BEATRIZ GARCÍA
Mucho antes de que llegue diciembre, Jijona ya huele a almendra tostada y miel caliente. En esta localidad alicantina, cuna del turrón, la campaña comienza meses atrás para elaborar el dulce que cada año llena de sabor y recuerdos la Navidad.
Jijona, la cuna de la Navidad más dulce
El turrón de Jijona y Alicante es, quizá, el dulce navideño más reconocido dentro y fuera de España. Lo que pocos saben es que la elaboración de este producto arranca con bastante antelación: mientras aún pensamos en el verano, las fábricas jijonencas ya trabajan a pleno rendimiento para tener listas millones de tabletas.
Con Denominación de Origen Protegida, solo 25 productores tienen derecho a etiquetar su producto como Turrón de Jijona o Alicante. Entre ellos se encuentran casas centenarias como 1880, El Lobo o Antiu Xixona, cuya historia forma parte de la memoria colectiva.
De la Edad Media a las mesas de hoy
El turrón de Jijona no siempre fue como lo conocemos. Según explica BERNARDO GARRIGÓS, CRONISTA OFICIAL DE JIJONA de Turismo de Jijona, en la Edad Media los jijonencos elaboraban un dulce a base de frutos secos y miel. Sin embargo, lo que realmente consumían reyes y nobles era el mazapán, hecho con almendra molida y azúcar.
‘Los jijonencos intentaron aproximar su producto al mazapán, añadiéndole azúcar y clara de huevo’, SEÑALA GARRIGÓS. Aun así, había un problema: la dureza.
Para hacerlo comestible, los consumidores lo molían en un mortero hasta conseguir una pasta más blanda. Pero al trabajar esa mezcla en caliente sobre el fuego, el azúcar se transformaba químicamente y dio origen a un producto nuevo: el turrón tal y como lo conocemos hoy.
El proceso artesanal que da forma al turrón de Jijona
En Jijona lo explican con orgullo: el proceso arranca con el tostado de la almendra marcona, siempre en su punto justo para liberar todo su aroma.
Después, en grandes calderas, se cuece la miel junto con el azúcar y la clara de huevo. El resultado es una masa blanquecina que, una vez enfriada, se muele con la almendra en molinos de piedra hasta convertirse en una pasta uniforme.
Esa pasta pasa por filtros y batidoras antes de llegar al boixet, la caldera tradicional que remueve lentamente la mezcla a fuego controlado hasta conseguir la textura cremosa y el sabor inconfundible del turrón de Jijona.
Más allá de la técnica, el turrón representa para la localidad su motor económico y social: la campaña turronera marca el ritmo de la vida en el municipio, genera empleo y convierte a Jijona en un lugar que huele a Navidad mucho antes de que llegue diciembre.
Fuente: https://www.hogarmania.com