Arxiu mensual: febrer de 2021

CIEN MIL REALES DE VELLÓN PARA CONSTRUIR EL FARO

JOAN GIMENO

Hasta el momento se conocía que el 6 de mayo de 1858 el cuerpo de ingenieros dejó montado el aparato catadióptrico del faro del cabo de Cullera al instalar un foco luminoso elevado 27,90 metros sobre el nivel del mar y productor de luz fija de color natural, capaz de iluminar un arco de horizonte de 288º, visible desde la mar entre los rumbos N. 17º O hasta el S 40º E, que son las demoras del Grao de Valencia y cabo de San Antonio.

Ahora, LANUSSE (CRONISTA OFICIAL DE CULLERA) aporta nuevos datos sobre ese emblemático paraje de la costa cullerense, como que el 23 de octubre de 1855 se aprobaron el proyecto y presupuesto de 104.032 reales de vellón para la construcción de la torre-edificio y el aljibe del faro, siendo adjudicada la obra por 100.911 reales de vellón a don Luis Yzambert como mejor postor en la subasta celebrada el 14 de diciembre de aquel año, quien, no obstante, subrogó el contrato en favor de Luis Alberto Reig, del comercio de Valencia. Las obras concluyeron a fines de 1857, y el retraso en la recepción del aparato fue el motivo de que el faro no se iluminara hasta el 1 de agosto de 1858. 

El pasado 28 de julio de 2020, Levante-EMV informaba de que el Gobierno ha cedido el faro al municipio de Cullera para convertirlo en un recurso turístico.

Fuente: https://www.levante-emv.com

LA SEÑORITA CONSUELO


Los niños en la clase junto a la señorita. Año 1961.

Mª CARMEN RICO NAVARRO, CRONISTA OFICIAL DE PETRER

El viernes 17 de enero del año 2003, hace hoy 18 años, nos sorprendía la triste noticia de la muerte de Consuelo Bellot Reig, conocida y querida por todos como “la señorita Consuelo”, “la señorita” o sencillamente “la seño”.

Consuelo nació en Petrer el año 1922 y, a los veintiocho años, sintió la vocación religiosa, y en 1950 entró en las Carmelitas de Orihuela, donde ingresó en la orden tras seis años de preparación y un azaroso peregrinar por Valencia, Portugal, Badajoz y Orihuela. Poco tiempo después tuvo su primer y único contacto con la educación preescolar, y estuvo al frente de una clase de párvulos en Murcia. Abandonó la orden y marchó a Valencia, donde estuvo al servicio de una familia, cuidando a sus hijas. Allí comenzaron a llamarla “la señorita”, nombre que adoptó poco tiempo después al abrir la escuela en Petrer.

En 1959 regresó a Petrer y un año más tarde, en su casa de la calle La Huerta n.º 38, comenzó su actividad escolar cuidando niños y niñas de corta edad, por los que cobraba 5 ptas. semanales. La señorita ejerció su labor docente entre 1960 y 1982 y tuvo a niños y niñas entre 0 y 8 años, peculiaridad no encontrada en las guarderías o colegios de la época, ya que lo habitual era tener alumnado hasta los 6 años o partir de dicha edad.

Durante la década de los años 60 tuve la suerte de que mis padres decidieran llevarme a su escuela. En su casa empezamos muchos niños y niñas de Petrer como párvulos y conforme fuimos creciendo de su mano y experiencia aprendimos a leer, escribir, contar y algunas cosas más que “la seño”, junto a su madre, Mercedes, a la que llamábamos cariñosamente “la abuelita”, nos enseñaban.

Los niños y niñas que íbamos a aquella clase, ubicada como hemos dicho en su propio domicilio, y presidida por una imagen de la Virgen, aprendimos lo que Consuelo nos transmitió en unos años que los expertos consideran fundamentales en el aprendizaje tanto intelectual como personal. Su energía, su vitalidad, su alegría y su buen hacer como educadora hizo que, al terminar nuestra estancia en su escuela, que coincidía con la Primera Comunión, y tener que dirigirnos a otros centros educativos, para continuar nuestros estudios, estuviéramos preparados para enfrentarnos a los nuevos retos de aprendizaje que nos aguardaban. En su escuela realizó tres turnos de primera comunión.

