Arxiu mensual: desembre de 2020

UNAS OBRAS SACAN A LA LUZ EN ASPE UN REFUGIO ANTIAÉREO DE LA GUERRA CIVIL

PÉREZ GIL

Los trabajos de acondicionamiento y mejora de las calles Ramón y Cajal y Vereda de Aspe han permitido desenterrar el acceso a uno de los dos refugios antiaéreos que se construyeron en el casco urbano durante la Guerra Civil. Concretamente, lo que los obreros han localizado al realizar una zanja en la calle Vereda es la entrada y respiradero de este refugio. El otro también fue excavado en el subsuelo y se encuentra situado en el perímetro del Mercado de Abastos. Pero la excavación ha sido sellada, de forma provisional, para evitar su deterioro y poder darle continuidad a las obras de remodelación de las calles Ramón y Cajal y Vereda. En esta zona ya apareció hace un mes un cementerio islámico frente a la propia puerta de las viviendas.

Los expertos ya sabían que este enclave subterráneo destinado a proteger a la población civil en caso de bombardeo se hallaba ubicado entre las calles Vereda y Sol. Sin embargo se desconocía la existencia de la entrada que ha salido ahora a luz con los trabajos.

El alcalde Antonio Puerto ya mantuvo una reunión con el director territorial de Memoria Democrática de la Generalitat, Iñaki Pérez; el CRONISTA OFICIAL DE LA VILLA DE ASPE, GONZALO MARTÍNEZ, y el arqueólogo Felipe Mejías para acordar las directrices destinadas a la conservación de los refugios antiaéreos de Aspe. Con tal fin se elaboró una memoria descriptiva y valorada que se remitió a la Conselleria de Participación, Transparencia, Cooperación y Calidad Democrática junto a la solicitud para obtener una subvención con la que poder realizar un estudio de geolocalización. A través del mismo se podrá tener un conocimiento exacto de las dimensiones y ubicación de los túneles así como de su estado de conservación. La ayuda fue concedida y el próximo mes comenzarán los estudios.

La subvención concedida al Ayuntamiento, para poder acometer los trabajos de prospección geofísica y documentación arqueológica e histórica sobre los dos refugios construidos entre los años 1936 y 1939, se eleva a la cantidad de 3.800 euros.

Fuente: https://www.informacion.es

FALLECE EL MÉDICO ANTONIO PAYÁ MARTÍNEZ


Sin lugar a dudas una foto histórica: Don Antonio Payá Martínez, junto al premio Nobel D. Santiago Ramón y Cajal. Madrid, 1909.

Mª CARMEN RICO NAVARRO, CRONISTA OFICIAL DE PETRER

Tal día como hoy, 22 de diciembre de 1982, hace ahora 38 años fallecía el médico Antonio Payá Martínez. Había nacido en la vecina ciudad de Elda el día 26 de agosto de 1886, hijo de Pedro Payá y de Francisca Martínez, integrados en la industria del calzado. A la edad de 4 años sus padres se trasladaron a Novelda. Antonio comenzó sus estudios en una escuela primaria regentada por sacerdotes. Desde muy pequeño acusó una gran ilusión por todo lo referente a la medicina, ya que tenía primos mayores que él que ya habían comenzado a estudiar esta carrera.

Cursó el bachillerato en Novelda, siempre bajo la supervisión de religiosos, los cuales fueron inculcándole que pensase bien lo que quería ser, ya que el sacerdocio era un medio de servir a Dios y ganar el cielo. Al preguntarle a su padre, por el que sentía una verdadera devoción, si los curas se casaban, y ante la respuesta negativa, optó por desistir completamente de esta trayectoria y seguir otros caminos. Terminado el bachillerato, decidió estudiar Medicina, por lo que se marchó a Madrid, siendo discípulo del premio Nobel Santiago Ramón y Cajal. Perteneció a la promoción 1905-1912 y se formó en la escuela del doctor Recasens eminente ginecólogo, quien le dijo en una ocasión: “Payá, serás un buen tocólogo”. Así fue, y en nuestro pueblo hizo venir al mundo a muchos de sus habitantes gracias a sus hábiles manos y a su gran conocimiento de saber muchas veces “esperar”. Sus padres, gracias a tener una tienda de zapatos, La bota de oro, situada en el centro de Novelda, pudieron sufragar los gastos de su carrera y de esta forma, en 1914, concretamente el 18 de febrero, tomó posesión como médico titular de Petrer, cargo que ocupó hasta su jubilación a los 70 años. Don Antonio Payá Martínez dedicó más de 50 años de su vida al ejercicio de la medicina en situaciones precarias las más de las veces. También tuvo que afrontar solo la epidemia de gripe de 1918 y su tratamiento consistía en infusiones, cama y alguna aspirina.

