JOSEP CATALUNYA ALBERT, CRONISTA OFICIAL D’ALGAR DE PALÀNCIA
La muralla es sol considerar com
un mur tancat amb l’objecte de protegir i defensar algun lloc, generalment un
poble o ciutat, tot i que, des de molt antic, han existit també muralles per
protegir països o regions senceres com la Gran Muralla Xinesa o el Mur d’Adrià
(antiga construcció defensiva de l’illa de Britània, construïda en els anys
122-123 d.C., per orde de l’emperador romà Adrià, per defensar el territori
britano, al sud de la muralla, dels belicosos pictes, tribus de caledonis que
habitaven al nord i al centre d’Escòcia, i el nom dels quals sembla que
significa “ els pintats” o “els tatuats” .
Les
muralles solien consistir en obres de paleta amb pedres, ciment, maó,( blocs de
forma rectangular d’argila cuita i endurida al sol o al foc) etc., encara que
també existien de fusta.
Les
muralles només es podien creuar per les portes i torres, de manera que, quan
estes estaven tancades, normalment a les nits o en cas de defensa, els llocs
emmurallats eren de molt difícil accés.
En més
d’una ocasió hem sentit dir, sobre tot als nostres avis, que Algar era, fa
segles, un poble emmurallat. Afortunadament, s’ha pogut trobar documentació
històrica, sobretot a l’Arxiu Històric Municipal, que acredita l’existència de
muralles i portals, circumstància que feia que, de vegades, per descomptat a
les nits, el poble estiguera tancat.
En
primer lloc, cal esmentar la Crida de 13 de setembre de 1610, del Maestre
General de l’Orde de la Mercé, Fr. Felip de Guimerà, Baró d’Algar i Escales,
feta davant de Fernando Dolz, Notari públic de la ciutat i regne de València
que, en referir-se asl portals del poble, diu així:
Que ninguna persona de
qualsevol estat y condició que sia, no gose ni sa trevixca despres que de nit
estiguent tancats los Portals del dit Loch (Algar), entrar per les parets, ni
per ningun terrat, ni portell, ni per cases dels particulars que tenen cases a
les parets del Mur de dit Loch, fins que sien uberts los dits portals. Y que si
algu voldrà entrar per les dites cases apres de tancats dits portals en hajen
de donar avis al Justicia Gen. Asistent en dita Baronia sots pena de un mes de
preso y de tres lliures aplicadores al acusador, així per qualsevol que
entrara, com per lo que deixaren entrar per dites cases, si no es en cas de
necesitat urgent.
Cal dir
que els dos portals als quals es fa referència eren el portal de València, a l’antic
carrer de La Creu (actual carrer de València) i el portal de Sogorb a l’antic
acrrer de Sogorb (actual carrer de José María Sanchiz).
I, en
segon lloc, cal esmentar el reglament que es conserva també a l’Arxiu Històric
Municipal, relatiu a la manera de guardar les dues portes de la muralla del
poble, segons el qual es lliuraven “ dos claus de ferro “ al Justícia, que era
el que manava dels dotze consellers municipals, perquè les tinguera una
setmana, al cap de la qual passaven a poder del conseller en cap, que les tenia
una altra setmana, i així successivament els membres del Consell, donant voltes
les claus durant totes les setmanes de l’any en què havien de governar.
El fet que Algar comptara amb
muralles i amb una Casa-Palau o Casa-Castell, pot induir-nos a pensar que, en
algun moment de la seua història, es tractava d’un lloc eminentment defensiu.
Sembla ser que les muralles es
van conservar fins quasi el segle XIX en què, potser per l’augment de la
població, va ser necessari lliurar al poble d’aquell cinturó i possibilitar el
creixement del nucli urbà, de manera que es va procedir al enderrocament, al
menys parcial, de les muralles i portals.
La ciudad ha puesto esta mañana la mirada en sus raíces
valencianas gracias a dos rutas denominadas “Elda en el Reino de Valencia”,
guiadas por el CRONISTA DE LA CIUDAD
GABRIEL SEGURA y organizadas por la Concejalía de Juventud.
