Arxiu de l'autor: José Martí Coronado

DESAPAREIX L’AVE MARIA


Vista de Sagunt en el primer terç del segle XX. lledó

LLUÍS MESA I REIG, CRONISTA OFICIAL D’ESTIVELLA

El 1920 es va iniciar amb l’amenaça de la grip. Ningú no esperava que, 100 anys després, la societat quedara muda per una altra pandèmia que silenciara la societat i no permetera que les lletres de la secció De Cent en Cent acompanyaren periòdicament el lector i la lectora. Sortosament hui, des del record a les persones que no estan o l’han patida, torna a caminar per on es quedà: la primavera de fa 100 anys.

L’arribada de maig del 1920 va estar carregada de conflictivitat social i incidents. Així la festivitat de la Mare de Déu dels Desemparats, amb gran devoció a la comarca, es va suspendre el segon diumenge de maig i es va passar a la tercera setmana del mes, concretament el 18 de maig

Eixe mes va ser notícia a Sagunt la supressió per part de l’Ajuntament de la salutació «Ave Maria Puríssima» als vigilants nocturns. Eren les paraules amb les quals iniciaven el cant de les hores. El corresponsal del Diario Valencia redactava el dia 4 un escrit de protesta per la «sinrazón, inoportunidad e impopularidad» de la decisió. Segons ell, havia estat presa pel regidor Peris Escamilla i fou subscrita amb el seu vot pel senyor Pitarch. Per a l’autor d’eixes línies, este i uns altres motius eren arguments que feien que hi haguera un mal govern municipal. Esmentava, a tall d’exemple, com no funcionava el pesatge del mercat, ja que «seguimos comprando los comestibles faltos de peso». Demanava que la ciutadania mostrara la més enèrgica protesta.

Entre les festivitats religioses comarcals celebrades abans de l’arribada de l’estiu, cal destacar la del Cor de Jesús a Benifairó de les Valls. El 18 de juny va iniciar-se amb un tridu de preparació en el qual van destacar els sermons del rector. El 20 de juny es va fer la missa major. Es cantaren el Ponticalis de Perosi i els motets d’ Eslava, Comina i Giner. De vesprada, es va realitzar la processó pels principals carrers de la població.

L’esdeveniment extraordinari del mes fou l’arribada del nou arquebisbe Enrique Reig Casanova. Procedia de Tarragona, on estava de bisbe, i es dirigia a València per a prendre possessió del càrrec, tal com així explicava el Diario de Valencia el 26 de juny. Va ser rebut en l’estació amb la Marxa d’Infants. L’esperaven els regidors José Escamilla, José Pitarch, Vicente Pallarés. Hi eren el procurador judicial J osé Perichet i els representants del Sindicato Católico Agrícola Albino Ariño i Vicente Monzó. Estaven presents els coadjutors de l’església arxiprestal de Santa Maria Enrique Ruiz Pitarch, Odilón Mateu i José Lerma. Els acompanyaven el beneficiat José Gil Monzó, el capellà de la presó Luis Sancho i el coadjutor de l’església del Salvador Roque Carrera. També van estar presents el rector de Benavites José María Urios i l’alcalde del poble Eduardo Vila Martínez amb la corporació.

Detenció d’Ángel Torrent

El mes de juny va acabar amb la detenció d’ Ángel Torrent. Es va entregar el 28 de juny, després d’haver disparat el dia 21 al veterinari Santiago Vilache Clavel. Este es trobava a l’hospital i el seu estat havia millorat. L’autor de l’atac va entrar en presó.

A principis de juliol es va inaugurar el nou asil de la Mare de Déu dels Desemparats. Però eixa i unes altres notícies formaran part del pròxim De Cent en Cent.

Fuente: https://www.levante-emv.com

LOS REYES

Francisco Perez Puche. Foto de Juan J. Monzó

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

De paseo, me tropiezo con una lápida en las Alamedas de Serranos, a la altura de Blanquerías. Inaugurada por Rita Barberá en octubre de 2007, recuerda el 50º aniversario de la riada; y exhibe un mensaje elemental: «A la capacitat del poble valencià per a superar catàstrofes i adversitats».

Riadas, revoluciones, bombardeos, asedios, guerras y… ahora pandemia. Las ciudades pasan por todo, se rehacen en un prodigio de lo que los cursis llaman resiliencia, o sea el coraje y el aguante de toda la vida. Unos valores que se están poniendo a prueba después de tres largos meses de espanto, aperitivo de una dura crisis.

