Arxiu de l'autor: José Martí Coronado

GRANDES MISTERIOS DE LA VIDA PRIVADA. 4. EL PAPEL EN LA INTIMIDAD DEL HOGAR

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

La Trinca dedicó una Oda al papel higiénico, pero aún fue poco. En esta reciente epidemia hemos visto cómo faltaba en los grandes lineales y hemos comprendido su verdadera misión como auxiliar de una humanidad que adora los valores de lo confortable. Destinado a tareas innombrables, sería capaz de sumirnos en la desgracia si faltara. Y nos invita a pensar qué hacían los humanos cuando no existía.

Lechuga y agua. Refrescantes hojas de lechuga y, en su defecto, hojas de plantas seleccionadas por su frescura y lozanía. Plantas aromáticas y hojas que no irritaran las zonas más delicadas. Los arqueólogos y los historiadores remiten a esas soluciones aunque señalan que en las termas y los circos de Roma, junto a las letrinas, había palos con esponjas humedecidas con las que los usuarios se limpiaban, aunque me resisto a pensar que compartían. Se ha hablado de mazorcas de maíz usadas por los indios americanos; pero cuesta de creer. Como las referencias a las cortezas de coco que habrían utilizado otras antiguas civilizaciones; siempre hay a mano alguna hoja sin aspereza ni espinas… Buscando y rebuscando, es mucho más fácil asimilar la noticia de que los chinos –los ricos y los de familia imperial, claro– utilizaron hojas de papel de buen tamaño, y muy suaves, que se podían además humedecer. Para eso fueron los inventores del papel. Y este caso del papel de seda.

Los valencianos tuvimos papel muy pronto gracias a los musulmanes. Xàtiva, Bocairent, Alcoi… son enclaves de fabricación de papel, una industria que siempre ha tenido calidad y continuidad. A la orilla de los ríos, molinos y batanes rivalizaban a la hora de fabricar delicado papel sedoso para envolver naranjas y pequeñas hojitas, finas pero resistentes, para envolver tabaco. En todo caso, hay que agradecer al periodismo su contribución a esa necesidad humana tan perentoria que consiste en limpiarse. La noticia, siempre se ha dicho, es una materia efímera. Y cuando el periódico pasa, cuando la novedad deja de serlo, el destino más noble de un papel periodístico es envolver pescado, cubrir el fondo de un cubo de basura o esperar que alguien lo requiera, cortado a cuadrículas atravesadas en un gancho. Durante todo un siglo, los periódicos, liberales o conservadores, católicos o republicanos, prestaron ese servicio suplementario a la humanidad. Y a mucha honra…

Con todo, honor y gloria eterna a la Valencia papelera. Gracias a ella se imprimió en Valencia la primera obra literaria editada con el invento de Gutemberg. Fue en 1474 y el papel, en este caso, sirvió para imprimir los versos de un certamen literario en honor a la Virgen Santísima. Valencia, cuna de la imprenta, gozó siempre de magníficos impresores y de la flor de la papelería española.

En el último tramo del siglo XIX se habló mucho en España de “papel higiénico”. Pero no hay que confundirse: las fábricas de acabados suaves, sobre todo las de Alcoy, aplicaron ese nombre al papel de fumar. Porque para que el cigarrillo “chutara” mejor le pusieron alquitrán y alguna otra porquería que producía humo y ceniza negras y molestias incluso a la vista. Así es que cuando mejoraron la calidad y lograron eliminar toxinas, llamaron  “papel higiénico” a sus fabricados, a los que en ocasiones añadían mentol, eucalipto y alguna otra sustancia aromática. Se llegó a hacer un “papel pectoral de raíz y caña de malva”, que se anunció profusamente en 1871, mientras se intentaba dar la vuelta a la tortilla del alquitrán a través de anuncios-discurso que disertaban sobre las bondades de un alquitrán nuevo, que era de Noruega.

Hay mucha historia, incluso mucho sufrimiento silencioso, detrás de la relación íntima del ser humano, la higiene y el papel. Hay mucho dolor callado. Y cunde la sospecha de que los historiadores han perdido mucho documento a manos de sórdidas necesidades: en Valencia, se dice que hubo un  erudito que detectó la sonrojante venta de archivos notariales antiguos para fines innobles. Cuando pidió en el Mercado “una mesura de cacau” y se la envolvieron con un testamento de época feudal, intuyó que el buen papel de los notarios se estaba usando para fines perversos. Paró la maniobra y compró toneladas de documentos que hoy son la base del Archivo del Colegio del Patriarca. Todavía no está explorado del todo.

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LOS GRANDES MISTERIOS DE LA VIDA PRIVADA. 3. EL CUPÓN PRIMA, ABUELO DEL CUPÓN REGALO

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

Seguro que los mayores recuerdan el Cupón Regalo Comercial, un sistema de promoción de ventas que funcionó en Valencia entre los años cuarenta a sesenta del siglo XX. Un león, una hucha ahorradora y sobre todo el aspecto imponente de la “Finca de Hierro”, en la calle de Xàtiva, daban solidez y garantía a un sistema por lo demás sencillo: las compras efectuadas en unas tiendas abonadas a la red, reportaban cupones a los clientes; que a su vez, cuando tenían ya pegados los cupones en libretas especiales, podían canjearlas por regalos compensadores.

Sin embargo, tras profundas investigaciones, hemos llegado a la conclusión de que el Cupón Regalo Comercial no fue el primero en trabajar ese sistema de alicientes al consumo. Es más, podemos demostrar, y demostramos, que en el año 1902 empezó a trabajar en Valencia un antecedente que se llamó el Cupón Prima.

