Vecinos de la Vall d’Uixó, Nules, l’Alcora, Borriol o Xilxes
honran al santo desde el confinamiento.
«El precioso manantial/ del pozo de vuestra casa/ concede
salud sin tasa/ al que bebe su cristal/ quedando con tal favor/ de todo mal
libre y sano/ sednos padre y defensor/ Santo Apóstol valenciano». Este es uno
de los versos de els gojos a Sant Vicent Ferrer que este lunes volvieron a
entonar sus devotos en la Vall d’Uixó, aunque desde su casa; pero con un
sentimiento compartido en muchos municipios de la provincia, para que quien
fuera conocido por sus milagros y por su intercesión en epidemias históricas
termine con la que golpea ahora a Castellón.
A nadie le pasó desapercibido que este lunes era el día
grande de las fiestas patronales de la Vall y así lo pregonaron las campanas de
la iglesia de la Asunción y de la ermita del santo, llamando a los vecinos a la
participación en una celebración virtual que, como tantas y tantas otras
celebraciones desde que se decretara el estado de alarma, está viviéndose de la
mejor manera posible cuando el confinamiento es norma e imposición.
La de Sant Vicent es una celebración que se vive en muchos
municipios como la Vall d’Uixó, Nules, l’Alcora, Borriol o Xilxes, entre otros.
Y como suele suceder en un día tan señalado, se conjugaron las celebraciones
estrictamente religiosas con otras más populares. Ese es el caso de Nules,
donde a pesar de no tener pasacalle –una de las fiestas más coloristas y
participativas de la localidad, declarada de interés turístico–, no hubo
resignación y las diferentes quintas salieron a los balcones al son de Paquito
el Chocolatero, logrando que por momentos las calles reprodujeran el mismo
jolgorio que las habría caracterizado de no estar la práctica totalidad de los
vecinos luchando contra el coronavirus en casa. Quedará por ver qué solución se
dará al hecho de que los organizadores de esta festividad cambian cada año y de
forma sucesiva desde hace décadas, coincidiendo, desde su origen, con el 25
aniversario del paso de los mozos por el servicio militar.
En Borriol, este lunes también fue un día trascendente y
esperado, que se vivió con el ánimo que imponen las circunstancias. Ha habido
dos fechas claves en la historia de su romería a la ermita de Sant Vicent que
impidieron su celebración: en 1887, por una intensa nevada y la segunda, a
medias, en 1994. La del 2020 engrosará ese listado por ser la que se vivió de
manera virtual. A puerta cerrada, se celebró una misa retransmitida por la
cuenta de Facebook del Ayuntamiento, que se completó con una mascletà casera
con instrumentos de cocina. Informa HENRI
BOUCHÉ (CRONISTA OFICIAL DE BORRIOL).
Y como hay tantas citas como costumbres, las expresiones de
amor tomaron los balcones y ventanas de l’Alcora en su tradicional mocadorà,
recuperada en el año 2002 por parte de los barrios y la Coordinadora
d’Associacions Culturals de la Comarca de l’Alcalatén. Los vecinos reprodujeron
la tradición de que los hombres regalaran a su amada dulces y confites después
de la romería, en el entorno de la ermita, en un particular San Valentín
alcorino que este año se tuvo que vivir dentro de casa. Informa Javier
Nomdedeu.
En Xilxes, los pañuelos se transformaron en instrumentos en
una jornada marcada por el pasodoble interpretado por la Unió Musical Santa
Cecília, cuyos miembros tocaron desde sus respectivos domicilios.
FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA
En un viaje oficial a Alemania, lo primero que me
preguntaron los periodistas que trabajaban para el Ayuntamiento de Mainz
(Maguncia) era si en España se podía conducir borracho. Les expliqué que no era
conveniente, pero ellos insistían: sabían de buena tinta que en España no había
entonces una ley concreta que delimitara la tasa de alcohol en sangre, sabían
que la policía española no tenía detectores de alcohol, y lo que querían era mi
confirmación, para que los dos incrédulos del grupo quedaran convencidos de lo
que los otros dos pensaban: que a falta de ley, norma, organización, estructura
y medios, España era lo que en realidad los cuatro soñaban desde adolescentes:
un paraíso para los bebedores, un oasis permisivo en medio de la Europa
reglamentada. Porque todo alemán –o así lo vi yo entonces– es un ser nacido
para obedecer pero lleva dentro un caballo dispuesto a desbocarse en las exóticas
praderas sin reglas del sur.
Los periódicos empiezan a llevar estudios donde se puntúa la
gestión de la crisis del coronavirus en los países europeos. Se intenta saber
quién estuvo más atento, quién estaba más preparado, quién tomó antes medidas eficientes
para combatir la pandemia. Y sale lo que era de esperar: Alemania es la mejor
puntuada, seguida de Suiza, Austria y los bálticos; y los peor puntuados,
Italia y España, somos los de ese sur edonista y anárquico donde la gente habla
a voces y tiende ropa de un lado a otro de la calle.
