Arxiu diari: 3 de maig de 2026

UN PRIMERO DE MAYO DE TRANSICIÓN

GABRIEL SEGURA, CRONISTA OFICIAL DE ELDA

Con las primeras elecciones generales libres en el horizonte (15 de junio) para la constitución del Congreso de los Diputados y el Senado, y en una España que anhelaba libertad, el uno de mayo de aquel año de 1977 se constituyó en un eslabón más de la voluntad popular, y en especial de los trabajadores eldenses, en su apuesta por la transición hacia la democracia.

Hacia escasos meses que se había aprobado la Ley para la Reforma Política, por la que se iniciaba el desmantelamiento del régimen franquista y se abría el camino hacia la democracia parlamentaria de corte europeo; hacía un mes de la entrada en vigor de la Ley 19/1977 sobre regulación del derecho de asociación sindical; y el 9 de abril se legalizó el PCE, como muestra de la inquebrantable voluntad del primer gobierno de Adolfo Suárez en su apuesta por la plena recuperación de las libertades democráticas. En este contexto acelerado de cambio político la fecha del domingo 1º de mayo se convirtió en todo un reto para los emergentes sindicatos libres y la movilización obrera tras 38 años de represión.

Con tal motivo, las organizaciones sindicales y políticas eldenses convocaron un mitán en la pista polideportiva municipal para ese domingo. En los exteriores del mismo, se concentraron alrededor de un millar de personas. Sin embargo, la falta de la preceptiva autorización del gobierno civil de la provincia impidió su celebración. La tensión de los asistentes era evidente y se veía incrementada por la presencia vigilante de las fuerzas del orden público. La efervescencia de los ánimos era evidente. La lucha obrera era la lucha por la Libertad.

Aún a pesar de la presencia policial, la manifestación con la participación de unas 300-400 personas, según fuente oficiales, se puso en marcha alcanzando la avenida de Chapí y ascendiendo por la calle Padre Manjón, siguiendo por Poeta Zorrilla, llegó hasta la plaza Sagasta, entonces conocido como plaza de los Mártires de la Revolución Nacional Sindicalista (R.N.S.). En aquel punto, y ante la voluntad de llegar hasta la plaza Castelar, las fuerzas policiales fueron dispuestas para interceptar el recorrido, procediendo a disolver a los manifestantes, en el transcurso de la cual se produjeron algunas carreras y cargas de la Policía Armada, popularmente conocida como “los grises”.

Del mismo modo y también aquel 1 de mayo de 1977, la llegada de un vehículo de la Guardia Civil al cementerio municipal supuso la dispersión del centenar de personas congregadas en la puerta para rendir homenaje al joven Teófilo del Valle.

Fuente: https://www.valledeelda.com

LOS CASTILLOS COMO SEÑA DE IDENTIDAD LOCAL TENIENTE CORONEL DE ARTILLERÍA APARICI NAVARRO (CRONISTA OFICIAL DE CORTES DE PALLÁS)

Mañana jueves, 23 de abril, se celebra el Día Internacional del Libro y el previo día 22 el Día Nacional de los Castillos. Tales miércoles y jueves coinciden con el XI Congreso Internacional de Historia Comarcal que, en la Universidad Católica de Valencia, dirige el Catedrático Francisco Cardells y el cual, para su lección inaugural, contará con la disertación de Pablo Salazar, adjunto al director de LAS PROVINCIAS; a quien presentará su semanal articulista Elvira García.

Un evento universitario que este año versa sobre la ‘Imagen en la Historia’ y al que queremos unirnos con esta reflexión sobre la imagen de las fortificaciones históricas como seña de identidad de nuestras poblaciones valencianas.

A partir del 22 de abril de 1949, en que el ministro de Educación Nacional -del gobierno franquista- José Ibáñez Martín firmara el Decreto sobre protección de los castillos españoles, nuestras fortalezas (salidas ya de los desperfectos bélicos, además del abandono secular por desuso y de la fragilidad terrosa del tapial musulmán de muchos de ellos) han ido experimentado multitud de vicisitudes; que pueden seguirse, frecuentemente, a través de nuestra prensa autóctona.

Reparadas, rehabilitadas, excavadas, documentadas, adaptadas, puestas en valor, musealizadas, publicitadas… por municipios consecuentes, arqueólogos y arquitectos medievalistas, instituciones oficiales inversoras o viajeros escritores; como el laborioso publicista Emilio Beüt que, con motivo de tal efeméride, entregaba anualmente su artículo sobre castillos a este periódico.

La fortificación medieval, bien por estar enclavada en un monte cercano o bien por señorear la parte más alta o destacada de la población, sobresale visualmente con su mole y recorta y marca su skyline (horizonte celeste o silueta urbana). De ahí que siempre ha tenido las mayores probabilidades de convertirse en la tarjeta de visita o postal de pueblos y ciudades.

Tal es así que pasa por servir de autoidentificación. De identitarismo vecinal, de reconocimiento rápido, de vinculación emocional. Y hasta de ‘logotipo’, sea oficial (como en los escudos de los ayuntamientos) o, simplemente, comercial; apareciendo en folletos y tarjetas publicitarias de restaurantes, empresas, servicios y productos varios. Y cómo no, en los presentes tiempos tan lúdicos, de reclamo sugerente en las fotos coloristas de los anuncios que los Consistorios incluyen en los artículos o ediciones especiales que la prensa dedica a determinadas celebraciones festivas o en periodos vacacionales.

El valor añadido, cultural y comercial, es tal que muchos lugares apenas saben publicitarse sin recurrir a su castillo. Las playas de Peñíscola no serían tan atractivas sin el telón de fondo de su tómbolo abaluartado; ni el turismo rural de interior de Morella sin su cúspide fuerte y el miriñaque o faldón de su enmurallamiento inferior.

Un repaso recordatorio, no exhaustivo y en el que cabrían muchos otros ejemplos más, nos llevaría por diferentes castillos y su silueta emergente.

Xivert, al paso motorizado por el corredor espaldero de la Sierra de Irta. Sagunt, en su alargado lomo que tantas historias sobrelleva. Cullera, mirador marítimo y ribereño y rincón devocional de la Virgen del Castillo. Bairén, gandiense, de -curiosamente- intrincadísimo acceso vial. Xàtiva, adromedada en su costera secana, dando paso a Castilla y cobijando los recuerdos fantasmales de sus presos ilustres. Montesa, tan noble de orden y tan trágica de terremoto. Villena, mitad defensa mora mitad cristiana; a la raya castellano-valenciana, que tanto pesó en el Tratado de Almizra. El enhiesto Sax y el cúbico Petrel. La clásica Denia, tan taifa. O el peñascoso Benacantil, sobre el que se asienta la silueta escalonada del castillo de Santa Bárbara; eterno rotulado perfil de cualquier trasunto que se refiera a la ciudad de Alicante.

Acabemos este rápido recordatorio cultural con la recomendación de dos libros sobre castillos valencianos, recientes, manejables y bien editados, que nos resultarán de mucho provecho instructivo y visitador.

El primero, editado por el profesor universitario y arqueólogo alicantino Rafael Azuar, junto con Juan Antonio Mira, intitulado ‘Castells i torres d´Alacant’; con excelente material gráfico.

El segundo, escrito por el profesor arquitecto de nuestra Universidad Politécnica y ganador del XI Premi Ibn al-Abbar d’Investigació, Pablo Rodríguez-Navarro; dedicado a ‘Las torres árabes de las alquerías valencianas’, con un gran valor en consideraciones técnicas y en su pedagógica clasificación tipológica y cronológica.

Fuente: https://militaresescritores.es