En efecto, en la página 4, la página comercial de “Las Provincias” del 21 de mayo de 1902, encontramos un gran anuncio que pregonaba la puesta en marcha e inauguración, el día siguiente, de un servicio comercial revolucionario y remunerador. “Un buen porvenir para Valencia”, decía un titular a ocho columnas bajo el que se explicaba que la Compañía Parisiense de Cupones Prima Mercantiles se había establecido en Barcelona, en la Ronda de la Universidad, 22, para abrir sucursal en la calle de Zaragoza, números 28 y 30, donde las puertas estaban abiertas al público.

El modelo de incentivo de ventas era el que después siguió el Cupón Regalo de los años cincuenta. Un grupo de voluntariosas señoras habían repartido libretas por toda la ciudad y una larguísima lista de comercios, cuya relación llenaba la página, estaban adheridos al sistema. Ahora se anunciaba la apertura de puertas del establecimiento de la calle de Zaragoza, donde se podía ver la infinidad de objetos que se cambiarían por libretas. Todo visitante que llevara ya una libreta recibiría 25 cupones como obsequio promocional.

Librerías, chocolaterías, restaurantes, perfumerías, sombrererías y ferreterías; tiendas de música, de guantes, abanicos, salazones, artículos de regalo, mantas y zapatos; grandes, pequeños y medianos comercios, figuraban en el cuadro del anuncio, que es por sí mismo una estupenda guía comercial de la ciudad. Más de cincuenta ultramarinos, las mejores relojerías, las tiendas de fotografía… Desde la novísima calle de la Paz a la plaza de San Francisco, desde la calle de San Vicente a la calle de Serranos, toda la Valencia comercial de principios de siglo estaba dispuesta a participar y ofrecía un cupón por cada dos reales de compra efectiva. Y no se olvidaba, ni mucho menos, la participación del Grao: los mejores establecimientos de una población incorporada a la ciudad hacía no más de cinco años, estaban en la lista.

La calle de Zaragoza era la calle comercial por excelencia de la Valencia tradicional. No existe ya, porque fue embebida por la ampliación de la plaza de la Reina. Pero llevaba directamente a la Puerta de los Hierros de la Catedral desde la encrucijada de San Vicente con la calle de la Paz. Servida por numerosas líneas de tranvía, esa calle angosta, de toldos enormes, ofrecía de todo a toda clase de públicos y era el punto de paso obligado entre la plaza donde se decía que se iba a levantar un nuevo Ayuntamiento y la plaza de la Constitución o de la Virgen.

En esa calle estaba la moderna tienda de gramófonos de Antonio Mercado, que ocupaba los números 13 y 15 y siempre tenía chiquillos mirando en el escaparate. Pero en el edificio de los números 3 y 5 atraía mucho más el Bazar Viena, donde todas las novedades esperaban al cliente: juguetes y artículos de regalo, objetos para el hogar y detalles personales, lo popular y lo sofisticado encontraba hueco, en lo que era punto de cita de la última moda europea y, sobre todo, vienesa. Porque demás del nombre, la familia propietaria, los Goerlich, procuraban traer de Centroeuropa lo más nuevo, hasta ser un punto de proyección, según se ha escrito, del modernismo decorativo y artístico que estaba naciendo por aquellos años en Europa.

En los números 28 y 30, los almacenes de J. Prat, fueron la base sobre la que descansó el proyecto valenciano del Cupón Prima. Tenían de todo, sobre todo para el hogar y la cocina, y todo se baremó para que pudiera ser canjeado por las libretitas de cupones que le clientela pegaba.

En la calle de la Lonja esquina a la plaza del Doctor Collado, la cedacería Luna e Hijos de Enrique Saboya, estaba adherida a la promoción comercial, al servicio de una popular clientela procedente de los pueblos de la huerta. Herramientas y utensilios del hogar, pozales y azadas, capazos y cedazos… La famosa tienda, compañera inseparable de la Lonja, ha cerrado hace poco, ya en el siglo XXI, tras decenas de años de servicio. Con ella hemos perdido mucho paisaje, mucha  historia de la ciudad…

Fuente: https://fppuche.wordpress.com/

FALLECE DON LUIS, EL MÉDICO

Mª CARMEN RICO NAVARRO, CRONISTA OFICIAL DE PETRER

El 6 de mayo de 1975, hace hoy 45 años, falleció repentinamente, Don Luis Sempere Berenguer, tras cuarenta y tres años ejerciendo como médico en Petrer. El día de su despedida todo el pueblo acudió a dar el último adiós a quien tantas veces había entrado en sus casas para darles consuelo, a cualquier hora del día y de la noche.

Don Luis nació en Alcoy el 7 de mayo de 1907, ya que su madre, María, era natural de esta ciudad. Vivió su infancia en Elda, de donde era su padre, José. Posteriormente se trasladó a Alicante para estudiar el bachiller en los Hermanos Maristas, y allí conoció a su esposa Isabel. Estudió Medicina en la Facultad de Cádiz. Llegó a Petrer en 1933, ganando por oposición la plaza de médico de Asistencia Pública Domiciliaria del Ayuntamiento de Petrer, siendo también médico de cabecera que era como se llamaban por aquel entonces. El pago era por igualas, es decir un recibo semanal o mensual. En 1935, junto con su esposa Isabel Bernabeu Guillén, natural de Alicante, se trasladó a vivir al nº 11 de la calle Antonio Torres. En la planta inferior de la vivienda se instaló la consulta, que estuvo funcionando hasta su muerte. Petrer, por aquellos años, era un pueblo pequeño con grandes carencias sanitarias en una época difícil. El médico del pueblo se tenía que enfrentar diariamente con todos los problemas que podían surgir sin ayuda de especialistas, ni hospitales, ni todos los medios sofisticados de que hoy dispone la ciencia. Asistía a partos sin condiciones, ni agua, ni luz, etc., careciendo a veces hasta de lo más elemental, las medicinas. Los médicos de hoy en día contemplan aquella época con gran respeto y admiración.