Son los tópicos, siempre acuñados desde una realidad
sobradamente demostrada. Es el sentido de la obediencia y la colectividad, la
renuncia al individualismo, la abnegada aceptación del sentido de Estado que
es, también, sentido de batallón, de escuadra, y gusto por el desfile
exhibicionista.
¿Hay leyes en España contra los conductores bebidos? En
aquel momento, expliqué, todavía no había una estructura preparada para hacer
soplar a los conductores a la salida de una boda; pero eso no implicaba que
España fuera la selva, como ellos pretendían. No hubo manera de hacerme
entender: se necesita que haya una ley y que esté desarrollada a través de
ordenanza, reglamento, horario, organización y equipo material de aplicación a
los casos de infracción… El resto, ay, es ese dorado anarquismo del sur que en
el fondo persigue todo alemán… para probarlo al menos un par de veces antes de
llegar a viejo.
Colectivismo e individualismo. Organización y pequeño caos.
China, Singapur, Corea, Japón, Taiwán, al otro lado del mundo, reproducen con
facilidad modelos colectivistas que en esta parte comparten Finlandia, Noruega,
Austria y Alemania. Viene de lejos, de muy lejos. Viene del carácter, de las
formas religiosas, del concepto de libertad y burguesía, de lo que se escucha
en casa y se aprende en la escuela. Y todo eso, ahora, configura el ambiente
con el que Europa tiene que elaborar un plan destinado a salir de la peor
crisis a la que se ha enfrentado desde que la última gran guerra.
El liderazgo lo va a tener Alemania, como es de temer y
desear. Francia se ha quedado atrás y, una vez más, es la anticipación, la
preparación, la previsión organizada de los alemanes la que se presenta con
fuerzas y recursos para hacerlo. Y como es normal, lo hará imponiendo sus
reglas y controles.
En el año 1918, cuando los médicos valencianos empezaron a
trabajar en serio en el problema de una gripe que se extendía, se dieron cuenta
enseguida de que el bacilo que estaba causando estragos era “el de Pfeiffer”.
Es decir el que había descrito en 1892 Richard Pfeiffer para las enfermedades
gripales y respiratorias: el “Haemophilus influenzae”. Pfeiffer –¿les suena ese
nombre asociado a medicamentos?– había sido el mejor alumno del profesor Robert
Koch, el mejor estudioso de Alemania y el que detectó el origen de la
tuberculosis. Es decir que si el carácter colectivo configura un perfil y la
organización estatal genera un sistema, basta con dejar que los científicos
desarrollen sus cualidades investigadoras con el debido apoyo financiero. Si
uno tiene en su tradición científica a
Pfeiffer y a Koch tiene mucho adelantado…
FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA
En el Día del Libro ¿cómo no recordar a Cervantes y el
Quijote? En este mismo blog lo hemos hecho todos los años, entre 2012 y 2016.
Basta con que el lector busque las fechas. El pasaje cervantino sobre el famoso
“escrutinio de los libros” (23.04.2015) es una de las entradas con más
seguidores de este blog. También el 15 de abril de 2015 se publicó una entrada
sobre el rodaje en el Saler de la película que Rafael Gil dedicó a don Quijote.
Ahora añadiremos otra: es sobre el homenaje que Valencia rindió a Cervantes en
1905, en el 3º Centenario de su edición valenciana del Quijote. Se publicó en
“Las Provincias” el 18 de abril de 2016.
El 7 de mayo de 1905 es una fecha para recordar en Valencia.
Porque en ella comenzó a celebrarse, con toda solemnidad, el III Centenario de
la publicación del Quijote, el más destacado libro de la literatura clásica
española. En su honor, y en el de Miguel de Cervantes, ese domingo fue una
fiesta de exaltación cultural en la que, para empezar, estuvo presente la Real
Senyera, llevada por el alcalde de la ciudad.
La idea de la celebración del Centenario de la publicación
del Quijote salió de la tertulia que el fundador de este periódico, Teodoro
Lllorente, sostenía semanalmente en su pequeño despacho de la sede del diario
en la calle del Mar. El cónclave de cultos amigos se propuso que los actos a
celebrar en Valencia no fueran de menos calidad que los que estaba preparando
Madrid en honor de Cervantes y su novela. Entre otras razones porque tanto en
la edición de la primera parte del libro como en la segunda, muy poco después
de salir y triunfar la edición de la imprenta madrileña de Juan de la Cuesta,
el autor había propiciado una segunda edición en Valencia.
La cuna de la imprenta española, Valencia, tenía un enorme
prestigio editorial a principios del siglo XVII: buenas manos, buenas máquinas
y, sobre todo un ambiente culto y exigente, hacían que en Valencia hubiera muy
buenos impresores, entre los que destacada Pedro Patricio Mey, autor de las dos
segundas ediciones quijotescas. Eso bastaba para Llorente y sus colegas, aunque
lo que se estaba subrayando era que donde hay buenas imprentas suele haber buenos
lectores y coleccionistas.