En esa época Petrer contaba con unos 4.000 habitantes y solamente con un médico, por lo que lo mismo asistía a un parto que ejercía de veterinario. En 1918 contrajo matrimonio con Eufemia Juan, natural de Elda, y tuvieron cinco hijos. De ellos, el único varón, Antonio conocido familiar y cariñosamente como don Antoñito, siguió los pasos de su padre y estudió Medicina, especializándose, como su progenitor, en ginecología y obstetricia, en traer niños al mundo.

Durante la Guerra Civil, el 28 de agosto de 1936, fue destituido de su cargo como médico titular de Petrer causando baja en el escalafón correspondiente, sin embargo, al año siguiente fue repuesto en el cargo, sin otra remuneración que el sueldo de 3.000 ptas. anuales asignado en el presupuesto.

Ejerció la medicina durante 56 años con completa dedicación. Cuando nuestro pueblo contaba con pocos habitantes y no se disponían de medios de locomoción, este médico, pequeño, pero muy grande en cuando a ideales, lo recorría de un extremo a otro sin que nunca a ningún paciente la faltara sus conocimientos, o bien una palabra de conformidad para la familia ya que la medicina muchas veces no es una “ciencia exacta”.

Don Antonio, al igual que Juan Rico Rico y Luis Sempere Berenguer, dedicó la mayor parte de su vida y lo mejor de sus conocimientos profesionales a lograr el bienestar y luchar por la salud de los habitantes de Petrer.

Siempre calado de sombrero le gustaba vestir con traje y llamaba la atención su elegancia en una época en la que pocas personas de avanzada edad vestían de esa manera. Este humilde gran médico fue un hombre recto, de carácter fuerte, serio y convencido de que su manera de hacer las cosas beneficiaba al paciente. Era extremadamente reacio a medicar y prefería aplicar remedios caseros y naturales. Habría muchísimo más que escribir sobre la vida de este médico ejemplar, pero baste decir que era tan profundo y sincero el amor que profesaba a la medicina que, tras su muerte, a los 95 años de edad, donó su cuerpo a la Facultad de Medicina del campus de San Vicente para que los estudiantes pudiesen aprender mejor y conocer a fondo el cuerpo humano.

En el pleno del 27 diciembre de 1984 se aprobó poner una calle con su nombre que, con anterioridad, desde 1951, se había denominado General Yagüe. Esta calle es paralela a Luis Andreu y perpendicular a la avenida de la Bassa Perico y en el mismo pleno se aprobaron también las calles del Médico Don Luis Sempere Berenguer y Tío Tonet el de La Foia. En la calle que lleva su nombre tiene su sede el Centro Excursionista de Petrer y la Sociedad Musical Virgen del Remedio, fundada en abril de 1989, que inauguró sus flamantes instalaciones el 2 de octubre de 1993.

Fuente: https://www.valledeelda.com

A COMER Y A BEBER POR NAVIDAD

FRANCISCO SALA ANIORTE, CRONISTA OFICIAL DE TORREVIEJA

El consumo de alimentos está regulado en el hombre por muchos factores aparte de los nutricionales que, en conjunto, determinan su elección y, por tanto, sus hábitos alimentarios que son el resultado del comportamiento colectivo en la mayoría de los casos y siempre repetitivo, que conduce a seleccionar, preparar y consumir un determinado alimento o menú como una parte más de sus costumbres sociales, culturales y religiosas y que está influenciado por múltiples factores tanto socioeconómicos como culturales, y geográficos. En concreto, durante la Navidad, época del año muy relacionada con cambios en nuestra alimentación, introducimos en nuestra dieta gran variedad de alimentos. No puede faltar en todas las mesas el día de Navidad una sopa cubierta y el cocido con pelotas, acompañado por un buen vino y buen pan que en esta tierra no nos ha faltado nunca.

Si nos retraemos al siglo XIX, non encontramos con el vino producido Pedro Casciaro Lobato en su finca torrevejense de San José de los Hoyos y que en sus diferentes variedades fue galardonado en la Exposición Universal de Barcelona, celebrada en el año 1888. No me cabe la menor duda que un buen vino acompaña cualquier alimento. Por aquellos años, otro acreditado vino del Campo de Salinas era el vendía Francisco Abril, de su propia cosecha, a 4,5 pesetas el cántaro (11,55 litros), y a 30 céntimos la micheta (0,72 litros): los vendía en Orihuela, a la salida de San Gregorio, frente a la Glorieta. Otro de los afamados vinos de Torrevieja eran los que suministraba Eduardo Pardo, acreditados por su pureza y agradable sabor, vendiéndose embotellados en la tienda de Olegario, en la calle de Riego -actual Patricio Pérez-, número 12, al precio de sesenta céntimos cada botella, abonándose diez céntimos al devolver cada casco. Y que decir de la bodega de Fulgencio López que surtía a la población de exquisitos vinos de mesa, tintos, claretes, dorados y blancos, deliciosos vinos para postres: moscatel, Málaga, Oporto; embotellados de las marcas más acreditadas, anisados especiales, ron de caña, absenta y licores de todas clases; disponiendo de servicio a domicilio por encargo en barriles, garrafones y botellas de todas clases.