Todos los que fuimos sus alumnos y alumnas recordamos las canciones que entonábamos dirigidas siempre por su peculiar voz. Canciones, principalmente religiosas, como “Jesusito de mi vida”, “Con flores a María” y “Estrella de los mares”, entre otras piezas musicales, siendo ésta última la que cantábamos con más ímpetu pues coincidía con nuestra salida del colegio. También solíamos llevar flores a la imagen que presidía nuestra clase durante el mes de mayo, en el que celebramos la festividad de María.

El recreo también era muy especial, pues “la seño” nos llevaba unos días a la rambla, a la que accedíamos por la parte trasera de su casa y, otros, a la célebre “montañita”. Todos con nuestra merienda nos sentíamos realmente felices los días que íbamos a ese pequeño cerro, situado donde actualmente está el campo de fútbol, que nos parecía, debido a lo pequeños que éramos, una gran montaña.

La señorita acabó su etapa docente en los primeros años de la década de los años 80 en la calle País Valencià, junto a Esperanza Navarro, en un local que atendían a niños de corta edad.

Los recuerdos y las imágenes que tenemos de nuestra primera escuela al frente de la cual estuvo nuestra señorita, la señorita Consuelo, los que pasamos por ella, nunca los podremos olvidar. Los niños y niñas, hoy hombres y mujeres, que fuimos sus alumnos y alumnas que iniciamos con ella nuestra etapa escolar siempre la recordaremos como una buena maestra, pero aún más como una excelente persona que supo guiarnos en nuestros primeros pasos y siempre sintió por los que fuimos sus alumnos un cariño especial.

Fuente: https://www.valledeelda.com

UN SOCAVÓN ENTRE ELDA Y PETRER

MARTA ORTEGA

El hundimiento de parte de una calle ha obligado a los Ayuntamientos de Elda y Petrer a consultar si esta se encuentra en su territorio. Se trata de una vía a pocos metros del parque de Bomberos que, en una misma acera de apenas 20 metros tiene dos nombres, comienza la manzana como “carrer Lleó” para acabar como “calle Virgen del Milagro” de Petrer y Elda respectivamente. La calle ha sido cortada al tráfico por parte de Petrer, y Elda ya está realizando el proyecto para su reparación. La vía tiene unos 1.200 metros y llega a cambiar cinco veces de nombre.

El aviso lo dieron unos vecinos al Ayuntamiento de Petrer, allí se comprobó a qué municipio pertenecía el tramo. Tras verificar que era de Elda, aunque cada acera es de un municipio, se dio parte a la vecina localidad. Desde el Consistorio eldense pidieron a Petrer que se cortase la calle al tráfico hace un mes, pues el socavón es profundo, provocado por el corrimiento de tierras, probablemente por una antigua fuga de agua. Desde la Concejalía de Servicios Públicos Sostenibles ya se están haciendo las gestiones pertinentes para hacer una contrata y reparar la zona, que consistirá en el relleno del hueco y su reasfaltado. Se desconoce el tiempo que llevará su reparación.

El problema es más habitual de lo que parece, pues Elda y Petrer están separadas en gran parte por lo que era una antigua acequia, llamada “la acequia de arriba”, hecho que sucedió en 1703, como explica el CRONISTA DE ELDA, GABRIEL SEGURA. Desde entonces, más de tres siglos después, se han construido edificios siguiendo líneas rectas, no las de la acequia, por lo que hay calles, manzanas e incluso casas que se encuentran cortadas por la línea invisible que divide Elda y Petrer.

Curiosamente esta es una calle recta que en sus 1,2 kilómetros de recorrido cambia hasta cinco veces de nombre según va cruzando la frontera entre Elda y Petrer, y cada municipio le ha dado un nombre diferente a su paso por el linde. Esta calle comienza en el cruce con la calle Magallanes y concluye en su encuentro con Santa Bárbara, ambas de Elda.

Así, empieza en el barrio Nueva Fraternidad de Elda como Fray Luis de Granada durante seis manzanas, entonces cambia a calle Pizarro de Petrer, para dos manzanas después volver a ser eldense como Modesto Lafuente y en las tres siguientes manzanas, entonces vuelve a aparecer el linde para renombrarse como Lleó hasta  media manzana antes de su final, donde vuelve a ser eldense y acaba como calle Virgen del Milagro.