Recuerdo ahora una fecha aterradora: el 26 de marzo. La curva que había que doblegar era todavía una flecha que subía con más de ochocientas víctimas diarias. Encerrados en casa, sabíamos que un cuerpo de sanitarios heroicos estaba dando la batalla de las UCis y los respiradores, y que la enfermedad se cebaba en las residencias de ancianos. Se palpaba el caos y crecía ese sentimiento de abandono que preludia al temor. Sin embargo, en lo más hondo del descontrol de todas las administraciones, los reyes Felipe y Letizia, ese día, hablaron por videoconferencia con Juan Roig, el propietario de Mercadona. Y fue como un bálsamo, al menos para mí. Porque noté que alguien, nada menos que el Jefe del Estado, más allá del frente de los hospitales, se estaba ocupando de las tribulaciones de millones de personas. De todo el pueblo español.

Repasemos fechas: ir al supermercado era una de las pocas cosas que se podía intentar. Y al hilo de aquellos apuros recuerdo con claridad una frase del empresario valenciano, nacida entre el dolor y el humor: «No va a faltar de nada. Hay papel para todos». Roig, esta semana, es protagonista del mejor símbolo de superación y recuperación que tiene la ciudad. Mientras tanto, Benidorm y Valencia, hoy, se disponen a recibir la visita de los reyes Letizia y Felipe. Durante noventa días no han dejado de hablar con docenas y docenas de responsables de la sociedad española, por videoconferencia y en directo. Y han ido a lugares donde las autoridades del Gobierno no han querido ni asomar la nariz enmascarada. El Jefe del Estado, ahora, en cuanto se ha podido, ha iniciado un recorrido regional destinado a inyectar ánimos a todos, pulsar los resortes de la economía y levantar la moral nacional. Como en las historias más trágicas de la literatura, este Rey, no lo dudemos, lleva en su alma problemas y dolores familiares muy graves. Pero está en lo que tiene que estar: cumpliendo con su deber de representante de la Corona: al lado de un pueblo que ha sufrido y ahora tiene que resurgir.

Fuente: https://www.lasprovincias.es

PETRER Y GEORGE WASHINGTON


George Washington, primer presidente de los Estados Unidos y su amigo de Juan de Miralles. El retrato de Miralles es de Charles Wilson Peale, aunque no se sabe con certeza si corresponde al petrerense.

Mª CARMEN RICO NAVARRO, CRONISTA OFICIAL DE PETRER

La figura de Juan de Miralles y Trayllon nacido en Petrer en 1713 es poco conocida por muchos de nosotros, a pesar de que es un personaje histórico de gran calibre y que tuvo una importancia fundamental en el proceso de independencia de los Estados Unidos. Tal día como hoy, el 4 de julio de 1776, se reunieron en Filadelfia 56 congresistas estadounidenses para aprobar la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América en la cual el país proclamó su separación formal del Imperio británico. La redactó Thomas Jefferson con la ayuda de otros ciudadanos de Virginia y en todo este proceso hasta llegar a la firma de la independencia jugó un papel fundamental este petrerense.

La Corona española prestó una gran ayuda a los llamados “patriotas” estadounidenses en su lucha por la independencia de Gran Bretaña de distintas formas: víveres, munición, infraestructura… No son pocas las hazañas de la Guerra de la Independencia americana en las que participaron españoles, cuyas acciones resultaron en muchos casos decisivas para el devenir de la causa de George Washington y las Trece Colonias. Uno de estos españoles olvidado es Juan de Miralles Trayllón que viajó a Cuba en 1740, estableciéndose en La Habana. Desde allí comerciaban con las colonias norteamericanas y, con el paso del tiempo, congenió con los ingleses asentados en lo que hoy es la costa este de Estados Unidos, hasta el punto de que, durante la Guerra de Independencia, formó un servicio secreto que obtenía inteligencia para los “patriotas” mediante espías. Fue el capitán general de Cuba, Diego José Navarro, quien nombró al petrerense embajador para negociar con las Trece Colonias.

Miralles se ganó la confianza y la amistad del que sería primer presidente de EEUU, George Washington. Tal fue la relación que cuando el General se quedó sin fondos para pagar la soldada de su ejército de patriotas voluntarios, Miralles, junto con otros comerciantes, reunió oro por valor de 300 millones de dólares actuales y lo enviaron en barco hasta los territorios controlados por las tropas de Washington.