El punto de partida ha sido la Plaza de la Constitución,
donde SEGURA se ha remontado a 1238,
momento en el que Jaime I conquistó Valencia y posteriormente, en abril de 1244
Elda pasó a manos de su yerno Alfonso X de Castilla, conocido como “el Sabio”,
tras el Tratado de Almizra para incorporar esta villa al reino cristiano. No
fue hasta 1296 cuando un nieto de Jaime I, Jaime II, conquistó Murcia y el
Reino de Valencia.
Desde entonces, ha dicho SEGURA, la ciudad ha borrado todo rastro andalusí, que está
enterrado. Respecto al habla en la ciudad, EL
CRONISTA ha explicado que hasta 1609
el 90% la población hablaba árabe vulgar y algo de valenciano y castellano.
Después se habló el valenciano y en el
siglo XVII cambió la situación idiomática sin presiones externas, ya que por el
comercio los eldenses pasaron a hablar castellano, algo que ocurrió en otros
puntos de la provincia como Sax u Orihuela.
En estas rutas se ha puesto el foco en el pasado valenciano
de la ciudad, como atestiguan los nombres en valenciano que hasta hace unos
siglos tenían las calles y plazas de Elda, como la Plaza de Dalt –actual Plaza
del Sagrado Corazón de Jesús-, la de Baix –de la Constitución- o las calles de los Gils –de los Giles-, Nou de Dalt
–Nueva- o de l’Hostal –Antonio Maura-. SEGURA
ha llevado a los eldenses a conocer las verdaderas “cuatro esquinas”, situadas
en el cruce entre las calles La Purísima y Francisco Laliga.
El 9 d’Octubre del 2020 también pasará a la historia. Lejos
de grandes celebraciones, la situación sanitaria hace que este año no haya
actos. Un 9 d’Octubre diferente y desapercibido, casi tanto por el castillo de
El Puig con el que Jaime I consiguió conquistar la ciudad de València.
La última excavación fue hace más de 12 años, una tímida
actuación que consiguió sacar a la luz parte de la muralla y sobre todo evitar
el derrumbamiento de la misma. Con un plan director sobre la mesa, el Castillo
de El Puig espera paciente sacar a la luz su verdadero potencial escondido en
la montaña.
Según explica el historiador y CRONISTA DEL PUIG, JULIO BADENES, “el castillo de El Puig se merece
mucho más. Es el monumento más importante en la conquista a la ciudad de València,
lo explica Jaime I en su crónica: sin el castillo del Puig la conquista a
Valencia no es posible”.
Y es que la montaña de la Patà, donde descansan los restos
del castillo, ha sido a lo largo de su historia un lugar clave y estratégico
para numerosas conquistas. Su elevación y proximidad con el mar y la ciudad de
València ha hecho que el castillo fuera deseado por musulmanes y cristianos
durante épocas para, desde ahí, comenzar su estrategia bélica.
Del esplendor de aquella época poco queda. Actualmente, los
restos del castillo dejan a la luz parte de la muralla perimetral y una torre,
y bajo la arena y los sedimentos de centenares de años: un patrimonio por
descubrir. BADENES explica que
“queda mucho por sacar a la luz. La zona ha sido siempre habitada en diferentes
épocas. Se han llegado a encontrar hasta elementos de la época de bronce por
las inmediciaciones”
Ayudas
Según el historiador, “el castillo no puede seguir estando
como está. Es un elemento primordial de nuestra historia y se merece una excavación
integral que sacaría a la luz la historia del pueblo valenciano durante
diferentes épocas”.
Para poder desarrollar esa excavación hace falta según EL HISTORIADOR “ayudas europeas,
autonómicas y municipales, es necesario que las administraciones se involucren
y conseguir financiación para poder darle al castillo el valor que le
corresponde”.
BADENES agradece
la colaboración de la concejala de patrimonio del Ayuntamiento, Tonica Martí, y
asegura que próximamente tendrá lugar la presentación de un libro sobre la
línea defensiva en la zona “pero hace falta conseguir subvenciones para poder
poner en marcha el plan director sobre el castillo”.
En la búsqueda de la financiación necesaria el historiador y
cronista tiene pensado llamar también a la puerta de la Mancomunitat de l’Horta
Nord.
Futuro museo
JULIO BADENES afirma
que también “sería necesario impulsar el museo del castillo con todas las
piezas que se han ido encontrando hasta la actualidad”.
