El Ayuntamiento de Gata durante la sesión plenaria celebrada
en la noche del pasado martes, aprobó, por unanimidad de la corporación,
nombrar hijo adoptivo de Gata de Gorgos, al misionero de Teulada, Vicente
Berenguer Llopis. El motivo esgrimido: Su trayectoria personal, sus actuaciones
humanitarias y solidarias y su valía personal.
No es el primer homenaje que recibe este teuladino de pro
nacido en 1937. Al igual que en anteriores, esta nueva distinción es sin duda
muy merecida (como todas las demás). Berenguer se convierte de este modo en
hijo adoptivo por partida doble ya que, recordemos, en 2017 fue nombrado hijo
adoptivo de la ciudad de Valencia, por su trabajo en la escolarización de las
generaciones más jóvenes de Mozambique.
En los 50 años de misionero en este país africano, el misionero, ha
construido 14 colegios, 2 Institutos y un Internado. Ha escolarizado a más de
75.000 niños y niñas. Se antoja difícil que en toda la Comunidad Valenciana
haya personas más involucrada en la enseñanza.
La historia de Vicente Berenguer Llopis es la de una vida
totalmente dedicada a los más desfavorecidos, siendo el único extranjero hasta
la fecha, distinguido por su trabajo por el gobierno de Mozambique.
MIGUEL VIVES, EL
CRONISTA DE GATA DE GORGOS en una reciente mención ha señalado que: “Desde hace unos años, Vicente Berenguer
vive a Gata considerándose un gatero más que ha sabido adaptarse y
comprometerse también en nuestro pueblo con la gente, con los más necesitados,
ganándose el aprecio y respecto de toda la gente del pueblo (…) Él se ha
volcado en la enseñanza, la cultura, la solidaridad y la ayuda humanitaria. En
unos momentos como los actual, más que nunca necesitamos luz, levantar la
mirada y que la sociedad gatera pueda tener un referente como es el de la
persona de Vicente Berenguer”.
ALFONSO ROVIRA. CRONISTA OFICIAL GRÁFICO DE ALZIRA
La agrupación musical Ibn Hafadja de Alzira, ofreció un
espectacular concierto en la iglesia del monasterio donde está enterrado Jaime
I, bajo la dirección de Alberto Sánchez Castillo.
De un diez, elevado al quince, podemos calificar la
actuación de la Agrupación Musical Ibn Hafatja, de la Sociedad Musical de
Alzira, en la tarde del sábado 27 de junio de 2015, en la iglesia del
monasterio de Santa María de Poblet, muy vinculado a Alzira por la conversión
al cristianismo de su santo patrón, Sant Bernat, que fue monje de aquella
abadía en el siglo XII.
Con la asistancia del alcalde de Alzira, Diego Gómez, acompañado
del abad del monasterio, Josep Alegre, dio comienzo el concierto dirigido por
Alberto Sánchez Castillo, presentado por Aureliano Lairón, Cronista Oficial de
Alzira y miembro de le “Germandat de Poblet”, quien explicó al auditorio de
dónde venía el nombre de la agrupación musical, y de la vinculación del
monasterio con Alzira. Fueron obras escogidas especialmente para el lugar donde
estaban actuando, entre ellas “Els motets de la Passió d’Alzira”, de José Grau,
que cantaron Guillermo Galán, clarinete, y Chema Pérez, saxo del conjunto. Una
de las obras que más apreció y aplaudió el público que llenaba el templo de la
abadía, pertenecientes a la “Germandat de Poblet”, procedentes de distintos
lugares, que celebraban la asamblea anual. Una de las obras que encantó al
auditorio, fue “La Madrugá”, de Abel Moreno.
Al finalizar la audición, el mismo abad manifestaba su
satisfacción por haberla escuchado, lo que hizo que el “mestre” volviera a
bisarla en su honor, tras intercambiar unos obsequios. Los músicos hicieron
entrega de un cuadro de la Virgen de la Asunción, grabado en el mismo una clave
de “Sol”, obra de Susana Nadal. Por su parte los monjes les obsequiaron con unas
publicaciones del monasterio.
El concierto en esta abadía fue un regalo para los oídos, el
poder escuchar aquellas armoniosas notas, gozando más de una hora con el mayor
silencio y atención el programa escogido por el “mestre”. La banda alcireña
hizo atronar las gruesas paredes conventuales en el mejor de los paraísos.
Para terminar, todo el grupo se dispuso a plasmar el
recuerdo gráfico de su paso por el monasterio, reuniéndose en el altar mayor de
la iglesia, teniendo como fondo el retablo del valenciano Damián Forment, que
lo fabricó entre 1527 y 1529. A llegar Lairón en su presentación al sepulcro
donde descansan los restos de Jaime I de Aragón -que falleció en Alzira el 27
de julio de 1276- comentó el deseo del gobernante que fue el más importante del
Reino de Valencia en su época, estar enterrado en el Monasterio de Poblet.
Por la mañana, al llegar al recinto de la abadía
cisterciense, giraron visita al monasterio acompañados de un monje, quien les
dio toda clase de explicaciones históricas. Tras el concierto se visitó en
Espluga de Francolí un completo y bellísimo museo rural.
A la mañana siguiente, domingo, cerca de las 11 de la
mañana, la expedición emprendió viaje de regreso a Alzira, no sin antes girar
visita al monasterio de Santes Creus, también de la Orden del Císter, donde
recorrieron el recinto con las sabias explicaciones de José Luís Andrés,
miembro también de la “Germandat de Poblet” y principal responsable de la
actuación musical en Poblet. En la iglesia de les Santes Creus, descansan los
restos de Pedro I de Valencia; su hijo, Jaime II, “El Just” y el almirante
Roger de Lauria.
