ANTONIO BERNÁ JOVER, CRONISTA OFICIAL DE MONFORTE DEL CID
Eran tiempos en
que muchos jóvenes e incluso familias no tan jóvenes,
habían emigrado a
las ciudades industrializadas como
Madrid, Barcelona, Bilbao,
en busca de
trabajo, y muchos a
otros países, con
el fin de
huir de la pobre situación económica existente en
España; eran los
años difíciles de la posguerra;
Francia, Alemania, Suiza, el Norte de África (Protectorados de
España y Francia)
y los países
hermanos de Sudamérica
(Argentina, Venezuela, México, Santo Domingo, etc.),
eran lugares de
acogida de los emigrantes españoles.
Los meses de julio y agosto de aquellos años,
era el momento
en que muchos
regresaban a sus
pueblos de origen, y con ellos los nuevos miembros de
la familia, familias
muchas veces creadas en aquellos destinos lejanos, esposas, hijos, etc.
Monforte del
Cid, en la
provincia de Alicante, es mi pueblo. El último pueblo que
nos encontramos en la carretera
Madrid-Alicante, la Nacional
330 o carretera
de Ocaña, vía
que discurre por el
centro de la
población y que
dista apenas veinte
kilómetros de la capital.
Con los calores
veraniegos en Monforte,
llegada la tarde,
las mujeres rociaban efusivamente las calles
polvorientas de la
población, sobre todo
las partes de
sombra, y plantaban sillas y
sillones con el
fin de sentarse
“a la fresca”
hasta bien entrada la madrugada. Resultaba difícil
conciliar el sueño en el interior de las casas,
sobre todo en las orientadas
al sol de la tarde.
Eran muchos los
corrillos formados por las vecinas, y en ellos dedicaban el tiempo
a realizar distintas
tareas, sobre todo
de costura: coser
y remendar prendas
de vestir, bordar
el ajuar para las hijas, hacer
ganchillo o “randa” (encaje de bolillos), etc.
Enclavado en el
Valle de las
Uvas, Monforte era
y es un
pueblo eminentemente agrícola,
hoy es el
mayor productor de uvas entre las siete poblaciones que
conforman la Denominación de Origen “Uva de Mesa
Embolsada Vinalopó”; en
los años a
que nos referimos
la producción de la
vid estaba enfocada principalmente
a vinificación, por
lo que existían
algunas industrias de elaboración de alcoholes, y varias destilerías de
anisados y licores,
algunas son centenarias.
Otra industria local,
más modesta, era
la del “esparto”;
muchas personas, sobre todo
hombres mayores que
por su avanzada
edad, ya no
realizaban labores agrícolas,
en las tardes
veraniegas confeccionaban
“pleita” y “guita” de esparto que, en
rollos o manojos,
entregaban a las esparterías y con ello ayudar, con
algunas pesetas, a la maltrecha economía familiar.
Al anochecer regresaban,
tras una larga
y calurosa jornada
en el campo,
padres, maridos, hijos…
dedicados a la dura profesión de agricultor, bien como peones, bien como
amos o arrendatarios. Tras refrescarse y asearse con
el agua de la “safa”
o el “lebrillo” preparada por su esposa o su
hija, se sentaban
en la puerta
de casa, alrededor
de una pequeña
mesa, en las típicas sillas con asiento de enea
o de cordel
o en el
“barrón de la
baldosa” (acera), con
el fin de
dar buena cuenta
de la cena
que, con todo
cariño y los
“posibles” familiares, preparaba
el ama de casa.
Como hemos dicho la velada se alargaba varias
horas y en las tertulias,
los vecinos, trataban infinidad de temas: de
las cosechas, de
política, de la
guerra…, también temas
senti-mentales: noviazgos y
casamientos, etc. y
como no, todo
tipo de rumores,
habladurías, cotilleos o
críticas referentes a vecinos, familiares
o pa-rientes.
Julio y agosto
era la época
estival elegida por muchos
monfortinos ausentes para regresar
a su pueblo,
visitar a sus
familiares y disfrutar
de unas merecidas
vacaciones, en muchas
ocasiones pendientes durante
años; las más
veces no había
ahorros que gastar para las vacaciones y pasarlas en casa de sus padres
o de algún familiar allegado
era una manera
ideal y económica
de disfrutar de aquellos veranos.
En los pueblos
de nuestro entorno,
Novelda, Aspe, Agost, etc., en estos meses veraniegos se celebran las
fiestas patronales, Santa María Magdalena
(Novelda), La Virgen
de las Nieves
(Aspe y Hondón
de las Nieves), San Pedro Apóstol (Agost) y en Monforte
del Cid, las
fiestas del verano
se celebran en
honor a San
Roque.
San Roque por
el hecho de
haber nacido en Montpellier
(Francia) a mediados del Siglo
XIII, y ser
hijo del Gobernador
del Rey Jaime
II de Aragón y Mallorca en
aquella ciudad, entonces
perteneciente a la
Corona de Aragón, en el Reino de
Valencia y desde el Siglo
XIV que se
convierte en abogado, por
excelencia, contra la
peste y todo
tipo de epidemias,
son innumerables la
cantidad de ermitas, altares e imágenes dedicadas a este santo, máxime
desde que el Papa
Gregorio XIII lo declara santo en el
siglo XVI. En
la provincia de Alicante, es
patrono o copatrono
de muchas poblaciones:
Callosa de Segura, Beniarbeig, Denia, Beniarrés, La Nucía, etc. y tiene
ermitas en Agost,
Almoradí, Benitachel, Biar, Castalla, Castell de Castells, Formentera de
Segura, Monforte del
Cid (ermita del Siglo
XVI), Monóvar, Pedreguer, Penáguila, Pinoso, Polop, Rojales, San Juan, Vall de
Gallinera y Vall de Laguart, etc.
La celebración de
las fiestas de
San Roque, el 15 y
16 de agosto,
aprovechando la Asunción de la Virgen, era muy esperadas
por los monfortinos.
Tenían lugar distintas
actividades en las propias calles aledañas a su Ermita, por
la tarde: partidas de “pelota a mano”, partidas de “birro” (la petanca de hoy),
partidas de cartas (“secayó”, “tute”
o “bresca”), por
la noche: verbenas populares y conciertos de música
amenizados por la Banda de Música local, misa y procesión en honor al santo,
y en algunas
ocasiones se elegía la reina y las damas de la fiesta.
Las cuadrillas de
jóvenes se juntaban para ir a bañarse a las balsas de las distintas
norias existentes en los
alrededores: Noria Don Juan (previo
pago de un
“duro”, cinco pesetas
de la época), Noria
Viento, Noria Lerl, Noria Terol
o las balsas
de “el Motor”
o de “las
Cubas”. Eran tiempos
de reencuentros de
los “muchachos” y “muchachas”
que estaban estudiando fuera, aunque eran los menos, con los amigos del
pueblo. También en estos días se “arreglaban” muchas parejas,
que
luego formalizaban su noviazgo
y contraían matrimonio, pasado el periodo
de “festear”, el
cual duraba varios años, algunas
veces demasiados.
En otra ocasión contaremos cómo se disfrutaban las
vacaciones en las playas de nuestra costa alicantina, pues como ya hemos
indicado, a atravesar totalmente la carreta
nacional 330, nuestro pueblo era habitual ver el paso de veraneantes del
interior, en los autobuses de las líneas Madrid-Alicante (La Chaco, la
Unión de Benisa,
etc.) o en los primeros
utilitarios populares de la
época, el “seiscientos” (Seat), o el “cuatro latas”
(Renault).
Fuente: http://femp.femp.es