Juan de Miralles murió, según unos historiadores el 28 de abril de 1780 y según otros el día 30, de pulmonía en la casa de George Washington, donde recibía los cuidados médicos de su esposa, Martha, mientras aún se libraba la guerra de independencia. A su entierro asistió el Congreso de Estados Unidos al completo, como muestra de agradecimiento por la ayuda que prestó el petrerense durante el conflicto armado, que continuó después de su muerte hasta 1783 finalizando con la errota británica en la batalla de Yorktown y la firma del Tratado de París.

Fuente: https://www.valledeelda.com

ALUMNOS DE CARLET Y LA POBLA LLARGA VENCEN EN LA 18ª EDICIÓN DE LOS PREMIOS DE POESÍA Y NARRATIVA VICENTE ANDRÉS ESTELLÉS DE BENIMODO

Ya se conocen a los ganadores y ganadoras de la decimoctava edición de los Premios de Poesía y Narrativa corta en valenciano Vicente Andrés Estellés, auspiciados por el Ayuntamiento de Benimodo que dirige Paco Teruel. La atípica celebración de los premios ha resistido el terremoto de la pandemia del Covid-19, que tanto eventos culturales ha anulado y lo ha solucionado alargando su periodo de entrega de obras, lo que ha favorecido la participación, con más de un centenar de trabajos.  La ganadora en la modalidad de poesía ha resultado Martina Gil Ferrer, del IES Pere d’Esplugues de la Pobla Llarga, con su obra “Una nit plujosa d’abril”.  Fue segunda Vincenta Raducan, del IES Eduardo Primo Marqués de Carlet, con el trabajo “El clarobscur del cor”. Completó el podio Marttina Breittmayer Díaz con “Ja no estàs”. Estudia en el IES Hort de Feliu de Alginet. El jurado también ha propuesta, dada su calidad, la publicación de las obras de Marta Cardosa González (del IES 9 d’Octubre de Carlet), Julio Rivera Biosca (del Col·legi La Purísima de Alzira) y Andrea Benedito Álvarez, también de dicho centro.

Por su parte, en la modalidad de narrativa se impuso Helena Martí Valero con su obra “Si tanques els ulls”. Es del IES 9 d’Octubre de Carlet. Han completado el podio Mercé Madramay Pasqual del IES Els Èvols de l’Alcúdia con “Era una vegada, la historia que no conten” y Carmen Llorens Hueso del IES Eduardo Primo Marqués de Carlet con “El món de Blai”. Se da la circunstancia que las seis primeras clasificadas en las dos categorías han resultado féminas. El jurado también ha propuesto la publicación de los trabajos de Laura Fargueta Pelufo de Alzira, Paula Mondéjar González de Carlet y Alba Crespo Martínez también de Carlet.

Por último, la obra ganadora del Premio Didín Puig fue “El món des de la finestra”, escrita por Pau Peris Pastos, del IES Eduardo Primo Marqués de Carlet.

Podía participar alumnado  del segundo ciclo de la ESO, Bachillerato y Ciclos Formativos de todos los institutos de la Ribera. Los premios estipulados por el Ayuntamiento de Benimodo se sitúan en los 500 euros para los primeros clasificados en las dos opciones disponibles (narrativa corta y poesía), 300 euros para el segundo y 200 para el tercero. El Premio Didín Puig está dotado con 300 euros. El tribunal estaba compuesto por Enric Ramiro Roca como presidente y Vicent Climent y Ernest Llorca como vocales; actuando como asesores, a petición del alcalde de Benimodo, Paco Teruel; el CRONISTA OFICIAL DE LA POBLACIÓN DE BENIMODO,  RAFAEL LÓPEZ ANDRADA; y la funcionaria Elena Mendoza Miravalls. El cartel ha sido obra de Vicent Machí Álvarez, artista local que a pesar de su juventud ha realizado numerosas exposiciones tanto individuales como colectivas y está en posesión de importantes premios y menciones por su trabajo.