Los alcireños siempre son bien recibidos en Poblet, por el
motivo de todos conocido, San Bernardo, príncipe árabe de Carlet y mártir de
Alzira, se convirtió allí al cristianismo mediado el siglo XII. Los monjes lo
recuerdan de singular manera: “Alzira es la terra del mártir Sant Bernat, monjo
de Poblet, que per Déu i la religió, juntament amb les seues germanes, María i
Gràcia, donaren la vida terrena, glorificant el Monestir, a més, que el rei
Jaume d’Aragó, les despulles del qual abans de morir a Alzira, va renunciar a
la corona a favor del seu fill Pere, es va fer monjo del Císter, va rebre el
sant Viatic i sense dubte va exhalar el darrer suspir”.
Moneda fraccionaria emitida por el Consell Municipal de Algar en 1937
JOSEP CATALUNYA ALBERT, CRONISTA OFICIAL DE ALGAR DE
PALANCIA
En el Acta de 10 de octubre de
1937, relativa a la sesión del Consejo Municipal de Algar de Palancia,
presidida por el consejero-presidente D. Leandro Bojó Mora, con la asistencia
del resto de los consejeros ( Francisco Molina Montesinos, José Mora Mestre,
Máximo Bolinches Bojó, Enrique Gascó Carbonell y José Medrazo), consta el
siguiente acuerdo:
… retirar de la localidad el papel moneda
existente en la circulación toda vez que por no aparecer numerados no puede
tener certeza exacta de los que circulan, máxime si tiene que responder este
Consejo en todo momento de la efectividad de los mismos; y que en sustitución
de estos se haga una tirada de papel moneda fraccionaria de veinticinco
céntimos, y de una peseta, en cantidades ambas del 1 al 2.000, ingresándose el
sustitutivo en moneda legal en arcas municipales como valores fuera de presupuesto.
A esta cuestión se refiere el que
fuera historiador y cronista de varios municipios del Camp de Morvedre, Emilio
Llueca Úbeda (1949-2008), en una comunicación escrita publicada en la revista
Braçal, editada por el Centre d’Estudis del Campde Morvedre, titulada Las
emisiones de papel moneda en el Camp de Morvedre 1936-1939, en la que se
refiere expresamente a Algar y viene a corrobar lo acordado por su Consejo
Municipal, antes referido.
Efectivamente, el Consejo
Municipal de Algar emitió dos series, una de 1 peseta, sobre cartulina blanca y
textos en negro y con un formato de 45 x 65 milímetros, y una segunda serie,
mejor elaborada que la anterior, de 25 céntimos, con un formato de 55 x 80
milímetros. En ambos aparece la antefirma del presidente y del cajero, con un
sello ovalado de color violeta en el anverso. Se emitieron alrededor de 3.000
pesetas en “papel moneda de emergencia”.
De todos modos, este papel moneda
emitido por los Consejos Municipales, entre ellos, como hemos visto, el de
Algar de Palancia, tuvo corta vida, ya que el 18 de enero de 1938 se pusieron
en circulación los certificados provisionales de moneda divisoria emitidos por
el Ministerio de Hacienda de la República, que venían a solucionar el problema,
ordenándose, por Decreto de 6 de enero de dicho año, la recogida de todo
billete no emitido por el Banco de España o Tesoro Público.
Los primeros estudios sobre la Valencia romana se hicieron
al excavarse los cimientos para la capilla de la Patrona a mediados del siglo
XVII
FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA
Si sabemos lo que sabemos sobre nuestros orígenes, si
conocemos con detalle la fundación de la ciudad y sus primeros siglos de
historia, se lo debemos a la Virgen de los Desamparados y a la devoción que los
valencianos le tienen. Porque los primeros datos de la Valencia romana se
conocieron cuando se levantó la actual Basílica; y porque el deseo de construir
un templo grandioso dedicado a la Patrona fue el que nos propició, andando el
tiempo, el rico yacimiento de la Almoina, un libro abierto sobre la historia
antigua de la ciudad.
En el año 1667, la Virgen de los Desamparados fue trasladada
desde la Catedral a un templo nuevo, construido apenas a unos metros de
distancia. La creciente devoción a la imagen de una Virgen que amparaba a los
que morían en soledad, a los ajusticiados, los enfermos y los locos, unida al
agradecimiento por su intercesión en la peste de 1647, recomendó construirle
una gran capilla, de planta elíptica, coronada por una elegante cúpula cubierta
de tejas azules. Pero desde que en 1652 comenzaron a abrirse los cimientos, la
Valencia de origen romano comenzó a hablar de forma elocuente, a través de
lápidas e inscripciones.
José Vicente del Olmo (1611-1696), secretario del Santo
Oficio de la Inquisición, es seguro que conoció aquellos trabajos fundacionales
que se desarrollaban a pocos metros de su despacho, en la calle de Navellos. Y
llevado de su gran afición a las antiguas inscripciones, las fue copiando al
detalle; él se ocupó de que las lápidas más destacables se colocaran a la vista
en las primeras hiladas de sillares del templo nuevo. Para dar a su obra un
valor científico -no en balde es considerado como uno de los primeros
«novatores» de la ciencia valenciana- Del Olmo, en 1657, publicó un libro que
reunía todos los hallazgos: la «Lithología o explicación de las piedras y otras
antigüedades halladas en las çanjas que se abrieron para los fundamentos de la
Capilla de nuestra señora de los Desamparados de Valencia».
El notario de la Inquisición dejó claro que la Valencia
romana estaba debajo y en las inmediaciones de la Catedral y el nuevo templo
que se construía. El tiempo ha demostrado que excavar en ese perímetro, hasta
la plaza de la Reina incluso, es hacerlo en el cogollo de la ciudad fundada en
138 antes de Cristo. La excavación de la Almoina ha detectado el cardo y el
decumanus, las calles principales de la ciudad.
