Arxiu de l'autor: José Martí Coronado

PRESENTADO EN VALENCIA EL “PAPERS” DEDICADO AL CICLO DE LUCRECIA BORJA

El presidente de la Associació d’Amics de la Costera, Ximo Corts, y el musicólogo y director de Capella de Ministrers, Carles Magraner, presentaron ayer por la tarde en el Museu de Belles Arts de València el número 18 de la publicación Papers de la Costera. Se trata en esta ocasión de un monográfico que reúne todas las intervenciones del ciclo conmemorativo de los 500 años del fallecimiento de Lucrecia Borja, la hija del papa de Xàtiva Alejandro VI. Las ponencias de aquel ciclo tuvieron lugar en los meses de noviembre y diciembre del pasado año. La intervención de Corts y Magraner estuvo acompañada ayer de un concierto de laúd y viola, Música en temps de Lucrècia Borja, a cargo del intérprete Robert Casas.

En las intervenciones de hace un año que ahora se pueden leer en el volumen de Amics de la Costera figuran aproximaciones de todo tipo a la figura de la legendaria hija del papa: de los esfuerzos de Joan Francesc Mira por situar en su justa dimensión la historia de Lucrecia y de los Borja en general a las referencias aparecidas en la prensa del siglo XIX sobre ella desfigurando su trayectoria, un trabajo éste del periodista Marc Gomar. Antoni Martínez disertó sobre Lucrecia en la literatura; el CRONISTA OFICIAL DE XÀTIVA, AGUSTÍ VENTURA, sobre la ciudad y su ámbito de influencia en tiempos de los Borja; María Pilar Queralt abundó sobre la mujer y su mito, y Vicent Escartí trazó una aproximación al poder de la familia a través del pormenorizado análisis de la boda de Lucrecia con Alfonso de Aragón en 1498

El propio Corts abordó en el ciclo reflejado ahora en Papers la Italia que conoció Lucrecia mientras que Magraner mostró sus conocimientos sobre el entorno musical que la rodeó. El volumen cuenta con ilustraciones interiores y en la cubierta de Manuel Boix; lo patrocina el Ayuntamiento de Xàtiva y tiene el respaldo de Inelcom Technology.

Fuente: https://www.levante-emv.com

EL PRINCIPIO DEL FIN DEL PALACIO DE ELDA


Castillo palacio de Elda en 1858 | J. Laurent. Biblioteca del Palacio Real. Madrid.

GABRIEL SEGURA, CRONISTA OFICIAL DE ELDA

Si el año de 1848 supuso un punto de inflexión en la historia del castillo-palacio de Elda con la subasta pública del mismo por parte del Estado y su venta por 121.000 reales a favor del abogado eldense Juan Rico y Amat, el año 1866 vendría a suponer el principio del fin del palacio condal de Elda.

El castillo eldense era propiedad del Estado por la sentencia del Tribunal Supremo de España e Indias de 1841 cuando la villa de Elda revertió definitivamente a la Corona, como consecuencia del pleito entablado en 1815 por la villa frente al conde de Cervellón, en tanto que también conde de Elda. Sentencia que obligaba al conde a hacer frente a las costas del largo pleito y que fueron abonadas mediante la dación en pago del castillo.

Entre 1841 y 1848 el castillo fue propiedad de la Hacienda Pública. Periodo durante el cual se realizaron obras de refuerzo para acondicionar la cárcel del Juzgado Municipal de Primera Instancia (1844) e incluso en 1846 el Ayuntamiento de Elda acondicionó el patio y la logia porticada del castillo como espacio escénico para su uso por pequeñas compañías de teatro y de cómicos, que hasta ese momento utilizaban los dos arcos del pórtico del Ayuntamiento como escenario.

Sin embargo, las necesidades de la Hacienda Pública llevaron, como ya hemos indicado, a su subasta y venta pública. La compra del castillo eldense por parte de Juan Rico y Amat parece que obedeció a la sensibilidad del prócer eldense para con uno de los principales hitos monumentales de aquella Elda de mediados del siglo XIX, al tiempo que para evitar su deterioro y ruina.

Sin embargo, las necesidades económicas obligaron al Rico y Amat a deshacerse de varias de sus propiedades y entre ellas se encontraba el castillo-palacio. Así, un 11 de diciembre de 1866, hoy hace 154 años, Felipe Rico y Amat, hermano de Juan Rico, procede a su venta a favor de Pedro León Navarro y Vidal, vecino de Elda y maestro de obras de profesión, por el precio de 280 escudos (=2.240 reales). Y cuyos planes nada tenían que ver con el espíritu filantrópico del anterior propietario.