Fuente: https://www.elperiodic.com

SESENTA INVESTIGADORES RELATAN LA “HISTORIA DE ALZIRA” EN DOS VOLÚMENES


Aureliano J. lairón, uno de los coordinadores de la obra. Levante EMV

R. A.

El próximo miércoles, 22 de julio, a las 12:00 horas, en el salón de actos del Ayuntamiento de Alzira tendrá lugar la presentación de la “Historia de Alzira”. En el acto, que presidirá el alcalde de la ciudad, intervendrá el vicerrector de la Universitat de València, Jorge Hermosilla Pla. La “Historia de Alzira” la conforman dos volúmenes. Consta de casi 1.400 páginas y recoge, junto a las colaboraciones y estudios de sesenta investigadores, interesante material gráfico (fotografías, grabados, ilustraciones, cuadros, mapas, planos, etc.).

Codirigida por Ester Alba Pagán (exdecana de la Facultad de Geografía e Historia) y AURELIANO J. LAIRÓN PLA (archivero municipal y CRONISTA OFICIAL DE ALZIRA), ha sido coordinada por los profesores Josep Pérez Ballester (Prehistoria y Arqueología), Manuel Albaladejo (Historia Antigua), Antoni Furió (Historia Medieval), Ricard Franch (Historia Moderna), Aureli Martí (Historia Contemporánea), Joan Mateu (Geografía Física), Juan Piqueras (Geografía Humana) y Ester Alba (Arte y Patrimonio).

El precio de venta de los dos volúmenes se ha fijado en 60 euros. La obra podrá ser adquirida y retirada por los interesados a partir de las 12:30 horas del día de su presentación en el Archivo Municipal (c/ Salineras, 1, 1.º).

Fuente: https://www.levante-emv.com

CASINOS: ALGUNOS RECUERDOS Y PERSONAS DESDE 1850


Unión Musical Casinense. / EPDA

JOSÉ SALVADOR MURGUI. CRONISTA OFICIAL DE CASINOS

En el año 1850 se fundó la Asociación del Sagrado Corazón de Jesús siendo cura párroco de Casinos Don Vicente Plasencia Carceller, ayudado por el seminarista José Muñoz Murgui de 17 años de edad y que en la actualidad tiene una calle rotulada a su nombre en Casinos, que estaba compuesta por ciento cincuenta y seis asociados entre mujeres y hombres. Distribuida en veinticinco coros y sus correspondientes celadoras que eran las siguientes:

Celadoras de los Coros: 1. Genoveva Murgui; 2. Usach García; 3. Tomasa Muñoz Sancho; 4. Ignacia Muñoz; 5. Mariana Murgui Espinosa; 6. Marta García Murgui; 7. Concepción Murgui Espinosa; 8. Antonia Ortiz; 9. Úrsula Murgui; 10. Francisca García; 11. María Murgui Espinosa; 12. Resurrección Moscardó; 13. Polonia Ten; 14. Ignacia Muñoz; 15. Muñoz Murgui; 16. Carolina Cubel; 17. Melchora Usach; 18. Pascuala Murgui Sancho; 19. Teresa Latorre Muñoz; 20. Rosa Rubio; 21. Gertrudis Muñoz; 22. Tadea Latorre; 23. Francisca García; 24. Josefa Muñoz Usach; 25. Valentina Jorge.

Don Vicente Plasencia, falleció el día 23 de octubre de 1896 y está enterrado en Casinos. En su partida de defunción dice lo siguiente: “Como coadjutor de la Iglesia Parroquial de Santa Bárbara de la Villa de Casinos y Masías anexas en la misma, Diócesis y provincia de Valencia, el día veintitrés de octubre del año 1896 mandé dar sepultura eclesiástica en el cementerio de esta parroquia, trascurrido que era el debido tiempo, el cadáver de Don Vicente Plasencia Carceller, cura párroco de ésta, natural de Foyos, de treinta y siete años de edad, hijo legítimo de José y Francisca. Falleció a las doce y media, del mismo día (mañana) a consecuencia de “fiebre tifoidea” según certificación del facultativo que doy fe. Firmado: Lamberto Soriano.”

Otro de los apellidos que aparece en el listado de las celadoras de los coros, es “Latorre”. En el año 1799 el día 25 de enero, en la Iglesia Parroquial de Santa Bárbara de la Villa de Casinos y Masías anexas, recibe el sacramento del Bautismo un niño, que ponen por nombre Pablo Francisco Vicente, y es hijo de Miguel Gerónimo Latorre y Mª Rosa Murgui, los dos naturales de Liria. Repasados los documentos desde 1788, no consta que se casaran en Casinos, probablemente casaran en Liria. Los abuelos paternos del niño eran Jopsef Latorre y Manuela Santes, y los maternos Francisco Murgui y Josefa María Martí, y los padrinos fueron los abuelos Francisco Murgui y Manuela Santes, todos eran naturales de Liria, pero parroquianos de Casinos, y casados en Casinos. Este es el primer bautizado con este apellido.