Ni que decir del vino de La Mata, que a día de hoy todavía se sigue elaborando tradicionalmente, siendo su viñedos los únicos que se libraron por aquellos años de la plaga de la filoxera, gracias a que las cepas están plantadas en suelo seco y arenoso; por su consecuencia, habiéndose extendido a la vecina provincia de Murcia en 1894, quedó prohibida en toda la provincia de Alicante la exportación de cepas, sarmientos, barbados, pues y demás residuos de la vid, así como los troncos, raíces y hojas cuanto haya servido para el cultivo de este arbusto, prohibiéndose también la exportación de árboles, arbustos y plantas vivas.

Respecto al pan de Torrevieja, alcanzó muy buena fama -sobre todo en Murcia- rezando en la prensa del año 1899 un anuncio refiriendo que «el conocido repartidor de pan de Torrevieja, Lorenzo Ballester ‘el Rubio’ se encuentra en esta ciudad y elaborará ‘Pan de Torrevieja’ en el horno de ‘los Catalanes’, en la Merced, lo que se avisa a las muchas familias murcianas que gusten de este pan especial». Otro horno murciano, el del Pilón, declaraba que, siendo muchas las personas de la huertana ciudad que gustaban del rico pan de Torrevieja en piezas de 800 a 35 céntimos; de 400 a 18; y de 200 gramos a 10 céntimos; y a 12 reales la tabla.

Tal fue la fama de los panaderos torrevejenses que, en 1903 tuvo lugar en la población salinera una prueba de la fábrica de molinería y panificación que había establecido Diego Picazo, bajo la dirección del industrial alicantino Ramón Juan Urios. Todo el pan que se fabricó en la prueba fue repartido entre los pobres.

Y todo sin olvidar todos dulces, que no aparecen en nuestras mesas el resto del año, como es el caso de los turrones, mazapanes, toñas, mantecados, cordiales, almendrados, peladillas, etc., y las tiendas de alimentación en las que en estas fechas se hacían compras especiales: la de Miguel Soler, gran comercio de ultramarinos finos y coloniales; surtida en toda clase de comestibles y artículos de los más variados. El comercio de chocolatería y ultramarinos de Antonio Bru Rodríguez, tan acreditado y bien surtido como el anterior, ofreciendo además de ultramarinos una especialidad en toda clase de chocolates «elaborados a brazo», en las calles Concepción y Mariana Pineda, actual calle Fotógrafos Darblade; y la de Josefa Torres, en la calle de Lacy, hoy Chapaprieta, especializada en toda clase de comestibles y conservas.

Con buen gusto copio un menú servido en el «Hotel España» en 1903: consomé imperial, arroz a la marinera, solomillo «Perijó», salmonete a la Reina, «paripollo a la broch», helado de crema de vainilla; todo regado con vinos de rioja y Diamante, champagne, jerez y habanos.

¡Felices Fiestas! Y que aproveche.

Fuente: https://www.informacion.es

ELS PROBLEMES ENTRE VEÏNS


Barranc de  Soma o d’Árguines, històricament frontera entre els termes d’Algar i Torres-Torres  (la fotografía de José Ramón Gascó Font).

JOSEP CATALUNYA ALBERT, CRONISTA OFICIAL D’ALGAR DE PALÀNCIA

Des de sempre han existit problemes entre els pobles els termes dels quals eren fronterers, per exemple per la qüestió d’haver de compartir l’ús i aprofitament de les aigües o les pastures per als seus ramats, problemes que se solucionaven, bé per la via de la negociació entre les parts, bé per la imposició d’una autoritat superior. A continuació, fem menció de dos casos en els quals va tindre part el poble d’Algar.

Històricament, limitaven els termes de Torres-Torres i Algar, ja que, tant Alfara de la Baronia (actualmente el seu terme es fronterer amb el terme d’Algar) com Algímia d’Alfara, eren dos llocs que pertanyien a la Baronia de Torres-Torres. Atés que eren freqüents els problemes i qüestions que tenien lloc entre els pobladors de Torres-Torres, població de majoria cristiana, i d’Algar, quasi exclusivament poblat per mudèjars, segons ens narra el que va ser Cronista General de l’Ordre de la Mercé, Fr Faustino D. Gazulla Galve (1879-1938), el 20 de març de 1279, Don Beltrán de Bellpuig, Baró de Torres Torres, i la seua esposa Donya Berenguela, d’acord amb Fr. Pere d’Amer ( Barcelona, mitjans segle XIII- Santa Maria del Puig, 8 de juny de 1301),  Maestre de l’Ordre de la Mercé, que tenia el domini econòmic i administratiu d’Algar, i Fr. Guillermo de Olivaria, van arribar a la següent concòrdia, en paraules del P. Palau:

          “Concordaron dejando establecidos los lindes de esta forma. Que el término de Torres Torres lindaba con Algar por el barranco llamado del Arco, sito entre Torres Torres y Algar; que el dicho barranco subía dividiendo hasta el camino real que va a Teruel; después continuaba el mismo barranco hasta una fita puesta de voluntad de las partes en el barranco que va al alto de Albrecha, y allí se pusieron fitas; desde allí suben las fitas una detrás de otra, y pasan al barranco de Villar de Cornas, quedando éste en término deTorres Torres, y sube hasta el pinar sobre el olivar que también es de Torres Torres. Ultimamente convinieron ambas partes que todos los ganados mayores y menores de ambas pudieran entrar mutuamente en dichos términos a pastar y abrevar sin contradicción alguna de las partes, y que las aguas que salen de todos los sobredichos términos regasen conforme acostumbraban regar  en los tiempos antecedentes “.