Todo eso bastó para que los “conjurados” cervantinos se
pusieran en contacto con la alcaldía, que en este caso facilitó mucho las
cosas: el clima de exaltación festiva que se dio en el mes de abril, cuando el
rey Alfonso XIII visitó la ciudad como monarca coronado por vez primera,
continuó en el primer domingo de mayo.
El caso es que hasta la Senyera dejó su Archivo, fue
descendida con solemnidad por el balcón municipal de la calle de la Sangre y se
sumó al cortejo festivo que, con las autoridades y corporaciones se dirigió a
la calle de San Vicente número 5, esquina a la plazuela de San Martín. Allí fue
descubierta una placa conmemorativa del lugar donde estuvo la imprenta de Mey:
en “el carrer de Sent Martí a Santa Tecla”, cerca de la “Pelleria Vella, carrer
dels Joffrens i Traveça”.
Si en 1605 era un dédalo de callejuelas, en 1905 ya era la
hermosa calle de San Vicente, próxima ya a la plaza de la Reina. Allí, junto a
la Isla de Cuba, tenía su tienda el señor Settier, que además de comerciante
era un gran divulgador de la cultura llamado a ser el exitoso hombre de prensa
y promoción de la Exposición Regional de 1909. Habló desde el balcón de su casa
y elogió a la imprenta de Mey y los impresores ates de que se descubriera una
placa, que el Ayuntamiento limpió el año 2005, para evocar el nuevo Centenario.
Colegio y monumento
Entre músicas, la comitiva marchó hasta el actual Colegio Cervantes,
en la calle de Guillem de Castro, donde se estaba derribando el viejo matadero,
sustituido ya por el nuevo, en el paseo de la Pechina. En ese hermoso solar, el
Ayuntamiento de Valencia quería desplegar el proyecto de levantar unas escuelas
graduadas que fueran ejemplo de modernidad y que habrían de llevar el apellido
Cervantes. Ese 7 de mayo de 1905 se colocó, con todas las bendiciones, la
primera piedra en una sala de despiece del viejo “escorxador”. Dentro de ella
estará un ejemplar de nuestro periódico de ese día y algunas monedas con el
perfil del rey Alfonso. El monarca, en 1909, cuando inauguró la Exposición
Regional, pasó antes a ver el Colegio recién terminado, y saludó a la
chiquillería.
La nueva escuela, que se basó en la didáctica más moderna e
importó pequeños muebles escolares desde Alemania, fue un referente nacional.
Obedecía al proyecto del delegado regio de Instrucción, José E. Serrano
Morales, uno de los promotores del homenaje a Cervantes. Coleccionista de
libros, regaló al Ayuntamiento toda su biblioteca, que se conserva intacta en
el palacio de Cervellón. Él fue el orador principal que glosó las relaciones
entre Valencia y Cervantes en un discurso magistral que pronunció en los
jardines de Guillén de Castro todavía semiocupados por corralones de los
almacenes municipales.
En lo que se deseaba que fuera un jardín en homenaje al
escritor se había ubicado un boceto, remitido por Mariano Benlliure, de la
escultura en homenaje a Cervantes: don
Quijote mostrando al mundo el busto de su creador. Lo que ocurre es que –cosas
valencianas– la estatua final de Benlliure fue colocada en la plaza del
Picadero y no aterrizó en los jardines de Cervantes, de verdad, hasta 1931.
Las celebraciones duraron semanas y pueden seguirse al
detalle en la colección de LAS PROVINCIAS, que editó un número extra, el 10 de
mayo, con excelentes colaboraciones. La Universidad y Lo Rat Penat, los vecinos
de la calle de Cervantes, los institutos y academias, todos los estamentos,
cultos y populares, se sumaron al homenaje. Si en la Catedral se celebraron
exequias por el escritor, en la Universidad se celebró una exposición que se
repite ahora en la Biblioteca Valenciana, con todas las ediciones del Quijote y
de los libros de Caballería de su tiempo. Y con la primera edición de esa obra
ejemplar, la mejor biografía de Miguel de Cervantes, que hizo un valenciano,
Gregorio Mayans i Ciscar.
Niños de Torrevieja. Foto A. Darblade – Colección de F. Sala
FRANCISCO SALA ANIORTE, CRONISTA OFICIAL DE TORREVIEJA
Mi esposa y mi hija se dedican al magisterio, hecho que me
conduce trazar unas leves pinceladas por las miserias en la enseñanza y la
educación en épocas de apreturas y recortes escolares, más aún en tiempos de
confinamiento por la pandemia del COVI-19 y las clases vía “on-line”,
telemáticas, por correo electrónico y por video conferencia.
Adentrándonos en el pasado observamos la falta de recursos
del Ayuntamiento de Torrevieja, en 1870, haciendo que se suprimieran las
escuelas, el alumbrado público y los vigilantes nocturnos, al no poder o hacer
frente a sus gastos.
En 1874, el inspector provincial de Primera Enseñanza
realizó visita a las escuelas encareciendo a los maestros la necesidad del
aprovechamiento de la educación y a los niños en que redoblaran sus esfuerzos
en la preparación para su futuro. Reunido con la Junta Local de Enseñanza
expuso con claridad el estado de cada una de ellas, indicando las medidas que
debían adoptar para su reforma, expresando su satisfacción por los progresos y
adelantos que advirtió en los niños. Los profesores salvaban con incansable
laboriosidad las aflictivas circunstancias financieras y económicas. El estado
ruinoso de la enseñanza y la educación quedó patente nuevamente.