Fue un hombre con gran sentido vocacional, que ayudó incluso a quienes no podían pagarle más que con el agradecimiento. Tras de sí dejó la semilla de su profesión en su hijo Luis y en su nieto Leopoldo Navarro. A principios de los años sesenta, fue fundador y primer presidente de la Asamblea de la Cruz Roja Española en Petrer, cargo que mantuvo hasta su muerte, haciendo de esta institución, junto con otras personas, una realidad al servicio del pueblo. En resumen, fue un hombre bueno, entrañable, tolerante, humano, familiar. En él no cabía el rencor y mantuvo durante toda su vida una entera dedicación a su trabajo.

El Ayuntamiento de Petrer aprobó el 27 de diciembre de 1984 que se sustituyese el nombre de la calle General Moscardó por el del Médico Don Luis Sempere Berenguer en reconocimiento a sus valores, su profesionalidad y el cariño incondicional a “su Petrer”, al que dedicó toda la vida de su dilatado ejercicio médico.

Hoy, más que nunca, nuestros profesionales de la sanidad tienen el respeto y la consideración que merecen por cuidar de nuestra salud y nuestro bienestar. Quiero que estas líneas sirvan para mostrar nuestro agradecimiento hacia ellos. No olvidaremos a médicos como Antonio Payá, padre e hijo, Pepita, “la comare” y otros profesionales de la sanidad que tendrán su espacio en estos retazos que pretenden rememorar nuestra historia.

Fuente: https://www.valledeelda.com

LA LLETRA C CONFINADA

LLUÍS MESA, CRONISTA OFICIAL D’ESTIVELLA

En estos dies, els corredors i corrals (tots dos amb la C inicial) s’han transformat en el millor aliat per a la realització del necessari exercici físic. El fet de gastar intensament eixos espais genera la sensació que sempre estem en el mateix lloc. Eixe cercle viciós em fa tornar, per tercera vegada, a la lletra C; encara que des d’una visió distinta. És impossible, després de superar la quarantena, no sentir-se reclòs ni tindre la necessitat d’escriure de la C com a capçalera de l’estat emocional en el qual vivim. El confinament i el tercer element de l’abecedari, doncs, són novament protagonistes de la secció.

La C es troba confinada, com nosaltres, i alhora confitada. Ara els dos adjectius conviuen junts en les cases. El rent i les receptes dolces han passat intensament a les nostres vides. És una via escapatòria que fa oblidar per instants el sentiment de tancament. En la cuina ens sentim més lliures, quan deixem volar el sentit creatiu de la rebosteria.

Però, més enllà del matís llépol de la paraula, el confinament produïx sobretot sensacions d’estrés i limitació. La falta psicològica d’aire es demostra perquè som conscients que ni les cases luxoses ni les precàries estan generalment preparades per a nosaltres. Les meravelloses habitacions infantils i els pisos supercomplets de les parelles jóvens són més gelats del que semblaven. Els falta llum o elements que ajuden a sentir-nos còmodes moltes hores seguides.

La major finestra per a eixir del confinament es troba en la televisió, però no sempre. Els comunicats d’esta guerra moderna s’hi seguixen diàriament. A l’hora del dinar es manifesten les màximes autoritats. Ens lleven la llibertat de menjar relaxadament perquè els discursos són prou buits i extensos. Cal esperar al final perquè anuncien el que han volgut dir. A voltes, és gràcies a les preguntes dels periodistes. Unes altres, els seus preguntats són tan extensos com els discursos presidencials. Així que el televisor perd el valor terapèutic i potencia el sentiment de confinament, en escoltar polítiques i polítics.

En definitiva, tenim motius per a no oblidar la lletra C. El mes passat anunciava el coronavirus. Hui encapçala el confinament en el qual ens trobem. Davant d’ell, sols queda resignar-se perquè la convivència siga el menys nociva possible. L’himne d’Estivella acaba dient «units en llibertat». Ara ens toca estar units a casa per a creure que tornarem a ser persones lliures. Tinguem en compte que l’esperança obri la porta a la llibertat.

Fuente: https://www.levante-emv.com

OIGO PATRIA

ANTONIO GASCÓ, CRONISTA OFICIAL DE CASTELLÓ

He recibido por wasap, como tal vez muchos de los que hayan a bien leer este fondillo, una hiperbólica oda precedida por el siguiente párrafo: esta poesía de José de Espronceda (Almendralejo, 1808-Madrid, 1842) retrata un momento de la historia actual. ¡¡¡Espronceda vive!!! El poema que sigue a continuación, de un valor literario, preceptiva y rima más que discutibles, comienza de esta guisa: «Oigo patria tu aflicción / y no entiendo por qué callas / viendo a traidores canallas / despedazar tu nación». Tras este primer cuarteto, sigue una exaltada arenga patriotera y romanticoide, rimbombante y ostentosa, que pone de chupa de dómine al gobierno, respecto de su actuación política en la actualidad. No voy a entrar en la invectiva que los versos hacen del ejecutivo, a la que estimo respalda derecho de libertad de expresión. Donde sí que voy a entrar es en la atribución a Espronceda de una obra que no le pertenece en absoluto. De este aliento heroico, el autor de El diablo mundo escribió entre otros poemas, la Oda al dos de mayo, ¡Guerra! y A la patria. Pues bien, del primero y con el mismo nombre, hubo un remedo, algunos años después, que principia así: «Oigo patria tu aflicción / y escucho el triste concierto / que forman, tocando a muerto / la campana y el cañón», del que era autor Bernardo López García, un contemporáneo con alientos revolucionarios, que pasó por el parnaso literario de la época con más pena que gloria. Y esto es lo que indigna al autor de esta columna. Que se utilice, ya no el nombre del escritor al que se ha plagiado el primer verso y el recurso estilístico, sino el de un gran poeta, gloria de las letras, para darle visos de categoría a la composición, cometiendo un fraude intencionado con propósito de reclamo. Flaco favor le hacen a Espronceda, que sin duda vive (¡no ha de vivir!) en el parnaso de las letras españolas, pero por el valor de sus propias obras y no por parodias engañosas de pluma ajena.