Un altre problema és el que van tindre els pobladors d’Algar i els d’ Azuébar , pobles també  amb els seus termes fronterers, els quals respectaven el costum de què els seus ramats pogueren entrar lliure i mútuament en ells. És, igualment, el religiós mercedari Fr. Faustino D.Gazulla qui ens conta que, alterant els usos del país, Eximén Pérez de Ancilla, pel que sembla senyor d’Azuébar, va destinar a devesa “boyal” una part del seu terme, prohibint als veïns d’Algar que entraren en ella amb els seus ramats. Com això redundava en perjudici dels d’Algar, el mercedari Fr Arnau d’Amer va elevar les seues queixes a al rei Jaume II dela Corona d’Aragó. les quals van ser ateses, segons despatx expedit a València el dia 4 de gener de 1307, en el qual va manar a Eximén desisitir de tal innovació, ordenant al Procurador General del Regne que, si no obeïa, l’obligaria a complir el que segons justicia havia de respectar-se.

PASTILLES CULTURALS D’OTOS (II) ELS DOLÇOS DE NADAL

DANIEL ALFONSO, CRONISTA OFICIAL D’OTOS

Les festes de Nadal tenen com a plat essencial la gastronomia que es degusta als sopars i dinars compartits amb familiars, amistats o companys de treball al voltant d’una taula plena. Excepte enguany que amb les restriccions del coronavirus caldrà fer bondat i evitar els contagis amb molt de pesar…

Actualment és més habitual reservar a un restaurant o comprar el menjar ja fet. Però tradicionalment els dies previs a la festa a les cases, normalment ho feien les dones, preparaven amb paciència la carn que menjarien i especialment els dolços. Com que no disposaven de frigorífics per conservar-los en fred ni d’ingredients variats a les botigues, la majoria de les receptes barrejaven productes bàsics com farina, ous, sucre, mantega, aiguardent i algun farcit de moniato, ametla o carabassa. Per tant de rotllets, mantecades,  braços de gitano o pastissets de moniato n’havien de pastar suficients i després els havien de portar a coure al forn públic. Amb ells finalitzaven el dinar de Nadal després del putxero i atenien les acostumades visites de veïns i parents que passaven per casa a felicitar les festes.

A la llibreta de receptes d’Amparo Alfonso Boix -m’auela, la tia Amparito (Otos 1929-2018)- es conserven algunes receptes dels dolços tradicionals. Moltes de les quals van acompanyades pel nom de la dona que li la va dir i curiosament en algunes d’elles es mesuren les quantitats en onces (equival a 30 grams), en cascaretes d’ou o en flaneres. Unes altres receptes més ‘modernes’ els les va ensenyar a l’escola franquista la Sección Femenina i destaquen perquè utilitzen bastant mantequilla, com és el cas del popular pastís de moka amb galletes. Però ens centrem en les tradicionals i mostrem algunes imatges de la seua llibreta. Vos animeu a fer-les?

Fuente: http://publicacionsotos.blogspot.com

EL MONUMENTO DE SEMANA SANTA

BERNARDO GARRIGÓS SIRVENT, CRONISTA OFICIAL DE XIXONA

El Monumento de Semana Santa hace referencia a la capilla o altar donde se reserva la segunda hostia consagrada en la Misa in Coena Domini del Jueves Santo hasta la celebración de la Muerte del Señor en el Viernes Santo, cuando se administra. Así se pretendía expresar la unión entre la Eucaristía y la Cruz. Normalmente se guarda dentro de un arca, caja  o urna.

Esta tradición puede arrancar del hecho de que antiguamente algunos días no se consagraba, en especial los viernes. Entonces se solían reservar algunas hostias consagradas en los días anteriores, para administrar la comunión a los moribundos y para comulgar el sacerdote en dichos días. Debido a ello el Jueves Santo el oficiante solía consagrar dos hostias, una que era consumida en la ceremonia y otra que se llevaba en solemne procesión y se reservaba en el Monumento hasta el día siguiente, Viernes Santo, en el que no se consagraba.

El ritual se iniciaba tras la misa del Jueves Santo cuando el oficiante se dirigía procesionalmente desde el altar mayor hasta el monumento y depositaba en un arca, caja o arqueta el cáliz con la forma reservada. Al día siguiente, en el transcurso de la celebración eucarística, se extraía y  se llevaba al altar.

