
FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA
Lo grave, lo digo de corazón, no es que esté cambiando el clima, sino que le esté subiendo la memez en sangre a tanta gente sobre la que recae capacidad de decisión y obligación de respetabilidad. Cuando el Ayuntamiento, por ejemplo, emite una nota de prensa, llena de pompa y circunstancia, en la que informa que el IVAM ha sido incluido en la «xarxa de refugis climàtics» ¿no estaremos cayendo en una consagración de la cursilería?
Tengo una carpeta sumidero que lleva por título «Mi no entender y el dinero se va a chorros». Esta nota de prensa la guardo allí, en espera de que gane el concurso del verano. Porque resulta que el IVAM fue concebido con calefacción y refrigeración. Por eso, siendo Carmen Alborch su directora, ya colgó en agosto el cartel de «Abierto por vacaciones». Pero, claro, de ahí a rebajar el primer museo de arte contemporáneo de España al nivel de un mero refugio contra el calor, hay una cierta distancia de dignidad. Todos hemos ido alguna vez al cine Lys porque estaba refrigerado; pero usábamos a Minelli o a Cukor como disculpa. «Es que Anne Brancroft está insuperable», decíamos.
Ahora, cuando la frivolidad ya no se esconde, cuando la anécdota supera a la sustancia, es la dirección de la institución que sea -museo, biblioteca, filmoteca, teatro- la que presume en voz alta de tener botellitas de Chóvar y abanicos a disposición de los clientes. Pronto, ya lo verán, nos recomendarán ir a ver a Rubens porque en el museo de Bellas Artes hay botijos mucho más frescos que en el Museo del Carmen.
Mañana, con la que está cayendo, se va a celebrar el 750º aniversario de la muerte de Jaume I: actos académicos, ofrenda de coronas, misa solemne. Los especialistas, a estas alturas, todavía discuten si el monarca fundador se nos murió en Alzira o en Valencia, asunto de mucha enjundia. Aunque todo indica que el rey falleció ‘in itinere’, a mitad del camino, transportado en carro o litera, víctima de un «esclafit tèrmic» de la Ribera.
Aureliano Lairón, el cronista de Alzira, dice que lo importante en un rey es dónde abdica, hace testamento y deja de serlo, no dónde entrega su espíritu al Creador como un cristiano más. Y no le falta razón: en el caso de nuestro monarca lo importante es que hizo las cosas bien antes de morirse y dejó un Reino razonablemente organizado. Donde intentamos, ahora, sobrevivir. En un Paraninfo, en una Catedral, donde el padre Tosca o el bisbe Pallarés no hicieron previsiones de refrigeración. «Tira de palmito…».
Por cierto, ¿sabían que la Chrònica de Jaume I ya contó al detalle el eclipse de Sol de 1239? El rey veraneaba «al palau de Montpellier», mucho más fresquito…
Fuente: https://www.lasprovincias.es