Miguel Gerónimo Latorre, era maestro albañil, fue una persona muy relevante en la historia de aquellos años, posiblemente el albañil que intervino en la construcción de la cisterna de la calle Santísima Trinidad y el fundador de una familia cuyo apellido que se unió con los descendientes de Juan Rocher y Andrea Murgui, así como con otros apellidos históricos como Usach, Plasencia, Sancho, por citar algunos, que han configurado la historia de Casinos. Hoy en esta crónica, vemos el punto de inicio, para poder hilvanar en parte el árbol genealógico.

Estudiado el censo de 1800, en la casa Nº 17, vivía Josef La Torre y Manuela Santes, y en la casa Nª 87 vivía Gerónimo Latorre y Rosa Murgui. En 1915 en la casa 116, vivían Miguel Gerónimo Latorre, Mª Rosa Murgui, además de tres hijos: Salvador, Tomás y Policarpo.

En el año 1882 las familias con el apellido Latorre que habitaban en Casinos eran las siguientes: Salvador Latorre y María Muñoz de 27 años de edad ambos, domiciliados en la calle Mayor. Máximo Latorre de 41 años y María Murgui de 20 años en la calle San Miguel. Tomás Latorre (viudo de 40 años) con sus hijos Salvadora Latorre de 12 años y Ana María Latorre de 9, que vivían en la calle San Joaquín. Mariano Latorre de 56 años y María Usach de 55 años y su hija Francisca Latorre Usach de 17 años vivían en la calle de la Santísima Trinidad. En la calle de San Juan vivían: Salvador Muñoz de 48 años, casado con Tadea Latorre de 46 años, y los hijos eran: Cándida Muñoz Latorre de 17 años, Salvador Muñoz Latorre de 11 años y Margarita Muñoz Latorre de 6 años.

En la calle san José vivían tres familias: José Usach de 37 años casado con Migüela Latorre de 35 años y sus hijos eran: Felipe Usach Latorre de 10 años, María Usach Latorre de 8 años, Francisco Usach Latorre de 4 años y Margarita Usach Latorre de 2 años. En esa misma calle habitaban: Martín Muñoz de 43 años casado con Honoria Latorre de 43 y los hijos eran: Carolina Muñoz Latorre de 19 años, Matías Muñoz Latorre de 17 años, Francisco Muñoz Latorre de 15 años, Lamberto Muñoz Latorre de 13 años, María Muñoz Latorre de 11 años, Martín Muñoz Latorre de 8 años, Saturnina Muñoz Latorre de 6 años e Ysidro Muñoz Latorre de 1 año. También en la calle San José, moraban: Salvador Latorre de 31 años casado con Teresa Muñoz de 29 años con su hijos: Teresa Latorre Muñoz de 5 años y Daniel Latorre Muñoz de 3 años.

Ese año el apellido Santes ya no existe en el censo de Casinos.

En los matrimonios celebrados en los años 1879 a 1883 siendo Cura-Párroco don Vicente Plasencia constan los siguientes: Tomás Latorre con Rosalía Comeche; en 1886 Salvador Muñoz con María Latorre; en 1887 Francisco Muñoz Latorre con Carmen Plasencia y Salvador Latorre Usach con Antonia Muñoz. En 1890 Juan Hernández Miguel con Salvadora Latorre Rocher. En 1892 Matías Muñoz Latorre con Isabel Sancho Miguel. En 1894 Felipe Usach Latorre con María Muñoz Usach. Y en 1895 José Usach Muñoz con Ana Mª Latorre Rocher.

Acabo estas letras con ese saludo afectuoso a las personas que cada día siguen estos escritos y que se interesan por la historia, por los nombres y apellidos, por los momentos cargados de vida y de silencios que configuran nuestro devenir, nuestro paso del ayer al hoy, que es la mejor forma de garantizar el mañana. ¡Cuánta historia detrás de cada familia!

Fuente: https://www.elperiodicodeaqui.com

EN BUSCA DE NUESTRO MÍSTICO MÁS OLVIDADO


El historiador franciscano Benjamín Agulló, autor del perfil del beato valenciano.