Fuente: https://www.elperiodicomediterraneo.com

CASINOS: PRIMER SÁBADO DE MAYO COSTUMBRES ROMÁNTICAS

JOSÉ SALVADOR MURGUI. CRONISTA OFICIAL DE CASINOS

Hay pueblos que celebran los mayos, otros hacen fiestas de otra forma, y en otros se hacían fiestas que con el tiempo han desaparecido. Una de las costumbres del mes de mayo de Casinos, era el primer sábado después que acababa el baile, la verbena, ir a hacer enramadas a las chicas, a la vez que obsequiarlas con dulces serenatas que rompían el silencio de la noche primaveral.

Es una tradición por llamarle de alguna forma que con el tiempo se ha ido diluyendo hasta desaparecer. Las enramadas eran la esencia romántica del amor, era la forma de un chico obsequiar a su pretendida, novia, amiga… habían enramadas rumbosas de rosas, otras de arbustos aromáticos seleccionados en el campo,(que hay quien descargaba el remolque cargado de murta y romero), otras remontándonos a años de las décadas de 1950 o anteriores que se hacían con peladillas, o incluso otras que se obsequiaba a la novia con una joya.

Hay algún caso que se ha comentado en el pueblo, de estar el novio a la puerta de la casa de la novia, esperando el amanecer de ese primer domingo de mayo, para que la chica, se asomará a la puerta a ver la alfombra floral, y ofrecerle una joya, con la exclamación valenciana de “la enramá se fa en la má”, y darle en ese momento, un anillo, una pulsera o un collar… Costumbres románticas y de poderío, desaparecidas.

Si algún varón se sentía ofendido por la actitud de alguna dama, al no ser correspondido, o haber recibido alguna “calabaza” sentimental, ese primer sábado de mayo, también era el momento adecuado para la venganza: la sorpresa era al abrir la puerta de casa de la señorita, al amanecer del domingo, esperando la enramada, con el consiguiente desaliento encontrarte con un palo de pitera. La “Pitera” la Real Academia Española, la define como “pita (planta)”, y es una planta muy común en los campos de nuestro término, que florece una vez al año produciendo una inflorescencia terminal de unos ocho o diez metros de altura y una anchura superior a los diez cm. de diámetro, terminando con pequeñas ramas en forma de panícula abierta. Esa sorpresa no era muy agradable para quien la recibía.

Por otra parte las enramadas iban acompañadas de las serenatas, los cantos románticos de la Tuna eran la música de fondo en las noches de mayo: “Despierta dulce amor de mi vida, despierta, si te encuentras dormida… escucha mi voz vibrar bajo tu ventana…” o aquella que decía: “No sé res de la tristesa, que hi ha dintre del teu cor, aixua els teus ulls a l´aire, mira que clara és la nit. Perquè no vull que plores mes, per un amor perdut, quan la nostra guitarra, ja comença el seu cantar. No oblides mai aquests moments, i allunya tota tristesa, escolta la nostra cançó, somia des d’ara amb l’amor. La veu de la tuna se’n va, però el nostre cor es queda, i pensa que per sempre més recordarem aquesta nit.

Era una fiesta con guitarras, bandurrias, panderetas, voces, orden y alegría, las canciones se superponían, se pasaba de la tuna a los Panchos: “que bonitos ojos tienes debajo de esas dos cejas… Casinera, salerosa….”, tampoco podían faltar temas jamás olvidados de “Los Brincos”: “Nunca te podré olvidar, porque me enseñaste a amar. Con un sorbito de champán brindando por el nuevo amor, la suave luz de aquel rincón, hizo latir mi corazón. Es tan fácil recordar, siempre que vuelvo a brindar,¡ Con un sorbito de champán, brindando por el nuevo amor…! Y entonces, fue cuando te besé, de tu mirar, yo me enamoré…”

Las noches eran largas, no faltaban las garrafas de mistela y vino dulce, y hasta había chicas tan generosas, que nos abrían la puerta y nos obsequiaban con un ágape a altas horas de la madrugada. Noches en vela, noches divertidas, pasionales de bondad, sin hacer daño a nadie, únicas. En otros tiempos cuando empezaron a existir los tocadiscos, los cassettes, y los discos de vinilo, se hacía la música con aquellos aparatos, había que llevar un “ladrón de bombillas” que lo enroscaban en la puerta de la casa, que en casi todas había un porta-lámparas para iluminar la entrada, y con un cable alargador se podía enchufar el aparato para hacer la música, tecnología puntera de los años sesenta.