Aquella compraventa supuso el principio del fin del castillo y palacio condal de Elda. Poco importó al maestro de obras el monumental esplendor de los siglos pasados o los siete siglos de historia centenaria, el castillo fue utilizado como cantera de materiales de construcción de importantes obras públicas caso del primer matadero municipal eldense (1867) o del primer puente de la Estación (1879), amén de otras construcciones particulares tanto en Elda como en Petrer.

Uso que supuso la extracción de piedra, sillería, vigas de madera, carpinterías, rejería, tejas, azulejos, etcétera, etcétera, dejando desmantelado por completa la estructura del castillo, amén del desmonte de las dos grandes torres circulares de sillería que durante siglos fueron el emblema del palacio. Todo material que pudiera ser reutilizado fue arrancado y vendido.

En 1866 el castillo de Elda emprendió una imparable espiral de ruina y posterior abandono que obligó, en las primeras décadas del siglo XX, a la realización de demoliciones de paredes y muros para evitar el riesgo de caída sobre la población. Durante 118 años el castillo estuvo abandonado a su suerte. En 1967 el castillo pasará a ser propiedad municipal ante la ausencia de legítimos dueños; siendo en 1984-1985 cuando se inicien los trabajos de recuperación, gracias al tesón y voluntad de Juan Rodríguez Campillo, miembro de la sección de Arqueología del Centro Excursionista Eldense y concejal de Patrimonio Histórico en la legislatura 1983-1987. Pero eso ya es otro capítulo de la larga historia del castillo-palacio de Elda.

Fuente: https://www.valledeelda.com

120 AÑOS DE UNA CALLE


Fotografía de la calle realizada por los periodistas madrileños que vinieron a Petrer con motivo del nombramiento de Emigdio Tato como hijo adoptivo. Año 1935.

Mª CARMEN RICO NAVARRO, CRONISTA OFICIAL DE PETRER

El crecimiento urbano en las primeras décadas del siglo XX se articuló en torno a dos vías claves en la vida del pueblo; por una parte, Gabriel Payá (donde se ubicaban varios edificios significativos) y por otra Leopoldo Pardines desde donde partía el Camino Viejo de Elda, que unía Petrer con la vecina localidad.

La calle Gabriel Payá se inauguró en 1900 y sabemos cómo transcurrió este evento tan importante para el pueblo por una noticia del diario alicantino El Liberal con fecha de tal día como hoy del año que comenzaba el nuevo siglo. En una carta al director del mencionado diario, fechada el 15 de diciembre, y publicada tres días más tarde, el periodista petrerense José Navarro relata con gran detalle la inauguración de esta vía pública a la que se le puso el nombre de Gabriel Payá que fue alcalde del Ayuntamiento de Petrer en varias ocasiones.

Ese sábado de hace hoy 120 años, a la una del mediodía se reunieron el comité del partido liberal-fusionista local y las más salientes personalidades de esta agrupación política, en el domicilio del presidente D. Gabriel Payá Payá (1831-1905), con objeto de solemnizar la inauguración de la calle de este nombre, de su propiedad, con asistencia de nutridas comisiones de los demás partidos del municipio, con su presidente el popular alcalde D. Víctor Ponti Castillo, clero parroquial y señores jueces de instrucción y municipal, el Sr. Payá obsequió a los invitados con un espléndido lunch, en el que hubo verdadero derroche de pastas, dulces, licores y habanos.

Poco después, la comitiva, a la que “se unió el pueblo en masa”, se dirigió a la calle con el objeto de descubrir los mármoles que en grandes caracteres mostraban el nombre del jefe político del partido Liberal. La crónica describe el “inmenso entusiasmo de los asistentes y la grandiosa ovación tributada por el pueblo de Petrel al dispensador de tantos beneficios”. Según el periodista, fueron muchos “los delirantes vivas al señor Payá que salían de los corazones y brotaban de los labios de multitud de pobres que acababan de ser socorridos por el autor de estos festejos, con raciones de pan y carne y con socorros en metálico”.