En la noche del 6 de diciembre de 1889, abrió la escuela de
la ‘Sociedad Cooperativa de Obreros’, lo que hoy sería el equivalente de E.P.A.
(Educación Permanente de Adultos) que por entonces estaba bajo la dirección de
don Antonio Capellín, prestaba clases nocturnas a los trabajadores. No eran
obligatorias las escuelas de adultos, pero pasaron por ella más de doscientos
los alumnos. Todo un logro para aquella época.
Las niñas estaban relevadas del conocimiento escolar,
cebándose los recortes sobre ellas. En 1893, el Ayuntamiento, la Junta Local y
los mayores contribuyentes, elevaron una instancia al director general de
Instrucción Pública, solicitándole la suspensión de una de las escuelas de
chicas, alegando que era innecesaria. El gobernador provincial, en una visita
realizada a las todas las escuelas públicas de Torrevieja observó que no eran
lo amplias, altas y ventiladas que la higiene exigía.
En la memoria de los vecinos estaban los nombres de maestros
excelentes: don José Sánchez, don Pascual Capellín, don Antonio Pallarés, doña
Dolores Rovira, doña María Galiana y doña Socorro Gilabert. En ellos se tuvo
ejemplo honradez y laboriosidad, dándose buenas y constantes pruebas. Después
de ellos se notó un vacío en el adelanto de la infancia, que pagó las
consecuencias sin encontrar quien, ni en donde se debían de satisfacer su
constante anhelo de saber, ni cuando volvería el día en que fueran tratados con
el cariño y la consideración que aquellos maestros tuvieron a sus discípulos.
Fueron esclavos de su deber y, aunque con sueldos mezquinos satisfechos de
tarde en tarde, permanecieron impasibles, llenos de abnegación difundiendo la
cultura; como vicio notable únicamente el juego del ajedrez, todo su esfuerzo y
ocupación consistió en propagar la enseñanza. Aquellas escuelas modelo
sobrepasaron en más de setecientos niños y niñas.
El siglo XX se inició con la apertura de una escuela de
niñas puesta en funcionamiento y regida por las hermanas carmelitas, venidas a
Torrevieja para encargarse del cuidado de los enfermos del ‘Hospital de
Caridad’, ocupándose también de instruir a niñas de la clase acomodada de la
población. En agosto de 1907, organizaron una exposición de labores donde las
jóvenes alumnas demostraron su adelanto educacional bajo la dirección de las
monjas: cubiertas, papeleras, mantelerías, cubre bandejas, juegos de cama y
pañuelos; todo fue artísticamente expuesto, luciendo bordados muy delicados y
preciosamente realizados, recordando con sus colores, imitando con sus realces
y filigranas a trozos de mantones de Manila.
En 1907, doña Cruz Figueroa Pérez fue nombrada maestra para
la escuela de niñas, desplazándose hasta Torrevieja procedente de Los
Navalmorales (Toledo), donde hasta entonces había ejercido.
Las escuelas no marchaban muy bien; en 1908, pasaron de
ochocientos vecinos los firmantes de una exposición que se elevó al ministro de
Instrucción Pública, suplicándole que hiciera cumplir su cometido a los
maestros. Los alumnos que concurrían a las escuelas oscilaban entre ciento
ochenta y doscientos cincuenta para las clases de día. A las escuelas
nocturnas, solamente iban ocho alumnos. El material estaba antiguo, barato y
destrozado.
En las escuelas públicas que había agua para los niños, se
daba en un vaso de lata viejo y sucio. Las gorras y abrigos se colocaban en
cualquier parte porque no había perchas. La calle era la escuela más
concurrida: discordias, voces pedradas y blasfemias que tenían amedrentados a
los vecinos, no sabiendo dónde pedir una solución. Los niños, inclinados al
juego y al ejercicio, y estando los padres ocupados en ganar un salario no
podían reprimir esos esparcimientos, corriéndose el riesgo de tener fatales consecuencias
para el niño, la familia y la sociedad.
En 1908 se establecieron otras escuelas privadas, estando
las primeras enseñanzas de los niños en manos mercenarias sin preparación
alguna. Únicamente impartía una buena educación la escuela dirigida por don
Antonio Capellín, persona respetada y con conducta ejemplar, ensalzado por
muchas personas que le debían las posiciones que en su edad adulta ocuparon; su
establecimiento funcionaba dentro de la ley, estando considerado como ‘una
escuela modelo’. En el lado contrario estaba la ‘escuela de niñas’ dirigida por
Juana la mondonguera, la misma que su marido abandonó por escándalos públicos,
lugar donde Petra -la novia de Juan, un criado-, daba clases de costura y
labores.