Pero la tradición hizo que ser recuperaran los cantos a viva voz que tanto han alegrado las “Noche de ronda, qué triste pasa, qué triste cruza, por mi balcón. Noche de ronda cómo me hiere, cómo lastima m i corazón… Luna que se quiebra, sobre la tiniebla se mi soledad… A dónde vas”, íbamos recorriendo cual peregrinos las calles de Casinos, hasta que nos sorprendía el amanecer de las cálidas noches de mayo, junio… hasta agosto en fiestas; despedidas de solteros, felicitaciones a las novias, comuniones de los hijos… en fin una larga nebulosa que empaña el acontecer.

Diario de la vida, diario del 2020, mayo del 70, del 80, del 90, del 2000… “Palmero sube a la palma y dile a la palmerita… quiero que te pongas la mantilla blanca, quiero que te pongas la mantilla azul…” la noche nos envuelve, tengo que poner fin a esta crónica de recuerdos que se la dedico al más insigne “Tuno”, al gran maestro y profesor Manolo Murgui (otro Murgui, somos tantos, y tantos años) que tanto positivismo y maestría aporto a esas noches largas, de recuerdos a cada minuto, de realidad al sonar el bordón y entonar la canción…

“Termina la feria esta noche sin luna, terminan los cantos, con suspiros de amor. Tranquilo está el parque, esta noche estrellada, las almas ocultan alegrías y llantos dentro del corazón. ¡Ay, ay, ay ay, ya no suenan las guitarras, ni los bajos guitarrones. Ya se secaron las flores que adornaban tu balcón! Ay, ay ay ay, ya no hay fuegos de colores ni mariachis, ni canciones y a lo lejos por el bosque se va yendo mi canción.”

Así nos va pasando la vida, así vamos dejando las ilusiones, así se acaban las tradiciones… Como se decía en uno de los diálogos de la función de teatro “Sanc Valencina”: “Hoy mi vida es otra, mi vida es nueva, sin una sombra siquiera, que emborrone mi pasado, por muy triste que este sea…” El pasado no se emborrona, se revive, hoy brindo estas letras a todas esas personas que a lo largo de la historia las vivieron con pasión.

Fuente: https://www.elperiodicodeaqui.com

DE VENTA EN CASA SCHILLING (O SEA ALTARRIBA). LOS GRANDES MISTERIOS DE LA VIDA PRIVADA. 2

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

En las casi 300 páginas del Catálogo oficial de la Exposición Regional Valenciana de 1909 no aparece la máquina de afeitar Gillette mencionada o fotografiada. Ninguno de los casi 1.500 expositores inscritos se refiere a ella, como tampoco lo hacen los numerosos anuncios insertos en el Catálogo, de establecimientos no expositores pero que ofrecían productos y servicios a los visitantes. Pero eso no quiere decir mucho. Tampoco aparece en esas páginas el aeroplano del ingeniero Olivert y miles de visitantes lo pudieron ver en el palacio de la Industria, el edificio que fue Tabacalera y hoy es el Ayuntamiento de Valencia. Seguro que algún gran bazar, alguna tienda de objetos de perfumería y afeitado presentó el estuche de Gillette con su juego de hojas. Porque es muy probable que el prodigioso invento estuviera ya en algunas tiendas de calidad de la ciudad y en algunas casas notables, adquirido por su dueño quién sabe si en Londres o París.

El primer anuncio que podemos encontrar de la Gillette en las páginas de prensa valenciana es de 4 de mayo de 1911. Está en “Las Provincias” y es genérico de la marca; pregona sus ventajas –“ahorra tiempo y dinero, evita todo contagio, no necesita afilador ni suavizador”– e indica que “en todos los mejores establecimientos, perfumerías, cuchillerías, etc. etc. y al por mayor en Eduardo Schilling S. en C.” No sabemos si hubo algún establecimiento aventajado que pusiera a la venta el producto antes de la existencia de una red comercial oficial. Pero no debía ser fácil porque Gillette trabajaba son seriedad bajo el paraguas de sus patentes y entraba en los países paso por paso. Seguramente, 1911 fue el momento en que se estableció en España una red comercial estable de la empresa norteamericana en asociación con Schilling.

Schilling era un prestigioso fabricante de escopetas radicado en Barcelona, que hizo famosa la marca Jabalí en toda España. Primero puso tienda en Madrid y más tarde la abrió en Valencia, en la calle de más prestigio y novedad, la de la Paz, que primero se llamó de Peris y Valero. En octubre de 1905 buscaba dependientes para una armería que pronto fue punto de cita para todo el que quisiera escopetas de caza pero también toda la gama de productos asociados, desde un termo a una navaja suiza.

En realidad fue una tienda de objetos para campo, excursión, deporte y ejercicio al aire libre. Para un lector valenciano basta decir que es el establecimiento que luego se llamó y se llama Altarriba para conocer su sello y el tipo de clientela. De modo que allí –una tienda de clara vocación masculina– empezó a venderse la Gillette, y desde allí se distribuía a perfumerías y otros establecimientos.

Pero la novísima máquina de afeitar  no estaba al alcance de todos los bolsillos. La primera compra –25 pesetas, cinco duros– la alejaba de muchos consumidores de clase baja. Cierto que con la máquina daban doce hojas. Pero agotados los 24 filos, cosa que podía ocurrir en seis meses estirando mucho, había que comprar más hojitas de la marca.