Durante todo el acto sonó la tradicional dulzaina acompañada del tamboril, animándolo con sus vibrantes acordes. Se lanzaron infinidad de globos aerostáticos, celebrándose también carreras y juegos de cucaña, hasta que anocheció, dirigiéndose la comitiva al Círculo liberal, situado en la plaça de Dalt, donde se celebró un banquete de ochenta cubiertos y bien condimentados manjares, rociados con los mejores vinos del país. “Al finalizar la comida se pronunciaron elocuentes brindis en honor del anfitrión, haciendo resaltar sus caritativos sentimientos y el cariño inmenso que profesaba al pueblo de Petrer. Gabriel Payá, con sentidas frases, dio las gracias a todos por las demostraciones de cariño que le prodigaban, manifestando que su mayor anhelo estriba en la prosperidad y engrandecimiento del pueblo que le vio nacer”.

Hasta aquí la crónica de cómo transcurrió la inauguración. Después de la inauguración de la calle, Gabriel Payá volvió a estar al frente de la alcaldía al menos desde 1902 hasta que el 1 de enero de 1904 le sustituyó Ramón Maestre Maestre.

Pero esta calle Gabriel Payá tiene una larga vida y muchas más historias para contar como la del propio Gabriel Payá “el Moro” que le da nombre, también la de los singulares edificios y comercios que albergó y la de sus vecinos, y, todas estas historias, serán objeto de próximas crónicas.

Fuente: https://www.valledeelda.com

INTRADUCIBLES

ANTONIO GASCÓ, CRONISTA OFICIAL DE CASTELLÓ

Le tengo un especial afecto al valenciano, porque además de ser la lengua de mi tierra era la de mis padres y la primera que yo hablé, desde niño. Dentro de su amplio vocabulario, hay palabras que me seducen en particular porque, curiosamente, no tienen una traducción directa al castellano y, por ello, resultan en modo especial privativas.

Sea la primera de ellas «empomar», es decir, coger con las manos un objeto lanzado al aire. Para referir esa acción en la lengua de Cervantes , tenemos que hacer una perífrasis como la que acabo de llevar a cabo para explicar su significado. La segunda es «lletraferit» locución que se empleó mucho para calificar al escritor Pascual Tirado , autor del mítico relato de Tombatossals . La traducción literal vendría a ser «letraherido». Pero en verdad, hace referencia a un escritor de poesía o narrativa, muy vocacional. También a un enamorado de la lectura, o a un erudito que ha llenado muchos folios con sus textos.

Esta tercera me complace mucho, aunque su acepción es totalmente contraria a agrado. Se trata de «desfici» y es sin duda un vocablo polisémico que viene a expresar nerviosismo, impaciencia, excitación, desasosiego, exacerbación… y un largo etc. de sinónimos. Aunque en zonas de habla valenciana se ha castellanizado «desficioso» la RAE no la incluye en su diccionario. El «desfici» vernáculo tiene un significado muy genuino que en nuestra habla entendemos muy bien y que resume en uno solo todos los sinónimos referidos atrás y muchos otros que podrían añadirse.

La cuarta me resulta especialmente divertida: «coent». Creo que traducirla al castellano por cutre, hortera, ridículo, estrafalario, macarra, zafio o ramplón es dejarla muy corta de significado, porque le quita el carácter «guindillero» insensato que tiene la expresión vernácula. H

Fuente: https://www.elperiodicomediterraneo.com

‘AÑORANZAS MUSICALES DE LA VIEJA ALZIRA’, UN ARTÍCULO DE ALFONSO ROVIRA

ALFONSO ROVIRA, CRONISTA OFICIAL GRÁFICO DE ALZIRA

A lo largo de una veterana época, entre los años 1908 y 1921, existió en Alzira una tremenda rivalidad entre los componentes de la Banda Musical “La Sucro” y la Sociedad Musical “El Pentagrama”. Jamás en la historia de la música en esta ciudad de La Ribera del Xùquer, hubo más músicos actuantes -pasaban de 40 en cada banda- ni las academias de solfeo más educandos.

El vecindario, dividido y enfrentado, se manifestaba con entusiasmo, siguiendo apasionadamente las intervenciones y conciertos de sus conjuntos preferidos.

Los de la “Sucro”, llamados por los alcireños “La Vella”, y por sus adversarios, “els Tonicos”, por ser su director el maestro de música don Antonio Gallach, tenía su sede en la Academia de la calle Santa Rita. Promotores de esta agrupación musical fueron los hermanos Pellicer, en especial “Goriet” o -Gregorio, que era el que actuaba como director ante el público.