En el siglo XX, el exhaustivo trabajo de Del Olmo todavía ha
servido de guía eficaz sobre la Valencia romana. Pero durante más de dos siglos
su obra no tuvo la continuidad necesaria. La ciencia arqueológica, en Valencia,
apenas tuvo investigadores hasta que Nicolau Primitiu, un ilustrado fabricante
de molinos de arroz, se ocupó, en los años veinte y treinta, de supervisar por
su cuenta zanjas y obras en las calles, desde el trazado de alcantarillas en
tiempos del marqués de Sotelo a la excavación de refugios durante la guerra
civil.
Templo para la Patrona
El 28 de agosto de 1929, LAS PROVINCIAS publicó en su
portada un documento importante: el plano de las nuevas alineaciones de la
plaza de la Virgen, preparado por el arquitecto municipal Javier Goerlich.
Ayuntamiento, Iglesia y Diputación se habían puesto de acuerdo para un trazado
que permitía el crecimiento del palacio de la Generalitat a costa del jardín de
la antigua Casa de la Ciudad, un aumento sensible de la plaza de la
Constitución y un crecimiento notable de la manzana de la Basílica de la
Virgen. Otra secuela digna de atención era que las plazas de la Almoina y del
Cardenal Benlloch (la actual del Arzobispo) se unían a costa de los edificios
que las separaban, que quedaban condenados al derribo. El bisturí de Goerlich,
nunca piadoso con los edificios con años a la espalda, se mostraba tajante una
vez más.
Con la guerra civil de por medio, la Diputación se demoró
hasta 1952 en ampliar su sede. Hay unos dibujos de Albert, hechos para un gran
palacio provincial, pero a la hora de la verdad todo se redujo a copiar el
torreón primitivo en uno nuevo sin llegar a comerse siquiera el jardín del
viejo Ayuntamiento, que tenía un refugio en el subsuelo.
Sin embargo, la Iglesia, y sobre todo la Archicofradía de
Nuestra Señora de los Desamparados, puso en marcha, en 1930, un concurso de
proyectos destinado a levantar un gran templo a la Patrona. Lo ganó el
arquitecto castellonense Vicente Traver que, como LAS PROVINCIAS recordó, era
el autor de la hermosa plaza de España de la Exposición Iberoamericana de
Sevilla (1929), famosa por los azulejos dedicados a todas las capitales.
En nuestro diario de 8 de febrero de 1931 se encuentra todos
los detalles. Traver soñó en su tablero un templo grandioso que conquistó el
corazón del jurado; y que se convirtió en el ideal imposible de algunos fieles.
La actual Basílica pasaría a ser el atrio de acceso a un templo circular, con
siete puertas a la calle y un diámetro de 35,5 metros. Sobre un tambor más alto
que la actual veleta se levantaría una cúpula solemne, de aire vaticano, que
elevaría la edificación por encima del Miguelete. Un campanario que tendría un
competidor nada pequeño en la esquina de la plaza con la calle del Almudín.
El arzobispo Melo dio un plazo, hasta final de año, para que
el arquitecto entregara el proyecto detallado y una maqueta. Pero luego, ya se
sabe, vino la República y se quemaron algunas iglesias, llegó más tarde el
frente popular y la guerra, la imagen de la Virgen tuvo que ser escondida en el
Ayuntamiento con la colaboración de Javier Goerlich y el alcalde Cano Coloma…
y cuando todo terminó el templo estaba para empezar de nuevo porque había sido
usado como almacén de intendencia.
Treinta años de excavaciones
Hasta el año 1960, la Archicofradía no volvió a plantearse
el futuro del templo mariano llamado a absorber la calle de la Leña y llegar
hasta la de la Harina. De los muchos pequeños edificios sin interés de la zona,
unos habían sido comprados por el Ayuntamiento, otros por la Archicofradía y
otros seguían habitados. El de mayor interés era el de la propia Almoina, de
origen medieval. Por esa época lo que quería el presidente de la Junta pro
Templo Monumental, Joaquín Mestre, era hacer algo, no sé sabía bien qué, que
permitiera en un futuro abordar el gran templo soñado.
Las ideas cristalizaron en un espacio abierto, con pérgolas,
que permitiera celebrar bodas al aire libre, o a semicubierto, una demanda
nueva de las jóvenes parejas valencianas. Sin embargo, tampoco se llevó a cabo
ese modesto proyecto.
El gran solar de la Basílica terminó cayendo por su propio
peso y por el devenir mismo de una Iglesia que, aun adorando a su Virgen, no
necesitaba de un templo grandioso para demostrarlo. En tiempos del alcalde
Miguel Ramón Izquierdo (mayo de 1978) el Ayuntamiento alcanzó la propiedad de
toda la zona de ampliación mediante permuta de suelo con la Archicofradía, que
renunció, después de casi medio siglo, a hacer un templo grandioso.
En los primeros años ochenta comenzaron las campañas de
excavación arqueológica que han permitido conocer a fondo los orígenes de la
ciudad. La sagacidad de los arqueólogos municipales quedó demostrada un año
tras otro: cada vez que la corporación municipal decía tener prisa, o cada vez
que había que consignar presupuestos, el departamento informaba de un hallazgo
interesante del que los periódicos se ocupaban con intensidad. La Almoina, así,
fue dando a conocer sus secretos. Y aunque hay publicaciones municipales que
dicen que las campañas de 1976, 1983 y 1984, hechas por el departamento de
Historia Antigua de la Universidad, no fueron muy trasparentes, los trabajos
que emprendieron los servicios municipales de Arqueología desde 1985 fueron
dando un goteo de noticias muy interesante.
Conseguir lo que ahora tenemos disponible, especialmente la
Cripta y la Cárcel de San Vicente, fue un verdadero calvario, con años de obras
paralizadas: se dudaba si las líneas de Goerlich se debían seguir con muchos
derribos y hasta la casa del Punt de Gantxo estuvo en peligro.