Este 29 de junio de 2020 se cumplen 500 años del nacimiento en Valencia del beato Nicolás Factor, apenas conocido hoy en su tierra, aunque la huella de milagros atribuidos a su intercesión se mantiene viva en algunos pueblos. A muchos les sonará por el nombre de su calle en la ciudad del Turia. Sin embargo, este franciscano que vivió en el siglo de oro de la mística española y fue contemporáneo y amigo de grandes santos, gozó él también de extraordinaria fama de santidad ya en vida por su espiritualidad, su sabiduría y sus éxtasis. Aparte tuvo dotes artísticas. Hoy en PARAULA lo rescatamos del olvido.

FR. J. BENJAMÍN AGULLÓ PASCUAL, O.F.M., CRONISTA HONORARIO

Hace algún tiempo un buen amigo mío me preguntó: “¿Sobre qué columnas apoyaría la vida del Beato Nicolás Factor?” Sorprendido y admirado, a la vez, creo que no tarde un minuto en contestarle. Sencillo, le dije: La de ser VALENCIANO; la de ser FRANCISCANO; la de ser SANTO Y SABIO; y la de ser MÍSTICO. Estas son mis cuatro columnas.

“¡¡¡Magnífico!!!, me dijo, ¿me lo podría explicar?”. Sí, magnífico de enunciar, pero delicado de explicar. No obstante, por usted, lo voy a intentar.

De entrada, y sin esfuerzos, quiero afirmar que es una gloria de Valencia y de la Orden Franciscana, si bien, no suficientemente conocida.

SER VALENCIANO

En Valencia nace, en la feligresía de San Martín, el 29 de junio de 1520, siendo bautizado en la ‘pila de san Vicente’ en la parroquia de San Esteban, por la singular devoción que profesan sus padres, Vicente y Úrsula, al también valenciano san Vicente Ferrer; devoción que fomentará y acrecentará Nicolás Factor. Muy pronto, apenas alcanzada la adolescencia, responderá a la llamada de Dios, consagrándose en la profesión de la vida religiosa, el día 3 de diciembre de 1538, en el convento franciscano Observante de Santa María de Jesús, extramuros de Valencia, donde vistiera el hábito el día 30 de noviembre del año anterior. Cursa los estudios eclesiásticos en el convento de Nuestra Señora del Pino, de Oliva, también de la Observancia, siendo ordenado sacerdote el año 1544, a sus 24 años de edad.

El desempeño de sus ministerios religioso-sacerdotales, se desarrolla principalmente en la región valenciana: Santo Espíritu del Monte (Gilet) -1548-1551-, Chelva -1557-1559-, Val de Jesús, hoy Monte Picayo, (1568), de los que fue Superior. Fundador del convento de Recolección de Bocairente. Fue confesor de varios monasterios de Clarisas: Gandía (1561-1565), La Trinidad, de Valencia (1565) y muchos años más. Incluso de las Descalzas Reales, de Madrid (1571-1575).

A los 63 años de edad, 46 de vida religiosa y 39 de sacerdocio, el día 23 de diciembre de 1583 exhalaba, con postrer suspiro, el ‘sursum corda’, con el que entregaba alma y corazón, al Creador, en el convento de Santa María de Jesús de Valencia, que le viera nacer a la seráfica religión.

SER FRANCISCANO

Ya hemos dicho que el día 3 de diciembre de 1538, en el convento franciscano Observante de Santa María de Jesús, extramuros de Valencia, hizo los votos de su consagración religiosa al estilo de san Francisco de Asís: es decir, en los Franciscanos Observantes.

Los Conventuales diríamos que era el tronco de la Orden y los Observantes un movimiento, de más observancia de la Regla y vida franciscana, como una vuelta a los orígenes y a las fuentes de la Orden. En Valencia tenían los Conventuales su convento, desde los tiempos mismos de la Conquista, en lo que hoy es la Plaza del Ayuntamiento, ocupando todo su perímetro actual. Mientras que Santa María de Jesús está sentado, en plena huerta, a varios kilómetros de la Ciudad. El joven Nicolás Factor, habiendo nacido cerca del convento de San Francisco, va a la huerta en busca de los Franciscanos Observantes, ya que su mismo nombre invita ya a una mayor observancia religiosa. Este ambiente de estrecha observancia, de vueltas a las fuentes diríamos hoy, es el que escoge Nicolás Factor para su vivencia del carisma franciscano.