La Banda “El Pentagrama”, conocida por “La Nova”, fue creada con alumnos formados por don José Moreno, en el porche o “andana” del segundo piso de su domicilio del “Carrer Nou” -Santa Teresa-. Con el tiempo pasó a ser sede el Casino Musical de la calle Hort dels Frares, después convertido en casino Carlista y más tarde instalaciones de la Compañía Telefónica, donde se inauguró la nueva central automática. Al señor Moreno le sustituyeron don Luís Esteve y después don Eduardo Quilez.

La rivalidad entre ambos grupos llegó a extremos increíbles, dando lugar a situaciones y acontecimientos dinos de ser relatados. Se quitaban mutuamente la clientela, ofreciéndose para “tocar” gratis en los conciertos y desfiles. En una ocasión desfilaban las dos bandas por la calle “Wilson” -Reyes Católicos-, y al enfrentarse, alguien de la “Nova” lanzó el conocido grito de guerra “Arre Tonico”, que fue la chispa que encendió la llama de la discordia. Producto de esta provocación, los músicos de las dos bandas dejaron arrinconados los instrumentos y se enfrentaron todos en verdadera batalla campal.

En 1913, siendo alcalde de Alzira don Emilio Bono, la “Nova” consiguió el primer premio de la segunda sección del concurso Regional de Bandas en la Feria de Julio en Valencia y, al regreso a La Ribera, en el mismo puente de San Bernardo, -desaparecido entre 1966 y 1967-, los seguidores de “La Vella” hicieron un estrepitoso recibimiento que degeneró en trifulca a garrotazos.

En otra ocasión, cuando en nuestras fiestas patronales a Sant Bernat i les Germanetes, “La Nova” estaba en lo más interesante de su concierto, salió “La Vella” por un extremo de la Plaza Mayor, entonando un airoso pasodoble, armando el consiguiente escándalo y desaguisado.

Llegó el año 1921 y los músicos de las dos bandas se fusionaron, formando una sola banda. Terminó así la pugna entre la “Nova” y la “Vella”, pero el ímpetu por el trabajo cesó; la voluntad en la tarea decae, la afición languidece y, al correr de los años, solo quedan pequeños grupos de buenos amantes de la música, de escaso número de plazas y sin ayuda de los vecinos de Alzira.

Pasaron los años y comenzando la década de los años 40 del pasado siglo, resurgió la Banda Municipal en Alzira, siendo conducida por el maestro don Carlos Cosme Bergantiños -como se muestra en la foto que acompañamos en la plaza Mayor por la época de su formación, en un concierto que tenía lugar los domingos al mediodía-. Don Carlos deja la banda en 1943 por traslado a Alicante para hacerse cargo de la banda de aquella capital.

Más tarde, en Alzira se formó una banda del Frente de Juventudes compuesta por jóvenes alcireños, que dirigió don Matias Grau Aragó. Después, a los pocos años se reagruparon los veteranos de don Carlos Cosme, que dirigió unos meses el maestro don Miguel Villar González .autor del pasodoble “Radio Alzira”, y afortunadamente, hacia 1968, unos entusiastas alcireños, don Eduardo Vicente Bono y don Abel Barceló Esteban, animados por el alcalde de Alzira, don José Pellicer Magraner, demostrando su amor a la ciudad, consiguieron reanimar a la afición al bello arte con el estímulo y ayuda del Ayuntamiento, creando la Sociedad Musical de Alzira, que durante 18 años dirigió el maestro don Francisco Hernández Guirado, hasta que tomó las riendas de la Banda Primitiva de Llíria.

Le sucedieron después el alcireño don Nicanor Sanz Sifre, don Ramón Herrero, don Ángel Crespo García, don Ramón García Soler y en la actualidad el encargado de conducir la banda alcireña es don Mikel Celda.

¡¡¡Larga vida le deseamos, a la Sociedad Musical de Alzira, que preside Camilo Mascarell, acompañado de una fabulosa y bien conjuntada junta directiva!!!

Fuente: https://www.nuestrasbandasdemusica.com

INCENDIOS, ALCALDES, AZAR…

Francisco Perez Puche. Foto de Juan J. Monzó

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

El alcalde de Valencia Vicente Alfaro no tuvo suerte. En realidad, si bien se mira, lo suyo fue cuestión de azar, asunto del destino. Pero cuando uno está en la alcaldía, le arde la Universidad de la calle de la Nau y los bomberos tienen un material tan pobre y escaso que no pueden hacer frente al siniestro, da lo mismo quién sea el alcalde e incluso es indiferente que Alfaro fuera el segundo de la República del 14 de abril. La cólera de la tribu tiene que buscar un responsable.

