Comida, un poco fuera de hora en el Parador Nacional “Castillo de
Sigüenza”, capitalidad de la diócesis en donde estaríamos toda la tarde: el
Castillo, la Catedral con todo su inmenso contenido, tanto histórico como
artístico; Museo de Arte Religioso, enterramiento del obispo don Jesús Pla y
Gandía, tan recordado, y paisano -de Agullent- del gran grupo de visitantes.
Con las primeras estrellas hicimos el viaje de regreso a la capital, en busca
del descanso del día, y que reiniciamos en la sesión el sábado 28.
En la mañana del sábado, comenzamos el verdadero viaje a la Alcarria,
con destino a Torija primero, y de Brihuega y Pastrana después. En Torija
estuvimos viendo su espectacular castillo después de su restauración y
puestas al servicio de la cultura de estas tierras, que bien merece una visita.
Muchas fotografías con el “Templario” sentado en la penumbra, quien resulta
cuando menos sorprendente.
Y Brihuega después. La fuente Blanquina, con sus impresionantes
doce caños manando en línea abundantemente, de la que yo creo que
bebimos todos, y después Plaza del coso y Entrada a la llamada Cueva
Árabe, que tanto impresionó al grupo. En la región valenciana no suelen
existir cuevas de ese tipo, y tantas en Castilla aunque menos espectaculares;
muchas todavía en uso para guardar, y algunas para fabricar por métodos
arcaicos, el buen vino de la tierra en varios de nuestro pueblos. Un vistazo a
la vega del Tajuña desde el mirador que en Brihuega llaman Los Guinches,
en el Prado de Santa María, Y con el tiempo justo salida hacia Pastrana.
En la Villa Ducal comida en el restaurante del extinto convento de San
Francisco, que nos causó una grata impresión, y después la ruta obligada
con lo más importante, y más a mano, que se puede conocer de Pastrana:
La Colegiata primero, y el Palacio. A muchos se les pudo hasta cortar la
respiración ante la estampa de los famosos “Tapices de Pastrana” y del
museo de arte religioso anejo al mismo edificio.
El panteón de los Mendozas, con la figura estelar de la tumba de doña
Ana de la Cerda, princesa de Éboli y de su marido Ruy Gómez de Silva.
La
sorpresa, también para mí, fue conocer el interior del Palacio Ducal una vez
restaurado. No lo había visto. Excepcional, digno de los personajes históricos
que lo ocuparon y de todo lo que nosotros esperamos y deseamos para
Pastrana. Mi felicitación a las señoritas que nos sirvieron de guías tanto en la
Colegiata como en el Palacio. Aunque jóvenes las dos, se desenvuelven en
un grado de profesionalidad altísimo, que considero justo destacar.