, los depósitos de detergente o suavizante… todo son añadidos al principio elemental de 1901. Que se hizo una máquina popular conforme la gente tuvo electricidad en casa y el recibo se fue haciendo soportable.

En España se detecta, en 1902, un anuncio la “Lavadora del Siglo XX” que funcionó bastante bien por su comodidad y sencillez. La había patentado por cinco años Luis Miller, en 1901 y la anunciaron diciendo que hasta un niño podía manejarla. Pero no era eléctrica ni mucho menos: era un tambor que giraba horizontalmente impulsado por un manubrio; se sujetaba con patas, era rudimentario y en Valencia lo podemos ver anunciado en 1903, de venta en un almacén de suministro de maquinaria agrícola, y ya en 1904 (“Las Provincias”, 25 de julio) a la venta en la ferretería de la calle de Tránsits.

Higiene, limpieza, comodidad y economía eran sus virtudes. Y se hacía mucho hincapié en el principio de que “La ropa se lava en casa”, con el fin de evitar aprensiones y contagios de gente que pudiera haber estado enferma. Estaba fabricada en Estados Unidos, donde ya estaban en uso unas 140.000 máquinas y costaba 140 pesetas, que era bastante dinero; pero se vendía a cómodos plazos de 15 pesetas mensuales.

El principio del tambor que giraba hacia ambos lados de forma alternativa se introdujo hacia 1910. La puerta frontal estanca que evitaba fugas de agua vino algo más tarde. pero lo bien cierto es que las lavadoras de ropa de tracción eléctrica por motor solo se hicieron populares y asequibles, incluso en Estados Unidos, después de la guerra Europea, en los años veinte y treinta. Los primeros anuncios de lavadoras eléctricas los podemos encontrar en la prensa española en los años treinta; eran máquinas construidas en Alemania.

Hubo que esperar a que pasara la catástrofe dela II Guerra Mundial para que la máquina de lavar ropa con motor eléctrico empezará a difundirse en Estados Unidos y en Europa. En el año 1958 alemana lanzó su modelo Lavamat, considerada la primera lavadora automática del mundo que programaba velocidades y funciones. Antes, en España, los anuncios nos muestran el modelo Pingüino, de 1954, a la venta en la Ferretería la Cadena del Molino de Na Robella; en 1955, en establecimientos Mercé y en Viuda de Miguel Roca, se vendió mucho el modelo Regina, y en 1959 empezó a introducirse la lavadora de la AEG alemana. La empresa Balay de Zaragoza fue pionera nacional en 1966 al lanzar su primer modelo, que se fue perfeccionando en los años siguientes, a base de velocidades y programas diversos. Y que llevaba un rodillo escurridor movido por manubrio como complemento.

Fuente: https://fppuche.wordpress.com/

EL GOBIERNO DE LA REPÚBLICA LLEGA A ELDA


Antiguo Grupo Escolar “Emilio Castelar”, hoy en día colegio Padre Manjón, de Elda, donde el 25 de febrero de 1939 fue instalada la Subsecretaria del Ejército de Tierra.

GABRIEL SEGURA, CRONISTA OFICIAL DE ELDA

Hoy martes, 25 de febrero, se cumplen 81 años de un acontecimiento desarrollado en Elda, pero que por su trascendencia forma parte de la historia de España: la llegada del gobierno de la República a Elda. Pocos documentos hay tan clarificadores sobre este hecho y los sucesivos acontecimientos desarrollados entre finales de febrero y el 6 de marzo de 1939 como el acta del Consejo Municipal eldense celebrado el día 27 de febrero de 1939 en la que el alcalde Manuel Alberola Castelló participa a los consejeros municipales presentes que…

“… el sábado último, veinticinco del corriente, se presentó en su despacho una comisión enviada por el Gobierno para ordenarle que fuera desalojado el edificio de las Escuelas Castelar con el fin de instalar en el mismo las dependencias de la Subsecretaria del Ejército de // Tierra. Con tal fin los muebles y material escolar que había en dicho edificios, fueron instalados en la fábrica de “Industria Española del Calzado”.

