Arxiu diari: 2 de desembre de 2025

LA ACADEMIA VALENCIANA DE CRONISTAS OFICIALES ECHA A ANDAR CON JOSEP-RAMON SANCHIS AL FRENTE

AMPARO SORIA

El Diari Oficial de la Generalitat Valenciana ha publicado este lunes el decreto que oficializa la creación de la Acadèmia Valenciana de Cronistes Oficials (AVCO). La nueva entidad está destinada a aglutinar, defender y promover la labor de los cronistas oficiales de los municipios valencianos, tal como señaló la portavoz del Consell y vicepresidenta, Susana Camarero, en el último pleno celebrado bajo la batuta del presidente Carlos Mazón, que todavía firma este decreto junto al todavía conseller de Educación y Cultura, José Antonio Rovira. Este es el paso formal para constituir la institución, aprobar sus estatutos y su inscripción en el registro oficial de academias.

Así, tal como figura ya en las bases, SERÁ EL CRONISTA OFICIAL DE ALDAIA, JOSEP-RAMON SANCHIS, EL PRESIDENTE de la entidad. EL VICEPRESIDENTE PRIMERO SERÁ MANUEL VICENTE FEBRER (ALCÀSSER), EL SEGUNDO SERÁ AGUSTÍ VENTURA (XÀTIVA) Y LA VICEPRESIDENCIA TERCERA SERÁ PARA FRANCESC PÉREZ PUCHE, EL CRONISTA OFICIAL DE VALÈNCIA. A ellos se suman otros nombres relevantes como Emili Casanova, Cronista Oficial de Agullent y filólogo de lengua Catalana, así como el historiador Vicent Baydal, uno de los cronistas de la capital, y Jesús Huguet, cronista oficial de Pobla Llarga, Alberic y Portell además de secretario del Consell Valencià de Cultura.

Hay una evidente y notoria falta de mujeres en esta entidad. Solo hay seis mujeres en los 45 cargos consolidados, entre ellas las cronistas oficiales de Mutxamel, Jérica, Tavernes de la Valldigna, Petrer, Mutxamel y Muro d’Alcoi, casi todas como vocales.

Difusión del patrimonio

La AVCO nace con un carácter no lucrativo y la finalidad clara de fomentar la investigación y el estudio de la historia, especialmente de la crónica histórica y la historia local, así como impulsar la difusión del patrimonio documental valenciano. Entre los objetivos se encuentra la organización de congresos, jornadas, conferencias y la creación de grupos de investigación comarcal, así como la constitución de un fondo documental y editorial, asesoría a organimos públicos y privados en cuestiones históricas y culturales y de conservación de patrimonio.

La sede se ubicará en Torrent y una vez aprobados los estatutos, los académicos fundadores podrán recibir la acreditación oficial junto con la medalla y distintivos establecidos. Además, a partir de ahora ya se puede convocar el pleno constitutivo que elegirá formalmente los cargos para los primeros cinco años de mandato.

Tal como especifica el decreto, su financiación dependerá de las cuotas que aporten los integrantes de la academia así como las líneas de subvención a las que se puedan acoger de la Generalitat.

Fuente: https://www.levante-emv.com

CUANDO EL AYUNTAMIENTO PARTIÓ EN DOS LA GLORIETA

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

Tuvo que ser un invasor francés, el mariscal Gabriel Suchet, duque de la Albufera, el que cayera en la cuenta de que el edificio de la Aduana –que ahora estamos restaurando otra vez– no tenía delante el mejor paisaje posible. Había casuchas, había fealdad y había una calle -la de Palpacuixes-que escandalizó al militar cuando pidió una fiel traducción. Con su impronta, con el impulso del francés, la Valencia invadida metió mano a los derribos y terminó por configurar, con la colaboración del general Elio, un jardín que, hacia 1815, iba desde la puerta de la muralla hasta el convento de Santo Domingo.