El Monumento se dispone en una capilla lateral del templo, sin que pueda celebrarse en ella ni la misa del Jueves ni la solemne liturgia del Viernes. Debe tener un altar sobre el cual se dispone un sagrario vacío, que reciba en su interior los copones con las formas consagradas. Este sagrario o urna no ha de tener forma de sepulcro. Además disponía de una cerradura con una llave, que debía guardar el sacerdote oficiante del Jueves Santo. Sin embargo, en algunas iglesias y catedrales existía la costumbre de entregar dicha llave a un noble o a algún representante del poder civil.

Puede adornarse el Monumento con todo el aparato festivo, colgaduras, frontales blancos, flores, 12 velas, columnas. Sin embargo, no podrán ponerse ni paños negros, ni trofeos de la pasión, ni tampoco reliquias, ni imágenes de santos. En algunas iglesias y catedrales la decoración empleada parece ser más una especie de retablo construido con madera, con el empleo de columnas, frontones, etc.

Los Monumentos hunden sus raíces en las ceremonias paralitúrgicas bajomedievales relacionadas con la Pasión de Cristo. Sin embargo, alcanzarán su esplendor con el barroco, y especialmente tras el Concilio de Trento cuando se desarrollen las festividades del Jueves Santo y del Corpus Christi.

EL MONUMENTO DE XIXONA

Poca es la información recabada sobre el Monumento Eucarístico de Semana Santa en Xixona. Sabemos que alguna estructura arquitectónica debería tener; ya que en la sesión plenaria del  29 de marzo de 1752 se acuerda “(…)se haga libransa de quatro libras y ocho sueldos por la madera, trabaxos, que ha tenido en componer el monumento tornillos y demás”. En el inventario parroquial de 1884 se constata su presencia: “Un tabernáculo con las demás maderas para hacer el Monumento”.

El Monumento debería de adornarse con telas. En 1722 se planteó un problema debido a que como ni el Ayuntamiento ni la Iglesia Parroquial disponían de telas y ornamentos adecuados para cubrir el Monumento era ya tradicional el recurrir a los vecinos para que prestaran los adornos necesarios. Sin embargo, en este año Vicente Picó, el Mayordomo encargado de administrar los gastos que se ocasionaban durante la Semana Santa y demás festividades de las que se hacía cargo la ciudad, había manifestado al pleno de la corporación que “se halla en el día martes de Semana Santa sin poder acabar de perficionar el monumento para el Jueves y Viernes Santo por falta de ropas para su adorno”.  En los años anteriores se había recurrido a los vecinos, sin embargo en esta ocasión: “por muchas diligencias que havia echo, no ha podido encontrar ninguna ropa por escusarse los vecinos de no querer dexar las que tienen a causa de algunas desgracias que suceden”. Los capitulares acordaron que, dado el escaso tiempo que faltaba para concluir el Monumento, se preguntara a los vecinos si les facilitaban los adornos necesarios para este año y que para los años sucesivos ya se buscaría una mejor solución. Esta búsqueda se manifestó infructuosa, por lo que el Monumento se tuvo que concluir de la mejor forma posible: “lo indecente que ha estado dicho monumento este año y los demás por la falta de ropas que ay en este común por los muchos saqueos que han padecido los vecinos en las guerras pasadas”.

Una vez pasada la Semana Santa los regidores se volvieron a reunir el día 5 de abril y tras reconocer el fracaso de dicho año, decidieron construir un nuevo monumento del cuyas gestiones se encargarían Vicente Picó y Hipólito Garrigós, regidor, “para que hagan la diligencia en buscar persona que lo entienda y asistan a ver como se compone y merquen lo que fuere necesario y se pague de los propios y regalías de la ciudad”.

Era el Ayuntamiento quien sufragaba los gastos de su montaje y desmontaje anual, y quien elegía al encargado de realizar esta tarea: “Otro si fue acordado que se encargue el cuidado de el relox, plantar el Monumento, y cama de la Asumpcion de Nuestra Señora a Jayme Miralles”. Parece ser que en 1739 se acordó que Jaime Miralles se hiciera cargo del mantenimiento del reloj municipal, del montaje y desmontaje del Monumento en la Semana Santa y de la cama de la Nuestra Señora de la Asunción. Por todo ello iba a recibir un salario de 12 libras, que cobraría 3 de ellas en dinero y el resto lo obtendría del huerto del castillo, en caso de que la ciudad pudiera disponer de él.

Cuatro años más tarde, el 4 de abril de 1743, Jaime Miralles reclamaba al consistorio municipal la cifra de 20 libras, a razón de 5 libras anuales por montar y desmontar el Monumento y la cama de la Virgen. Los regidores acordaron satisfacer esta cantidad adeudada.

Posiblemente a principios del siglo XIX cambió la situación respecto al pago de los gastos derivados por la colocación del Monumento. Si bien, hasta ese momento las cantidad salían directamente del erario público municipal; ahora ya no, puesto que el 20 de mayo de 1806 se acuerda que “se pagase de los fondos de la fábrica”, es decir que el dinero se aportara de las cantidades que tenía la propia parroquia.

