FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA
En la mañana del 14 de octubre de 1957 parte de la ciudad de
Valencia quedó inundada por una avenida del río Turia, pero se celebró un
matrimonio en la basílica de la Virgen de los Desamparados, apenas a doscientos
metros de donde se estaba rescatando las primeras víctimas. En la mañana del 14
de octubre de 1957 hubo niños que fueron a la escuela con normalidad y
cadáveres arrastrados por las aguas desde pueblos situados a más de treinta kilómetros
aguas arriba. La doble riada del Turia, una durante la madrugada y la otra,
mayor, al filo de los dos de la tarde, se cobró oficialmente 81 víctimas, desde
Domeño a Nazaret. Pero estableció un antes y un después en la vida de los
valencianos y cambió para siempre la historia de una ciudad.
En 1957 se estaba construyendo el túnel de las Grandes Vías
y circulaban los tranvías. Miles de valencianos sufrían una epidemia de gripe y
en las carteleras triunfaban ‘El último cuplé’, ‘Sissi emperatriz’ ‘Tifón sobre
Nagasaki’. Valencia era una ciudad de aire provinciano, con pocos coches en
circulación y una legión de triciclos y carros de mano. Los pasos a nivel
superaban los 150 y los semáforos ni pasaban de una docena. Kilómetros de
acequias circulaban al descubierto. Los teléfonos tenían cinco cifras, un
periódico costaba peseta y media y solo algunos afortunados podían presumir de
tener un Seat 600.
Una Dana
Fue, como tantas otras veces, una gota fría, una Dana de
otoño. Que en este caso descargó toda su potencia en el curso medio del Turia y
en las ramblas que desembocan en el río en la comarca de los Serranos. Llovió
con fuerza el sábado, 12 de octubre, y arreció al día siguiente. En la noche
del domingo 13, policías, guardias civiles y serenos dieron la alerta a los
espectadores de los cines del centro y avisaron del peligro en muchas plantas
bajas: en Ribarroja y Villamarchante, el Turia venía con gran fuerza y se podía
desbordar también en la ciudad. En Casinos, Domeño y Chera, en Olocau, Andilla,
Villar del Arzobispo, Lliria, Pedralba, Chulilla, Gestalgar, Villamarchante y
Bugarra los pluviómetros se desbordaron al llegar a los 200 litros por metro
cuadrado. En Marines, los corrimientos de tierra causaron las primeras víctimas
y la destrucción parcial del pueblo.
La riada de 1957 se hizo famosa en Valencia pero dañó a una
treintena de pueblos de la provincia. En la tarde del 14 de octubre, cuando las
lluvias se desplazaron hacia la costa, llovió con rabia sobre la ciudad y el
temporal de mar dificultó un buen desagüe: la avenida del Turia se unió a la de
los barrancos de Carraixet y Torrent, y a la del rio Magro. Hasta configurar un
delta, alimentado por 5.000 metros cúbicos por segundo, que se extendió desde
Cullera hasta Puzol.
La segunda riada
La segunda avenida del Turia llegó entre las dos y las tres
de la tarde del 14 de octubre. Fue mucho más caudalosa que la primera pero
causó menos víctimas humanas al producirse de día. Sus daños materiales, sin
embargo, fueron mayores, al ser mayor la altura de las aguas. El Turia se
desbordó en primer lugar por su izquierda, en Campanar, y a partir del puente
de San José se fue abriendo en abanico, en una orilla y la otra, hacia
Tendetes, el Carmen, la Zaidía y la Volta del Rosinyol.
El pretil de la orilla izquierda, construido históricamente
en cota más baja, cumplió con su papel y derramó las aguas hacia Viveros,
Mestalla y Benimaclet, en busca del Carraixet y el mar. En la orilla derecha,
las aguas buscaron el primitivo brazo secundario del Turia y, por el Carmen,
bajaron por la Bolsería hacia el Mercado y desde allí a la plaza del
Ayuntamiento y la calle de las Barcas. La parte central de Ciutat Vella, sin
embargo, no se inundó: es la colina sobre la que asentó la Valencia romana
fundacional.
81 víctimas
El sumario judicial que un juez de guardia abrió tras la
inundación en unos locales inundados, estableció que los muertos por la riada
de 1957 fueron en total 81, de modo oficial. Porque en febrero de 1958 aún dio
tiempo a incorporar dos cadáveres no identificables que aparecieron en la
playa, semienterrados en la arena. Las fuentes oficiales, en los primeros días
de noviembre, dieron un balance de 52 muertos en la capital (34 identificados,
15 sin identificar y tres desaparecidos) y 29 en la provincia (17 identificados
y 12 desaparecidos).