Se puede afirmar que la Glorieta estaba bien formada en 1825 y que el Ayuntamiento la mejoró en 1827, cuando Fernando VII vino a la ciudad para abjurar de la Constitución en el palacio de Cervellón. Años después, en 1860, el jardín quedó rodeado por una elegante verja de hierro forjado sostenida por pilastras de piedra con adornos labrados.

Pero fue ahora hace un siglo, en 1925, cuando el alcalde Luis Oliag puso en marcha una reforma sustancial en el jardín que desató toda clase de dudas y polémicas. Porque fue una corporación de la Dictadura de Primo de Rivera la que se atrevió a poner en marcha una demanda típicamente republicana. Y es que republicanos y monárquicos, durante décadas, estuvieron separados, en el enfoque de la ciudad y en los agrios debates municipales, por la verja de la Glorieta. Que impedía a los vecinos el libre acceso al único jardín público disponible. Más que un elemento físico era un símbolo, un concepto mental que dividía dos mundos: el popular y democrático, donde los servicios eran abiertos, y el burgués y liberal, donde había que ahorrar y los servicios debían ser de pago.

Es bien cierto que la verja permitía a la corporación de mayoría conservadora arrendar el jardín a sucesivos concesionarios, que controlaban la entrada y cobraban unos céntimos por el acceso, además de instalar, según épocas, teatros, cines de verano, casetas de feria y otras diversiones. Como lo es también que la verja de la Glorieta garantizó seguridad a un jardín rodeado, con el paso de los años, por un circuito de tranvías eléctricos. La protección de la verja daba confianza y tranquilidad a las jóvenes criadas que acudían a pasear a los bebés al jardín; y hacía posible un clásico: la cháchara de las sirvientas con los soldados, numerosos en los cuarteles de alrededor, que frecuentaban la zona en las horas de asueto.

Todo eso, y mucho más, saltó al ruedo en la polémica de prensa del año 1925, cuando los periódicos, sometidos a la censura, recibían con cuentagotas y filtros, las noticias del desembarco militar de Alhucemas. En mayo se empezó a hablar del asunto y en julio, después de la visita del Príncipe de Asturias, se atrevió la corporación a retirar seis metros del cierre, como prueba. La polémica se desató de inmediato porque, aunque no había concejales republicanos, el diario ‘El Pueblo’, que lo era y mucho, escribió con seguridad, con pluma de Félix Azzati, lo que se iba finalmente a hacer: que no era otra cosa que partir el jardín en dos mitades trazando en su centro un surco en forma de avenida.

Se trataba de unir la calle de la Paz con Navarro Reverter de una forma moderna y recta. Se trataba de favorecer la modernidad del automóvil y de promover una perspectiva que, nada más llegar a la ciudad, permitiera al viajero ver la torre de Santa Catalina desde la Glorieta y la recta de la calle de la Paz. Se trataba, en fin, de lograr lo que en ese momento se entendía como camino mejor para ser «una ciudad grande y europea», una metrópoli «digna de ser visitada». El ruido polémico fue grandioso y largo. Cada periódico, y en Valencia se publicaban ocho, defendió su peculiar proyecto. Durante 1925, año en que se quitó toda la verja, y durante 1926, cuando se abrió en el jardín un surco de 24 metros por el que pudieron circular holgadamente los automóviles. De paso, se cambiaron las líneas urbanas, el Ejército cedió suelo de su propiedad y nació la gran rotonda, de 92 metros, que hoy llamamos Porta de la Mar. Es la que el dictador Primo de Rivera inauguró el 28 de julio de 1926 con el nombre, su nombre, de plaza del marqués de Estella.

Durante más de treinta años, la Glorieta estuvo cortada, surcada por una avenida. La vemos así en muchas imágenes; y solo en los años cincuenta se soldaron los segmentos. Tras la riada, esa zona central es la que se dedicó al parque infantil. En cuanto a la verja, es materia para otra larga historia: se quitó para que rodeara los Viveros; pero eso solo ocurrió a partir de 1932, siete años después.

Fuente: https://www.lasprovincias.es