Debido a que el Ayuntamiento ejercía un patronazgo sobre la iglesia parroquial conservaba un llave del sagrario, aunque no sabemos si la que abría sus secretos u otra de carácter honorífico. El 6 de mayo de 1754 se acordó que la llave del Monumento “en los años siguientes la lleve el sindico Procurador que fuere y en su ausencia o enfermedad el capitular más moderno”.

Fuente: https://bgarrigos07.wordpress.com

BERNAT MONTAGUD: ‘PARA MÍ, ESCRIBIR ES TODO UN PLACER QUE SE MULTIPLICA AL VER CÓMO RESPONDE LA GENTE EN LAS PRESENTACIONES DE MIS LIBROS’

Ayer se presentó en la Casa de la Cultura de Alzira la última novela histórica de Bernat Montagud “Ossa Arida”.

La obra se inicia con la etapa final de Benedicto XIII. La de la resistencia y abandono. Acusado de perjurio, contumaz y carismático, se refugia en Peñiscola. Sede papal donde acudirán, presencialmente o en forma de recuerdos, los personajes de la época. Reales y ficticios. Años después, Calixto III, el primer papa Borgia, asumirá el empeño de reintegrar en el seno de la Iglesia al que antaño fue condenado a los infiernos y conocido como el antipapa: el Papa Luna. Lo hará mediante el futuro Alejandro VI, cardenal Roderic de Borja. Esta novela recupera nombres y datos históricos, encadenando un relato cuya lectura discurre por el estrecho margen que separa ficción y realidad.

El autor destacó que para él “escribir es todo un placer que se multiplica al ver cómo responde la gente en las presentaciones de mis libros”. Así mismo, ensalzó la fascinación y encanto que siente por el también llamado “Papa del Mar”, afirmando con convicción que “como valenciano reivindico la figura del Papa Luna”.

Bernat Montagud, como historiador, siempre ha sido muy riguroso y preciso a la hora de novelar. Sus obras se construyen con una firmeza y veracidad histórica debidamente documentada, aderezada con una trama marcada por unos personajes secundarios y ficticios. Para el autor de “Ossa Arida” los vocablos “novela histórica” deben cumplir en su más alto grado con dos particularidades: “la ficción que debe tener una novela y la rigurosidad que debe tener cualquier tratamiento histórico”, declaró en una entrevista a fondo conducida por AURELIANO LAIRÓN y que reproduciremos en la edición del próximo lunes.

En la presentación, AURELIANO J. LAIRÓN, CRONISTA OFICIAL DE ALZIRA, archivero e historiador manifestó, entre otros aspectos, que “Bernat Montagud siempre ha sido una persona comprometida con la ciudad que le vio nacer, de ahí los reconocimientos públicos que ha recibido. Para los alzireños es gran un honor contar con un conciudadano como Bernat. Un conciudadano como él da prestigio a una ciudad”.

Intervinieron en el acto el propio Bernat Montagud; AURELIANO J. LAIRÓN; Arturo Blasco, editor de Reclam y Diego Gómez, alcalde de Alzira. Todos reconocieron su trayectoria y un aprecio especial por la línea profesional y humana que siempre ha trazado.

Bernat Montagud Piera

Nació en Alzira l’any 1947. Cursó estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Valencia. Es doctor en Arte por una tesis sobre el pintor e ilustrador albaidense José Segrelles Albert. Ha ejercido la docencia al País Vasco y en el instituto Rey don Jaime de Alzira. Fue profesor de la UNED centro Alzira-València, académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, miembro de las asociaciones valenciana y española de Críticos de Arte y de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios. Fue catedrático de Geografía e Historia de enseñanza secundaria y director del Centro de Profesores de la Ribera.

Como novelista es autor, entre otros, de Al-yazirat (1994), El Alcázar de las sombras (1999), Don Carlos, príncipe de tinieblas (2002), El banquero de Dios (2006) Cuervos (2015) y Ossa Arida (2020). Entre sus trabajos de investigación local hay que mencionar los titulados Alzira, mito, leyenda e historia (1980); Alzira, arte en su historia (1982); Teodoro Andreu Sentamans, biografía pictórica (1983); Ruta Cultural miedo la Ribera del Júcar (1992); San Bernardo mártir, fuentes literarias e iconográficas (1995); con Alfonso Rovira, El puente de San Bernardo, iconografía y tradición (en dos volúmenes) y Voces de la Pasión; con Aureliano Lairón y José Carrillo, Alzira, l’illa del Júcar (2008) y con Ferran Boscà, Cuentos de la Isla (2010) . Ha colaborado en diversos medios de comunicación locales y comarcales y fue galardonado en su día con la Insignia de Oro de la Ciudad de Alzira.