Vino entonces el truco, que consistió en apurar los usos mediante el reafilado de las hojas usadas en varios afeitados. Para ello se podía recurrir al cuero de la vieja navaja y a sus aceites suavizadores. Era volver al engorro de antes, pero permitía apurar la inversión en caso de que el bolsillo se mostrara perezoso. La picaresca española encontró también alivio a ese asunto: en 1923, en el diario “El Pueblo”, encontramos un anuncio en que se usa con descaro el nombre de una marca que ya se ha asociado por entero al producto. Y dice así: “Traigan sus cuchillas usadas al vaciador automático y quedarán como nuevas”. La admisión de clientes se hacía en el centro de la ciudad, en el kiosco de tarjetas postales de la plaza de Castelar, “junto a la parada de motos”.

Afilar una hoja costaba diez céntimos; afilar seis, dos reales. No era lo mismo, pero era más barato que sacar un duro y comprar las hojas nuevas. Los que hemos reciclado alguna vez cartuchos de tinta de impresora lo entendemos, sin duda.

Fuente: https://fppuche.wordpress.com/

UN BAUTIZO DE POSTÍN


Archivo Caja Rural Central Orihuela. El deán Pedro Albornoz de Cebrián, según Josef Montesinos en “Compendio Histórico Oriolano”.

ANTONIO LUIS GALIANO, CRONISTA OFICIAL DE ORIHUELA

A veces, cuando algo te sale mal ya sea de negocios o de salud, e incluso si te das un golpe y te rompes la crisma, coloquialmente la cabeza, o te descalabras; se suele elevar un juramento en arameo que, por lo visto, debe ser algo fuerte e insultante con malas palabras. Tal vez, achacado a aquellas conversiones falsas de judíos españoles cuando fueron expulsados en España por los Reyes Católicos, en 1492. Por ello, no es extraño que en ocasiones sinónimamente algunos puedan decir que has jurado en hebreo. No como la conversión del judío Judá Leví Flalo natural de Gibraltar que vino a España y que fue bautizado el 18 de febrero de 1884, en nuestra catedral por el cura Julio Blasco, comisionado para administrar este sacramento por el obispo Victoriano Guisasola y Rodríguez, que después sería arzobispo de Santiago de Compostela.

Sin embargo, los más conformistas en esas situaciones negativas se acuerdan de aquella canción coon la que Imperio Argentina nos deleitaba en “Morena clara”, película que dirigió Florián Rey hace ya ochenta y cuatro años, en 1936, o con Lola Flores, en 1954, dirigida por Luis Lucía. Decía esa canción lastimera aquello: “El día que nací yo/ que planeta reinaría…/ Por donde quiera que voy/ ¿qué mala suerte me guía?”.

Por el contrario, no muchos se ven señalados maléficamente por algún planeta o por una mala estrella, ya que todo le suele salir bien, incluso a aquel niño que vio la primera luz en Orihuela, aunque su natalicio fue entre las 11 y las 12 de la noche, del día 26 de agosto de 1798, que comenzó con bien pie con su bautismo al día siguiente. De hecho, con él no se cumplió aquella sentencia de una canción popular, en la que se entona: “el día que nos casemos, celebraremos boda y bautizo”, puesto que sus padres ya estaban casados y bien casados con anterioridad al natalicio.

Y al recibir el agua y ser signado con el crisma en el acto del primer sacramento de los cristianos, por el que se recibe la gracia y el carácter como tal, fue de postín o distinguido como mejor sinónimo. Al niño siempre le quedaría un buen recuerdo, igual que a aquellos que en otras religiones lo viven como un rito de purificación. O no tan favorable para esos otros que intervienen en una acción bélica por primera vez y lo reconocen como “bautismo de fuego”, o aún peor si son heridos y nunca lo habían sido, lo reconocen como “bautismo de sangre”. Pero, en nuestro caso nos detenemos como decíamos en el primero de dichos sacramentos, seguido por el de la confirmación.

Situémonos en aquel día, presumiblemente caluroso, del mes de agosto de 1798, en que ofició el bautismo del niño el obispo de Orihuela Francisco Antonio Cebrián y Valda, el cual había efectuado su entrada en la capital de la Diócesis el domingo, 19 de noviembre del año anterior. La ceremonia se llevó a cabo en la parroquia de las Santas Justa y Rufina, probablemente en atención a que el padre de la criatura era militar y dicha parroquia tenía carácter castrense.

El historiador oriolano Josef Montesinos Pérez Martínez de Orumbella, en su “Compendio Histórico Oriolano”, nos facilita con todo lujo de detalles cómo se llevó a cabo la ceremonia, así como las personas distinguidas asistentes a la misma. De esta manera, se adornó las inmediaciones del baptisterio frontero a su ubicación actual, donde estaba la pila bautismal, tallada entre 1719-1723 por Juan Bautista Borja. Con el tiempo, durante el pontificado del obispo José Tormo y Juliá el baptisterio se trasladó al lugar actual, pasando a ocupar lo que era la capilla de San Vicente Ferrer, donde se daba culto al dominico valenciano por la Cofradía de su advocación, fundada el 29 de marzo de 1769.

El baptisterio fue adornado con cortinas de seda “pajizas y encarnadas”, y se colocaron varios canapés de terciopelo carmesí para los invitados de distinción. En la reja de la capilla de la Comunión se instaló un dosel de idéntico tejido, con alfombras, silla y almohadón para el prelado.