Dadas sus cualidades, en el desempeño de sus ministerios religioso-sacerdotales, los superiores le encomendarán misiones delicadas y de gran responsabilidad. Definidor Provincial, a la vez que Maestro de Novicios, Guardián de varios conventos. Su humildad le hizo renunciar al cargo de Secretario General de la Orden. Hemos dicho que fue fundador del convento de Recolección de Bocairente. Los Recoletos es otro movimiento de mayor rigor en la profesión de la Regla Franciscana, dentro de la misma Observancia. Diríamos que vivió entre los mejores franciscanos de su época, reputándose “caña vacía”.

SER SANTO Y SABIO

Formado bajo los cánones de la reforma de Trento, es contemporáneo de Teresa de Jesús, Ignacio de Loyola, Pedro de Alcántara, Juan de Ávila, Francisco de Borja, Juan de los Ángeles, Pascual Bailón, Andrés Hibernón, Gaspar Bono, Luis Bertrán, Juan de Ribera, y un largo etcétera, uniéndole una estrechísima y santa amistad a muchos de ellos, especialmente a su conciudadano San Luis Bertrán.

El marco de sus amistades, nos señala el grado de su formación, y la profundidad de su vida espiritual, dentro del ambiente de las escuelas y corrientes teológicas de su época, muy controvertidas, en tantos aspectos. Su acendrada piedad y su saber teológico se vieron favorecidos por su cuidada formación humanística y por su temperamento artístico, por valenciano y por franciscano. Pintor, músico y escritor. Buen poeta, en latín y en castellano. Gran aritmético.

La Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia se gloría de tenerlo entre sus profesores beneméritos, y acuñó una medalla conmemorativa, con ocasión de su beatificación. Su obra literaria, no muy extensa, fue recopilada, en gran parte, por el P. José Melió, en los Opúsculos del Beato Nicolás Factor, que publica el año 1797. Es una “sabrosa muestra de la galanura clásica de su pluma, que revestía con imágenes maravillosas sublimes enseñanzas místicas”, en decir del P. Jacinto Fernández.

SER MÍSTICO

Pero pese a las divergencias y desviaciones ideológicas de la época, Nicolás Factor busca, ante todo, servir a Dios y cumplir su santa voluntad, alcanzando, por gracia, ser uno de los varones más extáticos de su tiempo. Eran constantes sus raptos.

La iconografía nos ha legado su imagen, mostrándonos su corazón, casi siempre, con la leyenda “sursum corda”, que simboliza su elevación de miras y cuya expresión le llevaba al arrobo místico, de lo que dan testimonio sus biógrafos contemporáneos. A los 63 años de edad, 46 de vida religiosa y 39 de sacerdocio, el día 23 de diciembre de 1583 exhalaba, con postrer suspiro, el “sursum corda”, con el que entregaba alma y corazón, al Creador, en el convento de Santa María de Jesús de Valencia, que le viera nacer a la seráfica religión. Allí queda la Capilla, donde se veneraban sus restos, con bóveda decorada por López.

Pío VI le declara Beato, con su breve de 18 de agosto de 1786, y Valencia celebra la Beatificación de su preclaro hijo, el año siguiente, con fiestas de iglesia y de calle; con luces y músicas. El entonces arzobispo de Valencia, su hermano de hábito, Fr. Joaquín Company, ordena que se abra una avenida directa, entre campos y caminos, desde la fachada de la Iglesia de Santa María de Jesús hasta las murallas de la Ciudad, convertida hoy en la espaciosa calle de Jesús, para el traslado de los restos mortales del santo fraile franciscano a la santa Iglesia Catedral Metropolitana. Allí será expuesto a la veneración y devoción de los fieles, durante los días de celebraciones festivas, volviendo al reposo de su sepulcro de la iglesia de Jesús, hasta que manos despiadadas lo hicieran desaparecer el año 1936.

Fuente: https://paraula.org

UN FRAILE VALENCIANO

Francisco Perez Puche. Foto de Juan J. Monzó

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

En manos de un buen guionista, el diálogo de despedida que sostuvieron el fraile y su madre en el convento franciscano de la Corona, haría llorar a la mitad de los espectadores y enseñaría a la otra mitad lo que era entonces, en la España del siglo XVII, una vocación religiosa que llevaba a ser misionero en la Nueva España. Antonio Margil de Jesús, nacido en 1657 en Valencia, fue ordenado sacerdote a los 25 años y en 1683 lió el petate y se alistó para viajar en la flota que salía de Cádiz. A su madre, viuda y sola en el mundo, le dijo que estuviera tranquila, que la Providencia velaría por ella.

