VENGA A VER ESTO, DON JAIME…

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

Venga, venga, majestad: bájese un rato del monumento, deje el caballo aparcado en el sótano de El Corte Inglés, y venga a vernos en profundidad. Porque el señor rey, a lo largo del año, ve que las obras del palacio de Justicia avanzan a paso de tortuga, ve las churrerías y las molestas verbenas de la falla, observa el vandalismo de algunos asnos, y sabe que el Ayuntamiento no ha sido capaz, durante muchos años, ni de tirar ese barecito ruinoso ni de reparar los daños que causan las raíces del gran magnolio… Pero, aquí, en la ciudad que el Conquistador conquistó, pasan cosas, muchas cosas dignas de ver.

Lo primero que quizá le gustaría es conocer cómo el temor y la desconfianza vuelve a enfrentar a las instituciones, Ayuntamiento y delegación del Gobierno, a la hora de despejar, o no, el campamento que ha ocupado el centro de la plaza mayor de la ciudad en vísperas de la fiesta solemne de su Conquista. Me pregunto qué haría en un caso así vuesa merced. Porque su majestad, el rey que tras tomar Valencia sin derramar más sangre que la necesaria invitó, solo invitó a que varios miles de musulmanes dejaran la ciudad sin recibir daño ¿qué haría con las jaimas ubicadas en el «bell mig de la plaça·.

Me lo quiero imaginar, me imagino a Jaume el Conqueridor paseando por la ciudad con el casco calado y con su famosa espada, esa Tizona tomada de la tumba de un templario caído en combate. Me lo imagino dando consejos al señor Vivas, el héroe de Ceuta, para resistir un poco más sin desaliento; me lo imagino de amistosa charla con el ministro Grande-Marlaska, animándole a resolver sus depresiones a base de acción:

– És molt senzill: vosté, com faig jo en la estàtua, assenyale amb el dit la porta d’eixida…

País de miedos, país de taifas y egoísmos, país de cobardicas que insultan en la impunidad telefónica. Siendo como es esta la mejor tierra del mundo, siendo como es un lugar para dar un recital de convivencia, maravilla la torpeza con la que nos enfrentamos, día y noche, con la saña del mandoble de esa política de buenos y malos.

Jaime el Conquistador, el que mandó cortar la lengua a un obispo y naufragó cuando iba de cruzada a Tierra Santa, se murió en 1276. Pero hoy he soñado que invitaba a tomar un té moruno en el hotel Westin a Morant y a Pérez Llorca, a Bernabé y a Catalá, a Bielsa, Oltra, Mompó, Baldoví y a toda esa hueste de perfectos desconocidos que han trabajado ¿? como diputados y senadores durante cuatro años. Y que, después de servir buenos trozos de «piuleta i tronador», les pedía a todos un poquito, solo un poco de «trellat»:

– Que per este poble no hi ha que matar, pero val la pena deixar-se morir…

Fuente: https://www.lasprovincias.es