El Consejero Iñíguez se lamenta de que se haya obligado a algunas familias a desalojar las viviendas, en el plazo de seis horas, para instalarse en ellas personal de las dependencias ministeriales. “

Estas breves líneas se convierten en el único documento oficial conservado, no solo a nivel de Elda, Petrer y Monóvar, sino a nivel nacional sobre el llamado “gobierno de Elda”. Testimonio oficial, fidedigno e incuestionable que viene ratificado por las afirmaciones que en el mismo sentido quedan recogidas en las diversas obras y/o memorias autobiográficas de los protagonistas principales de aquellos días del finales mes de febrero y principios de marzo del año 1939, caso de Rafael Alberti, Ignacio Hidalgo de Cisneros, Antonio Cordón, Palmiro Togliatti, Irene Falcón, Dolores Ibárruri “Pasionaria” y Manuel Tagüeña.

Del estudio de estos testimonios, del “unicum documental” conservado en el Archivo Municipal de Elda y ante la ausencia de mas documentación oficial cabe suponer que la llegada del gobierno de la República a Elda lo fue con cierta discreción pública; al tiempo que la llegada de Juan Negrín, como presidente del gobierno y máxima magistratura de la República en suelo español, de algunos de sus ministros y de altos cargos militares, así como de destacados cargos del Partido Comunista lo fue dentro de la más estricta cautela y discreción pública. Circunstancias que explican la utilización de nombres en clave, caso de la Posición Yuste o la Posición Dakar, amén de que la población de Elda y los ayuntamientos de Petrer y Monóvar permanecieran ajenos por completo a la presencia en nuestro valle de los últimos representantes legítimos del poder civil y militar de la República.

Fuente: https://www.valledeelda.com

LA CIUDAD EN LIMPIO

Francisco Perez Puche. Foto de Juan J. Monzó

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

Cuando Escolano describió las bondades de Valencia llegó a decir que la limpieza era en la ciudad «atributo, y como propiedad en ella». Aseados en el vestir, los valencianos del XVII exigían «que se sirva limpia la comida, que se guise en vasos limpios, y que la mesa y ornato della luzga de manera, que todo parezca un espejo de cristal». Tan escrupuloso era el vecindario, tan grande el «aliño y curiosidad» en «tablas, boticas y tiendas de vianderos», que el Consell, en 1389, ordenó que el verdugo viviera apartado de todos; y que fuera al Mercado «con guantes calçados, y una varilla en las manos», para señalar lo que necesitaba comprar.

Siglos después de las ‘Décadas’, la ciudad empezó ayer a abrir puertas y ventanas; levantó persianas y extendió toldos. Y un picante aroma de lejía empezó a mezclarse con ráfagas de azahar y briznas de césped recién cortado. Puesta en limpio, acicalada después de dos meses, Valencia ha empezado a abrir museos y capillas, ultramarinos y tintorerías, tiendas de ropa y calzado y las pocas librerías que iban quedando. Ayer fue día de retirar los encargos congelados y empezar a hacer que la máquina de la economía, tan maltratada, volviera a rodar. Mientras tanto, espontáneamente, se produjo una doble romería hacia dos santuarios inevitables: la basílica de la Virgen de los Desamparados, donde hay tanto que pedir y agradecer; y la plaza del Ayuntamiento, donde si soy sincero ya no sé lo que escribir.

Había curiosidad, eso sí. Una gran dosis de morbo por ver la distribución de los espacios, los lugares libres de coches y los reservados a peatones; el aspecto que tienen, en fin, los maceteros más famosos del mundo. Pero más allá de la plaza y su polémica lo que había en los paseantes era el deseo de recobrar los parajes habituales, los escenarios de siempre, vueltos a ver ahora, revisitados tras la ausencia, casi con ojos de turista llegado por primera vez. ¿Ese toldo estaba ahí antes? ¿Esa perfumería es nueva o me lo imagino yo?

Valencia parece nueva, como recién estrenada. Le han pasado la bayeta mil veces y todo aparece limpio y resplandeciente. Huele a plástico y a Cristasol. Pero las sombrillas contrastan con el arbolado, de intenso verde tras las lluvias y todo parece distinto: rótulos y toldos, escaparates y servilleteros, hasta esos alcorques con flores inesperadas… Miles de comerciantes y hosteleros, y sus familias, enmascarados por cortesía, se esfuerzan ahora por sonreír más aún que antes: lo hace con la mirada, o con un gesto reverencial a la japonesa. Con prudencia, con paciencia, empieza el reencuentro.