En cuanto al Museo de la Almoina, con su techo de cristal,
fue un fruto final afortunado, del año 2007, al que se llegó después de décadas
de críticas en los periódicos y etapas de matorrales interrumpidas por
esporádicas y fructíferas excavaciones.
Una reforma retrasada por las expropiaciones
La restauración y reforma de la Catedral, que impulsó el
ministro valenciano Vicente Mortes con proyecto de Juan Segura de Lago, dio pie
a la necesaria ampliación y transformación de la plaza de la Virgen. El derribo
de las Casas de los Canónigos, feas edificaciones adosadas a la Catedral,
permitió ensanchar las vistas en la calle del Miguelete, que se reservó para
los peatones. En 1970 se empezó a hablar del cambio de una plaza que tenía dos
«compromisos» notables: el Congreso Eucarístico Nacional de mayo de 1972 y el
50º aniversario de la Coronación de la Virgen, en 1973.
Pero no se llegó a tiempo a ninguno de los dos compromisos.
El pleno municipal de 29 de abril de 1972 aprobó una reforma sustancial, hecha
por el arquitecto Emilio Rieta y el ingeniero Manuel Calduch. Pero las
expropiaciones lo complicaron y retrasaron todo en medio de las quejas de la
prensa. Cuando los trabajos comenzaron verdaderamente, en mayo de 1975, ya era
alcalde de Valencia Miguel Ramón Izquierdo, que impulsó una transformación
destinada a decir adiós a la vieja estampa de la «plaza de la Tómbola». En
marzo de 1976 se trabajó en la zona día y noche para que todo estuviera a punto
para las procesiones de las fiestas religiosas de primavera. Un año después, en
mayo de 1977, se inauguró la nueva fuente, con esculturas de Esteve Edo, que
rinde homenaje al padre Turia y sus siete acequias.
El presidente y el director de la Caixa Rural presentan el calendario junto al cronista oficial de la villa. – NOMDEDEU
El CRONISTA OFICIAL
DE L’ALCORA, JOSÉ MANUEL PUCHOL, hace un repaso a través del calendario de
Caixa Rural para 2021 de los surtidores de los años 20
JAVIER NOMDEDEU
Una de las tradiciones que mantiene la Caixa Rural de
l’Alcora es, sin duda, la edición de su ya tradicional calendario. En esta
ocasión, y siguiendo la misma pauta de anteriores ediciones con trabajos
realizados por el CRONISTA OFICIAL JOSÉ
MANUEL PUCHOL, el almanaque para el 2021 se dedica a las primeras fuentes
públicas instaladas en la localidad y sus pedanías. Y es que para l’Alcora
supuso un gran progreso la llegada de las aguas de Aixart al casco urbano y su
distribución a través de fuentes repartidas por el municipio.
Con este avance, los vecinos dejaron de trasladarse
penosamente cargados con los cacharros de llenado a los aledaños de la villa en
busca del vital líquido. La Font-Nova, Viver, San Antonio, San Vicente o
Jordana, y otras más, que eran las que más proveían a sus habitantes, pasaron a
la historia.
Con aquella importante obra, la cristalina agua de Aixart
fue conducida hasta escasos metros de la casa de cada residente. Todos los
barrios tenían su surtidor. Agua en abundancia y fácil de obtener para saciar
la sed de personas y animales, además del aseo personal y la limpieza
doméstica.
En este caso, la fotografía de portada del calendario, con
la recreación de un grupo de época, es obra de Carlos Esteban, que ha contado
con la colaboración del Grup de Danses Font d’Aixart y la Associació
Tradicional Récua Arriera para su realización.
El reparto
El calendario se entregará –a partir de hoy en los salones
con los que cuenta la Caixa Rural en la carretera de Onda– en primer lugar a
los pensionistas que cobran su nómina a través de la entidad. Y, a partir del
próximo 30 de noviembre, se distribuirá con carácter general a quienes estén
interesados en hacerse con uno de los almanaques, en las tres oficinas de la
entidad en el municipio.
Hace algunos años, quizá demasiados, el profesor José Carlos
Rovira publicaba en las mismas páginas de este medio una entrevista fundamental
para la narrativa de nuestra región bajo el título Cerdán Tato, siete años en
el interior de un gran caimán de humo. Aquel encuentro, ya mitificado por el
tiempo amarillo deshojado sobre las fotografías, se produce en un momento
crucial en el historial literario de nuestro insigne Premio de las Letras
Valencianas. Puesto que mayo de 1982 –cuando ve la luz este diálogo– rompe con
un severo silencio editorial de Enrique Cerdán Tato, prolongado desde Todos los
enanos del mundo (1975) hasta la aparición de Los ahorcados del cuarto
menguante (1982) y El mensajero de los últimos días (1982).
Yendo un paso más allá, esta coyuntura de siete años
significará la confirmación de una apuesta literaria (por ejemplo, fue becado
por la Fundación March y el Ministerio de Cultura para la escritura de estas
novelas), así como un relevo estilístico entre el realismo social y una preocupación
expresiva labrada en los delicados oropeles de la actitud paródica o la
imaginación desbordada. Siguiendo el juego propuesto por Rovira entre el
refugio creativo y el reptil de Los ahorcados del cuarto menguante, esta
inflexión también supuso renunciar a las mieles, algo azarosas, de la
centralidad mercadotécnica que por entonces representaba Madrid. Y no son pocos
aquellos que han confundido esta determinación con el exilio localista y la
bohemia provinciana, cuando deberíamos, por el contrario, estar agradecidos por
su generosa contribución a la cultura del país valenciano.