En este 9 d’Octubre diferente, el HISTORIADOR Y CRONISTA DE EL PUIG afirma que “el día de los
valencianos debe ser sobre todo un momento para reflexionar sobre lo que somos
y a dónde queremos ir. El castillo nos demuestra nuestro carácter multicultural
y agrícola. Debemos para reflexionar sobre la importancia de conservar nuestro
patrimonio recordar de donde venimos”.
El periodista Josep Antoni Mollà recibió ayer, a título
póstumo, en el acto institucional del 9 d’Octubre el reconocimiento a su
trayectoria profesional, su reivindicación de las demandas para Ontinyent y la
Vall d’Albaida y su defensa de la cultura. Fallecido el pasado 22 de agosto, el
galardón del Premi 9 d’Octubre a Mollà lo recogieron su pareja, Romi, y su
madre, Rosario, en un acto especial marcado por la pandemia de la covid-19, y
que por ello reconocía también a los profesionales de servicios esenciales,
personas y entidades que han ayudado a la ciudad ante las emergencias del
temporal de la DANA y de la crisis del coronavirus.
El consistorio concedía a Mollà la distinción, merecida
según recalcaban, en reconocimiento a la «trayectoria plasmada en la
participación en multitud de iniciativas culturales, musicales y
periodísticas», y, en especial, por su larga etapa como director de Crònica
pero, sobre todo, en los 3.000 artículos publicados en Levante-EMV, tanto por
sus dos columnas semanales desde 1991 a 2015 como por todo tipo de textos. El CRONISTA OFICIAL DE ONTINYENT, ALFRED
BERNABEU, que pronunció el discurso del 9 d’Octubre en nombre del ayuntamiento,
destacó de Josep Antoni Mollà que fue «un ontinyentí que a lo largo de los
años, con coraje y esfuerzo, desde una perspectiva crítica, a veces discutible
y discutida, pero siempre con un alto grado de compromiso, ha mostrado una
constante dedicación en beneficio de nuestra ciudad, Ontinyent», resumió.
La familia de Mollà agradeció al ayuntamiento la concesión
de la distinción «que tanto ha honrado a Josep Antoni, y que nos honra a toda
la familia». En unas palabras leídas por Miguel Colorado, jefe del área
municipal de servicios sociales, que habló en representación de todos los
premiados, la familia de Mollà manifestó, dirigiéndose al periodista fallecido,
que «hemos admirado tu valentía, y tu fuerza, y tu tesón, que ponías en todo lo
que hacías. Cada día nos sorprendía verte luchar contra todo lo que
considerabas injusto, y en tu mirada brillaba la ilusión de la utopía. Allá
donde estés serás feliz viendo como tu Ontinyent, al que tanto amaste, y por
extensión la Vall Blanca que adorabas, te rinden este homenaje y te distinguen
con este premio», dijeron.
En los premios a los «héroes y heroínas» de la covid y la
DANA fueron distinguidos los sanitarios, los primeros en desfilar por el
escenario de la Sala Gomis para recoger el premio. Lo hizo la gerente del
Departament Xàtiva-Ontinyent, Margarita Llaudes, junto a Ricardo García.
También lo recogieron representantes de la Policía Local, Policía Nacional,
Guardia Civil, bomberos, los departamentos municipales de servicios sociales,
de obras, de limpieza viaria, el de limpieza de edificios municipales y el
servicio de parques y jardines. También Cáritas, Creu Roja y Protecció Civil.
Cerraron la entrega a los galardonados, la pareja y la madre de Mollà.
El CRONISTA DE LA
VILA JOIOSA, JOSÉ PAYÁ NICOLAU, es el autor de este libro que se podrá
consultar online el martes 13 de octubre. Se trata de una novela biográfica en
la que se relata el transcurso vital de un grupo humano al que le tocó vivir la
posguerra española.
Bartolomé Muñoz Golf, cura párroco de Petrer de 1927 a 1936.
Mª CARMEN RICO NAVARRO, CRONISTA OFICIAL DE PETRER
El sacerdote Bartolomé Muñoz Golf tomó posesión de la
parroquia de San Bartolomé el 4 de junio de 1927 y su estima por todos los
sectores del pueblo fue tal que, durante la República, no fue nunca molestado y
los actos del culto se celebraron con toda normalidad. Pero a partir del golpe
de estado del 18 de julio de 1936 y la oleada anticlerical que se expandió por
todo el país, las cosas se complicaron y acabaron en tragedia para el
sacerdote.
