ANTONIO LUIS GALIANO PÉREZ, CRONISTA OFICIAL DE ORIHUELA
A la tercera va la vencida. Dos años en nuestra historia,
2021 y 2022, en que no pudo celebrarse el Mercado Medieval por razón de un tema
sanitario que ya casi se ha hecho clásico: la pandemia. Sin embargo, en ese
último año, se recordó a dicho Mercado al ser protagonista a través de una foto
de Rate Bas del cupón de la ONCE del jueves 27 de enero, que fue presentado en
nuestra ciudad tres días antes por el alcalde Emilio Bascuñana Galiano, el
director de la ONCE en Orihuela Vicente Vázquez González y la concejala de
Festividades, Mariola Rocamota Gisbert.
Pero, hagamos alguna matización sobre el título de «Mercado
Medieval», aunque pensamos que, después de veintidós ediciones y en este año
una más, se debe de seguir manteniendo esa denominación. El hecho es el
siguiente: según el «Diccionario de Autoridades» de 1734, hay que diferenciar
entre mercado y feria, ya que la segunda es «más copiosa, concurriendo a ellas
mercaderes forasteros con mercancías gruessas», sin embargo el primero lo
define como de menos entidad, aunque más frecuente. Por ello, siempre hablamos,
«el martes en Orihuela, mercao», refiriéndonos a todos los martes del año. Y
decíamos la Feria de Agosto, anual. Pero, dejemos la cosa como está y sigamos
valorando positivamente a nuestro Mercado Medieval, aunque tal vez en el fondo
sea una feria.
Y tratando sobre esta última, hagamos memoria sobre cómo se
llevaba a efecto hace algunos siglos, después de haber sido autorizada por un
privilegio del Rey Sabio, en 1272. Mientras que, en 1269, para el mercado
semanal se concedían franquicias a los mercaderes que acudieran al mismo.
La Feria a lo largo de su historia sufrió cambios en la
fecha de celebración, desde agosto a Todos los Santos, hasta regresar al mes de
agosto. De igual forma, su ubicación fue distinta en varias ocasiones, hasta
que en el siglo XVII, el Consejo decidió trasladarla desde la calle de la
Feria, hasta el Arrabal de San Agustín.
El 24 de octubre 1589 se ordenaba por una provisión real que
no se celebrase la Feria debido a una epidemia de peste, y en 1596, el Virrey
de Valencia trasladaba otra provisión por la que se establecía que no se
realizara en ninguna población que no la tuviera establecida en sus fueros.
Este no era el caso de Orihuela, tal como hemos visto, y la convocatoria para
la misma todos los años iba precedida por una crida que era pregonada en la
Plaza Mayor ante el vecindario por el trompeta y corredor público. Cargo que,
en 1612, lo desempeñaba Domingo Blanch.
En 1603, el pregón por el que se anunciaba la celebración de
la Feria se hacía saber por orden del caballero y Señor de Jacarilla, Luis
Togores, «portanvens» general y gobernador de Orihuela, así como por Alonso
Remiro de Espejo, caballero y baile de la Ciudad y su partido; Françes March,
ciudadano y justicia criminal y Jaume Ortiz, caballero y justicia civil, y por
los ciudadanos y jurados Pere Masquefa, Françes de la Torre, Juan Pérez, micer
Françes Gil y micer Vicent Ferrer. Los cuales adoptaron el acuerdo de
celebrarla desde el primer día de noviembre hasta el quince de ese mes, a tenor
de los Reales Privilegios que gozaba la Ciudad, notificando a todos aquellos
que acudiesen con sus ropas y mercaderías que deberían portar certificados,
tanto de ellos como de éstas de que estaban sanos y sin males contagiosos, para
no ser molestados.
Generalmente, entre otras con sediciones para poder efectuar
las ventas hacía hincapié en dos sectores: textil y platería. Con respecto al
primero de ellos se intentaba proteger la fabricación autóctona y del resto del
Reino de Valencia. En el segundo, se pretendía evitar el fraude a los vecinos y
a los que arribaban para hacer las compras de esta artesanía desde otros
lugares.
La venta de paños, tejidos de seda, terciopelos, cretonas,
tafetanes y damascos, estaban condicionados a que antes de desembalarlos lo
debían de poner en conocimiento del escribano de la Sala para que el «bollador»
o encargado de poner un sello de plomo en los tejidos para saber quién lo había
fabricado. Así como, que los reconociese a fin de comprobar si en dicho sello
se identificaba la fábrica donde se habían confeccionado, evitando así el
fraude. Por otro lado, en referencia a aquellos de seda fabricados en el Reino
de Valencia y en Génova, en los que se podía producir fraude, no se podrían
vender si no estaban debidamente marcadas como del primero y de la ciudad de
donde procedían sin engomar, y acorde con los capítulos del gremio de
terciopeleros de Orihuela. En este caso, de incumplir dichos requisitos los
tejidos de seda serían requisados y el mercader sancionado con 50 libras.
Por otro lado, estaba prohibido a los mercaderes comprar
paños durante la Feria para volverlos a vender en ella, o en la ciudad, salvo
que fueran inspeccionados por los «bolladores» y relacionados por el escribano
de la Sala. En este último caso, a aquellos que lo infringieran serían multados
con 60 sueldos. De igual forma que si se descubriese paños falsos y sin bollar,
se incautarían al mercader, no siendo vendibles y sancionándolo con 50 libras.
En aquel caso de ventas de trabajos en oro, plata y joyas,
se intentaba evitar los fraudes que se acostumbraba a hacer a los compradores,
ya que solían traer las piezas trabajadas con menoscabo de su valor de oro de
22 quilates, tras haber sido sometidas a mezclas con otros metales. Ante ello,
se ordenaba que los joyeros y plateros vendieran sus mercancías marcadas con
los quilates que establecían los fueros del Reino de Valencia y, en caso
contrario, aquellas piezas de oro y plata de menor valor les serían requisadas
y sancionado el mercader con 50 libras.
Las condiciones con que el Consejo oriolano de 28 de octubre
de 1612, adoptaba el acuerdo de la celebración de la Feria anual y que serían
pregonados, prácticamente se reiteraban anualmente, salvo en dicho año, en que
tras hacer referencia al requisito de que los mercaderes debían portar
certificados de que tanto ellos como sus mercancías estaban sanos de mal, se
añadía que además de permitirle el acceso a la ciudad, no serían molestados ni
tres días antes ni después de la Feria.
Por otro lado, estaba prohibido el acceso a aquellos que
tuvieran causas motivadas por deudas, cualquier crimen y delitos (salvo los de
lesa majestad), sodomitas, ladrones, traidores y condenados por sentencia
juzgada por el lugarteniente general del Reino de Valencia. Al igual que los
desterrados de la ciudad o que estuvieran con proceso criminal. En el caso que
accedieran a la Feria serían condenados con la quema de sus mercancías y con
las penas que estableciera la Justicia.
Así, era la Feria hace siglos. Ahora, será Mercado o Feria
lo vivimos en estas fechas. ¡Qué más da! Lo importante es que el Mercado
Medieval de Orihuela cumple su XXIII edición y atrae a muchos visitantes a
nuestra ciudad.
Fuente: https://www.informacion.es