
FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA
Al lado del mar, las gaviotas, tan grandes como buitres, dejan caer los restos de las palomas que van cazando, sobre un retal de agua trasparente. De modo que, cuando aparecen los cadáveres blancos flotando no hay más remedio que cerrar el acceso de vecinos a ese recuadro azul: la piscina pública de Nazaret.
Que un bicho se coma a otro es normal, es el ir y venir de la madre Naturaleza; es la vida, que lleva así desde hace millones de años, desde hace centenares de aburridos y repetitivos eclipses; espectáculos solo para dinosaurios de los que nadie tuvo cuenta. En 1239, cuando el eclipse que Jaime I dejó anotado en su Crónica, nadie se preocupó de si los perros y los gatos iban a tener problemas en la vista; pero muchos ayuntamientos, este agosto, han tenido que trabajar lo que en febrero y octubre no trabajan. Por culpa, a causa, de esa eclipsemanía que ellos mismos han contribuido a crear. Trampa para elefantes.
Los periódicos dan espectaculares imágenes de eclipses, trucadas con teleobjetivos de 25.000 euros. Los telediarios, la publicidad, las agencias de viajes han falseado tamaños, escalas y verdades hasta lograr una fascinación colectiva infantiloide. De modo que, cuando ya nada se hace sin aglomeraciones y sin Instagram, la decepción ha ido por barrios. Es mejor la verdad falseada de los telediarios que la verdadera verdad apreciable.
La madre Naturaleza, el hambre primero y luego todo lo demás, lleva a los hombres a moverse. Las personas quieren vivir mejor y, hoy en día, el sin techo de Marruecos se entretiene hablando con su primo taxista en Heidelberg. De modo que, habiendo teléfonos por millones, es perfectamente posible organizar la invasión de Tarik y Muza trece siglos después. ¿Se ha parado alguien a investigar cómo los asaltantes de Ceuta llevaban no menos de dos mil salvavidas hinchables con forma de rueda de camión Monster Truck a 7’99 la pieza? ¿Dónde los compraron? Hasta el covid, miles de mujeres porteadoras se ganaban unos euros cada día llevando pesados fardos de contrabando al menudeo entre Ceuta y Marruecos. Chucherías y tabaco. La frontera del Tarajal está aún festoneada de los almacenes abandonados de aquel negocio popular fruto de la astucia del hambre. Lo que no sabemos es cuántos de estos niños son hijos de aquellas porteadoras de la miseria que el gobierno del sátrapa futbolero tiene en el olvido.
La madre Naturaleza es una máquina infalible. Volverá octubre a los barrancos donde ponemos cañas y cientos de coches de concesionarios. Volveremos a tener Pérez Galdós con enormes aceras para terrazas y apenas un hilo para los coches. Volverá la huelga de maestros y escucharemos a Joan Ribó que explica, con el Réquiem de Mozart de fondo, ese bulevar García Lorca que no le dejó hacer su socio… el Gobierno de Pedro Sánchez.
Fuente: https://www.lasprovincias.es
