Arxiu diari: 6 de setembre de 2026

TRISTE HERENCIA

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

Si algún provecho se debería sacar del desgraciado incendio de la Devesa del Saler, me atrevo a decir que sería el didáctico: cada generación de valencianos está llamada por el destino a contemplar llamas de treinta palmos en esa pinada que conocieron por primera vez de la mano de sus abuelos. Los maestros deberían abrir el curso escolar mostrando la foto de la cicatriz que el fuego ha dejado en el bosque: en este, tan nuestro, y en todos los que este año se han quemado, en Valencia, España, Europa y el mundo.

Parodiando el famoso cuadro de Sorolla, el monte de la Devesa y la Albufera son nuestra Triste Herencia. Son ese Tesoro de Villena que en modo alguno nos hemos de dejar robar. El pinar y el lago son un patrimonio heredado que no podemos dejar de cuidar: los diecisiete municipios concernidos, la Generalitat y el Estado, están obligados a alcanzar el máximo nivel de respeto medioambiental y a desvivirse en la pelea de las soluciones.

Claro está que, cuando se acerca el Centenario de la donación a la ciudad, cuando se acercan las elecciones, ya hay partidillos que, como Compromís, andan salivando en el arte de aprovechar la desgracia para su cosecha. Estamos acostumbrados. Igual que el nacionalismo va a tensar de inmediato la soga de la educación, el ecologismo sin soluciones lo hizo antes y después de la inundación y va a hacerlo ahora, a costa del incendio. A grandes males, grandes provechos. Nadie va a mirar que, en los últimos meses, un solo y olvidado concejal ha sacado del bosque más basura, maleza y broza que la que se cuidaron de limpiar otros durante ocho años.

Este periódico lleva preocupado por el lago y el bosque desde hace medio siglo. Batalló contra la urbanización y pidió estudios, inversiones y medios cuando el fuego apenas se conjuraba con mangueras de jardín. Pero hay que insistir; porque se cumple el ritual y cada nueva generación necesita recibir una bofetada histórica, una llamada dolorosa, para espabilar; los jóvenes necesitan ver, tocar y llorar las cicatrices de ceniza de un incendio, para entender el valor del patrimonio que han heredado y que están llamados a proteger. Como en su día hicieron aquellos abuelos de melena y pantalones de campana.

La inundación de 2024 fue un catastrófico aviso sobre la necesidad urgente de salvar la Albufera. Hace falta el agua que nos roban en otras regiones y hace falta la unidad política que nosotros mismos nos negamos. Hace falta mucho presupuesto y mucha voluntad política para hacer del parque una de las zonas más respetables del medio ambiente europeo. Porque se trata de algo muy sencillo: custodiar la herencia recibida y entregarla en mejores condiciones a la generación siguiente. Apenas nada.

Fuente: https://www.lasprovincias.es