Tras el 18 de julio, día que se produjo el alzamiento contra
la República, el alcalde de Petrer, Luis Amat el Bravo, visitó al sacerdote y
le dio toda clase de garantías, diciéndole: “Esté tranquilo que no le va a
pasar nada. Nadie le molestará”. En Petrer estuvieron escondidos durante toda
la contienda dos sacerdotes hijos del pueblo: el presbítero D. Conrado Poveda
Maestre y el recordado vicario D. Jesús Navarro Segura, que corrieron mejor
suerte que D. Bartolomé.
Tenemos conocimiento a través de la segunda causa abierta
contra el querido poeta petrerense Paco Mollá, acusado de adhesión a la
rebelión y, según declaración manuscrita del mismo fechada en Madrid el 23 de
septiembre de 1945, en la que declaró que “llegó a salvar con riesgo de mi
propia vida al cura párroco de Petrel” cuando el domicilio de éste iba a ser
asaltado por las turbas. Este hecho fue corroborado por tres personas de
intachable conducta y de grato recuerdo para los que tuvimos la suerte de
conocerlos como fueron: Doroteo Román, Tista Navarro y Leopoldo Verdú.
El sacerdote Federico Sala Seva en su obra “180 testigos de
la fe: sacerdotes y religiosos nativos o inmolados en 1936 en la provincia de
Alicante y diócesis de Orihuela” (1991) recogió el testimonio de la sobrina del
sacerdote, Dolores Muñoz, que convivía con él y lo cuidaba, la cual le facilitó
detalles que nos permiten conocer cómo vivió sus últimos momentos de vida D.
Bartolomé Muñoz.
“A pesar de la insistencia del alcalde petrerense para que
se quedase, el sacerdote pensando en la tradicional religiosidad de su pueblo,
Caudete, solicitó permiso y logró su traslado a su ciudad natal, renovándose
las promesas de seguridad por parte de ambas autoridades. Pero conforme iban
pasando los días y los meses, la situación se fue endureciendo, muchos
dirigentes fueron reemplazados y la agresividad antirreligiosa se acrecentó de
modo inesperado.
Por haber encontrado en la casa paterna del sacerdote,
durante un registro, una escopeta de caza, fue inmediatamente encarcelado su
hermano José. Confiado en las promesas que recibiera del alcalde caudetano, lo
visitó en horas nocturnas para implorar el perdón y libertad de su hermano, mas
no pudo conseguir ni siquiera buenas palabras. El 6 de septiembre de 1936
entraron en su casa diez o doce milicianos, casi todos de Petrer, aunque
guiados por algunos de Caudete. De malos modos, lo trasladaron al convento de
religiosos carmelitas de Caudete, convertido en prisión, incomunicándole. A su
llegada le dijeron al portero del mismo: “Mañana daremos ‘el paseo’, a D.
Bartolomé”.
Los familiares le enviaron algo de comida, que no llegó a
probar. En las primeras horas de la noche varios hombres de Petrer y uno o dos
de Caudete le hicieron subir al coche que había venido desde Petrer,
conduciéndole a la carretera general de Caudete a Villena. Viendo que había
llegado su hora, al descender del coche suplicó a sus verdugos que le
concedieran unos momentos de preparación para comparecer ante Dios. Le fueron
otorgados y añadió: “Os pido perdón por si en algo os he ofendido. Ya
podéis disparar”. Extendiendo sus brazos en cruz y siendo portador en sus
manos de una pequeña cruz e imagen de la Virgen, recibió los disparos, quedando
su cuerpo abandonado en la carretera. Avisaron a los de Villena “que había un
muerto en la carretera” y una piadosa señora, al saber quién era prestó una
sábana en la que fue envuelto su cuerpo en el cementerio de Villena. Pasada la
guerra sus restos fueron trasladados al cementerio de Caudete”.
Este asesinato fue un ejemplo más del “crimen motorizado”, a
las víctimas se las llevaban a dar un paseo en un vehículo confiscado y se les
asesinaba fuera de la ciudad. Una vez más el odio, las ideas y la sinrazón
acababa con la vida de un hombre bueno que había estado al frente de la
parroquia de San Bartolomé durante diez años y que bajo su curato se celebró el
tercer centenario de la Virgen del Remedio en 1930.