Fuente: https://www.lasprovincias.es

A CAJAS DESTEMPLADAS

ANTONIO GASCÓ, CRONISTA OFICIAL DE CASTELLÓ

Leí completos los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós en tiempos de mi estudiantada universitaria. Lo hice en una publicación que compró mi padre de la editorial Aguilar, encuadernada en escarlata piel de oveja, con estampados en oro y papel biblia. Dejando aparte lo primoroso de la edición, he de reconocer que los textos me fascinaron por el intenso impacto novelesco. A esa fascinación ayudó el estilo literario preciso en el afán de historiar y la descripción de ambientes, situaciones y personajes. Es más, me dejó impronta.

La otra tarde volví con uno de ellos, concretamente el dedicado al general Prim. El militar y político reusense es un personaje que siempre ha llamado mi atención por su valor temerario y por su talante político vehemente y empecinado, capaz, por ejemplo, de vomitar discursos de tres días en el parlamento. Vamos, que también los aguantarían hoy los diputados que se pasan las sesiones con el móvil.

Pues bien, en el texto de Galdós hay un fragmento en el que Don José Chaves arroja a Doña Manuela de su casa «a cajas destempladas». Es una de esas frases de expresión castiza, tan utilizadas por el autor, que significan de mala manera o de forma trágica. La razón de su origen, habría que buscarla en una costumbre del ejército español. En efecto, cuando se expulsaba, con deshonor, a un soldado, los tamborileros destensaban los parches de sus cajas y los hacían sonar con un sonido agrio, grotesco y desafinado. Así nos lo significa el Diccionario de Autoridades de 1739. El procedimiento también era habitual en los redobles que acompañaban a las ejecuciones de los reos en las plazas públicas, o en las procesiones de Semana Santa, en las que participaba el ejército, que aún ha conocido este cronista. Hoy la expresión, está en desuso. Vieja la frase y viejo yo. En fin.

Fuente: https://www.elperiodicomediterraneo.com

TRES AÑOS SIN FIESTA DE MOROS Y CRISTIANOS


El capitán de los Flamencos, Francisco Chico de Guzmán López Ortiz, abriendo la comparsa | Calle Gabriel Payá, año 1935.

Mª CARMEN RICO NAVARRO, CRONISTA OFICIAL DE PETRER

La Unión de Festejos San Bonifacio Mártir decidió el día 23 del pasado mes de abril suspender las Fiestas de Moros y Cristianos de este año. La decisión fue adoptada por unanimidad en la reunión telemática de la Junta Central Directiva de la que forman parte la directiva de la entidad festera, la Mayordomía de San Bonifacio Mártir y los presidentes de las diez comparsas, reunión en la que también participó el Ayuntamiento de Petrer representado por su alcaldesa y la concejala de Fiestas

Pero ésta no es la primera vez que nos quedamos sin fiesta. Entre 1909 y 1913 no se celebraron por la situación de penuria económica que atravesó Petrer durante esos años. Unos años más tarde también se suspendieron y ello fue debido a cuestiones muy diferentes a las de ahora. La proclamación de la II República, en abril de 1931, y las nuevas consignas políticas hicieron que el pueblo se quedase sin fiestas de Moros y Cristianos hasta 1934. A pesar que las fiestas fueran un motivo de alegría y diversión el que se dedicaran a San Bonifacio las dotaba de un cariz religioso que no encuadraba dentro del recién estrenado escenario político.

La entrada de los republicanos radicales y socialistas en el gobierno municipal supuso la aprobación en agosto de 1931 de la eliminación de consignaciones para fiestas religiosas, el mantenimiento de la iglesia y la prohibición de todos los actos religiosos en las calles. En 1932 el Ayuntamiento renovó su prohibición. Las luchas sobre la cuestión religiosa entre los republicanos radicales y socialistas se mantuvieron en 1933 con la anulación de las fiestas de mayo. En abril de 1934 los republicanos radicales volvieron a controlar la alcaldía y la junta municipal, y éstos eran más moderados y tradicionales que los socialistas en asuntos religiosos por lo que volvió la fiesta.

En 1935 las fiestas de Moros y Cristianos recuperaron pasados esplendores, pese a que no se hizo procesión, pero sí se bajó el santo de la ermita para iniciar las fiesta y se subió desde el templo parroquial el último día, aunque sin sacerdote y acompañado por disparos de alardo. Todos los actos religiosos quedaban restringidos al interior de la Iglesia de San Bartolomé y de la ermita. En él destacan las dos Entradas en las que desfilaron las tres comparsas que había en ese momento: Estudiantes, Caballeros de Flandes (Flamencos) y Moros.