Silverio, pobre de Torrevieja, al preguntarle por la escuela
a que asistía su hijo, declaró: “Yo no mando a mi hijo a ninguna parte. Comenzó
a ir a una del Gobierno y a los dos o tres días vino diciendo que no iba más,
que a él no le mandaban al corral mientras que a otros les daban sitios preferentes
y que no le daban lección mientras no se comprara un libro, pero es porque el
maestro quien los vende. Lo saqué de allí y lo mandé a otra, y todos los días
holgaba. Al preguntarle, me contestó que el maestro estaba fuera y no vendría
hasta el verano para bañarse. Le di dos mojicones creyendo que sería mentira.
Lo cogí de la mano y lo llevé a la puerta de la misma escuela comprobando que
tenía razón el chico. Desesperado, lo mandé desde entonces a casa de Fabián, un
tunante, y estoy temblando a que le enseñe a todos sus vicios.”
En julio de 1908, se procuró mejorar la enseñanza en la
villa, nombrándose maestra interina a doña Cruz Martínez Pujol; y, en 1912, fue
destinada a Torrevieja como maestra doña Remedios Sevilla. Mientras, las
autoridades se mostraban indiferentes en materia de enseñanza motivando que las
escuelas estuvieran vacías. ¡La crisis hacían mella en aquellos tiempos!
Estamos en la última semana de abril, y el viernes de la
próxima semana entramos en mayo. Volviendo la vista atrás, el mayo de 1970, no
tenía nada que ver con los meses de mayo de estos últimos años. Cincuenta años
son muchos años, para mantener las fiestas que se celebraban entonces.
Aquellos años las tradiciones eran algo sagrado, tenían no
solo que mantenerse, sino que superarse cada año y las fiestas se sucedían con
asiduidad, de hecho el aliciente para la juventud femenina era ser Musicales y
Clavariesas, fiestas que se celebraban en mayo. Hay que tener presente que en
aquellos años, la gente joven no cursaba tantos estudios universitarios como se
cursan ahora, aunque ya empezaba a notarse la presencia femenina en institutos
y facultades, que ha ido incrementándose poco a poco, hasta llegar a un nivel
considerable afortunadamente.
Podemos calificar que aquellos eran otros tiempos.
Diferentes. Nuestras jóvenes señoritas empezaban a trabajaban en aquella
fábrica de “Lois en Villamarchante”, que iban y venían en un autobús,
otras trabajaban en el taller de las Obreras de la cruz en Casinos, y otras
aprendían a ser buenas amas de casa, alternando las labores del hogar con las
del campo. Lo cierto es que el aliciente era ser cuando por edad te tocaba,
musical y clavariesa. En 1970 las Clavariesas empezaron su fiesta el día 1 de
mayo.
Ese año, las Clavariesas creo que por primera vez en la
historia de la fiesta,(otros años, se había el programa en un díptico) pero en
1970 prepararon un Libro de Fiestas, tamaño cuartilla, con artículos relacionados
con la fiesta, la programación y horarios de los actos, anuncios comerciales y
como no podía faltar en las primeras hojas, el Saluda institucional de las
Autoridades civiles y eclesiásticas. Como el Alcalde estaba recién estrenado,
se recoge en el libro, la salutación o despedida del Alcalde saliente: D.
Custodio Latorre, y los objetivos del Alcalde entrante D. Francisco Yerbes.
En uno de los párrafos el Sr. Alcalde Custodio Latorre, les
dedica a las Chicas unas palabras interesantes: “ que
Ella (la Virgen) las colme de bendiciones y felicidades sin fin, en compañía de
sus familiares, sin olvidarse de una pequeña recomendación para que San Antonio
(que también a él le rezan las chicas) las atienda en sus
“necesidades” que lo “cortés no quita lo valiente.”(Es
costumbre rezar a San Antonio de Padua para conseguir novio ).
Lo más importante y novedoso, es que ese año el día 1 de
mayo a las 19 h. y a las 23 horas, en el salón de arriba del Bar Musical, se
celebraba un Pase de Modelos a cargo de las Señoritas Clavariesas, patrocinado
por la firma comercial Rey Don Jaime de Valencia, alternándolos con actuaciones
especiales. Ese mismo pase, se repetía el día 2 sábado con la actuación
especial de “María Consuelo y de Carlos, representantes de la Nova canço.”
Era un acontecimiento para Casinos, organizar y poner en
escena, aquel “Primer Gran Festival de la Moda” que patrocinaba aquel
importante comercio de Valencia, con la colaboración de Óptica Calvet y Brocal,
alta Bisutería. Entregaron a cada espectador un programa de mano, en el que se
podía leer: “En nuestro establecimiento Rey Don Jaime, y en las casas
colaboradoras Óptica Calvet y Brocal, alta bisutería, a al presentación de éste
carnet, y durante todo el mes de mayo, les obsequiaremos con un especial
descuento.”
