Arxiu diari: 27 de desembre de 2025

FALLAS, LA FIESTA MÁS VALENCIANA

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

Las Fallas estrenan hoy el título de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco con el reto de salvaguardar a perpetuidad una fiesta protagonizada por el fuego, en la que la multitud de sectores artesanos y tradicionales implicados la convierten en motor social, económico y cultural». Así lo escribimos el 26 de noviembre de 2016, hace ya diez años, en un periódico que, desde su fundación, ha dado noticia del aliento popular de la fiesta más valenciana.

Obviamente, las Fallas de 2026 son muy diferentes a las de 1866. Pero, en muy buena medida, conservan el sabor satírico y popular que eran sus valores esenciales cuando una falla era poco más que un catafalco con dos ‘ninots’ pobremente vestidos. Esos rasgos característicos, el arraigo entre los vecinos de la plaza y el barrio, y el sentido burlesco de la propia falla, es lo que el periódico ha defendido siempre, dentro de un proceso de expansión colosal. Porque si en el siglo XIX se plantaban apenas una docena de catafalcos efímeros, en la actualidad se plantan unas 400 fallas mayores y otras tantas infantiles gracias a la actividad de un censo de unos 120.000 festeros.

En el año 1855, cuando Josep Bernat i Baldoví escribió un ‘llibret de falla’ para la plaza del Almudín, LAS PROVINCIAS todavía no existía. Pero aquella escena, aquellos versos, la sorna humorística de ‘El conill, Visanteta i don Facundo’, se consideran la partida de bautismo de las fallas valencianas. Lo esencial estaba ya en la calle: para el festejo popular, para la diversión de unas horas de traca, buñuelos y fuego y para el escándalo de la pequeña burguesía avinagrada, tan bien retratado por Eduardo Escalante en su sainete de 1878.

Los estudiosos han dicho que el festejo viene de la quema en la plaza de las perchas y candeleros que, durante los días cortos y oscuros del invierno, habían sujetado los candiles en los talleres de los carpinteros. Coincide con otras tradiciones antiguas que mandan prender hogueras en las plazas cuando llega la primavera. En todo caso, ese empuje innato es el motor de una fiesta que luchó con años de revoluciones y epidemias; y con ayuntamientos poco comprensivos que quisieron cobrar o sencillamente prohibieron el festejo, porque era ruidoso o porque hacía carne en los excesos de la política.

El periódico siempre ha defendido que los falleros ejercieran, dentro de su intocable libertad, moderación y autocontrol. El periódico criticó la grosería y el exceso de ruido incontrolado en el siglo XIX y, ya en el XX, se dejó vencer por el espectáculo imparable de las masas de festeros que acudían a la basílica de la Virgen para una Ofrenda de Flores, nacida en 1945, que vino a cambiar las perspectivas del festejo para siempre.

La expansión del Siglo XX

En los primeros años del siglo XX, el Ayuntamiento instituyó los premios a las Fallas y abandonó los recelos de la centuria anterior. Lo Rat Penat colaboró premiando a los ‘llibrets’ y fomentando las fallas infantiles. Si los quince primeros años del siglo XX se pueden señalar como los de la depuración de la gracia en una fiesta de intenso sabor de barrio, los años veinte van a traer un paulatino desarrollo del número de comisiones, al tiempo que se consagra una proyección nacional.

El improvisado viaje a Madrid de unos periodistas a bordo de un autobús de línea urbano fue la primera llamada a la fiesta hecha, en 1928, en la capital. Vinieron turistas y entre 1929 y 1934 se articuló una semana fallera organizada bajo el paraguas tutelar municipal. Las Fallas, cuando llegó el parón de la guerra civil, tenían ya los elementos esenciales -pregón de fiesta, fallera mayor, junta organizadora, Exposición del Ninot- ; de modo que el franquismo lo que hizo fue «ordenar» dentro de sus nuevos parámetros una fiesta que, a lo largo de los años no hizo sino crecer y crecer. La Ofrenda de Flores a la Virgen, nacida en 1945, fue un espectáculo humano de singular emotividad que, en pocos años, se convirtió en el eje de todo el festejo fallero, por encima de la fiesta de la pólvora y el fuego.