Hace unos años se inició un proceso de beatificación de los
52 sacerdotes, 14 monjas y 1 seminarista asesinados en el obispado de
Orihuela-Alicante durante la guerra, proceso que no concluyó y que fue
cuestionado por ciertos sectores porque solo se pretendía beatificar a personas
relacionadas con el bando vencedor.
Fue el 16 de junio de 1939 cuando se rotuló con su nombre la
calle que une la Plaça de Baix con la Plaça de Dalt, pero esta calle será, más
adelante, objeto de otra crónica.
Gata prepara para este puente de octubre un fin de semana de
Botiga Oberta, con tiendas en la calle, promociones, sorteos y actuaciones.
La pandemia hace imposible disfrutar este año de la Feria
Gata en la calle en su formato habitual. Por ello, y siguiendo en la línea de
apoyo al comercio local, la Concejalía de Comercio que dirige Toni Signes,
junto con la asociación Comercio de Gata han buscado una alternativa viable que
dé un impulso al tejido comercial del pueblo durante el fin de semana del 10 y
11 de octubre,
Toni Signes y la presidenta de la asociación Comercio de
Gata, Paqui Signes, han sido los encargados de presentar la campaña Gata,
Botiga Oberta que da la posibilidad al comercio local de abrir sus puertas y
sacar sus tiendas en la calle durante todo el fin de semana. Los comercios que
participan estarán señalizados con iluminación y un globo decorativo. Entre la
clientela que quiera acercarse este fin de semana a realizar sus compras se
sortearán 20 barxes típicas de Gata.
Por su parte, el Ayuntamiento ha preparado una programación
de actividades para todos los públicos que comienza el viernes 9 de octubre con
el pasacalles de la Banda Unión Musical de Gata de mañana y por la tarde el
concierto de pop de L’últim Europeu en la plaza Nova.
Sábado 10 de octubre a las 12:30 horas será la Rondalla
quien rellene el escenario de la plaça Nova. Por la tarde, a las 18 horas, los
más pequeños podrán disfrutar de obra La historia de Ferdinand de la mano de
Tarannà Teatre. Domingo de la mañana, a las 12 horas, se podrá disfrutar del
espectáculo de circo Tornillo Màgic Clown. Las dos actuaciones están incluidas
en el Festival de Artes Escénicas de la Diputación de Alicante, Otoño 2020.
También se han programado dos rutas por el pueblo guiadas
por el CRONISTA DE GATA DE GORGOS,
MIGUEL VIVES, ambos días a las 17:30 horas. Para participar en las
actividades y siguiendo los protocolos anticovid, deberá inscribirse en la
oficina de Turismo (965757317)
Además, la Concejalía de Comercio ha destacado la imagen de
Gata como comercio seguro donde se siguen todos los protocolos para dar a los
clientes la seguridad de comprar con tranquilidad.
JOSÉ CATALUÑA ALBERT, CRONISTA OFICIAL DE ALGAR DE PALANCIA
Aunque hasta la fecha no se han
encontrado restos arqueológicos que lo confirmen, en cambio sí que hay
constancia documental de que, en tiempos históricos, hubo en Algar una mezquita
musulmana y una pequeña ermita cristiana.
Como es
conocido, Algar, después de la invasión musulmana de la Península Ibérica por
las gentes del islam, estuvo habitado casi exclusivamente durante más de setecientos
años por pobladores de cultura y creencias musulmanas, que fueron los que
dieron el nombre al mismo ( Al-gar) y al gentilicio de algarins y algarines.
Tras la conquista de las tierras valencianas por el rey de la Corona de Aragón,
Jaime I, este donó Algar, como compensación por su ayuda en dicha conquista, al
caballero Ramón Morelló, si bien solamente le cedió la administración económica
del lugar, reservándose la Corona la plena jurisdicción sobre el mismo. Por
testamento de 2 de noviembre de 1251, Ramón Morelló legó dicha administración
económica a la Orden de la Merced, continuando reservándose el rey de la Corona
de Aragón la plena jurisdicción. Hay que tener en cuenta que la denominación de
Algar de Palancia fue impuesta por el
gobierno español, mediante el Real Decreto de 27 de junio de 1916, firmado por
el rey de España, el borbón Alfonso XIII, y por el presidente del Consejo de
Ministros, Alvaro de Figueroa, Conde de Romanones.