A las diez y media de la mañana llegaba al templo el obispo y la comitiva que le acompañaba, bajo el repique de campanas. En la puerta oeste, conocida como de los pies o principal, que se encuentra frente a la calle Meca, le esperaba el clero parroquial junto con el tío y padrino del neófito Pedro de Alcántara Albornoz y Cebrián, deán y caballero de la Orden de Carlos III, el cual mantenía en sus brazos al niño que se iba a acristianar. Una vez recibidas las aguas del bautismo, imponiéndole por nombres Pedro de Alcántara, Manuel, Ceferino, Francisco, Antonio, Joaquín, Cayetano, José y Ramón; fue confirmado por el obispo que era tío también del niño, teniendo como padrino al marqués de Albudeyte Francisco de Valda y Carroz, según Montesinos, (en ese año el titular del marquesado era José Joaquín de Valda y Maldonado), capitán de la Compañía Española de Guardias de Corps y Grande de España, hijo de Cristóbal Francisco de Valda y Carroz, marqués de Valparaíso, Busianos y Villahermosa y vizconde de Santa Clara de Avedillo, caballero de la Orden de Santiago, capitán de la Compañía Americana de Guardias de Corps y gentilhombre de Cámara. Este último personaje noble, por esas fechas se encontraba “de recreo” en Orihuela viviendo en el Palacio Episcopal, invitado por su primo el prelado.

Una vez concluida la ceremonia, la comitiva partió hacia la casa de los padres, Manuel Albornoz, capitán retirado del Regimiento de Burgos y en esos momentos sargento mayor del Batallón de Voluntarios Honrados de Orihuela y Alicante, y de Francisca Paula Soto Cebrián y Fenollet. Allí, en el domicilio familiar el nuevo cristiano fue presentado a sus padres, repartiéndose monedas a los pobres y a los muchachos que allí se habían congregado.

Aquí parecía que habían concluido los festejos por el bautismo de ese niño tan pequeño que sobre sus espaldas cargó con nueve nombres del santoral. Sin embargo, por la tarde, entre las seis y las siete, el obispo y su primo el marqués se desplazaron hasta el Seminario, donde fueron recibidos con repique de campanas y visitaron su iglesia, la sacristía, el refectorio, la biblioteca y los aljibes. Al regreso, en el domicilio de los padres del niño, se les obsequió con un ágape a base de chocolate, bizcochos y helados.

Menos mal que aquí no se cumplió lo de celebrar boda y bautizo y sí lo de bautizo y confirmación.

Fuente: https://www.diarioinformacion.com

EL PRODIGIOSO INVENTO DEL SEÑOR GILLETE. GRANDES MISTERIOS DE LA VIDA PRIVADA (1)

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

La gente se venía afeitando con lo que podía: cuchillos, navajas, estiletes, hachas… En ocasiones el resultado era bastante atroz; si el instrumento no estaba bien afilado, si faltaba destreza en el manejo, podía haber cortes. En ocasiones uno quería afeitarse la cabeza pero le rebanaban un trozo de oreja sin querer.

En los tiempos clásicos, el barbero tenía una función plural; afeitaba pero también arrancaba muelas o hacía sangrías. Cirujanos y barberos eran dos gremios, por así decirlo, asociados a la salud por la sangre: uno a la mayor y otro a la menor. Ese peculiar casco con hendidura en el ala con el que pintan a don Quijote de la Mancha no era más que una bacía, una jofaina de barbero; que servía para afeitar pero sobre todo para recoger las babas y demás cuando  se hacía una extracción, operación bastante dolorosa y cruenta. Los peculiares postes pintados con barras helicoidales de color azul, blanco y rojo son los distintivos, entonces obligatorios, que señalaban dónde estaba el establecimiento. Hay quien asegura que el rojo es por la sangre, el blanco por las vendas y el azul por las venas… Pero vaya usted a saber. Además del palo se podía poner una bacía, o un calderín de los usados para conservar las sanguijuelas de las sangrías.

El afeitado de la cabeza es muy antiguo, como el cuidado de las barbas y los bigotes. Esos reyes, príncipes y caballeros de peluca esponjada sobre los hombros ocultaban cabezas afeitadas. O cráneos en los que el pelo se caía a jirones a causa de la sífilis, una enfermedad muy antipática que obligaba también a esos maquillajes de polvos blancos de la época. Los ricos y los nobles tenían barberos y peluqueros particulares; los pobres se hacían afeitar muy de tarde en tarde; para la feria del pueblo o quizá, si se terciaba, para ir a misa los domingos.

Todas las culturas han tenido navajas de filo muy delicado, que perfeccionan el corte frotándolo con una tira de cuero. Pero una navaja era algo muy caro y profesional; un hombre podía tener una, heredada de su padre. Por eso los barberos trabajaban en la calle casi más que en establecimientos específicos; el suyo era un oficio popular y de charlatanería, un oficio también ambulante en el que el jabón, si existía, no era cosa refinada.

La burguesía del siglo XIX usaba una navaja elegante con cuero afilador pero prefería ir a las barberías, donde se cocían en su salsa todos los cotilleos de la política y se leía el periódico en comandita. Uno iba a afeitarse y a conocer las noticias. Había barberos en los ateneos y en los casinos, igual que había limpiabotas. Había especialistas en la poda y cuidado de barbas y bigotes.

Pero muy pronto el afeitado personal se fue haciendo engorroso para los más jóvenes, sobre todo a la hora de viajar. Demasiadas herramientas necesitadas de dosis de  destreza y cuidado. ¿Por qué no simplificarlo todo? A finales del siglo XIX, en Estados Unidos, surgió la iniciativa de utilizar una hoja de acero de dos filos atenazada a un pequeño mango. El usuario no tendría riesgo de cortarse y el filo rasurador se podría deslizar por el rostro con eficacia, protegido también por pequeños vástagos.