Fuente: https://www.valledeelda.com

LOS EFECTOS DE LAS GUERRAS CARLISTAS EN ALGAR

JOSEP CATALUNYA ALBERT, CRONISTA OFICIAL D’ALGAR DE PALÀNCIA

Dentro de los múltiples enfrentamientos fratricidas que tuvieron lugar en España durante el siglo XIX, uno de los conflictos de mayor transcendencia fueron las denominadas “guerras carlistas”, motivadas por una serie de razones sociales, políticas y económicas y, de una forma especial, por la eclosión del conflicto dinástico entre los llamados isabelinos y los carlistas, ya que una parte de los españoles, partidarios de Carlos María Isidro, hermano del rey, no aceptó a la hija de Fernando VII, la que fue Isabel II,  como reina de España. Desde 1833 hasta 1876 tuvieron lugar tres largas guerras, siendo finalmente derrotados los carlistas.

                En la primera de estas guerras, que tuvo lugar entre los años 1833 al 1840, el pueblo de Algar sufrió algunas consecuencias.

                 Según se recoge en el periódico La Verdad, de  31 de mayo de 1838, en noticia fechada en Murviedo el 29 del mismo mes y año, acamparon en las cercanías del municipio de Algar 4.500 soldados a cuyo mando estaban los cabecillas carlistas Forcadell, Viscarro, Beltrán y Rufo, que estaban a las órdenes del general Cabrera. Al propalarse la noticia, que luego resultó ser falsa,  de que se acercaba el general italiano Borsi di Carminati al frente de tropas liberales, cundió el pánico entre los carlistas y se trasladaron a Estivella y, posteriormente, a Vall d’Uixó, Burriana y Villarreal, en la Plana de Castellón.

                En el Archivo Histórico Municipal se encuentra un documento del año 1838 que contiene la “Cuenta circunstanciada y valoración de las raciones de Menestra, Dacsa, Pan, vino, Aguardiente, Algarrobas, camisas, Metálico y Carne que ha suministrado este Ayuntamiento a las Reales tropas de S.M. Dn. Carlos…desde el 1º del presente año hasta esta fecha del modo a saber”. No hay duda de que el citado documento corresponde a un suministro a las tropas carlistas ( de “S.M. Dn. Carlos”, hermano, como se ha dicho, de Fernando VII y aspirante al trono de España frente a Isabel, hija del segundo). En este documento, en parte de difícil lectura, se detalla que Algar suministró a las tropas carlistas 6 barcellas de dacsa, 200 barcellas de menestra, 1.169 raciones de pan, 10 cántaros y medio de aguardiente (en Algar existía en aquellos años una fábrica de aguardiente) y 156 arrobas de alagarrobas.

                Algar, al igual que otros pueblos de la ribera del río Palancia, sufrió también algún saqueo. Así, el jefe carlista José Miralles Marín, alias El Serrador, en el mes de julio de 1836, con una facción de 2.400 infantes y más de 200 caballos, bajó del Maestrazgo, saqueando los pueblos de Alfara, Algar y Sot, sin compasión, antes de llegar a Soneja, donde sufrió algunos reveses.

                El investigador Saturnino Arocas Franch, en 1945, abundando en esta cuestión, afirma que los habitantes de Algar, para evitar la repetición de saqueos, adoptaron el método práctico de hacer repartos entre todos los vecinos y adquirir con ellos alimentos que eran almacenados, suministrándose con ellos las partidas de ambos bandos contendientes que penetraban en la población, evitándose así nuevos saqueos. Hay que tener en cuenta también que los recibos de contribución se pagaban  indistintamente a carlistas o liberales.

                Un hecho que también afectó a Algar, este en la tercera de las guerras carlistas, nos lo relata el historiador Emilio Llueca Úbeda, nacido en Quartell  el 7 de julio de 1949 y fallecido en Sagunt el 4 de noviembre de 2008, que fue cronista oficial de Benifairó de les Valls, Benavites y Quartell.  Según nos cuenta Llueca Úbeda, en su trabajo “ Mártires de Betxí. Relatos del Motín”, el general carlista Pascual Cucala (Alcalá de Xivert, 1816 – Port Vendres-Francia, 1892), militar que se caracterizaba por su extremada crueldad, tras su asedio a la ciudad de Sagunt y cometer en la misma bastantes tropelías, tomó como rehenes a diecisiete voluntarios liberales entre los que se encontraba el vecino de Algar, Ramón Gascó Mora.