Los
pobladores musulmanes, durante el dominio cristiano de los reyes de la Corona
de Aragón, fueron llamados mudéjares y, a partir de la Guerra de las Germanías
y de los reyes de la Casa de Austria, se denominaron moriscos, siendo
expulsados del reino de Valencia en 1609, bajo el reinado de Felipe III, rey de
España.
El rey
de la Corona de Aragón Juan II, apodado El Grande o Juan sin Fe (1398- 1479),
por necesitar fondos para hacer frente a una sublevación en Cataluña vendió,
por dos mil doscientos sueldos reales, la plena jurisdicción de Algar a
Francesc Jardí de Menaguerra, señor de Bonrepós (Valencia), que realmente fue
el primer barón de Algar, título que vendió muy pocos años después, en 1471, al
Padre General de la Orden de la Merced, Nadal Gaver, con el beneplácito del
mencionado monarca, por el precio de tres mil sueldos reales de Valencia. Desde
esa fecha y hasta la desamortización de los bienes eclesiásticos acordada por
el gobierno de España, en los años 1836 y siguientes, los Padres Generales de
la Merced han ostentado el título de Barón de Algar y Escales.
Un
documento que acredita la existencia de una mezquita musulmana en Algar es al
que se alude a continuación.
El
religioso mercedario Fr. Francisco Soriano Castañer, que fue vicario de Algar
desde 1710 hasta 1723, nos cuenta en un manuscrito escrito de su mano, que se
encuentra en la Biblioteca Pública de Huesca, que el 6 de septiembre de 1471,
en el porche de la mezquita musulmana de Algar, tomó posesión del cargo de
barón y de la plena jurisdicción de dicho pueblo para la Orden de la Merced, Fr.
Llorenç Company, Comendador del Monasterio de El Puig y Vicario General de la
Orden de la Merced, en representación del Maestre General de dicha institución
religiosa. Al acto fueron convocados los vecinos de Algar, todos ellos
mudéjares, cuyos nombres se detallan en dicho documento: Zeith Habrahim, alamí,
Mohamat Habrahim, jurat, Hameth Briarri, Fucet Cumtayta, Hameth Cumtaytam,
Hazen Chitry, Fucet Chalanda, Cahath Hambriel, Halí Alfaquí, Hazem Robayat,
Fucet Chitry, Hacem Andukaziz, Hamet Chalanda, Hazeth Cumayta, Haly Doncell,
Mohamat Mandob, Hameth Abolaix, Mohamat Haltury, Haly Azem, Hameth Corrent,
Calé Doncell y Mohamat Harronyany.Todos ellos prestaron juramento de fidelidad,
uno por uno, como vasallos, ante el nuevo señor, según la costumbre de los
musulmanes, es decir, en nombre de Alá, con la cara girada hacia la
alquibla de la mezquita, es decir, hacia
La Meca (“ girada la cara vers la Alquibla Mahometica”) y besando en el hombro
al Comendador Llorenç Company.
Cargos
muy importantes eran ocupados por los pobladores mudéjares de Algar, ya que,
entre los vasallos que prestaron juramento ante el mercedario Llorenç Company,
figuraba el “alamí” Zeith Habrahim, oficial que contrastaba las pesas y medidas
, tasaba los víveres y también solía ser el maestro de obras designado para
supervisar las construcciones, el “jurat” Mohamat Habrahim, cargo equivalente
al actual concejal o regidor, encargado en parte del gobierno del pueblo, y el
“alfaquí” Halí, especie de sabio experto en jurisprudencia islámica.
Del acto de juramento fueron
testigos Joan Lobet, escribano, Joan Alpanys, escudero, y Suleymen Axovi,
alfaquí de Vall d’Uixó, población próxima a Algar, perteneciente actualmente a
la provincia de Castellón.
Posiblemente,
resulte curioso el hecho del beso en el hombro que los vasallos mudéjares
dieron a Llorenç Company, costumbre musulmana que aún hoy, si bien no es un
saludo panislámico, al parecer se sigue practicando en Arabia Saudí, países del
Golfo Pérsico, Irak y Marruecos. Es una muestra de respeto que tiene lugar
cuando la persona a quien se besa es de alta dignidad, como fue el caso de
Algar que se ha relatado. Esta costumbre se recoge en el Poema del mío Cid y
era muy habitual entre los musulmanes andalusíes.