Cuando un fraile -un boticario, un herrero, una moza de servir o un agricultor- se embarcaban rumbo a Veracruz era como si en este siglo formaran parte de una expedición a Marte. Era muy seguro que no se les vería nunca de vuelta; viajar allá era emprender una aventura de muy alto riesgo con un contrato vital firmado para siempre. Pocas bromas, pues. Poca frivolidad con la historia de aquellos hombres y mujeres que viajaban bajo las reglas, riesgos, compromisos, moral y valentía de su tiempo; unos para plantar maíz, otros para hacer carros, otros, en fin, para vivir con los aborígenes y enseñarles a leer. En nueve de cada diez casos, sus historias y vivencias están muy lejos de la explotación y el sojuzgamiento con que hoy vemos las cosas.

Cuando llegaron, el fraile Margil se encontró con el puerto de Veracruz recién asaltado por el pirata holandés Laurence de Graaf, alias Lorencillo, y se puso a curar heridas con pus sin tiempo de preguntar nada. El resto de su vida fue eso mismo: echar una mano, auxiliar en la desgracia y enseñar la cruz vistiendo el hábito andrajoso de San Francisco. Los que no hace mucho lo han calculado, suman, en sus vivencias de misión, unos 30.000 kilómetros hechos a golpe de sandalia, desde Panamá hasta San Antonio de Texas, ciudad que ayudó a fundar casi un siglo antes de que Junípero Serra llegara a la famosa colina del cartel de Hollywood.

Mientras derriban estatuas de frailes aquí y allá, mientras Cervantes y Colón pagan los platos rotos de los abusos de algunos policías de gatillo flojo, fray Antonio Margil de Jesús, bautizado en Sant Joan del Mercat, tiene en Guadalupe una estatua de cuatro metros protegida por el buen gusto de los mejicanos. Y el escritor César Salvo, cronista oficial de Villar del Arzobispo, está empeñado en hacer en Valencia un humilde congreso que dé a conocer aquella figura a los valencianos de hoy. Lo que ocurre es que el coronavirus dichoso ha aplazado al año próximo un proyecto que ahora, cuando la estupidez avanza como pandemia, parece particularmente justo y necesario.

Fuente: https://www.lasprovincias.es

A MI NIETA ADRIANA

ANTONIO GASCÓ, CRONISTA OFICIAL DE CASTELLÓ

Mi nieta Adriana es preciosa. Tiene seis seductores años y una sandunguegría que roba los corazones y no es pasión de abuelo (o tal vez lo sea, no lo sé). Dentro de poco empezará a perder los dientes de leche y a sustituirlos por los que la acompañarán (ojalá que sí) toda su vida. Ese día le colocaremos, debajo de la almohada, la pieza perdida, con el propósito de que la sustituya por algún obsequio, el Ratoncito Pérez. Lo que tal vez no sea tan conocido es que este simpático personaje nació en el Palacio Real.

Cuando se le cayó el primer diente al rey Alfonso XIII, (que pasó de la cuna al trono) su madre, la reina María Cristina de Habsburgo encargó al padre Luis Coloma, autor de las entonces celebradas novelas Jeromín o Pequeñeces, que escribiera un cuento para el monarca sobre este sucedido. El jesuita echó mano de un texto francés del siglo XVIII de la baronesa d’Aulnoy, cuajando un relatillo sobre el rey Buby I (apodo con el que la regente llamaba al niño) a quien practicaron esta ya popular costumbre. Estaba medio adormilado el pequeño soberano, cuando le despertó un ruido y vio a un divertido ratón, con lentes de oro, sombrero de paja, zapatos de lienzo crudo y vestido con levitón quien, tras dejarle un preciado obsequio, le llevó a la entonces popular pastelería Prast, del número 8 de la calle Arenal. Allí le presentó a su familia que vivía en una caja de galletas Huntley, las preferidas del monarca. Seguidamente acompañó al ratón a llevarle un regalo a Gilito, un niño muy pobre que vivía en la calle de Jacometrezo. Buby I quedó muy sonrojado por la miseria de aquella casa. Al regresar al palacio, pensó en Gilito y en todos los niños pobres y resolvió que, a partir de ese momento, reinaría teniendo presente, siempre, a los más necesitados. Y colorín colorado…

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