                El 24 de diciembre de 1873 llegó el general Cucala al “Pla de les garroferes”, donde se ubicaba la entonces pequeña aldea de Betxí, con los voluntarios liberales apresados en Sagunt. Cucala se detuvo, avanzó hacia los prisioneros y les dijo: “ El que vulga confessió que la demane”. Todos sabían que iban a ser fusilados puesto que el pelotón preparaba ya las armas. Así ocurrió, en efecto. Tal como continúa refiriendo el hecho Llueca Úbeda, los soldados carlistas se encarnizaron con los milicianos fusilados. Cucala, después de decir: “Acabeu a estos pillos”, hizo una bárbara ostentación de ferocidad, pasando a caballo por encima de los ya voluntarios muertos junto con su Estado Mayor y su escolta. En el Acta redactada por el comandante fiscal de Morella y por Antoni Vidal i Dòria, soldado y escribano, se hace referencia a este salvaje fusilamiento:

                   Que en unión del señor alcalde de la referida villa de Bechí D. Francisco Montoliu Franch y por mandato de éste, en el día veinte y cuatro de diciembre de mil ochocientos setenta y tres, recogieron en un carro los dieciséis cadáveres (al parecer uno de los diecisiete era un niño y no fue fusilado) fusilados por dicho cabecilla y que eran vecinos de Sagunto y uno de Algar …

                En el Ayuntamiento de Sagunt, en su hall, junto a la escalera principal, se colocó en 1933 una lápida en memoria de los fusilados “saguntinos” de Betxí, la cual fue destruida a golpe de culata por un soldado carlista en 1939, que formaba parte de las tropas franquistas que entraron en la ciudad. Hoy se ha repuesto dicha lápida pero continúa injustamente sin hacerse  mención a que uno de los voluntarios fusilados fue el vecino de Algar, Ramón Gascó Mora.

EL DIJOUS DE CASSOLETES. PASTILLES CULTURALS D’OTOS (VI)

DANIEL ALFONSO MEDRANO, CRONISTA OFICIAL D’OTOS

La cassola és un dels plats més coneguts a les nostres terres, rivalitzant inclús amb la paella en popularitat. De fet, dinar arròs al forn és costum a moltes cases totes les setmanes, però hi ha dos dies a l’any en els que té més intensitat a Otos, parlem de dia de Sant Antoni i del Dijous de Cassoletes.

En la nostra tradició el Dimecres de Cendra comença el temps de la quaresma, enguany el 17 de febrer. Són 40 dies de penitència abans de celebrar la Pasqua i que a alguns llocs com a Ontinyent mesuren amb els calendaris de la Vella Quaresma, ja que les restriccions durant 7 setmanes eren severes, especialment la d’abstindre’s de vicis i també la de no menjar carn, encara que alguns adinerats ho solventaven pagant la butlla i molta altra gent en realitat no en menjava perquè no podia comprar-la. Hui en dia les restriccions quaresmals han evolucionat ja que el catolicisme ha perdut molta influència social i també perquè hi ha persones vegetarianes i veganes que voluntàriament decideixen no menjar-ne mai.

Si tornem a la festa de la Cassoleta, el dijous anterior al Dimecres de Cendra començava el temps de carnestoltes compartint amb familiars i amics un plat ben complet d’ingredients que en ocasions aprofita allò que ha sobrat del putxero del dia anterior. Ja sabeu que no existeix una recepta única i que cada cuiner l’adapta al seu gust, de forma que hi ha qui li posa pilotes de carn o ous bollits. Però generalment trobem la creïlla i els cigrons, la tomaca, la cabeça d’alls al centre envoltada per les botifarres, el peuet o les costelles de porc que acompanyen un arròs que ha de quedar cuit i soltet, punt que s’obté posant-li suficient oli i una temperatura de cocció elevada. Abans, quan no hi havia electrodomèstics a les cases, pel matí les mares el portaven a coure al forn públic, d’ahí que en alguns llocs l’anomenen arròs passejat. Després esperaven als fills a la porta de l’escola i anaven junts a dinar a la pinada de Suagres o a algun altre paratge del terme, lloc on també es desplaçaven caminant els mestres ja que de vesprada no hi havia classe i la passaven jugant i xarrant en un ambient de germanor. Ja de nit, era costum celebrar l’enfarinà, tot i que molt més reduïda que la del dissabte de carnestoltes a Bèlgida. En aquella batalla amistosa de farina i ous els carrers del poble acabaven tenyits de blanc de la mateixa forma que el cap i la roba dels participants.