Durante estos días, justamente mañana, se cumplen siete años
de la muerte de Enrique Cerdán Tato: el novelista, el cronista, el militante,
el periodista… y tantas otras cosas. Aun a riesgo de repetir aquel viejo caimán
de humo, acaso más triste y sentimental, se ha producido un tímido despertar en
el interés por su producción literaria. A la contribución de algunos signos
visibles en el terreno de la investigación, debemos sumar el reciente volumen
Todas las sombras del mundo. Homenaje póstumo a Enrique Cerdán Tato, editado
por la Universidad de Alicante. En este sentido, y en el Archivo de la
Democracia de la citada universidad, se ha producido la donación (por parte de
la familia) de su legado que culminará el próximo mes con la inauguración de
una exposición dirigida por Francisco Moreno Sáez, José Carlos Rovira, Beatriz
Bustos y Manuel Valero Gómez. Actos que servirán de broche a este terrible
2020, cuando se cumplen 90 años del nacimiento del escritor y con la mirada ya
puesta en el horizonte de su centenario, allá a lo lejos, un gastado caimán de
humo llamado futuro.
LA REPÚBLICA Diario Federal.. Madrid. Martes, 26 de mayo de
1891. AÑO VIII. Núm. 2279. Pág. 3
Sobre el
pueblo de Millares (Valencia) descargó hace pocos días una horrorosa tormenta
que arrasó por completo toda la vegetación de aquel término municipal á
consecuencia del huracanado viento y gran cantidad de granizo de regular
tamaño.
No
recuerdan los nacidos (dice una carta de Millares) una cosa parecida, puesto
que en algunos puntos alcanzó el granizo una altura de medio metro, quedando
envueltos entre el mismo, triturados por completo, los cereales, que se
hallaban espigando, y arrasando también igualmente los viñedos, que presentan
el mismo aspecto de cuando se hallaban recién podados.
¡Qué
porvenir se nos espera más aterrador!. Por todas partes desolación, y en
perspectiva el hambre con toda su desnudez horrible.
No queda
más recurso á estos míseros habitantes que la emigración, abandonando sus
terrenos, yermos actualmente, en busca de trabajo donde ganarse el pan de sus
familias, puesto que por el año actual ya han recolectado todas las cosechas
pendientes.
Además,
como si la Providencia se hubiera cebado con este mísero término, son
incalculables además los terribles efectos de la lluvia torrencial y nunca
vista que siguió á la tormenta, y que en muy pocos minutos destruyó el trabajo
acumulado de varios años, arrastrando todas las tierras en la mayor parte de
los campos y destrozando calzadas [márgenes], vallas y demás, a beneficio de
las cuales se podía con trabajo conseguir un cultivo en este escabroso terreno.
NOTA: Tremendo episodio meteorológico acaecido en la
localidad y que, sumando sus efectos a los producidos por la epidemia de cólera
del año precedente, y de la que dimos cuenta en la entrega anterior, nos pueden
dar una visión de las dimensiones sociales y económicas que tuvo que padecer la
población. Ya lo dice la frase: “A perro flaco todo son pulgas”
LAS PROVINCIAS. Viernes, 21 de enero de 1898. Núm. 11471.
Pág. 2
PARA LOS DAMNIFICADOS, tras la inundación del 10 de
noviembre
El gobernador civil procedió ayer a hacer efectivas las
cantidades asignadas por la Junta Provincial de Socorros á los pueblos
damnificados. La distribución se ha hecho en la forma siguiente: Jalance, 1500
; Cofrentes, 2000; Cortes de Pallás, 1000; Millares, 500…
NOTA: En la relación de pueblos aparece el nombre de
numerosas localidades de la provincia de Valencia que también recibieron su
correspondiente indemnización destinada a paliar los daños de la inundación del
10 de noviembre de 1897.
LAS PROVINCIAS. Jueves, 3 de febrero de 1898. Núm. 11484.
Pág. 2
PARA LOS DAMNIFICADOS
Los alcaldes de Cofrentes, Villar del Arzobispo, Millares,
Gestalgar, Casas Altas, Casas Bajas, Albuixech, Villanueva de Castellón y
Cortes de Pallás, han retirado del Banco de España las cantidades que se les
señaló por la Junta de autoridades para el socorro de los damnificados de
aquellos pueblos.
NOTA: Como complemento a estas dos noticias añadiremos los
acuerdos tomados por la Corporación Municipal en las sesiones celebradas para
tratar ese asunto, los días 23 de enero y 6 de febrero de 1898, así como para presentar la justificación del
gasto de las 500 pesetas recibidas en concepto de indemnización, en la sesión
del día 2 de marzo de ese mismo año. Todos estos datos los hemos obtenido de
las Actas de la Corporación que se guardan en el Archivo Municipal.
Formaban la Corporación las siguientes personas:
Alcalde: VICENTE SÁEZ LORENTE
Concejales: JOSÉ SÁEZ CARBÓ
VICENTE SÁEZ PÉREZ
MANUEL PÉREZ SÁEZ
RAMÓN LORENTE SÁEZ
RAMÓN SÁEZ PÉREZ
Secretario: JOSÉ LORENTE CARBÓ.
23 enero 1898. Se reúne la Asamblea para tratar de acordar
los medios de establecer paso por el Júcar, puesto que es indispensable para la
vida de la población. [Parece ser que tras las fuertes lluvias del mes de
noviembre pasado el puente quedó destruido].
Se acordó que se calcule el coste de la reconstrucción del
puente y que, sin levantar mano, se proceda a girar un reparto vecinal para su
pago, estableciéndose una cuota fija por vecino, y lo restante se recargue por
contribución territorial.
