FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA
Vuelve a llover. Apenas nos interesa el asunto, confinados como estamos. Pero cuando te imaginas en la calle es cuando te percatas de que está siendo una primavera particularmente lluviosa en la que hubiéramos visto aguados los días de Fallas y los de Semana Santa. Y ahora, también, esta semana de la segunda Pascua valenciana, tan a propósito para viajes de primavera.
Pero llueve y hace fresco. Vicente Lladró, en “Las Provincias” del lunes, escribió sobre la climatología de estos meses últimos, especialmente lluviosos, y sobre lo que podemos considerar un cambio de tendencia después de un periodo de sequía. El embalse de Benagéber, decía en su artículo, está tan lleno que rebosa; el otro embalse del Turia, el de Loriguilla, también está al borde de su capacidad técnica y no puede almacenar más agua. De modo que el caudal que sigue llegando a los embalses tiene que discurrir hacia el mar, lo que produce en el nuevo cauce un espectáculo pocas veces visto.
En ese reportaje, Lladró le daba vueltas a un fenómeno de imprevisión política, uno más, que sin embargo causa poco escándalo social y periodístico. Sin contar con que el embalse de Villamarchante debería haber sido construido en los años sesenta, ocurre que el de Loriguilla tiene problemas técnicos y no lo dejan llenar a su máxima capacidad; de modo que es una instalación desaprovechada e incompleta. Un ejemplo de falta de acción que los gobiernos se han ido transmitiendo desde hace décadas.
Imprevisiones. Un mes. Treinta y un días, uno tras otro, encerrados con el mismo juguete. Recordar lo que hicimos en las primeras jornadas de confinamiento, repasar lo que dijimos antes, comprobar nuestras primeras impresiones de alarma, quizá ayuda a poner marco al paisaje de las imprevisiones. ¿Cuándo me percaté de que el problema era grave y podía afectarme personalmente? ¿Qué estaban haciendo los responsables de la administración en esos momentos? ¿Todos fueron sorprendidos de forma repentina o unos lo fueron menos que otros? Es interesante para matar el tiempo; es como hacer crucigramas. Aunque la realidad indica que incluso los muy precavidos no pueden realizar sus sueños: la realidad de la burocracia puede con todo, y ataca primero que a nadie a los soñadores.
Uso como ejemplo el de ese valencianos que el día 14 de marzo, al ver las órdenes de confinamiento del Gobierno, decidió irse con su barco a la isla de Espalmador, junto a Formentera, donde echó el ancla y se puso a sí mismo en cuarentena. Tenía a bordo todo lo que podía necesitar para un par de meses y estaba decidido a no molestar para no ser molestado. Pero no le han valido coplas: la delegación del Gobierno en Baleares le ha dado puerta, lo han sacado del lugar y la han hecho volver al Náutico de Valencia, donde desembarcó el domingo de Pascua. Él piensa, y lo ha dicho, que todo es ridículo, que en medio del mar estaba mucho más seguro que ahora en tierra, donde puede ser contagiado o contagiar. Pero la burocracia se ha de meter en todo, controlarlo todo y se muestra incluso contra los autoconfinamientos, contra los ermitaños voluntarios, contra los náufragos a su placer. Contra lo que era un inquietante atisbo de libertad, vaya…
Fuente: https://fppuche.wordpress.com/