Lògicament, amb el temps la festa ha anat canviant. A final de la dècada de 1990, alguns anys l’Ajuntament d’Otos la va declarar dia de festa local, de forma que no hi havia classe i la festa s’allargava tot el dia, fet que també la va fer decaure perquè es perdia el costum d’anar junts des de l’eixida de l’escola. Altres anys, al formar part del CRA Castell de Carbonera, la jornada festiva era l’endemà per les carnestoltes i en ocasions més recents s’han menjat la cassoleta al pati. Enguany la COVID-19 impedirà celebrar el dia de la Cassoleta amb gran companyia però ens la menjarem amb les comoditats que li ofereix a cadascú sa casa.

Fuente: http://publicacionsotos.blogspot.com

UNA MUJER DE PRENDAS

ANTONIO GASCÓ, CRONISTA OFICIAL DE CASTELLÓ

El otro día un muy querido amigo, aunque sea de la edad de mi hija mayor, me confesó que estaba saliendo con una muchacha que le estaba haciendo muy feliz. Todavía no había acabado de referirme la noticia, cuando le contesté, aseverando en mis preguntas:

— ¿Es una chica rubia de cabellos lacios muy guapa? ¿Tiene estilo y clase como para parar un tren? ¿Se llama Cristina ? –A todo, cada vez más estupefacto, me contestó que sí.

–Ya te lo ha contado mi hermano, –me argumentó con cierto mohín de disgusto por qué le había chafado la noticia–. Mi respuesta fue negativa, como lo fue también la que le di cuanto me hizo referencia a que lo había podido saber por sus padres. Muy desconcertado estaba, porque, después de su familia, yo era al primero a quien lo había referido.

–Me lo dijiste tú le alegué. Mejor aún me lo dijeron vuestros ojos, cuando me presentaste, hace un par de años, a una buena amiga tuya que, sin duda alguna, me pareció de prendas y, sobre todo, después de cambiar cuatro palabras con ella. En vuestras miradas había música y con título: ¡Fascinación!

–¿De prendas? Refirió no discerniendo bien la frase.

–Sí, de prendas, –respondí–. ¿No sabes lo que significa? Pues mira. Dejar algo en prenda, desde el medievo, significa entregar en manda, un legado, no pecuniario, de mucho valor. Así que tener muchas prendas equivalía a poseer un tesoro. En suma, vivir con una mujer de muchas prendas, es como acopiar una profusa riqueza.

Mi enhorabuena, –concluí–. Que te haga muy feliz, como yo lo fui. H

Fuente: https://www.elperiodicomediterraneo.com

¿POR QUÉ NO DESCANSAN?

Francisco Perez Puche. Foto de Juan J. Monzó

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

Lo que asombra no es el que el ministro Salvador Illa se haya ido a Cataluña de candidato electoral, sino que no haya caído rendido, agotado de puro cansancio, roto física y moralmente, después de un año de infatigable actividad diaria, de informes, reuniones, comparecencias y ruedas de prensa, siempre sobre el mismo problema, acompañadas siempre de las mismas críticas, censuras, chistes e improperios.

No me siento capaz de opinar sobre si Salvador Illa ha hecho su trabajo bien, mal o regular. Si abro la ventana oigo contra él un clamor, pocas veces escuchado desde Godoy, que le debería haber apartado de cualquier candidatura que no fuera a la jubilación. Pero no: tras el año más terrible que se puede imaginar en la vida de un político, este hombre ha pasado sin transición a ser protagonista en la campaña más loca que se puede pensar para las elecciones más estrambóticas imaginables, en una región dislocada por las secuelas de un fracasado golpe de estado independentista… sacudida como todas por la pandemia que el candidato tenía a su cargo hasta ayer mismo.

Pero Illa, incombustible, ni se toma unas vacaciones ni da signos de fatiga. Tampoco parece darse cuenta de que el presidente, Pedro Sánchez, lo ha empaquetado hacia Cataluña, bien cargado con las iras y pecados de la tribu, y lo ha convertido en un nuevo chivo expiatorio. Pronto se sabrá si la nueva ministra de la epidemia sostiene o reemplaza al doctor Simón, quemado también, como el propio ministro, hasta el punto de levantar compasión. Por el bien de los que fabrican «memes», sería bueno que el segundo chivo expiatorio dejara también la aldea y vagara por el limbo para purgar no ya los pecados de la política sino una cólera popular que empieza a hacer visible y contra la que habrá que luchar antes o después.

