ANTONIO LUIS GALIANO, CRONISTA OFICIAL DE ORIHUELA
En 1941, hace setenta y cinco años, la ciudad de Orihuela
con sus autoridades al frente, en referencia a nuestras procesiones de Semana
Santa, estaban intentando recuperarse de una situación trágica en la que dentro
del contexto de una guerra fratricida el patrimonio artístico se había visto
diezmado. Sin embargo, gracias a la labor defensora de varios oriolanos, como
Justo García Soriano, algunas obras del inmortal Francisco Salzillo pudieron
salvarse de la incultura, cuya barbarie destrozó gran parte de nuestros pasos.
Un año antes se hizo lo que se pudo respecto a nuestras procesiones, si bien,
hubo un momento clave con la iniciativa de la fundación de la Hermandad del
Silencio, y de la Cofradía del Ecce-Homo gracias la Casa Social Católica. Con
ello, venían a sumarse a las ya existentes de la Cofradía del Perdón,
Mayordomía de los Dolores, y las Cofradías del Lavatorio y del Pilar con el
paso de San Pedro Arrepentido. Sin dejar a un lado al Excelentísimo
Ayuntamiento que de inmemorial organizaba y presidía la procesión del Santo
Entierro.
Las procesiones quedaban reducidas al Domingo, Martes,
Miércoles, Jueves y Viernes Santo, desfilando respectivamente, en la tarde del
primer día, la Mayordomía de los Dolores, o Mantillas, desde la iglesia de
Santiago, con la imagen de La Dolorosa (María Santísima del Consuelo que se
venera en la iglesia de San Juan de la Penitencia). Presidía dicha mayordomía
Manola Pescetto. El Martes Santo era la cita en la iglesia de San Gregorio, con
la Cofradía del Perdón, con el paso de La Caída, con iluminación eléctrica, y
cuyos «efectos procesionales son muy valiosos. Guión, estandarte con placas de
plata y clarines de metal dorado». Era presidente de esta cofradía Evaristo
Cárceles Soriano. En esa noche hacía aparición la Convocatoria con su ‘carro
triunfante’.
En el Miércoles Santo la cita pasionaria era por partida
doble, ya que por la tarde desde la iglesia de Santa Ana del convento de San
Francisco, hasta el Santuario de Monserrate, hacía estación la VOT de San
Francisco y Mayordomía de Nuestro Padre Jesús, siendo las que más pérdidas
sufrieron en su patrimonio artístico durante la Guerra Civil (los pasos de la
Samaritana, Cena, Oración en el Huerto, Azotes, Negación de San Pedro,
Verónica, San Juan y la Dolorosa, Descendimiento Nuestro Padre Jesús y la
Magdalena que abrazaba el madero del Cristo de la Agonía). En aquellas
procesiones de nuestros padres y abuelos, sólo desfilaron en 1941, la nueva
imagen del Abuelo esculpida por José Sánchez Lozano y La Agonía de Salzillo.
Tal vez como recuerdo, e incitando a la recuperación de la situación trágica
que se había vivido años antes, la portada de la sencilla revista o guión de
las procesiones de Semana Santa de ese año, impresa en los Talleres
Tipográficos del Oratorio Festivo, reproducía a la citada imagen con la
Magdalena. En la noche de ese día y desde la iglesia de San Agustín, salían la
Cofradía El Lavatorio, cuyo presidente era Juan Villaescusa Ballester; la Cofradía
El Pilar presidida por Alejandro Roca de Togores; la Cofradía del Ecce-Homo,
cuyos hermano mayor y presidente eran, respectivamente, Luis Almarcha Hernández
y Juan Pertusa Andreu. Asimismo, representaban a la Casa Social Católica en la
misma José Gas Cañizares y José Rodríguez Lozano. Estas tres cofradías
desfilaban con imágenes de Francisco Salzillo, y eran las sucesoras de la
antigua Mayordomía de Nuestra Señora del Pilar, que desde el siglo XVIII salía
de la ermita de la Cruz en el Barrio Nuevo. En la noche del Jueves Santo, a las
diez, y desde la iglesia de Santiago, la Hermandad del Silencio, con efectos
procesionales «rigurosamente humildes y sencillos» desfilaba con la imagen del
Cristo del Consuelo.
En esa noche, a la espera de la Procesión General de Viernes
Santo, las calles se llenaban de bullicio, y las gentes acompañándose de
chocolate y buñuelos, esperaban la diana a las tres de la madrugada de las
bandas de cornetas y tambores, y música de la Centuria Romana que estaba a
cargo de Luis Boné Rogel. Una hora después era el momento del desfile de Los
Armaos, y a las cinco desde el Santuario de Monserrate salía la procesión con
los siguientes pasos: Lavatorio, San Pedro Arrepentido, Ecce-Homo, La Caída,
Nuestro Padre Jesús y Cristo de la Agonía. La tarde del Viernes Santo, a las
ocho, desde la Catedral salía la procesión del Santo Entierro, con las imágenes
de San Juan, La Diablesa (mutilada durante la Segunda República), El Sepulcro
con el Cristo Yacente de la iglesia de San Juan de la Penitencia y la Soledad
(probablemente la misma imagen que desfiló el Domingo de Ramos). Era «portador
del Pendón que abre marcha en la procesión el Caballero porta-estandarte o
Caballero Cubierto llamado así por gozar del privilegio de no descubrirse ni a
su paso por el interior de los templos», que ese año fue Fulgencio Ros Alifa.
El itinerario de la procesión fue el siguiente: Ramón y Cajal, Plaza Cubero,
San Agustín, San Isidro, Plaza Nueva, Plaza de Cubero, López Pozas, Plaza de
Abastos, Sarget, interior de la Catedral, Sarget, Santa Lucía, Sagasta,
Ballesteros Villanueva, Alfonso XIII, Soledad y Ramón y Cajal.
Así, «Orihuela en un ambiente que huele a claveles, rosas y
azahares, en horas tibias del abril levantino, medita las finezas dolorosas de
Cristo; y en fe, arte, fervor, penitencia, joyas seda y flores ofrece un himno
sublime a la Cruz triunfadora del infierno y del pecado»
Esta fue la Semana Santa de 1941, hace setenta y cinco años,
en que el ambiente pasionario oriolano empezaba a levantar cabeza, y que
transcurrida la misma, el alcalde Mariano Belda Garriga, decía en ‘Semana Santa
Olecense’: «Que las procesiones que acabamos de ver sean sólo boceto de las
venideras. Que el entusiasmo, orden y compostura de este año se supere en
muchos venideros, es nuestro deseo y nuestra obligación». Y, como una
premonición, la Semana Santa oriolana con los años, ha sido declarada de
Interés Turístico Internacional, y todo ello fue posible gracias a aquellos que
levantaron cabeza y supieron recuperarse de la situación trágica que habían
vivido.
Fuente: http://www.laverdad.es