Fuente: http://www.elseisdoble.com

PRESENTADO EN VALENCIA EL “PAPERS” DEDICADO AL CICLO DE LUCRECIA BORJA

El presidente de la Associació d’Amics de la Costera, Ximo Corts, y el musicólogo y director de Capella de Ministrers, Carles Magraner, presentaron ayer por la tarde en el Museu de Belles Arts de València el número 18 de la publicación Papers de la Costera. Se trata en esta ocasión de un monográfico que reúne todas las intervenciones del ciclo conmemorativo de los 500 años del fallecimiento de Lucrecia Borja, la hija del papa de Xàtiva Alejandro VI. Las ponencias de aquel ciclo tuvieron lugar en los meses de noviembre y diciembre del pasado año. La intervención de Corts y Magraner estuvo acompañada ayer de un concierto de laúd y viola, Música en temps de Lucrècia Borja, a cargo del intérprete Robert Casas.

En las intervenciones de hace un año que ahora se pueden leer en el volumen de Amics de la Costera figuran aproximaciones de todo tipo a la figura de la legendaria hija del papa: de los esfuerzos de Joan Francesc Mira por situar en su justa dimensión la historia de Lucrecia y de los Borja en general a las referencias aparecidas en la prensa del siglo XIX sobre ella desfigurando su trayectoria, un trabajo éste del periodista Marc Gomar. Antoni Martínez disertó sobre Lucrecia en la literatura; el CRONISTA OFICIAL DE XÀTIVA, AGUSTÍ VENTURA, sobre la ciudad y su ámbito de influencia en tiempos de los Borja; María Pilar Queralt abundó sobre la mujer y su mito, y Vicent Escartí trazó una aproximación al poder de la familia a través del pormenorizado análisis de la boda de Lucrecia con Alfonso de Aragón en 1498

El propio Corts abordó en el ciclo reflejado ahora en Papers la Italia que conoció Lucrecia mientras que Magraner mostró sus conocimientos sobre el entorno musical que la rodeó. El volumen cuenta con ilustraciones interiores y en la cubierta de Manuel Boix; lo patrocina el Ayuntamiento de Xàtiva y tiene el respaldo de Inelcom Technology.

Fuente: https://www.levante-emv.com

EL PRINCIPIO DEL FIN DEL PALACIO DE ELDA


Castillo palacio de Elda en 1858 | J. Laurent. Biblioteca del Palacio Real. Madrid.

GABRIEL SEGURA, CRONISTA OFICIAL DE ELDA

Si el año de 1848 supuso un punto de inflexión en la historia del castillo-palacio de Elda con la subasta pública del mismo por parte del Estado y su venta por 121.000 reales a favor del abogado eldense Juan Rico y Amat, el año 1866 vendría a suponer el principio del fin del palacio condal de Elda.

El castillo eldense era propiedad del Estado por la sentencia del Tribunal Supremo de España e Indias de 1841 cuando la villa de Elda revertió definitivamente a la Corona, como consecuencia del pleito entablado en 1815 por la villa frente al conde de Cervellón, en tanto que también conde de Elda. Sentencia que obligaba al conde a hacer frente a las costas del largo pleito y que fueron abonadas mediante la dación en pago del castillo.

Entre 1841 y 1848 el castillo fue propiedad de la Hacienda Pública. Periodo durante el cual se realizaron obras de refuerzo para acondicionar la cárcel del Juzgado Municipal de Primera Instancia (1844) e incluso en 1846 el Ayuntamiento de Elda acondicionó el patio y la logia porticada del castillo como espacio escénico para su uso por pequeñas compañías de teatro y de cómicos, que hasta ese momento utilizaban los dos arcos del pórtico del Ayuntamiento como escenario.

Sin embargo, las necesidades de la Hacienda Pública llevaron, como ya hemos indicado, a su subasta y venta pública. La compra del castillo eldense por parte de Juan Rico y Amat parece que obedeció a la sensibilidad del prócer eldense para con uno de los principales hitos monumentales de aquella Elda de mediados del siglo XIX, al tiempo que para evitar su deterioro y ruina.

Sin embargo, las necesidades económicas obligaron al Rico y Amat a deshacerse de varias de sus propiedades y entre ellas se encontraba el castillo-palacio. Así, un 11 de diciembre de 1866, hoy hace 154 años, Felipe Rico y Amat, hermano de Juan Rico, procede a su venta a favor de Pedro León Navarro y Vidal, vecino de Elda y maestro de obras de profesión, por el precio de 280 escudos (=2.240 reales). Y cuyos planes nada tenían que ver con el espíritu filantrópico del anterior propietario.

Aquella compraventa supuso el principio del fin del castillo y palacio condal de Elda. Poco importó al maestro de obras el monumental esplendor de los siglos pasados o los siete siglos de historia centenaria, el castillo fue utilizado como cantera de materiales de construcción de importantes obras públicas caso del primer matadero municipal eldense (1867) o del primer puente de la Estación (1879), amén de otras construcciones particulares tanto en Elda como en Petrer.