Hablo de cólera, sí. Que es hija del infinito cansancio que está invadiendo a millones de personas, infectadas y sin infectar, en contraste con unos políticos que se muestran no ya infatigables sino fatigosos. Hablo de la llegada de una ira que los políticos listos deberían olfatear antes que nadie, sobre todo para no fomentarla, como suelen hacer.

Me reafirmo: Salvador Illa, el doctor Simón, y la mayoría de los políticos que están tensando el arpa, deberían descansar más. La irritada Isabel Bonig y el irritado Manolo Mata, la coriácea Mónica Oltra también, necesitan un merecido descanso. Porque, por pura paradoja, están empezando a ser cansinos con sus constantes torpezas, desplantes, gritos, descalificaciones, comparaciones, mensajitos y gracietas. Dentro de poco, o sea ya mismo, el mejor político va a ser el que mejor calle. Y el que incluso haga algo.

Fuente: https://www.lasprovincias.es

A GRANDES MALES…

ANTONIO LUIS GALIANO, CRONISTA OFICIAL DE ORIHUELA

Algunas veces me gusta echar mano del refranero para encontrar un título que pueda ser sugestivo, o pueda tener alguna relación con el texto. Así que, para enfrentarse a las dificultades: «grandes remedios». En este caso, no voy a referirme otra vez a la situación sanitaria o económica que estamos viviendo debido a la pandemia, y que nos limita toda clase de distracción como remedio. Únicamente deseo recordar como en aquel aciago año que hablaba del «ojo y la moscarda» en la anterior “Riá”, alguna diversión que tuvieron nuestros antepasados, en 1798, fue la asistencia a las comedias.

El 29 de marzo de dicho año los socios Manuel Franco de Orihuela y Felipe Bueno, autor, director y tramoyista de la Compañía Cómica que habían formado para actuar en Murcia, Orihuela y Alicante, presentaban la lista de su personal ante Juan de Morales Guzmán y Tovar del Consejo de S.M. e intendente de la Villa de Madrid y su provincia, como juez protector y privativo de los teatros. Su objetivo era que se la aprobasen, ante la circunstancia de que todavía no se habían formado las compañías de comedias de la Corte, y por tanto no se había podido autorizar la suya, lo cual ponían en antecedente a fin de que en el tránsito de Madrid a Murcia, no tuvieran los miembros de la citada compañía ninguna dificultad en su «tourneé».

Manuel Franco con anterioridad en Madrid actuaba como payaso y había formado una compañía de volatines, y después otra de comedias. También constituyó una compañía de «Máquina Real» dedicada a presentar en los corrales de comedias espectáculos de títeres. Por cierto, recuerdo con agrado el gran espectáculo de este tipo que presencié en el Teatro de Marionetas de Salzburgo, en que se representó la ópera «La flauta mágica» de Wolfgang Amadeus Mozart, con un gran número de muñecos y hasta con fuegos artificiales en el pequeño escenario. De igual forma, me llamó la atención en uno de mis viajes a Zacatecas (México), la colección de títeres que se exponen en el Museo Rafael Coronel, en el que además de una de las mayores colecciones de máscaras del mundo, se muestran una buena representación de títeres de la Compañía de Rosete Aranda (siglo XIX).

Regresando a Orihuela a finales del siglo XVIII, en el cabildo del 8 de abril de aquel año presidido por Juan de La Carte, coronel de los Reales Ejércitos, gobernador militar y político de Orihuela, se trataba el memorial que Manuel Franco como socio del citado Felipe, datado en la misma fecha, en el que solicitaban autorización para actuar lo que restaba del mes de abril y mayo, volviendo de nuevo en octubre y noviembre, en el «Coliseo que hay proporcionado al efecto» en la ciudad, que había construido, en 1790, por el también director Francisco Baus en la calle Meca, en el solar del murciano Mariano Aguado Martínez, marqués de Campo Hermoso, y que tenía un aforo para ochocientas personas.

