
- FRANCISCO PÉREZ PUCHE, exdirector de LAS PROVINCIAS y CRONISTA DE LA CIUDAD DE VALENCIA, publica un libro sobre el vínculo histórico entre la capital del Turia y este vehículo
MOISÉS RODRÍGUEZ
El uso creciente de la bicicleta en Valencia no es nuevo de los últimos años, en los que se ha generalizado como medio de transporte y se ha tejido una red de carriles para estos vehículos. Viene de muy lejos, tanto como finales de la segunda década del siglo XIX. Europa quedó asolada tras la Batalla de Waterloo, con 20 millones de hombres muertos y también más de 10 millones de caballos. Este animal había sido un medio imprescindible para el transporte y la ‘laufmaschine’, o el velocípedo, se inventó como una alternativa. Al menos, su uso se generalizó por necesidades del guión.
El primero que se representó en la ciudad apareció un grabado publicado en las páginas de Diario de Valencia en 1819. El velocípedo llegó a la capital del Turia, como para el resto de Europa, como un invento para las clases altas pero que luego se convirtió en una herramienta barata que empleaba el pueblo. Después llegó también su utilización en las competiciones deportivas y para eventos lúdicos como la Feria de Julio.
Valencia llegó a tener hasta cuatro velódromos destinados a las bicicletas. La ciudad vivió en los últimos años del siglo XIX una fiebre ciclista poco conocida. Esta época en la que los pedales movieron la sociedad de la capital del Turia ha quedado reflejado en el ÚLTIMO LIBRO DE FRANCISCO PÉREZ PUCHE, exdirector de LAS PROVINCIAS y CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA. «La bicicleta es una herramienta que, siendo un utensilio humilde, ha entrado en las casas y ha cambiado el mundo. Ha sucedido algo similar con la máquina de coser», señala.
La bicicleta tuvo en el cambio de siglo una notable presencia fue el deportivo y el social. A pesar de tener España una guerra abierta en Cuba y Filipinas, la capital del Turia tuvo, y llenó, entre 1895 y 1898, cuatro velódromos en los que se celebraban carreras y apuestas todos los fines de semana. Miles de valencianos aprendieron a montar en bicicleta alquilándola en instalaciones modernas, dotadas de iluminación eléctrica, que abrían al público desde las cinco de la mañana hasta la medianoche.
FRANCISCO PÉREZ PUCHE ha abordado los primeros cien años de historia de la bicicleta en Valencia, en un trabajo donde la prensa ha sido su principal fuente informativa. Desde el primer grabado de un velocípedo o «veloz andador», que se publicó en el primitivo «Diario de Valencia», en 1819, la investigación recorre la presencia creciente de los velocípedos en la prensa española y valenciana y analiza la llegada de la afición a Valencia. ESTA OBRA SE PRESENTARÁ ESTE SÁBADO 9 DE MAYO A LAS 19.30 HORES, EN L’ESPAI VICENT ANDRÉS ESTELLÉS DE LA FIRA DEL LLIBRE, con presencia del concejal de Acción Cultural, José Luis Moreno.
En el trabajo de PÉREZ PUCHE afloran no pocas curiosidades. El primer velocípedo que se expuso al público, en 1848, fue en la Casa Enseñanza, el lugar donde más tarde se instalaría el Ayuntamiento, con motivo de una exposición industrial promovida por la Sociedad de Amigos del País. También es interesante que la primera carrera organizada de modo oficial se produjo en 1886, con motivo de las fiestas de la Virgen de los Desamparados: la competición gustó tanto, que se repitió en el mes de julio y fue adoptada en el programa de la Feria de cada año.
La historia de la bicicleta, en este caso, sirve para revisar a grandes rasgos la historia de la ciudad, y sus grandes cambios, en el siglo XIX. Así, las reformas del marqués de Campo, el derribo de las murallas, la necesidad del Ensanche, la introducción de los grandes adelantos y las diversas etapas políticas y sociales van acompañando el relato de la implantación de la bicicleta en la vida de la ciudad.
Por otra parte, la historia misma del velocípedo y la bicicleta, además de estar inserta en la historia de la técnica y la industria, permite conocer el mundo del circo y las acrobacias, el de los grandes exploradores y aventureros, los conflictos generacionales y de costumbres del siglo XIX y también las tensiones ciudadanas: porque la bicicleta, que sustituyó al costoso caballo, generó en los periódicos de finales del XIX las mismas polémicas que reaparecen en el siglo XXI, tanto sobre su fiscalidad como por su convivencia en el espacio urbano.
Fuente: https://www.lasprovincias.es