En este
día ocurrió un hecho anecdótico: en Algar había un joven musulmán, un “moratell”hijo
de Hazem Rotayat, apodado Cahat, que, al parecer, había cometido un delito
castigado con la pena de muerte y estaba encarcelado. Fr. Francesc Company,
como la toma de posesión de la baronía de Algar y el juramento o promesa de
vasallaje fue un día grande y señalado, meditó mucho sobre qué era lo
procedente y, tras comprobar que el tal Cahat no era culpable del delito del
que se le acusaba, le perdonó la vida y ordenó ponerlo en libertad.
La
importancia de la información que se contiene en el manuscrito del mercedario
Soriano Castañer no solo es de suma importancia porque nos permite constatar la
existencia de una mezquita musulmana en Algar, sino también porque es la única
referencia que se conoce de los nombres de los pobladores mudéjares del mismo.
Seguramente, los mudéjares que prestaron juramento o promesa eran los cabeza de
familia, ya que tal como nos dice Maria Teresa Ferrer i Mollol (1940-2017),
historiadora medievalista catalana, directora de la “Institució Milà i
Fontanals”, dependiente del Centro Superior de Investigaciones
Científicas, “ los reconocimientos de
señoríos y prestación de homenaje (como fue el caso de los mudéjares de Algar)
incluyen listas de los cabezas de casa que juraron y prestaron homenaje “, es
decir, que no recogen la totalidad de los habitantes.
En
cuanto a la ubicación exacta de la mezquita, de la que, como se ha dicho, no se
han encontrado restos, dado que Algar era un pequeño pueblo amurallado con
apenas 36 casas en la época mudéjar, es lógico pensar que la misma se
encontraría, junto al castillo o torre guaita y en el área que ocupa la actual
iglesia parroquial, castillo edificado al parecer por los musulmanes, y que
hoy, tras sucesivas remodelaciones y demoliciones en gran parte, alberga el
Ayuntamiento.
En lo
concerniente a la existencia de una ermita cristiana en Algar, una información
detallada de la misma nos la ofrece el que fue investigador y profesor de
enseñanza primaria de este pueblo,
Saturnino Arocas Franch, en su libro titulado Datos históricos de Algar de
Palancia, escrito en 1945 y publicado por el Ayuntamiento.
Arocas
Franch nos relata que, a pesar de ser los pobladores de Algar en casi su
totalidad de creencias musulmanas, los religiosos mercedarios, buscando la
captación de los mismos para la religión cristiana y deseando que el pueblo
contase con un lugar idóneo para el culto, edificaron una pequeña ermita en el
año 1430, ermita que duró hasta el año 1701 en que fue derruida. La verdad es
que, según también nos dice Arocas Franch, pese a la persecución que sufrieron
los musulmanes en la Guerra de las Germanías y a la obligación ordenada por el
rey de España Carlos I en 1525 del bautizo de todos los moriscos, la conversión
de estos al cristianismo en su gran mayoría fue ficticia, continuando
practicando en su intimidad sus antiguas costumbres y ritos islámicos. Debido a
esta falta de fervor religioso cristiano de parte de los moriscos la ermita de
Algar era realmente muy pobre llegando a faltar incluso los objetos necesarios
para el culto. Una muestra más de la falta de convicciones cristianas de los
moriscos nos la ofrece la visita que en 1600 hizo a Algar el arzobispo de
Valencia, Juan de Ribera, en su recorrido para conocer personalmente las
parroquias de cristianos nuevos, o sea, de moriscos convertidos. Juan de Ribera
se llevó una gran decepción en Algar al comprobar que la mayor parte de sus
pobladores continuaban en el arraigo de sus anteriores creencias.
Otra
prueba más de la existencia de esta pequeña ermita en Algar nos la ofrece un
documento que obra en el archivo histórico municipal, según el cual, en el año
1653, ya con la totalidad de la población de cristianos viejos, los vecinos
contribuyeron a la compra de una cruz de plata para la ermita, aportando cada
familia, según sus posibilidades, dinero, seda (no olvidemos que en Algar
existía en dicha época una importante artesanía de la seda) o trigo.
Esta
pequeña ermita se edificó también en el solar en el que después se edificó la
actual iglesia parroquial y tenía al lado un pequeño campanario. La ermita
fue derruida en el año 1701 y, en 1702,
comenzaron las obras de construcción de la iglesia parroquial.