Acompañando a la solicitud se adjuntaba una certificación firmada por Manuel Navas escribano de la villa de Madrid, para la protección de comedias, sus autores y representantes, legitimando la lista que habían presentado al corregidor de la citada villa. Sin más trámites fueron autorizados, nombrándose como comisarios para el control de dichas representaciones a los regidores Barceló y Aguilar.

La lista de los actores estaba formada por siete mujeres y once varones. De las primeras, Gertrudis Franco de Orihuela constaba como sobresaliente y de los segundos, también de nuestra ciudad, Joaquín Mored que cantaba, Manuel Franco que actuaba como «barbas» y Santiago Reyes como «gracioso». El resto de miembros de la compañía procedían: tres de Valladolid, dos de Málaga, dos de Zamora, tres de Madrid y respectivamente, uno de Isla de León (actual San Fernando en la provincia de Cádiz), Cartagena, Valencia y de «los Sitios» (interpretamos que pudieran ser cualquiera de los Reales Sitios de El Escorial, Aranjuez o La Granja de San Ildefonso). Entre ellos, como primeros actores localizamos a los malagueños Petronila Vega y Francisco Vega. Además se incluían dos apuntadores, el músico y compositor Ignacio Rabassa y un carpintero encargado también de la guardarropía.

Así, esta compañía cómica integrada por veintidós personas cruzaba los caminos de aquella España de finales del siglo XVIII, aportando como remedio la diversión en Orihuela, ante grandes males.

Fuente: https://www.informacion.es

EL «CULILLO»

Francisco Perez Puche. Foto de Juan J. Monzó

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

El «culillo» ya es un término científico. Lo ha acuñado el consejero de Salud de la Junta de Andalucía y alude a los restos, un 20 por ciento aprovechable, que quedan en un frasquito de vacuna del que ya se han extraído cinco dosis. Unas sobras que se podrían utilizar, dicen, si se usaran jeringuillas adecuadas. Nosotros, a la valenciana, diríamos el «culet», ese final que queda en una botella de vino, de aceite, un excipiente, mitad aprovechable mitad poso, que despreciamos por pereza. Siempre queda un «culet» de arroz, unas cucharadas de paella, que se aprovechan hasta el límite si el guiso ha sido excelente. O que se lleva uno a casa si la cantidad ya merece la pena.

Yo he asistido a comidas memorables en las que el anfitrión estimulaba a terminar el arroz con el aviso de que el sobrante «tindrem que tirarlo al cerdo». No era el refinamiento de Buckinham Palace, pero era una realidad pegada al terruño, heredada de las viejas generaciones, realista a más no poder. Y que de alguna manera ha venido a hacerse presente, desde lo más hondo del subconsciente rural valenciano, en esos episodios de vacunación irregular que están alumbrando, aquí y allá, en ambulatorios, residencias e incluso en los antedespachos de algunos responsables: «Señor alcalde, esto mañana ya no sirve: lo hemos de tirar». Y por no llevar la contraria, por dar ejemplo, el electo se arremanga el brazo. «Es un culillo de ná; mientras buscamos a un abuelo ya la tiene usted puesta, señor director general»; y el hombre se deja llevar, vacuna y foto, convencido de que está salvando a la población.

Como siempre hay bobos que lo pregonan, surge el escándalo: se han violado los protocolos. A lo mejor hay gente que piensa que el Jefe del Estado Mayor de la Defensa debe esperar su turno como los demás. Yo, sin embargo, hubiera matizado mucho las preferencias: creo que los conductores del AVE, los operadores de las centrales nucleares, qué se yo, los responsables de las baterías de misiles, son gente que hace un trabajo especial y que, como todos los sanitarios, merecen estar a cubierto antes.

Si lograr vacunas y jeringas para todos es difícil, organizar el cotarro lo es mucho más. ¿Cuándo debe vacunarse un presidente? Cuanto antes, mejor: la comisión de la falla necesita tener seguridad en estos momentos de angustia. Por eso creo, además, que se está pidiendo demasiado al sistema público de salud. Llevar el peso de una pandemia que no cede y añadirle ahora la carga de una vacunación responsable, es demasiado. Quizá está llegando la hora de dar entrada a la sanidad privada, como en otros países. O incluso de empezar a pensar en empresas serias: Mercadona, Consum, El Corte Inglés…

Fuente: https://www.lasprovincias.es