Arxiu diari: 31 de març de 2020

ESENCIAL E IMPRESCINDIBLE

Francisco Perez Puche. Foto de Juan J. Monzó

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

Estando las cosas como están lo primero que me viene a la cabeza es escribir que esenciales somos todos, incluso aquellos ascensoristas con guantes que había antiguamente en los hoteles para apretar el botón del piso correspondiente. Pero no está el horno para roscas y todos hemos entendido que sí, que hay trabajos que se pueden parar, que hay tareas que se pueden hacer desde casa y que hay personas que hoy harán cosas heroicas e increíbles, trabajos inenarrables y no solo en los hospitales. Por poner un ejemplo: para que yo pueda escribir estas líneas hay gente esencial que se ha puesto un mono y está de buena mañana en las tripas de la central nuclear de Cofrentes.

Esencial es todo en este complejo entramado de la civilización. El bienestar del siglo XXI existe porque hay ciclistas esenciales, los esclavos con mascarilla de nuestro tiempo, que llevan pizzas a la gente que se aburre: acabo de ver pasar uno bajo mi ventana. Pero se podría decir que en algunos momentos hay, dentro de lo esencial, tareas que son imprescindibles. Que son las que, en estos momentos tan duros, ha tenido que poner el gobierno en una lista para conseguir que unos paren, aunque no quisieran, y otros sigan trabajando, aunque bien merecerían un descanso porque se lo han ganado.

¿Y la prensa, presidente? La prensa es imprescindible. Y también los kioscos que la venden, los distribuidores que reparten y los impresores que manejan las rotativas… Incluso los periodistas lo son. La nevera es esencial, ha pasado a ser un objeto de culto. Y en un armario olvidado hemos encontrado un frasquito de alcohol que ahora es un bien imprescindible…

El campo, la agricultura, creo que ahora debería convertirse en un sector imprescindible dentro del catálogo de lo esencial. ¿Dos millones de personas? Como mínimo. Otra cosa es que «cuando esto pase» ellos sean capaces de creérselo, para hacerlo saber y para que los demás lo reconozcamos. Porque el consumidor, siempre egoísta, no sé si va a aceptar así como así que falten tomatitos cherry.

Esencial es que tengamos en la industria gente ingeniosa y adaptable, gente creativa capaz de inventar un respirador, improvisar batas clínicas en un taller de camisería y fabricar mascarillas con máquinas para coser velas de barco. Como lo es, sobre todo, construir una economía española menos incauta y confiada, menos dada a ese recurso facilón que consistía en comprarlo todo fuera -desde los espárragos a las segadoras- en vez de fabricarlo en casa, como antiguamente se hacía. Por si acaso.

Manías de ricos, que decía mi abuelo.

Fuente: https://www.lasprovincias.es

EL SANATORIO DE NUESTRA SRA. DEL CARMEN • LA PLAYA DE LOS LOCOS

FRANCISCO SALA ANIORTE, CRONISTA OFICIAL DE LA CIUDAD DE TORREVIEJA

    La playa del Salaret

Todos conocen la Playa de Los Locos, pero quizás algunos de ustedes no sepan el origen de este nombre, denominada en un principio ‘Playa del Salaret’. Con este apelativo aparece en ‘Plano de la Ensenada y cargador de Torre Vieja’, trazado en el año 1806 por los delineantes Francisco Catalá y Gaspar Massa; se le nombra como ‘Ensenada del Salaret’ en una carta náutica anónima trazada en 1813. Posteriormente, en 1835, el teniente de navío Francisco de Paula Amieba traza un nuevo plano que abarca desde el cabo Cervera hasta cabo Roig, apareciendo nuevamente el topónimo Punta del Salaret, señalando el saliente existente al final del arenal, igual que en el mapa de la provincia de Alicante del diccionario de Pascual Madoz, trazado en 1859, en el de Juan de Arrambide, de 1861, y en otros posteriores.

    El doctor Ruiz Cánovas

A comienzos del siglo XX una familia procedente de Madrid, de origen murciano, decide instalar un establecimiento psiquiátrico en este lugar, frente a aquella apartada playa: el ‘Sanatorio del Carmen’. Origen del topónimo actual de este lugar.

Don Mariano Ruiz Cánovas, era murciano y había sido ayudante durante dieciocho años de los doctores Simarro, Esquerdo y Vera. En 1899 había fundado en Madrid la ‘Casa de Salud Nuestra Señora del Carmen’, para el tratamiento de las enfermedades nerviosas y mentales, de un modo moderno y científico, métodos que lo diferenciaban de los manicomios antiguos.