Los estudiantes, en este caso los más de derechas y monárquicos, montaron un cirio. Primero dieron el callo salvando libros y materiales de la Facultad de Ciencias, que fue la más afectada por las llamas; pero luego, pasado el siniestro, cuando vieron el viejo reloj universitario parado y medio edificio en ruinas, se pusieron a protestar en la calle contra la dejadez municipal y ya de noche hicieron «pitas aéreas» o sea lo que hoy llamamos una «cacerolada», pero con silbatos y jarana nocturna.

El incendio en el ‘alma mater’ valenciana fue a los tres días de nombrarse rector a Juan Bautista Peset, el 13 de mayo de 1932. Y el 4 de junio la corporación municipal aceptó la renuncia de Alfaro a la alcaldía sin que nadie quisiera pasar a la posteridad defendiéndole. Una vez más, la historia de la ciudad mostró su rostro más ingrato e hizo pagar a un alcalde las imprevisiones, los fallos de mantenimiento, las escasas inversiones de los bomberos en renovación de material y, a fin de cuentas, esa cadena de hechos inevitables que es la vida, trenzada siempre con ribetes de azar.

Muchos años después, en julio de 1996, uno de aquellos estudiantes de derechas que protestaron en las calles, Emilio Attard, padre amante de la Constitución de 1978 y en 1932 fogoso manifestante, confesó en estas mismas páginas que «lo cierto es que el bueno de Alfaro pagó su experiencia extintora» con manifestaciones «porque de todo se hacía política, y le tocaba al alcalde pagar su osadía republicana».

Isolda Alfaro, hija del alcalde que dimitió, escribió en sus memorias que «siempre he oído decir a mi padre que solamente se quemaron cuatro pájaros disecados». Habría que añadir que también se perdió el esqueleto de una enorme ballena, que nadie se tomó la molestia de restaurar. Pero sí, en efecto, todo es relativo en este mundo, y mucho más en la vida política municipal, cuando es pasto de las llamas: sea un buitre disecado, un cachalote muerto en la playa o un autobús veterano.

Y ahí andamos los humanos, siempre ansiosos y enojados, dándole gran importancia a las cosas, sometidos a los designios de un diablo loco que tira los dados por jugar…

Fuente: https://www.lasprovincias.es

NULES RECONSTRUYE EL BÚNKER DE LA VIETA

R. D.

Nules recupera el búnker de la Vieta que se suma a los otros cuatro, reconstruidos años atrás, que se encuentran en el camino Cabeçol. Así, la localidad cuenta en estos momentos con cinco vestigios bélicos acondicionados para que puedan ser visitados. Una delegación municipal y una representación del personal voluntario que colaboró en las tareas visitó hace unos días el entorno para conocer in situ las actuaciones de consolidación. El edil de Patrimonio, Guillermo Latorre, destaca la implicación en el proyecto de varias agrupaciones de la Plana Baixa. «Gracias a un grupo de personas como el CRONISTA DE LA VILAVELLA, JOAN ANTONI VICENT; el investigador local, Miguel Ángel Sanz; personal de Arqueocas, y de la Associació Cultural Muntanyes de la Guerra de la Vall d’Uixó junto con el alumnado de la Escuela Taller V Nules, se ha podido adecuar tanto el búnker como su entorno».

La acción contó con una inversión de 6.286,08 euros de los que 3.771,65 provinieron de una subvención de Turisme Comunitat Valenciana. El proyecto ha supuesto diversas intervenciones que fueron desde la excavación y limpieza a la instalación de la correspondiente señalización.

Fuente: https://www.elperiodicomediterraneo.com

LA VENDA JUDICIAL DE LA CASA-PALAU D’ALGAR

JOSEP CATALUNYA ALBERT, CRONISTA OFICIAL D’ALGAR DE PALÀNCIA

Donya Cristina de Borbó, Reina Regent i Governadora del Regne, en nom de la seua excelsa filla la Reina Donya Isabel II, conforme amb el proposat pel Consell de Ministres, mitjançant el Reial Decret de 9 de febrer de 1836, va disposar que

               “ Quedan declarados en venta desde ahora todos los bienes raíces de cualquier clase,

                que hubiesen pertenecido a las Comunidades y Corporaciones religiosas extinguidas,y

                los demás que hayan sido adjudicados á la Nación por cualquier título ó motivo, y

                también los que en adelante lo fueren desde el acto de su adjudicación ·

Entre els béns afectats per este Reial Decret es trobava la Casa-Castell d’Algar, més coneguda com a Torre àrab o Torre Guaita, que pertanyia des de feia alguns segles a l’Ordre de la Mercé.