El calendario de fallas plantadas en la calle, que era de un solo día en el siglo XX, ha pasado a dos y luego a tres. La Propia Ofrenda fue desdoblada en dos itinerarios y ocupó dos jornadas del calendario. Son las consecuencias de una imparable masificación, tanto de festeros como de visitantes, que superan con facilidad el millón a lo largo de los 19 días en que ahora se dispara la ‘Mascletá’.

Fuente: https://www.lasprovincias.es

ESPAIS URBANS QUE RECORDEN AL MONARCA

AURELIANO J. LAIRÓN PLA, CRONISTA OFICIAL D’ALZIRA

La ruta que ens recorda la presència del rei a la capital de la Ribera dona compte, entre altres, de la Creu Coberta, que es localitza en l’antic Camí Reial d’Alzira a València, circumval·lada des de fa uns anys per l’autovia que unix la localitat amb la veïna Algemesí. És lloc assenyalat per la tradició oral amb el monarca. No són pocs els qui asseguren, sense cap fonament, que eixe punt va ser el lloc exacte on va poder vore per última vegada la llum el rei quan, molt malalt, era traslladat des de la vila a la capital del regne. En realitat és una de les tantes creus alçades pels nostres avantpassats com a testimoniatge d’una fe i en senyal de pertinença a la civilització cristiana. Associar-la a la circumstància del trànsit del monarca forma part de la llegenda.

Altre espai que ens recorda al rei és l’antiga església de Santa Maria. El temple, del qual a penes subsistixen restes que pregonen la sea existència, va ser, probablement, la primitiva mesquita de l’alcassaba de la qual tracten diversos estudiosos. Va haver de ser la primera església oberta al culte cristià després de l’entrada del rei en la població. D’acord amb el costum, el monarca la va dedicar a la Verge Maria en el misteri de l’Assumpció. En esta, segons la seua “Crònica”, va disposar el Conqueridor -li ho va encarregar al bisbe d’Osca- que foren depositades les seues restes en cas de produir-se la seua defunció a la vila. En ella, segons tradició antiga, recollida en els llibres municipals, es va instituir la Confraria de la Verge Maria que, segons la tradició, tal com arreplega Josep Maria Parra, seria fundada pel rei que seria, com els seus successors, confrare.

Un altre lloc vinculat al rei va ser el convent de Sant Agustí. Malauradament, a penes queden restes de l’antiga església i de la primitiva fàbrica del cenobi fundat al raval de l’Alquenència l’any 1270. Es va mantindre en peu fins a 1936. Es localizava en un extrem de l’actual Plaça Major, al costat de la que fins fa uns anys va ser seu de la Cooperativa Alzicoop i de l´edifici de Bancaixa. Testimonis del convent són les nervadures d’algunes de les capelles laterals gòtiques, que donaven al carrer Pérez Galdós, que vaig ajudar a recuperar per a la ciutat a principis de 1990. En el convent es va erigir la confraria de la Mare de Déu de Gràcia, que la tradició assenyala , tal i com la Confraria de la Verge Maria, que va ser fundada pel rei.

La Pileta del Martiri dels patrons alzirenys, en l’horta, prop d’on s’alçà el convent dels trinitaris, rememora la presència jaumina en la tradició referida per diversos historiadors i, especialment, per Honorat Gilbau de Castro que va ser el propi rei qui després de la troballa dels cossos dels màrtirs “va manar traure els ossos i posar-los en l’ermita que ell va fer construir i edificar” i que va ser l’antecedent del cenobi que es va bastir en el segle XVI.

Fuente: https://www.levante-emv.com