Elda celebrará el 9 de Octubre, Día de la Comunidad
Valenciana, con dos actividades para incentivar el conocimiento de las raíces
de la ciudad. GABRIEL SEGURA, CRONISTA
OFICIAL DE LA CIUDAD DE ELDA, dirigirá dos rutas guiadas por calles
emblemáticas, enseñando la historia valenciana y la nomenclatura que tenían
hace unos siglos como la Plaça de Dalt –Plaza del Sagrado Corazón de Jesús o la
calle Nou de Baix –Calle Nueva-. Las rutas serán a las 10 y 12 horas el mismo
día 9 y la inscripción se debe hacer a través de la Concejalía de Juventud,
entidad que organiza estas actividades.
GABRIEL SEGURA ha
explicado que “en este caso recoge el pasado más valenciano de la antigua Villa
de Elda, una ruta en la que vamos a recorrer el callejero que nos permite
descubrir una pequeña villa agrícola de los siglos XV, XVI y XVII y cuyo rastro
ha quedado registrado en la documentación del Archivo Municipal, en el Archivo
Parroquial y de protocolos notariales, documentación que está escrita en
valenciano”.
También habrá una yincana virtual del 5 al 8 de octubre, a
través del perfil de Instagram de la Concejalía de Juventud, desde donde se
publicará cada día una prueba que los participantes deberán resolver y publicar
en su muro, etiquetando a la Concejalía de Juventud.
FRANCISCO
PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA
Vengo de
un tiempo en que nadie sabía quién dirigía los museos. El asunto no importaba a
nadie. De modo que eran muy raras las entrevistas en los periódicos a unos
profesionales que estaban en lo suyo, oscuramente, investigando y restaurando,
sin ser, como ahora, objetos de exhibición mediática o de ridículas batallas
políticas.
Vengo de
una época en que lo que le interesaba al público era el contenido de los
museos, no las opiniones, tendencias, sofocos o maniobras de sus directores.
Íbamos a los grandes museos, al Prado y al San Pío V, al Rijks o al Louvre, por
lo que dentro nos estaba aguardando. Y desde luego dábamos por sentado que a
los directores los ponía el ministro de Cultura correspondiente. O el
presidente de la fundación de turno si era una institución privada. Pero
habíamos soñado largamente, habíamos ahorrado en el calcetín para ir algún día
a ver los frisos del Partenón, una Grupa de Sorolla, la Victoria de Samotracia
o la Rendición de Breda sin importarnos quién dirigía la institución y mucho
menos del pie político que cojeaba. Con las salas de conciertos pasaba igual.
¿Qué más dará quién dirige el Concertgewaub si lo que yo quiero es escuchar a
Brahms? Las normas antiguas podían ser poco democráticas, pero nadie se
calentaba demasiado la cabeza: vivíamos en la inocencia y Carmen Alborch o
Felipe Garín eran estupendos; hasta que la primera tiró al segundo de la dirección
del Prado por una gotera.
La
política y las autonomías trastocaron mucho las cosas. Los grandes museos y
auditorios del mundo, los que nos hacían gastar los cuartos en coleccionables a
falta de tiempo y dinero para viajar, empezaron a tener enanos competidores,
museíllos de segunda división. Y pronto empezó a darse una errónea batalla
política, un sinfín de dimes y diretes de vuelo corto que acabó pariendo el
angustioso modelo actual, el que llamaríamos de
concurso-cata-oposición-recurso-sentencia-destitución de directores… que
además no programan ni se mojan, sino que sacan a concurso los contenidos.
Gracias a eso, pasa lo que está pasando: los periódicos tienen que publicar
mapas para que el público sepa quién dirige cada institución. Y ellos y ellas,
sin un duro de presupuesto, se dedican a decir cosas en twitter para atraer a
un público… que lo que quiere de verdad es ver cuadros de Kandinsky y
esculturas de Calder.
Cuando
ya ha cesado en el empleo, un tribunal acaba de sentenciar que la directora de
À Punt fue nombrada erróneamente. Al director efímero de un auditorio cerrado
por ruina le han robado un montón de dinero en el despacho. El IVAM estrena
directora y a lo mejor es posible que volvamos después de seis largos años.
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