
HENRI BOUCHÉ, CRONISTA OFICIAL DE BORRIOL
El ser humano, además de animal racional, político, hacedor de juegos (homo ludens), etc. es, como dice Gil Calvo (Estado de fiesta), homo festus, sabe hacer fiestas, la única especie que tiene esta capacidad. Los animales juegan, pero no hacen fiestas, no celebran fiestas.
Además, la fiesta tiene un carácter social: «La vida pública es la vida social más su autorrepresentación reflexiva». En esto consiste hacer una fiesta.
Y nuestra comunidad autónoma y nuestra provincia, tienen sobrada experiencia. En este mes de agosto se suceden las fiestas patronales en nuestros pueblos. Se festeja a los patronos con actos multitudinarios y variados. Se recuerdan los orígenes de la localidad, sus valores tradicionales y religiosos.
La fiesta no es solo ocio, sino mucho más. Es una válvula de escape, es cierto, pero tiene entidad propia y valores inapreciables. La fiesta nos libera, a pesar de su aparente irracionalidad y crea vínculos comunitarios de solidaridad y participación colectiva. El ser humano, en definitiva, no es simplemente homo faber, sino también homo festus, con la paradójica seriedad que esta última pueda suscitar.
Hay una esencial diferencia entre uno y otro, los animales juegan en un marco restrictivo (homo ludens), pero la fiesta es, además social, pública, que no la mera sociabilidad de las vidas privadas de sus protagonistas: esto es, no se puede celebrar una fiesta en soledad, ha de ser con público expectante, condición absolutamente necesaria, al menos en pareja, al menos que esta sea tu público.