En 1901 un caballero con bigote y bien afeitado fundó una empresa con la idea de mejorar las hojas de afeitar que se estaban empezando a utilizar sin mucho acierto. Se llamaba King Camp Gillete y había nacido en Winsconsin, en 1855. Su idea de una hojilla de acero muy flexible y afilada que pudiera responder a la curvatura de un aparato afeitador fue un éxito; el uso de la palabra Safety (Seguridad) como concepto de ventas, le granjeó magníficos resultados. En 1903, cuando logró abaratar los costes de su producto empezó a venderlo por millares y a hacerse rico. El modelo que creó y patentó en 1904 era perfecto; y solo podía utilizar las cuchillas fabricadas por el propio Gillette.

Los periódicos españoles insertaron anuncios muy pronto. “Nuevo Mundo”, en 1905, mostraba fotografías de la máquina, del estuche de hojas y de la caja que lo guardaba todo, fácil de llevar en un viaje. En pocos años, la maquinilla de afeitar se hizo popular y burguesa a un tiempo. Era, antes que nada, práctica y segura; ya no requería la pericia de un pulso firme, ni el mantenimiento del afilado con cuero y aceite. Cuando los dos filos se gastaban, se echaba mano de otra hojita.

Gillette, extraordinariamente rico en pocos años, llamó la atención del mundo por su sentido utópico de socialismo, expresado sobre todo a través de un libro, “Un mundo de todos”, en el que abogaba por una propiedad y un gobierno universal, como sus hojitas. Su enorme mansión en California, usada después como residencia de actores, escenario de películas o seminario religioso, es objeto ahora de visitas turísticas. La poderosísima empresa Gillette, que abarcaba otras marcas y productos, como Oral-B, Braun o Duracell (las pilas del conejito) fue comprada en 2005 por Procter & Gamble. Por 57.000 millones de dólares.

Fuente: https://fppuche.wordpress.com/

EL AÑO DE LOS DOS TRASLADOS DE LA VIRGEN

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

* Las palabras despectivas de Felix Azzati en el Congreso fomentaron la devoción de los valencianos a la Patrona

En la historia de la devoción de los valencianos a la Virgen de los Desamparados, el año 1911 ha quedado como el de los dos Traslados. Uno se celebró en mayo, como es costumbre, en el día de la fiesta a la Patrona; pero el otro tuvo lugar antes, a finales del mes de marzo, a raíz de las palabras ofensivas que el diputado republicano Félix Azzati  pronunció en el Congreso.

Azzati, director del periódico “El Pueblo”, en el curso de un debate sobre las tensiones entre republicanos y carlistas en la ciudad, dijo lo siguiente: “Su señoría dice que la Virgen de los Desamparados tiene la mayoría de la opinión valenciana, y yo digo que no, pues cuando llega la hora de votar, la mayoría es republicana”. Esta afirmación fue seguida de esta otra, que escandalizó mucho más: “La Virgen no tiene votos y yo sí; luego soy más Virgen yo”.

Desde aquel momento, la devoción de los valencianos hacia su Patrona se puede asegurar que se redobló y que las palabras de Azzati habían operado como un revulsivo capaz de potenciar, en los católicos, la defensa de su libertad religiosa. De ese modo, si los actos de desagravio que se organizaron a finales de marzo fueron una ocasión bien aprovechada para demostrarlo, las fiestas del segundo domingo de mayo de ese año sirvieron para redoblar los afectos hacia Nuestra Señora de los Desamparados, hecho que se hizo patente tanto en el Traslado como en las misas y en la procesión general.

Para dar una idea de la religiosidad con que se vivieron los actos de desagravio a la Virgen organizados el 26 de marzo en la Catedral, tras el Traslado de la imagen mariana desde su capilla hasta la iglesia mayor de la diócesis, bastará decir que el arzobispo, monseñor Guisasola, y quienes concelebraron con él estuvieron dando la comunión a los fieles desde las 7’15 de la mañana a las 9’40. Más de ocho mil devotos participaron en la distribución de la Eucaristía, que se tuvo que recortar rogando a los feligreses que fueran a comulgar a las parroquias para que la Catedral no quedara bloqueada.

Si el Traslado de la imagen de nuevo a su capilla fue emocionante, el que llevó a la Virgen de nuevo a la Catedral, en el segundo domingo de mayo, todavía fue más fervoroso. Las fiestas del año 1911, según el Almanaque de “Las Provincias”, “se celebraron con poca solemnidad exterior, debido a la actitud de la mayoría del Ayuntamiento, que había suprimido toda consignación para las fiestas religiosas”. Pero como el propio resumen de noticias anual señala “el pueblo valenciano dio muestras de gran fervor, aclamando a su Patrona en los actos que se verificaron”.

Debe anotarse que aunque el alcalde de la ciudad fuera liberal por designación gubernamental, la corporación salida de las urnas tenía mayoría republicana, que sistemáticamente, desde principios de siglo, solía oponerse a que el Ayuntamiento dedicara presupuesto a fiesta religiosa alguna. Fueron, pues, unas fiestas austeras, pero sinceras; una fiesta sin el boato que permite la colaboración oficial, pero en el que el fervor religioso se redobló.

Varias publicaciones de Madrid y Barcelona, que se hicieron eco de las especiales fiestas de ese año, corroboran la observación. Destaca que “La Hormiga de Oro”, una revista católica editada en Barcelona, anotó que cuantos presenciaron la procesión “están de acuerdo en afirmar que desde hace muchos años no se había visto explosión de entusiasmo más gigantesca y sublime”. Y añadía: “Indudablemente han contribuido a ello las recientes blasfemias que tanto hirieron el corazón de los buenos valencianos, despertando los sentimientos de religiosidad que siempre han distinguido y honrado a aquel pueblo”.

(Adaptación de un reportaje publicado en “Las Provincias” el 6 de mayo de 2011)

Fuente: https://fppuche.wordpress.com/