Los modelos que presentaron desfilaron fueron sesenta,
muchos de ellos con nombre italiano: Tintoreto, Valentini, Góndola, Tempo,
Giorno, Brioni, Stefan, Bresto, Pisa, Florencia o Milán. Otros nombres eran
Acapulco, Picasso, Cannes, Oxford, Sahara, Sajonia, Mónaco, Hamburgo, France Ocho modelos de trajes de Primera Comunión (estábamos cerca de la fiesta que se
celebraba el domingo de la Santísima
Trinidad) y los dos últimos modelos presentados
llevaban por nombre” Ilusión” y
“Casinos.”
En 1970 y 1971, se hicieron estos desfiles de moda, después
hubo otras actividades dentro del programa, pero queda el recuerdo ese año que
fue el primero en estrenar este maravilloso FESTIVAL DE LA MODA.
Ya mayo florido asoma, cual ardiente hermoso sol, los campos engalanados, de flores, luz y verdor son recuerdos de hace cincuenta años, son el reflejo del despertar de un Casinos a la modernidad, actualidad y diversión era la felicidad de hacer de lo cotidiano una gran fiesta en la que todos colaboraban, participaban y disfrutaban.
La reclusión a la que nos obliga la pandemia del coronavirus
tiene, entre otros muchos inconvenientes, la imposibilidad de convivir con
personas capaces de aportar no pocos argumentos para estos textos que se
escriben siempre con un afán ilustrativo y didáctico. Pero bueno, también
incita la creatividad y la acción de reinventarse para superar la clausura sin
subirse por las paredes. En ese menester, creo que ya he significado me está
ayudando mucho a llenar mi tiempo (que ahora sí que lo es mío) el dedicarme a
escribir una novela con argumento histórico en la que hay que documentar hasta
las comas.
El otro día, buscando expresiones habituales en la España
del rey Felipe II, me tropecé con una que aun llegué a escuchar en mi niñez,
pero que ahora está completamente en desuso. Se trata de la expresión
interrogativa «¿Cuál es su gracia?» Tratando de garantizarme la veracidad del
olvido de la frase, hice algunas llamadas telefónicas a gente de la generación
de mis hijos y, por supuesto, a ellos también y todos entendieron que esa
pregunta venía a significar algo así como alcanzar la forma de ser de una
persona. ¿Qué habilidades, qué agudezas, qué tretas, o, incluso, qué
tejemanejes tiene? Pues no, no van las cosas por ahí. La locución lo que viene
a inquirir es el nombre que uno tiene. En otras palabras, significa lo mismo
que ¿Cómo te llamas?. La explicación es muy sencilla; históricamente, como es
sabido, el nombre se recibía en el sacramento del bautismo, que confería la
gracia santificante de entrar en el seno de la iglesia. Por por eso la frase
completa vendría a decir algo así: «¿Qué gracia (que nombre) le pusieron a
usted al bautizarle?» Bueno, esa ya se ha perdido, ahora vamos a por el usted.
Los precios a futuro del petróleo se han desplomado y cunde
la preocupación en la economía mundial. Eso no es normal, eso no es bueno,
dicen todos, incluso los que advertían del peligro de agotar los combustibles
fósiles. El mundo se ha frenado en seco: cien mil aviones han dejado de volar y
200 millones de coches se han parado. Existe la inquietante sensación de que el
planeta puede salirse de su eje. Las consecuencias económicas se presumen tan
graves que están preocupados incluso los ecologistas radicales, los que hace
tres meses clamaban contra la contaminación del tráfico aéreo y aplaudían el
viaje en barco de vela de aquella niña, ¿la recordáis?, que se llamaba Greta
Thumberg.
Pero ahora hay prioridades y da menos apuro aplicarlas.
Curiosamente, ahora ya no hay en la sociedad tanto odio al plástico. La mayor
parte de las piezas que ayudan a respirar a los enfermos, la totalidad de los
equipos que protegen a médicos y enfermeras, son de plástico. Plástico para los
tubos de ensayo y para las pipetas, para las bandejas que sujetan los cultivos,
para las fundas que logran que todo esté estéril con seguridad. Para las gafas
y las viseras, para las jeringuillas y las torundas, para las batas y los
guantes. Látex de alta resistencia, mamparas de metacrilato para los comercios,
plásticos de todas las estirpes y grosores. Miles de máquinas impresoras de
plástico se han convertido en auxiliares eficaces… Millones de bolsas de basura
están haciendo estos días una tarea que con papel o con trapos nunca hubiera
sido posible. Dirán lo que dirán, pero el plástico –derivado del maldito
petróleo a fin de cuentas– ha hecho más bien que mal a la humanidad. Y estos
días se está ganando un respeto que estaban a punto de quitarle.
Es otro de los aspectos del mundo en los que es posible que
haya un viraje en el futuro, un cambio de orientación de las ideas. Es verdad
que usamos mucho plástico y que deberíamos procurar reciclar mucho más. Pero
donde hay que trabajar es en la invención y desarrollo de plásticos más
fácilmente degradables no en su prohibición. Hagamos aviones que pesen menos
para consumir menos combustible, pero no es preciso demonizar a los aviones.