06 febrero 1898. El alcalde comunica a la Asamblea que la
única cantidad de dinero que ha podido conseguir de la Junta Provincial de
Socorro, con destino a la reconstrucción del puente, asciende a quinientas
pesetas. Por unanimidad se acuerda: “Que en vista de la aflictiva situación de
la población al no tener puente ni paso practicable sobre el río Júcar y que de
prolongarse esta inadmisible situación tendría que emigrar la mayor parte de
vecindario por no ser posible la vida sin dicho paso por el río, prescindiendo
de los incalculables perjuicios causados en todo este término municipal por los
recientes temporales y ciclones, tanto en las huertas como en las presas,
cauces y edificios, que con tan pequeña cantidad como la recibida no alcanza el
uno por ciento de los perjuicios sufridos, sin contar los inmensos del puente
de referencia, siendo esta la necesidad más vital y urgente se destine dicha
suma a la adquisición de materiales más indispensables para la reconstrucción
de dicho paso, girando desde luego un repartimiento vecinal proporcionado a la
posibilidad de cada vecino hasta obtener la cantidad indispensable para las
obras de construcción (…) Que se proceda con urgencia á encargar los cables,
compra de maderas, fabricación de cal y cuanto sea indispensable a la preparación
de las obras”.
Como complemento a lo reflejado en el párrafo anterior, en
la sesión del 6 de febrero, se añadió lo siguiente: “la Junta Local de Socorro,
despues de haber conferenciado entre si, y de discutir el asunto con toda
detencion, considerando que la necesidad mas urgente en la actualidad de la
poblacion es la reconstruccion del Puente sobre el Jucar arrastrado por la
fuerza de la corriente de las recientes pasadas inundaciones [noviembre de
1897] toda vez que este paso le pone en comunicacion con los Pueblos de la
Ribera de Valencia y de la Hoya de Buñol de donde importa los articulos de
primera necesidad á cambio de alborgas de esparto y carbon, con cuyas pequeñas
industrias se ocupan todos los habitantes de este Termino, y que de demorarse
el restablecimiento del paso de dicho rio tendria que emigrar la mayor parte
del vecindario. Considerando que esta Junta acudio desde los primeros momentos
á remediar las mas urgentes necesidades abriendo una suscripcion entre sus individuos, Ayuntamiento, Guardia
Civil y contribuyentes, que unido á las cien pesetas que dono Don Manuel Pons
de Valencia al ver por si tanta calamidad, en cuyos fondos se invirtieron en la
compra de maiz y sardinas que fueron repartidas por raciones á las clases mas
necesitadas durante la furia del temporal, con lo cual se pudo conjurar de
momento el conflicto”.
02 marzo 1898. Se adjunta cuenta justificativa, solicitada
con urgencia por parte del Gobernador civil, de la inversión de las quinientas
pesetas recibidas de la Junta provincial de socorros, para remediar los efectos
de las pasadas inundaciones. Se justifica mediante el abono de 330 pesetas a
Juan Ramón Sáez Pérez, por la compra de cable para la reconstrucción del
puente; el pago de 165 pesetas a Manuel Pérez Carbó, por la compra de las
maderas necesarias para la tablazón de dicho puente, y el pago del 1% de las
quinientas pesetas satisfecho a Hacienda, por un importe de 5 pesetas. Todo lo
cual da de pagos 500 pesetas.
LAS PROVINCIAS. Lunes, 29 de junio de 1903. Núm. 13455.
Pág.2
FUERA DE VALENCIA. CORTES DE PALLÁS
El 25 del actual hubo un incendio en un monte situado en
este término y Otonel, agregado á este pueblo, propiedad de D. José Lorente y
otros vecinos de Millares, de cuyo último pueblo salieron 40 hombres con los
dueños del monte, pudiéndose sofocar el fuego á las ocho de la noche, después
de once horas de ímprobo trabajo. Se quemaron unas 30 hectáreas, que contenían
sobre 3000 pinos y 700 piezas de madera de las compradas en dicha finca por D.
Juan Vicente Quílez. Las pérdidas materiales se estiman en cinco mil pesetas
. Se cree que el incendio no fue casual.
NOTA: Obsérvese que se dice en la noticia que los montes de
Otonel eran propiedad de José Lorente y de otros vecinos de Millares.
También es de destacar cómo 40 hombres trabajando durante
once horas, fueron capaces de sofocar un incendio forestal sin ningún tipo de
ayuda con medios aéreos.
BERNARDO GARRIGÓS SIRVENT, CRONISTA OFICIAL DE XIXONA.
Els llavadors eren llocs que presentaven una doble dualitat,
ja que mentre pel dia eren zones de reunió, una vegada caiguda la nit, calia
evitar-los.
Era costum realitzar un parell de viatges a la font més
pròxima cada dia, ja siga per a aprovisionar-se d’aigua o per a llavar les
robes. La primera tasca la podien fer amb diligència els xiquets i xiquetes, no
obstant la segona requeria de la presència de les mares o de les jovenetes
fadrines.
Bernat Capó va reflexionar sobre la importància dels
llavadors en l’esdevenir diari del poble: “Les dones han tingut als safareigs
públics un equivalent a les barberies masculines, és a dir, que al voltant de
les pedres del safareig contaven les notícies pobletanes, portant a col·lació
tot allò que feia al cas, ja fossen enraonies o falòrnies, saquejant vides
alienes, enjudiciant casoris, prometatges i conductes”[1].
És probable que d’ací provinga l’expressió valenciana “fer
safareig”, que significaria “xafardejar en rogle”.
Si algun jove pretendent volia trobar-se amb la seua amada,
només hauria d’apostar-se en el camí i esperar que la jove passara cap al
llavador. La rígida moral imperant en l’època aconsellava les xiques a no
realitzar el camí soles, sinó en companyia d’amigues o dones majors. Les que
s’encaminaven al llavador soles s’arriscaven a ser titlades de fresques.
Sobretot estava especialment prohibit anar al llavador a la posta del sol, per
a evitar que amb l’excusa de llavar alguna roba la xica s’abandonara al món de
les passions amb un jove, que despistat, havia arribat al llavador.