En compliment del preceptuat en la citada disposició règia, es va procedir a la subhasta de l’immoble davant el Jutge Degà de Primera Instància de la ciutat de València, Don Ricardo Vitini. És interessant conèixer la descripció de l’edifici en l’expedient judicial:

              “La Casa titulada Castillo de Algar, Plaza de la Iglesia número uno, comprensiva de nuevecientos sesenta y nueve palmos superficiañles de planta; noventa y seis de latitud,cinquenta y cinco de ancharia; y cinquenta de altura; y los costales que comprendetienen veinte palmos de altitud, y cinquenta y cinco de longitud, linda con dicha Plaza de la Iglesia, y la placeta de Gregori, con Casa Rosa Bojó, Calle en medio, y Casa de

​Bautista Molina.

La finca, taxada i anunciada en la quantittat de 32.784 “reales de vellón”, va ser rematada amb la  solemnitat  previnguda el 7 d’abril de 1847 a favor de Don José Lorente per a Tomás Vicent, com a millor postor, qui la va cedir després al poble d’Algar en la quantitat de 39.010 “ reales de vellón”, segons ofici de la Junta d’alienació de Béns nacionals de 28 d’abril del mateix any.

Van ser testimonis del contracte Don José Luis Sarrió y Don Francisco Estapé, veïns de la ciutat de València, i van estar presents Don José Mora, Alcalde d’Algar, y Don Ramón Lorente, Secretari i Apoderat de l’Ajuntament.

Va lliurar l’escriptura Don Antonio Jacques y Sánchez, Escribano públic del Col-legi i Jutjatde Primera Instància de la ciutat de València, en el registre protocol del qual es troba copia de l’original amb el qual concorda fidelment.

La Casa-Castell, una vegada adquirida per l’Ajuntament d’Algar, es va dedicar a múltiples usos, com ara hostal, escola per a xiquets i xiquetes, seu de la Comunitat de Regants, bar casino en la seua planta baixa i, després d’una forta remodelaciḉo, en seu actual de l’Ajuntament, mantenint-se la planata baixa com a bar-casino.

DE CASINOS A CHULILLA, UNA EXCURSIÓN EL DÍA 8 DE DICIEMBRE

JOSÉ SALVADOR MURGUI. CRONISTA OFICIAL DE CASINOS

Apurando los últimos días del año, y el casi mediero del mes de diciembre, contemplando el perezoso sol que nos alumbraba desde el amanecer hasta las primeras horas de la mañana, me decidí, al ver que el termómetro no marcaba muy bajas temperaturas acercarme hasta la vecina población de Chulilla.

Parece mentira que la distancia separe los pueblos de las grandes urbes, que las redes sociales que tan de moda están sirvan para unir a personas y pueblos y en ocasiones no lleguen a cumplir su cometido.

Saliendo de Casinos, por esa autovía que espero estrenemos pronto, antes de llegar a Villar del Arzobispo y Losa del Obispo, ya tienes el camino marcado para llegar a Chulilla. Primero pasas las Bodegas de Vanacloig, y poco a poco entre curvas, verdes olivos, sarmientos que ya han perdido las hojas quedando reducidos a leña que pronto serán pasto de las llamas, rodeado de verdes montes, altas piedras, y potente naturaleza, llegas a ese punto estratégico que separa el camino hacia Sot de Chera, con el bello pueblo blanco que suspendido entre las piedras te invita a adentrarte en él.

Días antes del confinamiento lo pude visitar, hubiera podido titular la crónica: “Anochece bajo la luna llena en Chulilla…” y al sucederse los acontecimientos como vinieron he dejado pasar los días para visitar esa urbe un día otoñal, acompañado de una temperatura benigna que rondaba los quince grados aproximadamente.

Las estrechas calles, te llevan a esa Plaza Mayor, anfiteatro del mundo, donde se mezclan los idiomas, se entrecruzan las mochilas, y el sol abraza a quienes allí reposan contemplando el paso del tiempo y la benevolencia del clima. Un poco más adelante puedes aparcar, una vez desciendes del vehículo, el espectáculo es empezar a disfrutar del momento, el aire puro te envuelve, la visión te relaja, el rumor del viento se siente, y el sol acaricia la piel.