    El Sanatorio de Ntra. Sra. del Carmen

En 1908, tenemos noticias en la prensa de la época de los veraneos del notable doctor Ruiz en Torrevieja, acompañado de su distinguida familia y de algunos de sus enfermos internos y que venían con él desde Madrid, pero no fue hasta el año 1910, cuando fundó una sucursal de su sanatorio en Torrevieja, frente a la Playa del Salaret, cuando pasó a conocerse como Playa de Los Locos.

El 16 de julio de 1910 tuvo lugar el acto solemne de la inauguración de este magnífico ‘Sanatorio del Carmen’, al que asistió numerosa y distinguida concurrencia torrevejense y personas de relevancia que se hallaban pasando el verano en esta villa marinera, siendo todos ellos obsequiados con gran esplendidez.

En julio de 1914, ocurrió un grave suceso en las proximidades del ‘manicomio’ del señor Ruiz Cánovas. Cayó al mar ahogándose uno de los dementes internados en el centro. Un joven, que se dio cuenta del suceso y acudió para intentar salvarle al darse cuenta del hecho, tuvo que ser rescatado por un guardia civil del puesto de la playa. Por este hecho humanitario se le otorgó al referido guardia una recompensa por su meritoria acción. Otro año, uno de los enfermos mentales internados en el establecimiento se escapó, siendo hallado ahorcado en la rama de una higuera cercana a la finca. Fueron dramáticos hechos excepcionales, siendo lo cotidiano que los enfermos menos afectados vinieran con cierta frecuencia a pasear por la población y disfrutar de sus atracciones veraniegas.

    Fiestas en honor a la Ntra. Sra. la Virgen del Carmen

En 1919, llegado el día 16 de julio, con motivo de la festividad de Nuestra Señora del Carmen, siguiendo la costumbre de su director, don Mariano Ruiz tenía establecida, se celebró una gran fiesta en el sanatorio. Comenzó por una misa solemne cantada por bellas señoritas y acompañadas al armónium por la meritísima artista torrevejense María Gil Vallejos. El señor cura párroco don Benito López Gil pronunció una sentida plática con admirable expresión y sentimiento que le caracterizaban. Alrededor de dos amplias mesas y bien presentadas mesas tomaron asiento numerosos invitados para los que los distinguidos dueños de la casa tuvieron infinitas atenciones. Terminado el banquete la juventud se dedicó al baile y al canto, celebrándose un ‘garden party’, durando la agradable fiesta hasta las últimas horas de la tarde.

El 25 de julio de 1923, el diario ‘El Liberal’ de Murcia se hace eco de las celebraciones en honor de la Virgen del Carmen en templo parroquial de la Inmaculada Concepción, en Torrevieja, describiendo como, después de su novenario, el día 16, festividad de la Virgen del Carmen, se celebró una función en la iglesia, siendo la misa cantada a gran orquesta, dirigida por don José Viudes Sévila, director de la Banda de Música Municipal; el sermón estuvo a cargo del joven literato y muy culto presbítero, don Evaristo Falcó y Esteve, que consiguió atraer la atención de los fieles desde el primer momento, exhortándoles a no abandonar jamás el ‘Santo Escapulario’. Los cultos brillaron aún más con la intervención de la camarera, la virtuosa y distinguida señora doña Carolina Casciaro de Picó.

También, ese año, como todos, el rector del ‘Sanatorio de Ntra Sra. del Carmen’, don Mariano Ruiz Cánovas con su distinguida familia, organizaron con entusiasmo la fiesta a la patrona del citado establecimiento, en el que se veneraba la Virgen del Carmen en una lujosa capilla. La fiesta se celebró con mucha animación. El jardín estaba iluminado a la “veneciana”, disparándose cohetes ‘voladores’ en gran número, y los asistentes fueron obsequiados con dulces, habanos y licores, terminando con una gran buñolada a la madrileña. Todos los actos fueron amenizados por una orquesta. Entre los concurrentes estuvieron, entre otras, las distinguidas señoritas Esperanza García Alegre, Maruja Mínguez, Julita Castell, Angelita Solano, Conchita Torres, Pilar y Virginia Ballester, Anita Martínez, Consuelo Gallud, Luisita y Manolita Llanos, Conchita Moreno, Josefina Moscardó, María Monge, Carmencita Ballester, Josefa, Gloria, Asunción y Antonia Martínez, y Conchita Celdrán.