La tradició per a assegurar-se que tot açò no succeïra va
crear una sèrie de perills i desgràcies a qui anaren per la nit als llavadors.
Esta tradició moral no és exclusiva de les nostres terres, ja que en la cultura
gallega i basca trobem dones flaques, vestides de negre, que freqüenten els
llavadors públics i els rius. Sempre apareixen de forma misteriosa i d’improvís
netejant la roba. A Astúries poden ajudar els xiquets en perill o perduts al
bosc o avisar si hi ha risc de tempestat.
En les nostres comarques estes aparicions en els llavadors
públics no tenen un caràcter maligne, ja que tan sols espanten.
Una rondalla que ens parla d’estes aparicions és La mala
fortuna de Francesc Gascó, arreplegada en el terme de Beneixama. Segons ens
conta Francesc Gisbert en el seu llibre Màgia per a un poble: “una dona, sense
fer cas a les advertències, hi anà a llavar de nit. Davant la porta de
l’església, es creuà amb un home sinistre. Li pregunta l’hora, i aquest
respongué: Són les dotze, mentre li ensenyava unes dentoles grans, llargues i
retortes. Al llavador solitari, la dona començà a rentar, encara acorada i amb
ganes d’enllestir prompte. De colp i volta, es trobà amb la companyia d’una
vella endolada que no badava boca. En comentar-li el cas, i la sorpresa per
aquelles dentoles tan lletges que havia vist, la vella respongué: Ah, sí, eren
com estes? “[2].
Esta rondalla es motl pareguda a l’arreplegada a Penàguila
per Enric Valor i anomenada: I queixalets també![3].
En Xixona algunes dones majors conten esta narració.
Bernardo Garrigós. Cronista Oficial de Xixona.
[1] CAPO, Bernat, Costumari valencià, 2 vol., Picanya,
Edicions del Bullent, 1994, II, pag. 196.
[2] GISBERT, Francesc, Màgia per a un poble, Picanya,
Edicions del Bullent, SL., 2008, págs. 71-72.
FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA
Pues aquí me tienen, mirando a la pantalla como un búho.
Tengo delante la nota de prensa que el jueves dio la Generalitat para recordar
que se cumple el 20º aniversario del Museo de las Ciencias… y nada, que no
encuentro mencionado el nombre del arquitecto que lo diseñó. ¿Quién será, será?
Sí, claro, acuérdate, bobo: fue Santiago Calatrava, un técnico famoso en el
mundo entero, un valenciano ilustre. Pero se ve que se les ha olvidado. Las
notas de prensa han de ser breves y el objetivo de esta era, sobre todo, contar
las celebraciones previstas y recordar, eso sí, que en veinte años el Museo ha
tenido doce millones de visitantes, que ya son. Millón y medio, escolares;
cientos de miles, millones, turistas extranjeros, alemanes y franceses sobre
todo…
Me he leído la nota de prensa ocho veces. Y es perfecta, en
tanto que habla de celebrar algo bueno que empezó hace veinte años,
concretamente el 13 de noviembre de 2000, pero que no tiene autores. El Museo
de las Ciencias Príncipe Felipe está ahí como la Albufera y el mar, como el
Peñón de Ifach, que están. Y aunque el año pasado tuvo 891.645 visitantes,
resulta que es una gloria para la ciencia y una maravilla para la ciudad pero
Valencia la recibió como el que recibe la caricia del sol.
Claro, si te pones a buscar, acabas encontrando. Aquí tengo,
sí, la página 6 del periódico, con una gran foto de ese desconocido, Calatrava
digo, junto a un presidente de la Generalidad que tuvimos, de apellido Zaplana.
Tampoco lo ha mencionado la nota de prensa, que puesta a no recordar, también
ha olvidado que el presidente de la empresa Cacsa era José Luis Olivas, que la
Asociación de Amas de Casa Tyrius de Tavernes de Valldigna fue el primer grupo
que entró en el Museo y que en las primeras tres horas de vida pasaron por la
puerta 16.000 visitantes. La nota no da para más y olvida citar a Manolo
Toharia, a Paco Camps y a Manolo Tarancón, todos presentes en la inauguración.
Por no recordar, no recuerda ni que la alcaldesa Barberá comparó la Ciudad de
las Ciencias con la torre Eiffel como referente de una ciudad. Ni que el líder
de la oposición socialista, Joan Ignasi Pla, estuvo muy en su sitio al pedir
«más inversiones en investigación» y menos «fuegos de artificio».
En fin, eso es lo que tenemos: memoria histórica. Ahora,
puestos a la faena, me falta citarme a mí mismo. Porque hablé de «fascinación,
autoestima y un poco de vértigo», recordé que herramientas así requerían «alta
capacidad de gestión» y dije, presumido de mi, que «Valencia, el corazón lo sabe,
ya nunca será igual que ayer».
ANTONIO LUIS GALIANO PÉREZ, CRONISTA OFICIAL DE ORIHUELA
El emplazamiento geográfico de Orihuela, frontera entre los
reinos de Valencia y de Castilla, a lo largo de la historia ha condicionado a
que, en algunos o en muchos momentos, fuera visitada o bien como ciudad de
paso, ya fuera para acantonamiento de tropas, o simplemente como esporádica
estancia en la misma. Algo parecido acaecía con aquellos trotamundos que en los
siglos XVIII y XIX programaban en su itinerario desplazarse de Alicante a
Murcia o viceversa.
Antonio Pérez Gómez
Pues bien, a éstos nos vamos a referir siguiendo las
descripciones que nos ofrecen algunos de estos viajeros, que vienen descritas
por Antonio Pérez Gómez en ´Murcia en los viajes por España` (edición Cristina
Torres Suárez, 1984). Antes de ello, recordemos que este autor nacido en Cieza,
fue miembro de número de la Hispanic Society de New York y de la Academia
Alfonso X el Sabio de Murcia, así como académico correspondiente a las Reales
Academias Españolas de la Lengua y de la Historia.