Por lo que a la ciudad se refiere, las víctimas fueron,
principalmente, personas que vivían en plantas bajas en zonas próximas al rio y
fueron sorprendidas por la primera inundación, nocturna. La calle Padre Huérfanos,
la de las Rocas, Garcilaso, Padre Ferrís, Doctor Olóriz, Volta del Rosinyol y
Alboraya fueron escenario de terribles dramas; también desde luego el Marítimo,
Nazaret, La Punta y Pinedo. En cuanto a la provincia, Pedralba tuvo trece
víctimas. Las conjeturas indican que pudo haber más muertes de indocumentados
que vivían en chabolas cerca del cauce del Turia.
Los daños
En la ciudad y en una treintena de pueblos de la provincia,
los daños fueron gravísimos en el comercio, la banca, la agricultura, la
industria, así como en viviendas particulares. Pero no menos cuantiosos fueron
los daños en instalaciones de carácter público: desde iglesias a escuelas,
desde museos a cuarteles y asilos de niños y ancianos. Los daños en las
infraestructuras fueron terribles: la riada se llevó la pasarela del Pont de
Fusta y el puente de la Exposición, mientras causaba daños en otros puentes.
Caminos rurales y carreteras, ferrocarriles y telefonía sufrieron daños
gravísimos. En buena parte de la ciudad, además, el alcantarillado quedó
inutilizable por el barro, especialmente en los barrios marítimos.
El Ayuntamiento estimó que el daño en sus instalaciones
superaba los 325 millones de pesetas. La Diputación estableció si cifra en 59 y
el Estado en 120 millones. Los sindicatos estimaron que el daño sufrido por
5.580 empresas afectadas se elevaba a unos 1.100 millones de pesetas, de los
que 972 se referían a instalaciones, maquinaria y mercancías y los restantes
bien a inmuebles o a jornales abonados a trabajadores en paro. Los daños en la
agricultura se cifraron en más de 760 millones de pesetas.
La Batalla del Barro
Sobre la ciudad de Valencia, al bajar las aguas, quedó algo
más de un millón de toneladas de barrio y desperdicios, en ocasiones
fuertemente contaminados de petróleo y productos químicos. En la huerta,
también en la ciudad, fue preciso retirar los cadáveres de cientos de animales
domésticos sorprendidos por la inundación. La que se llamó Batalla del Barro se
desarrolló durante seis semanas con voluntarios locales, primero, y con la
presencia de unos 3.000 soldados en su fase decisiva. Para la tarea se desplazó
a Valencia maquinaria pesada norteamericana que trabajaba en la construcción de
las bases militares de Morón y Torrejón. Bajo dirección militar, y con una gran
concentración de medios, se desarrolló una gran operación que en principio se
temía que llegara a durar seis meses.
Ayuda a Valencia
La primera ayuda que recibió Valencia fue un camión, cargado
de sacos de pan, que viajó directo desde Alcoi. Poco después, llegó a puerto un
buque de la Armada, que había hecho el trayecto desde Cartagena fabricando
cientos de barras de pan. Desde ese punto, Valencia fue el foco de un enorme
movimiento de solidaridad procedente de toda España. El portaviones
norteamericano ‘Lake Champlain’; desvió su rumbo y se desplazó a Valencia, para
unir sus helicópteros a los de la base de Manises: los barrios marineros de la
ciudad, y los pueblos castigados en el interior recibieron ayudas desde el
aire.
Adolfo Fernández, un locutor de Radio Juventud de Murcia,
inició un programa de solidaridad con Valencia, en forma de subasta continuada
de donaciones, que ha pasado a la historia de la radio española. Por esa vía, y
de cien formas más, Valencia recibió generosas donaciones desde medio mundo.
Mientras tanto, las ayudas del Gobierno y las soluciones se demoraron hasta el
punto de determinar una crisis política. El alcalde de la ciudad, marqués del
Turia, fue destituido como secuela de sus reivindicaciones; poco después, el
director de LAS PROVINCIAS, Martín Domínguez, presentó la dimisión para evitar
las presiones gubernamentales que amenazaban con recortar el cupo de papel de
nuestro periódico.
Fuente: https://www.lasprovincias.es/valencia-ciudad/catastrofe-cambio-valencia-20220728105742-nt.html