El petróleo West Texas no es que esté bajando sino que el
lunes cotizó en negativo. Hay tanta producción acumulada que empieza a ser un
agudo problema seguir con una extracción que no se puede detener. De modo que,
en la Bolsa ha empezado a cotizar del revés, en negativo. Los productores,
aterrorizados por la posibilidad de colmatar sus depósitos, pagaban a los
compradores para que se llevaran el producto.
De la censura a la bonificación. De ser un malvado agente
depredador a ojos del mundo ecologista, a ser la causa de un problema que va a
traer la ruina a millones de familias. Pronto, antes de lo que suponemos, se
regulará la necesidad de que los coches vuelvan a circular. De hecho, ya son
muchas las ciudades donde se está repensando el concepto de transporte
colectivo en un mundo lleno de aprensivos cautelosos. ¿No habrá que volver a
dar sentido al odiado coche? Porque la individualidad de la bicicleta está
probada pero el problema es que no sirve para todas las edades.
El simpático concejal Grezzi recuperará su papel social a
base de organizar una salida ordenada de los garajes de confinamiento: el
coche, como los niños, no será autorizado sino más bien obligado a circular.
Contamine un poco, señor; por el bien de la economía, consuma algo de
combustible.
Fa 40 dies, concretament el dissabte 14 de març, es
decretava l’estat d’alarma a Espanya i s’iniciava un període incert de
confinament. La quarentena s’ha complit com si d’una llarga quaresma es
tractara amb la privació d’eixir de casa més enllà de per complir les
obligacions essencials. Tancats, els mitjans de comunicació ens estan informant
-en ocasions recorrent al sensacionalisme, a la poca ètica professional o al
politiqueig- de com es va succeint la pandèmia al món. I especialment es fan
ressò de les seues víctimes, els milers de persones que continuen morint pel
coronavirus i el dolor que deixa al seu costat entre els familiars i amics que
ni tan sols poden despedir-los públicament. I també tracten el sofriment econòmic de les empreses
i treballadors que s’han quedat sense faena i ara encaren un futur ben difícil
ple d’interrogants.
Però esta gran crisi econòmica, sanitària, social i
emocional també ha mostrat una altra cara de la moneda més positiva. La
solidaritat entre les persones, especialment amb les més necessitades, o la
importància de tindre uns sistemes econòmic i sanitari més sòlids i sostenibles
amb menor dependència exterior. També ha fomentat l’enginy i gràcia de molta
gent des del seu balcó, el redescobriment de les relacions familiars entre
aquells que passaven moltes hores al carrer, el recolzament al xicotet comerç,
la importància de molts treballadors invisibles i la davallada del consumisme
innecessari amb el respir que ha tingut la natura i que hui celebra el 50é Dia
de la Terra.
Amb tot, encara que ja s’estan concretant aspectes del
procés de desconfinament com l’eixida dels menors de 14 anys a partir de
dilluns 27, l’estat d’alarma s’allargarà almenys fins el 9 de maig. La
conjuntura actual ha portat a mostrar la cara amable de moltes empreses i
persones que per a uns representa la seua faceta real i per a altres simple
postureig de fàcil oblit. I quan tot passe ens acostumarem a una nova realitat
i, amb la perspectiva de les coses que aporta el pas del temps, podrem traure
bones conclusions i lliçons. Perquè després serem nosaltres els protagonistes
que haurem viscut un moment històric i contarem anècdotes del coronavirus,
entre les que sempre ens quedaran aspectes alegres com este recull fotogràfic
de xiquets i xiquetes d’Otos amb les mones confinades de Pasqua.
FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA
Levanté la vista del ordenador y miré al cielo nuboso. Y
allí, por donde la cúpula del viejo Asilo de San Juan Bautista, estaba el
avión, grandote y pesado. En un día normal de un momento normal, por allí, por
el sureste, es por donde suelen entrar los aviones en el campo de mi ventana.
Se les ve sobre el mar, acercándose al puerto, formando de noche una fila de
luces… Pero en este caso solo había uno y era sin duda grande: con la lentitud
de un pesado elefante empezó a bajar, de mar a tierra, en busca de la senda de
aterrizaje que cruza el nuevo cauce del Turia a la altura del polígono Vara de
Quart…
Me dio tiempo a hacerle algunas fotos. En la cola, los
cuernos y el perfil de una especie de cabra, de ese oryx tradicional que es
familia de los antílopes, identificaron al aparato como perteneciente a la
compañía oficial de Qatar, una de las tres grandes de los pequeños reinos
petroleros del Golfo Pérsico. Un minuto después se perdió por el suroeste:
estaba ya en la pista de Manises.
Al atardecer, la Generalitat dio una nota de prensa sobre el
último cargamento de material sanitario llegado a Manises. “La carga
transportada por el decimocuarto avión está compuesta por 139.800 mascarillas
FPP2, 215.576 equipos de protección individual (EPI) y 30.000 gafas de
protección. Los 14 vuelos fletados por la Generalitat han transportado un total
de 456 toneladas de material”.
