Mª CARMEN RICO NAVARRO, CRONISTA OFICIAL DE PETRER
En Petrer no tenemos muchas esculturas significativas dignas
de resaltar. Pero hoy queremos referirnos a una que nos acompaña desde hace
ahora 50 años y se dice pronto. Nos estamos refiriendo al monumento al zapatero
de la plaza de San Crispín del que hasta hoy no conocíamos su historia pero que
ha sido testigo de nuestros juegos y correrías por este singular espacio.
Recuerdo perfectamente cuando se colocó y lo extraño e innovador que nos
pareció en aquel momento este monumento que rinde homenaje al zapatero.
Petrer como pueblo industrial que tiene como referente la
industria del calzado tenía que tener un monumento que le rindiera homenaje. Y
como no podía ser de otra manera éste tenía que estar en la plaza que se rotuló
a mediados de los años 60 con el nombre del patrón de los zapateros,
talabarteros y curtidores.
Fue en enero de 1970 cuando se le encargó al arquitecto
municipal Enrique Romeu-Fernández Palacios el proyecto de ornato y urbanización
de esta plaza donde confluyen las calles País Valencià, Pintor Vicente Poveda,
Mª Luisa Ruiz, Doctor Marañón, Doctor Fleming y Pétrola. Tuvo un coste de
1.059.787 ptas. y unos años después, en 1982, se realizaron obras de ampliación.
Aunque ha habido posteriores remodelaciones y ampliaciones este monumento ha
sobrevivido a todas ellas y siempre ha estado contemplando el día a día de los
vecinos de esta zona y de todo los que solemos frecuentarla.
La escultura representa a un zapatero y se inauguró el
domingo 31 de octubre de 1971, fecha próxima al 25 de octubre día que se
celebraba en Petrer la festividad de San Crispín. En la escultura aparece el
nombre del escultor: A. Carrillo. 1971. Se colocó siendo alcalde Pedro Herrero
Herrero, al acto de inauguración asistió parte de la corporación y fue muy
concurrido como muestran las imágenes. El reportaje fotográfico de este acto lo
debemos a Heliodoro Corbí Sirvent, cronista gráfico, excelente fotógrafo y
mejor persona al que tuve la suerte de conocer y querer.
Respecto al escultor Adrián Carrillo García poco conocíamos
hasta este momento tan solo una inicial y su primer apellido y ello porque la
escultura aparece firmada. Nació en Alicante el 7 de julio de 1914, fue, además
de escultor e imaginero, profesor de dibujo en la Escuela de Trabajo de Benalúa
y un prometedor constructor de fogueres en las que estuvo seis años en activo
con el siguiente palmarés: ocho monumentos plantados, dos ninots indultats,
tres primeros premios y un máximo galardón. También colaboró con el maestro
Gastón Castelló y con su amigo el escultor Daniel Bañuls, en cuyo taller
picaría piedra reproduciendo tipos naturales.
Carrillo remodeló el cielo de escayola del Teatro Principal
de Alicante y a finales de los años cuarenta comenzó a vivir de la escultura de
encargo y de las restauraciones y producciones religiosas. Hasta que en sus
últimos años pudo sumergirse por completo en una obra personal, contundente, de
curvas subrayadas, primero de ondas clásicas mediterráneas y luego de volúmenes
geométricos abstractos, siempre muy terrenales y de iconografía cotidiana y
familiar. Republicano y creyente, para desarrollar su oficio fue esencial el
artesano, escultor, e imaginero Miguel Carrillo Soler, su padre, natural de Relleu,
de familia ebanista, con taller en la calle san Nicolás, y a quien ayudaría
preparando fogueres en vacaciones o en horas libres del instituto. Dispuesto a
acelerar su carrera, Carrillo mostraría su primera exposición con solo 17 años.
Libre del servicio militar por ser hijo de padres muy mayores, la guerra, no
obstante, le impidió estudiar Arquitectura y le arrastró a Valencia, luchando
con el rango de comisario en los frentes republicanos de Andalucía y
Extremadura. Una década después, formaría parte del planeta intelectual
alicantino de postguerra. Adrián Carrillo trabajaba a diario, sistemáticamente,
en encargos privados o públicos. Su primer taller estuvo al principio de la
calle san Carlos, cerca de Las Cigarreras, trasladándose luego a la de Juan Ortega,
en san Blas. Su legado es una amplia y renovada colección de grupos
escultóricos, estatuas, relieves o murales procesados con materiales distintos
pero armónicos (piedra, hormigón, madera o hierro), en Alicante y en otras
ciudades cercanas como Petrer. También en La Vila Joiosa (La Mareta); en la
iglesia de El Realengo, Crevillent, o en Elx (monumento a Camilo José Cela).
Creador de muchas esculturas, Carrillo aún respira a través
de más de 40 obras visibles en numerosos zaguanes de viviendas privadas; en el
Banco Sabadell de La Rambla (La familia, el trabajo y el ahorro); en el
edificio de Obras Públicas de La Muntanyeta; en el extinto Hotel Carlton; en la
fachada de Ibermutuamur (Alfonso, el Sabio, 37); en la Autoridad Portuaria; en
el Conservatorio (antes Colegio de Huérfanos Ferroviarios); o en las iglesias
de san Gabriel y Ciudad de Asís, con el busto del inolvidable padre Ángel de
Carcaixent. Falleció a los 65 años en Alicante donde una calle lleva su nombre.
Su hijo es el escultor, pintor y ceramista Adriano Carrillo Valero.
He querido compartir con vosotros estas singulares imágenes
y este momento que supuso que Petrer contase con un monumento al zapatero que
siempre le ha dado un carácter especial a esta plaza. Hoy cumple 50 años y
podemos decir que fuimos pioneros respecto a otros pueblos vecinos en perpetuar
un homenaje a este oficio que ha sido y nos gustaría que continuase siendo una
seña de identidad de Petrer.
En próximas crónicas haremos referencia a cómo se celebraba
la festividad de San Crispín que incluía, entre otros actos, la edición de un
programa de actos, misa en la ermita de San Bonifacio y procesión. Hasta
entonces os invito a disfrutar de estas singulares imágenes.
Fuente: https://www.valledeelda.com