Es de destacar su cualidad como bibliófilo y como fundador
de las ediciones ´La fonte que mana y corre`, entre las que editó en facsímil,
en 1950, la obra del sastre Gaspar García ´Primera parte de la Murgetana del
oriolano` (1608), que constaba de 218 ejemplares, de los que el número 84 obra
en mi biblioteca.
Antecedentes
Pérez Gómez, al recopilar a los viajeros del siglo XVIII,
nos pone en antecedentes de tres de ellos ingleses: el sacerdote Joseph
Townsend, que visitó estas tierras entre los años 1786 y 1787; Henri
Swinbuerne, en 1775 y Richard Twiss, dos años antes.
El segundo de éstos alababa el clima de Orihuela, destacando
sus amplias avenidas flanqueadas por árboles y “la feliz ordenación de sus
regadíos”. Sin olvidar la gran variedad de cultivos, entre ellos los cereales,
haciéndose eco de aquel proverbio “si llueve hay trigo en Orihuela, y si no
llueve, hay trigo en Orihuela”, que ya era conocido a través de Martín de
Viciana (siglo XVI) y del oriolano Francisco Martínez Paterna (siglo XVII).
Richard Twiss, miembro de la Sociedad Real, pernoctó en
nuestra ciudad el día 3 de mayo de 1773, y aquí realizó un trueque de
transporte, ya que regaló un caballo que había comprado en Madrid a cambio de
un pollino para llegar a Murcia.
Burla de las costumbres cristianas
Entre los viajeros del siglo XIX, el citado Pérez Gómez nos
da noticia de Henry D. Inglis que llegaba a Orihuela a las 11 de la mañana de
un día de 1830, el cual queda prendado por la variedad de árboles que encuentra.
Así, moreras, naranjos, cipreses, olmos, higueras, granados y palmeras fue lo
más positivo que descubre en nuestra tierra.
Como buen anticlerical, de forma irreverente se burla de
nuestras costumbres cristianas, hasta el punto que, tras narrar que las
iglesias estaban repletas de fieles, los cuales no dudaban de situarse ante la
puerta de los templos con “los brazos en cruz como éxtasis agónico”, presenta a
los oriolanos como holgazanes tomando el sol, con su espalda apoyada en la
pared, “no modificando su perezosa postura sino para hacer una reverencia
cuando pasa cerca de ellos algún fraile”. Su rabiosa irreligiosidad no le
permitió ver más allá, ni del paisaje natural ni de del patrimonio
arquitectónico de la ciudad.
Impresionado por el paisaje
A estos viajeros ingleses hay que añadir a su compatriota,
el médico naturalista Edwin Lee, que en 1854 veía en la Orihuela de 20.000
habitantes a una población que mantenía aspecto oriental y se deslumbraba con
su catedral.
Por otro lado, George Alexandre Hoskins, a mediados del
siglo XIX, después de alquilar una tartana y un par de borricos en Elche, se
diría a Murcia. De su paso por Orihuela, tras recordar la hazaña de Teodomiro,
reseña que sus casas eran de tejado plano, teniendo en el primero de sus pisos
la habitación principal con sus ventanas adornadas por rejería, y las de planta
baja con celosía que le imprimían aire oriental. En nuestra ciudad visitó
varios conventos deshabitados, entre ellos Santo Domingo, en donde apreció el
arte de sus claustros, la iglesia y el refectorio.
Y no dejó a un lado a las mujeres oriolanas de cuyos ojos
negros quedó prendado. Por último, al abandonar la ciudad en dirección a
Murcia, quedó impresionado por el paisaje en el que destacaba un convento
abandonado entre chumberas.
Testimonios variados
En el año 1829, de triste recuerdo por el terremoto sufrido
en toda la zona, Samuel Eduardo Cook Widdrimgton (capitán Cook) cambió la ruta
habitual para ir de Alicante a Murcia, por el interés de apreciar los daños que
había sufrido la villa de Torrevieja, y de allí pasó a Orihuela.
Cincuenta y cuatro años después, con mucho calor, aunque
según dice seco y tolerable, llegó a Orihuela desde Elche, F. H. Deverell, que
no dudó en valorar la fecundidad de nuestra huerta comparándola con las de
Valencia y Murcia.
Pero estos turistas no sólo se admiraban del paisaje natural
y urbano, sino que apreciaban a “las chicas guapas que van por la calle con
flores tras las orejas”. Y a su salida de Orihuela, al alba, era despedido con
el repique de las campanas de conventos e iglesias.
Así, con algunas breves notas, cada uno de estos turistas
ingleses de antaño dejaba testimonio en siglos pasados de su paso por Orihuela,
según su interés por cada asunto.
Aquesta pàgina utilitza cookies per millorar la seva experiència. Si continua navegant, suposem que vostè ho accepta, però pot optar per marxar del web si ho desitja. AceptarLlegir més
Privacy & Cookies Policy
Privacy Overview
This website uses cookies to improve your experience while you navigate through the website. Out of these, the cookies that are categorized as necessary are stored on your browser as they are essential for the working of basic functionalities of the website. We also use third-party cookies that help us analyze and understand how you use this website. These cookies will be stored in your browser only with your consent. You also have the option to opt-out of these cookies. But opting out of some of these cookies may affect your browsing experience.
Necessary cookies are absolutely essential for the website to function properly. This category only includes cookies that ensures basic functionalities and security features of the website. These cookies do not store any personal information.
Any cookies that may not be particularly necessary for the website to function and is used specifically to collect user personal data via analytics, ads, other embedded contents are termed as non-necessary cookies. It is mandatory to procure user consent prior to running these cookies on your website.