En esa Operación Ruta de la Seda que la Generalitat está
desplegando para traer material sanitario y de higiene, la Qatar Cargo, filial
de la Qatar Airways, juega un papel destacable. Los primeros aviones que
llegaron fueron chinos, después vimos en Valencia un enorme Antonov de la
compañía Volga-Dnepr y ahora han empezado a llegar los Boeing 787 de la Qatar
Cargo, que tiene una flota de 30 aviones de transporte empeñados ahora en volar
día y noche entre oriente y occidente llevando en las bodegas pedidos de
urgencia.
El avión que llegó ayer a Valencia, el 787 Dreamliner, es
una máquina que puede cargar unas 50 toneladas y moverlas en un radio de unos
15.000 kilómetros. La ligereza del aparato, que pesa mucho menos que otros de
su rango, va unida al bajo consumo de sus motores. Eso hace de este modelo de
Boeing un avión especialmente eficaz. Y estos son los “pequeños” cargueros;
porque el Airbus 380, el monstruo de dos pisos, también tiene modelos
habilitados para grandes cargas.
Echo en falta la “cola” de aviones, las siluetas que, de
este a sur se mueven por el horizonte de mi ventana. Valencia está unida a 82
ciudades del mundo y ahora todo está paralizado, vacío y triste. De cada diez
aviones de pasajeros hay al menos siete que están parados y solo las flotas de
carga ocupan los cielos del mundo. Esta crisis va a ser especialmente dura para
la aviación comercial: muchas compañías van a ser extinguidas por una nueva
realidad y no pocas marcas serán absorbidas por otras más fuertes.
Se ha empezado a especular ya con otras realidades: aquel
mundo de vuelos baratos y masivos, aquella forma de conocer el planeta por un
puñado de euros se podría terminar abruptamente. Es más que probable que volar
vuelva a ser caro y selectivo otra vez…
FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA
Casi todos los años, en el Almanaque de “Las Provincias”, se
publicaba el “milacre” ganador del concurso que Lo Rat Penat ponía en pie entre
los que se escribían para los altares de San Vicente Ferrer. En las actas de
beatificación del dominico valenciano constan más de seiscientas acciones
milagrosas realizadas a lo largo de sus predicaciones; pero tampoco era preciso
que los escritores de “milacres” fueran especialmente rigurosos en la toma de
los datos: la sencillez, la espontaneidad eran siempre el principal el encanto de las
representaciones infantiles, donde la ingenuidad predominaba siempre sobre el
rigor.
Un Almanaque elegido al azar de la estantería, el de 1972,
nos ofrece una pieza de Pere Delmonte Hurtado que es ejemplar del género
literario que cada año se pone en escena, en primavera, para la fiesta del
Santo. “La Jueva d’Ecija” es la escenificación libre, libérrima pero
encantadora, de un milagro que el predicador hizo en el pueblo andaluz en la
persona de una mujer judía que, obviamente, se adhiere con fervor al
cristianismo después de haber sido salvada de la muerte por el Pare Vicent cuando
le cae encima una pared de piedra.
Con todo, entre los milagros del fraile valenciano abundan
los que se remiten a la curación de muchos apestados o enfermos en peligro de
muerte. Nacido solo dos años después de la peste que asoló Europa entera en 1348,
Vicente Ferrer obedece a la cultura de una generación que estaba lógicamente
impregnada de los efectos sociales de las pandemias. El dominico Vicente Ferrer
es un predicador, muchas veces apocalíptico, que bebe en las fuentes de esa
cultura, la que proclama el arrepentimiento de los pecados ante un final que
puede llegar en cualquier momento, de manera rápida y artera, a causa de una
enfermedad que se extiende como plaga.
“Els milacres de Sant Vicent” se mueven en un mundo infantil
y están escritos para un público sencillo, que escucha las andanzas milagreras
del santo en los retablos improvisados en la calle. El primero que se conserva
impreso fue escrito para el altar de la calle del Mar y apareció en el “Diario
de la Ciudad de Valencia” de 22 de abril
de 1827. Se titula “La Font de Lliria” y recrea el conocido milagro que permite
que el manantial del actual parque de San Vicente no se haya secado nunca ni en
las peores carestías. Después vendrían muchos más: historias inocentes de vicio
y virtud, hombres malos y en vicioso pecado, demonios exorcizados de mujeres
rabiosas, niños que se paran en el aire antes de golpearse contra el suelo,
bebés resucitados en las manos de madres llorosas… Y apestados que se levantan
para caer rendidos a los pies del fraile que les da la bendición.
El que Pere Delmonte escribió en los primeros setenta se
representó en el altar del Carmen y tiene en su cuadro de actores a todos los
niños de las familias Romero y Borrego, vecinos de raigambre en el entorno de
la plaza de Na Jordana, valencianos de hondas raíces dispuestos a unirse a
todas las fiestas.
— Alça’t i no plores més. / Per la teua contricció / Déu te
dóno el seu perdó / per bo i bondadós com es./
El predicador transmite el perdón a la arrepentida. La
moraleja cae sobre los espectadores como lluvia en primavera. Y los vecinos del
barrio aplauden, un año más, ante el evidente triunfo del bien sobre el mal.
Este año, aunque no hay representaciones, hay más público que nunca esperando
el milagro del gran Santo valenciano.
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