Blancas paredes son el sostén de aquellas pétreas montañas, el Castillo impregnado de arquitectura del medievo, todo lo divisa desde la parte alta del peñón, desde lejos ya ves los arcos y puertas que desde lo más alto de la villa te invitan a su encuentro.

Estamos hablando de historia antigua, historia vivida en nuestros pueblos, historia, que escribiendo la palabra Chulilla, en cualquier buscador de internet te va a informar con todo detalle de la vida, de las fiestas, de la gastronomía, o de los encantos paisajísticos que envuelven a este frondoso rincón.

Desde la Plaza de la Baronía, hasta el Charco Azul, las Cuevas, los Puentes colgantes, las Pinturas Rupestres, o el Alto de la Bandera, pueden ser apetitosas excursiones para abraza la naturaleza. Pero yo me quedo con ese paseo matinal, el café de la plaza, adéntrate por las estrechas calles, subir hasta el castillo, dialogar con los vecinos, y disfrutar de recorrer andando por esas calles y hacer casi tres kilómetros de ruta.

Entrar en antiguas casas con el piso de piedra y el año de la construcción 1894 labrado a la entrada de la casa, contemplar el reloj de sol, que junto a la puerta de San Andrés, ve pasar los días y las horas anunciándonos lo que debiera ser nuestra vida con una frase de la Carta de San Pablo a los Gálatas (6,10): “Mientras tengamos tiempo hagamos el bien”; desde el siglo XVI esa iglesia barroca construida sobre la que sería antigua mezquita, se alza majestuosa entablando un cordial diálogo entre el visitante, la plaza que facilita la entrada y acceso al templo, las escaleras de piedra con su barandilla de hierro y las altas murallas que coronan las montañas.

Es día de fiesta, te encuentras con amigos y conocidos que el tiempo separa, pero que al producirse el reencuentro camuflados nuestros rostros por las modernas mascarillas, tienes la suerte de poder hablar de aquellos momentos que forjaron la amistad. Oyes cantos varoniles, música bien pautada, guitarras que acompañan voces que imprimen sentimiento en sus canciones. Saludas a Paco, a otro buen amigo: “El Carpintero del pueblo, el de siempre”, y a otras personas que te hacen agradable la corta estancia.

Quiero expresar la gratitud, al Sr. Cura Párroco por las facilidades otorgadas para visitar el cuidado, limpio, luminoso y acogedor templo de Nuestra Señora de los Ángeles, que celebró con toda solemnidad la fiesta de la Inmaculada Concepción.

Entre calles encaladas, azulejos bien cuidados, macetas y plantas que adornan el entorno, dejándose ver los primeros anuncios navideños, vuelvo al coche, contemplo la animación reinante y me introduzco por el estrecho camino que te conduce al Balneario. Descubrí el cartel de la Fuente de la Rinconá. Andando llegue hasta ese pequeño remanso de paz, donde el agua plateada, cantarina y brillante, sorprende entre un camino de piedra, las armillas flores de las aliagas, y los verdes musgos que la fuente alimenta.

Es imposible en pocas palabras definir la sensación de paz, libertad, serenidad e inspiración. El paseo, acabó cruzando los puentes sobre el río, hasta llegar al Balneario, gozando del sol, de la naturaleza y de la alegría que transmite el agua al atravesar velozmente el paisaje.

Hago la última parada en la Ermita de Santa Bárbara, que es el nexo de unión entre Chulilla y Casinos, los azulejos que adornan el entorno, el bien cuidado edificio, y la pureza del clima, te invitan a escribir estas letras, para que en estos tiempos, en los que todo es “peligroso” y teniendo los cierres perimetrales, podamos recrear nuestros sentidos disfrutando de los paisajes cercanos, que nos invitan en días de sol y buen clima, a compartir nuestro tempo con espacios naturales dignos de ser descubiertos.

Seguro estoy que siendo la hora de comer, hay lugares con solidez gastronómica que avalan con buena nota la categoría de Chulilla.

Cualquier momento es bueno para hacer esa escapada, y de paso, no pierda la ocasión de visitar Casinos, nuestras peladillas y turrones son el mejor y más dulce postre.

Fuente: https://www.elperiodicodeaqui.com

LA DESTRUCCIÓN DE LA BASTIDA DE LES ALCUSES

JOSE APARICIO PEREZ, CRONISTA OFICIAL DE ANNA

La popular Bastida, poblado ibérico ubicado en término municipal de Mogente, se ha hecho famosa dentro y fuera de Valencia por el hallazgo de una pequeña figurilla de bronce, caballo con su jinete, conocida como Guerrer de Moixent.