En 1936 se celebró el V aniversario de la proclamación de la República Española con festejos populares los días 12, 13, 14 y 30 de abril y la Fiesta del Trabajo el 1º de mayo con cargo al presupuesto municipal pero el tenso ambiente político local motivó que se anularan las fiestas en honor de San Bonifacio. El estallido de la Guerra Civil hizo que éstas no se retomaran hasta 1940.

Desde 1940 hasta hoy hemos tenido 79 años ininterrumpidos de fiesta. Este año no las vamos a celebrar pero estamos seguros que el año que viene las disfrutaremos más y mejor. Ayer, hoy y siempre: “San Bonifaci que fora”.

Fuente: https://www.valledeelda.com

DÍA INTERNACIONAL DE LOS MUSEOS: LA PUBLICIDAD DEL TURRÓN 1875-1930

BERNARDO GARRIGÓS SIRVENT, CRONISTA OFICIAL DE XIXONA

Hoy 18 de mayo de 2020 se conmemora el Día Internacional de los Museos. Debido a las especiales circunstancias en que nos encontramos por la pandemia del COVID-19 muchas de las instituciones museísticas van a conmemorar la efeméride mediante actividades virtuales.

Pienso que una de las mejores formas puede ser recordar la última muestra que el Ayuntamiento de Xixona organizó en la Casa de Cultura: La publicidad del turrón 1875-1930.

El estudio de los diferentes mecanismos empleados en el mundo publicitario de la comercialización y venta del turrón entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX es el hilo conductor de la exposición La publicidad del turrón 1875-1930, organizada por el Ayuntamiento de Xixona y que según estamos viendo por esta pandemia, los más afortunados tuvieron la suerte de visitar en la pasada Feria de Navidad del 5 al 8 de diciembre del 2019.

En aquel tiempo se utilizaron diferentes mecanismos tanto en prensa, en cartelería, como en el envasado, que iban encaminados a aumentar las ventas de turrones y dulces, mediante la identificación del producto como de excelsa calidad, calidad certificada por un sin fin de premios conseguidos en Exposiciones Nacionales e Internacionales. También la utilización del lugar de origen Jijona, Gijona como marca de garantía ante la competencia foránea y potenciando su consumo entre las capas altas de la sociedad.

Entre estos mensajes destacan los intentos de aproximar el turrón a las capas más altas de la sociedad con la consecución del título de proveedor de la Real Casa, debido a que en aquel tiempo el consumo de nuestro turrón se asociaba a las clases populares, de ahí que se si la familia real lo degustaba era porque su calidad era extraordinaria.

La adopción del vestido tradicional, con la blusa negra y el sombrero de roeta en los hombres, y el traje de jijonenca con la larga trenza, y la utilización en los carteles de las paradas ambulantes del texto “Legítimos de Jijona” servían para identificar a los productores jijonencos y era símbolo de procedencia y calidad de los productos.

A pesar de todo estos mecanismos no fueron suficiente, ya que a finales del siglo XIX apareció la picaresca, con vendedores que no dudaban en ponerse el sombrero de roeta, aunque no supieran que era, para atraer a la competencia y en productores foráneos que en la formulación de sus productos daban liebre por gato, como así denunciaron en la prensa los jijonencos. Es por ello que para evitar el fraude y el engaño a los consumidores se creó en 1903 el Gremio de Turroneros, agrupación de productores jijonencos destinada a garantizar la calidad de sus productos con la adopción de un sello de garantía. Ya lo dice el lema la unión hace la fuerza.

A mediados del siglo XIX se convirtió en trending toping mundial la participación en exposiciones provinciales, nacionales e internacionales en las que se mostraba la evolución de las artes, la industria y la agricultura. Y allí estaban los jijonencos con el objetivo de mostrar sus productos y que los jurados expertos les otorgasen las mejores calificaciones para garantizar que los turrones y dulces jijonencos eran de extraordinaria calidad.

A principios del siglo XX comenzó a utilizarse el vapor como fuerza motriz junto con otras innovaciones tecnológicas, con lo que aumentó la producción y la productividad de las empresas. Es por ello que se utilizaran como reclamo publicitario que permitió diferenciar a los productores. Ahora no sólo la antigüedad en la elaboración del producto era signo de distinción, sino también la adaptación a las nuevas tecnologías y al nuevo mundo que la industrialización traía lo eran.