En 1926, hay referencias de otra de las fiestas celebradas en el ‘Sanatorio del Carmen’, el día 16, festividad de la Virgen del mismo nombre. Por la mañana se ofició una gran misa cantada. De don Benito López, párroco de Torrevieja, recibiendo la primera comunión el niño Mariano Ruiz Eguía, nieto del doctor propietario del establecimiento, e hijo de don Mariano Ruiz Rey, doctor en Medicina, que con este fin se desplazaron desde Madrid dos días antes. A las dos de la tarde se reunieron en un banquete al que asistieron numerosos invitados de la localidad y de la colonia veraniega, siendo servido con gran esplendidez. En todo el día no se cesó de disparar tracas, truenos y cohetes ‘voladores’, reinando una gran animación en todos estos esparcimientos. A las fiestas de la Virgen del Carmen celebradas en el sanatorio todos los 16 de julio hay que añadir las despedidas de temporada, a finales de agosto, reuniéndose en el establecimiento de los señores Ruiz Cánovas algunas de sus relaciones en amistosa “soiré”.

A principios de la década de los años sesenta del pasado siglo, durante el mandato del alcalde Juan Mateo García, se tuvo a bien denominar a la vía que cruza toda la playa de Los Locos como Avenida del Doctor D. Mariano Ruiz Cánovas, en recuerdo de este distinguido médico.

Fuente: https://torreviejaresiliente.es

MARTES, 31 DE MARZO. DECIMOSÉPTIMO DÍA. RUMBO AL CANAL DE SUEZ.

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

Bajo la lluvia pasa un ser humano, viajero en una bicicleta mínima, que intenta protegerse con un gorrito y un impermeable rojo. Bajo la lluvia, llegan los de la contrata de jardines y fumigan de arriba abajo los contenedores: un trabajo duro y desagradable, una tarea esencial e imprescindible que ayuda a la necesaria higiene general. Es martes y vuelve a llover con fuerza. Nieva en las montañas del interior y la primavera se retrasa.

Me he propuesto seguir al “MSC Eloane”, un carguero gigante que salió de puertos orientales hace unos días, cuando en China estaban empezando a respirar mejor, y que el domingo, 22 de marzo, navegaba por el estrecho de Malaca con hoja de ruta que le ordenaba estar en la entrada sur del canal de Suez a primeros de abril y rendir viaje, quizá en Rotterdam, después de tocar en algún puerto del Mediterráneo español.

Pero en la aplicación de Marine Traffic me dijeron, el domingo 29, que “la embarcación está fuera del alcance”. Es decir que el barco a seguir quedaba fuera del alcance de los satélites habituales. No estaba perdido ni abandonado, faltaría más, pero dejó la zona de cobertura del continente indio para no estar disponible en las pantallas hasta llegar a Arabia y sus inmediaciones.

El lunes, 30 de marzo, “reapareció” como era de esperar. Navegaba a 17 nudos al sur del Yemen, dispuesto a entrar en la Puerta de las Lamentaciones, el Bab el Mandab de los libros de Geografía de nuestra niñez, el peligroso y legendario estrecho que lleva al Mar Rojo y finalmente a Suez. Hoy martes ya navega con rumbo norte hacia la puerta sur de Suez. Antes, sin embargo, en esos días de silencio, el buque había navegado a toda máquina desde el sur de Ceilán, atravesando el Mar de las Laquedivas, un trozo del planeta surcado por una ruta internacional de cargueros en el que casi nadie se detiene.

Las islas Laquedivas quedan al norte, y son parte de la India. El archipiélago de las Maldivas, al sur del trayecto de los barcos, configura una república independiente: un conjunto de 1,200 islas y atolones donde me pregunto si el virus habrá llegado a estas alturas de la epidemia. En medio de aquellas extensiones de océano hay una isla de coral y cocoteros, una preciosidad de nombre Minicoy, que pertenece a las Laquedivas, aunque con muchas dudas históricas, porque es la más alejada en el extremo sur y a la hora de la verdad tiene fuertes vínculos con la cultura del otro archipiélago, el de las Maldivas, del que “apenas” está alejado 560 kilómetros, una tontería de océano. La India prohibió a los de las Laquedivas, incluida Minicoy, tener contacto y comercio con los de las Maldivas.

Minicoy, dos metros de altura máxima, miles de cocoteros, diez aldeas y poco más de diez mil habitantes. De su historia se destaca el funcionamiento de una colonia de leprosos y la construcción de un faro, en el siglo XIX. No tiene aeropuerto pero están pensando en cómo desarrollar un turismo que sin duda dará al traste con la belleza del paraje. El trayecto en barco desde el atolón hasta Kerala, en el continente indio, dura entre 14 y 20 horas. En teoría, ahora, los vecinos de Minicoy tienen que estar confinados, como el resto de los 1.300 millones de ciudadanos de la India.

Fuente: https://fppuche.wordpress.com