            Excavaciones arqueológicas realizadas desde 1929 a 1931 pusieron al descubierto la cuarta parte del yacimiento, posteriormente descubrimos y restauramos, en parte, su recinto defensivo. En 1931 fue declarado Monumento Histórico-Artístico de Carácter Nacional.

            Desde las primeras excavaciones y estudios se determinó que La Bastida había sido destruida violentamente en el siglo IV a. de Cristo, precisando que durante la segunda mitad. Las preguntas que entonces se hicieron: ¿quién, cómo, por qué? y ¿cuál fue el destino de sus moradores?, todavía siguen en pie.

El año 1976, al limpiar la parte delantera de la entrada principal, la que da a poniente, tuvimos la suerte de encontrar un bocado de caballo y una lanza de hierro, que supusimos correspondía a uno de los jinetes asaltantes. Por primera vez se tenía clara evidencia de la toma de La Bastida de manera violenta, al asalto por jinetes armados que atacaron la puerta principal. Hallazgos recientes, de menor relevancia, han sido presentados como primicias del hecho y de su constatación, con un atrevimiento digno de conmiseración.

            Nadie puso en duda el hecho de su destrucción ni se pone ahora, las amplias interrogantes, auténticos enigmas, son las siguientes:

            En las intensas y extensas excavaciones aparecen las casas totalmente asoladas, tras un voraz incendio, hubo, pues, violencia en la toma y en su destrucción, pero nunca se ha encontrado ningún cadáver, completo o fragmentado. ¿Hubo, también, muertos?, la respuesta debe ser afirmativa, es difícil tanta violencia sin muertos, más ¿quién los recogió y los retiró, enterrándolos tras la incineración (rito de la época)? ¿los asaltantes? ¿los supervivientes?

            Es difícil que el enemigo se entretenga enterrando a los derrotados, tarea propia de deudos y convecinos, mas, si hubo supervivientes ¿por qué no reconstruyeron el poblado y continuó allí la vida? Tras la toma y destrucción se abandonó definitivamente la población y nunca más se ocupó hasta su descubrimiento dos milenios largos, después. Y si volvieron para enterrar a los muertos ¿por qué no se llevaron los miles de objetos y enseres diversos que quedaron allí abandonados?, (felizmente para la arqueología actual).

            Si la toma la realizó un ejército foráneo, de paso, ¿de dónde venían, quiénes eran, a dónde iban? ¿Por qué destruyeron todos los poblados de la comarca, Stº Domingo o La Mola Torró, el Flare, quizá el mismo Castellaret donde la gran necrópolis del Corral de Saus? ¿Por qué eran fortalezas que defendían la entrada a la Edetania, después al Reino? (recordemos que Font de la Fitera -corrupción Higuera- significa frontera). En las fuentes clásicas hay en la zona mención a “ad Turres Setabitanas”, quizá haciendo referencia a las fortalezas citadas en relación con Saiti (Xátiva), la gran ciudad ibérica que llegó a acuñar moneda propia.

            Si los asaltantes fueron vecinos, enzarzados unos y otros en conflictos territoriales simplemente ¿por qué no se llevaron los enseres citados y lo dejaron todo allí?

            Si fue un ejército invasor, de paso, y se llevó deportados como esclavos a sus habitantes, ¿quién enterró a los muertos? ¿vecinos piadosos?, imposible porque, según lo expuesto también fueron exterminados o deportados y todas las preguntas se pueden trasladar a estos mismos lugares, donde concurren idénticas circunstancias.

Independientemente de la búsqueda de respuestas para preguntas de tanto interés, cuyo hallazgo nos permitiría iluminar un oscuro periodo de nuestra protohistoria, los comienzos de la Cultura Ibérica, lo que sabemos ya a ciencia cierta es que en la frontera occidental de la Edetania varias ciudades, auténticas fortalezas, explotaban un amplio y feraz territorio que abarcaba los términos de las actuales Mogente, Fuente la Higuera y Fontanares, al tiempo que controlaban la ruta de acceso al sur, la Turdetania (actual Andalucía) y al territorio céltico, Castilla-La Mancha.

Ciudades-fortalezas que en el s. IV fueron violentamente destruidas desapareciendo sus habitantes sin dejar rastro, salvo en el actual poblado del Castellaret donde la vida continuó hasta la Alta Edad Media. ¿Se concentraron aquí los supervivientes? Es una posible respuesta de difícil constatación, que se formula por si en el futuro se pudiera confirmar.