Uso que supuso la extracción de piedra, sillería, vigas de madera, carpinterías, rejería, tejas, azulejos, etcétera, etcétera, dejando desmantelado por completa la estructura del castillo, amén del desmonte de las dos grandes torres circulares de sillería que durante siglos fueron el emblema del palacio. Todo material que pudiera ser reutilizado fue arrancado y vendido.

En 1866 el castillo de Elda emprendió una imparable espiral de ruina y posterior abandono que obligó, en las primeras décadas del siglo XX, a la realización de demoliciones de paredes y muros para evitar el riesgo de caída sobre la población. Durante 118 años el castillo estuvo abandonado a su suerte. En 1967 el castillo pasará a ser propiedad municipal ante la ausencia de legítimos dueños; siendo en 1984-1985 cuando se inicien los trabajos de recuperación, gracias al tesón y voluntad de Juan Rodríguez Campillo, miembro de la sección de Arqueología del Centro Excursionista Eldense y concejal de Patrimonio Histórico en la legislatura 1983-1987. Pero eso ya es otro capítulo de la larga historia del castillo-palacio de Elda.

Fuente: https://www.valledeelda.com

120 AÑOS DE UNA CALLE


Fotografía de la calle realizada por los periodistas madrileños que vinieron a Petrer con motivo del nombramiento de Emigdio Tato como hijo adoptivo. Año 1935.

Mª CARMEN RICO NAVARRO, CRONISTA OFICIAL DE PETRER

El crecimiento urbano en las primeras décadas del siglo XX se articuló en torno a dos vías claves en la vida del pueblo; por una parte, Gabriel Payá (donde se ubicaban varios edificios significativos) y por otra Leopoldo Pardines desde donde partía el Camino Viejo de Elda, que unía Petrer con la vecina localidad.

La calle Gabriel Payá se inauguró en 1900 y sabemos cómo transcurrió este evento tan importante para el pueblo por una noticia del diario alicantino El Liberal con fecha de tal día como hoy del año que comenzaba el nuevo siglo. En una carta al director del mencionado diario, fechada el 15 de diciembre, y publicada tres días más tarde, el periodista petrerense José Navarro relata con gran detalle la inauguración de esta vía pública a la que se le puso el nombre de Gabriel Payá que fue alcalde del Ayuntamiento de Petrer en varias ocasiones.

Ese sábado de hace hoy 120 años, a la una del mediodía se reunieron el comité del partido liberal-fusionista local y las más salientes personalidades de esta agrupación política, en el domicilio del presidente D. Gabriel Payá Payá (1831-1905), con objeto de solemnizar la inauguración de la calle de este nombre, de su propiedad, con asistencia de nutridas comisiones de los demás partidos del municipio, con su presidente el popular alcalde D. Víctor Ponti Castillo, clero parroquial y señores jueces de instrucción y municipal, el Sr. Payá obsequió a los invitados con un espléndido lunch, en el que hubo verdadero derroche de pastas, dulces, licores y habanos.

Poco después, la comitiva, a la que “se unió el pueblo en masa”, se dirigió a la calle con el objeto de descubrir los mármoles que en grandes caracteres mostraban el nombre del jefe político del partido Liberal. La crónica describe el “inmenso entusiasmo de los asistentes y la grandiosa ovación tributada por el pueblo de Petrel al dispensador de tantos beneficios”. Según el periodista, fueron muchos “los delirantes vivas al señor Payá que salían de los corazones y brotaban de los labios de multitud de pobres que acababan de ser socorridos por el autor de estos festejos, con raciones de pan y carne y con socorros en metálico”.

Durante todo el acto sonó la tradicional dulzaina acompañada del tamboril, animándolo con sus vibrantes acordes. Se lanzaron infinidad de globos aerostáticos, celebrándose también carreras y juegos de cucaña, hasta que anocheció, dirigiéndose la comitiva al Círculo liberal, situado en la plaça de Dalt, donde se celebró un banquete de ochenta cubiertos y bien condimentados manjares, rociados con los mejores vinos del país. “Al finalizar la comida se pronunciaron elocuentes brindis en honor del anfitrión, haciendo resaltar sus caritativos sentimientos y el cariño inmenso que profesaba al pueblo de Petrer. Gabriel Payá, con sentidas frases, dio las gracias a todos por las demostraciones de cariño que le prodigaban, manifestando que su mayor anhelo estriba en la prosperidad y engrandecimiento del pueblo que le vio nacer”.

Hasta aquí la crónica de cómo transcurrió la inauguración. Después de la inauguración de la calle, Gabriel Payá volvió a estar al frente de la alcaldía al menos desde 1902 hasta que el 1 de enero de 1904 le sustituyó Ramón Maestre Maestre.

Pero esta calle Gabriel Payá tiene una larga vida y muchas más historias para contar como la del propio Gabriel Payá “el Moro” que le da nombre, también la de los singulares edificios y comercios que albergó y la de sus vecinos, y, todas estas historias, serán objeto de próximas crónicas.

Fuente: https://www.valledeelda.com