Como era tradicional se había organizado la realización de una visita guiada a la exposición para el viernes 27 de marzo de 2020 de una hora de duración para que aquellos jijonencos que no pudieron visitarla en la Feria de Navidad lo hicieran ahora, pero finalmente quedó aplazada.

Ya falta poco para poder seguir viviendo en esta nueva normalidad y adoptando las medidas de seguridad oportunas, seguramente podremos volver a ofrecer la visita guiada a esta muestra.

Fuente: https://madeinjijona.com

LOS GRANDES MISTERIOS DE LA VIDA PRIVADA. 8. LA SOSA DE MONSIEUR LEBLANC

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

Los italianos dicen que la palabra Savon viene de la ciudad de Savona, cercana a Génova. Pero es en Roma donde defienden con ardor que el jabón viene del Monte Sapo, donde se sacrificaban corderos y terneras a los dioses: los esclavos que trabajaban en los despojos se dieron cuenta del milagroso detergente que surgía de la mezcla de la grasa de los animales con las cenizas del fuego sacrificial. Los franceses dicen que inventaron el jabón; que los galos, o sea las mujeres galas, ya lo usaban para alisarse y hacer más rubios sus cabellos. Los franceses hicieron famoso su Jabón de Marsella, de muy buena calidad y perfumado si se desea con los aromas provenzales de Lavanda.

En todo caso sí que se debe a un francés el proceso de obtención química de la sosa que hizo posible el jabón industrial y terminó a largo plazo con la barrilla. La sosa cáustica, soda cáustica, hidróxido de sodio o hidróxido sódico es el producto que en el siglo XVIII fue desarrollado por el médico francés Nicolás Leblanc, que trabajó siguiendo instrucciones reales cuando se hizo especialmente caro y complicado obtener la piedra de sosa española. El mundo se estaba haciendo complejo, los franceses no querían que sus fábricas de porcelana y vidrio dependieran de productos fabricados en España y se hacía precio trabajar en el campo químico.

Al final salió la solución. De productos comunes y baratos como la sal marina y el ácido sulfúrico se pudo obtener la sosa que se necesitaba para el jabón. Leblanc consiguió llegar al carbonato sódico en dos fases: se producía primero sulfato de sodio a partir de la sal corriente o cloruro sódico y después el sulfato de sodio, en reacción con carbonato de calcio y carbón daba como resultado el mineral buscado.

Una extensa gama de industrias se benefició de un adelanto que llegó más o menos al compás de la Revolución Francesa. Y que después sería muy mejorado por otros químicos franceses, como Solvay. En todo caso, la química francesa produjo grandes avances prácticos  en ese siglo XVIII en que  la Enciclopedia de Diderot mostró láminas del proceso de fabricación de jabón con todos los honores, en grandes calderas de ebullición, industrializado ya y dispuesto a maridar con el mundo de la perfumería.

A principios del siglo XIX se pudo empezar a sustituir la piedra de barrilla por la sosa cáustica, de elaboración industrial, incluso en España. A mediados del XIX, la barrilla ya casi había quedado en el olvido al sur de Alicante; ya no era rentable cultivarla, cesó la exportación por el puerto de Alicante, se perdieron los maestros barrilleros que eran llamados para dirigir el ritual de los grandes fuegos en el campo, y todo empezó a olvidarse. Aunque no pocas familias la siguieran usando en ancestrales calderas, la fabricación industrial y masiva terminó con las jofainas domésticas de jabón.

Siguió habiéndolas. Y en épocas de gran carestía de todo, como en las guerra española, se fabricó jabón casero con lo que se pudo. Pero la humilde planta dejó de tener el interés que tuvo antiguamente a manos de los gigantes industriales del sig

En París, en el patio de honor del Conservatorio de las Artes y los Oficios, Nicolás Leblanc tiene un monumento levantado. “En 1790 –dice la dedicatoria– extrajo la sosa a partir de la sal marina”. Los barrilleros valencianos, sin embargo, están olvidados: me parece que en ninguno de los museos de etnología, artes y costumbres de la Comunidad Valenciana hay un rinconcito que recuerde su epopeya.

Fuente: https://fppuche.wordpress.com/