
FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA
Entre los generales que recibieron a Alfonso XIII en el puerto de Ceuta, en su recordado viaje de octubre de 1927, había dos que ya eran populares y famosos: Millán Astray y Francisco Franco. Y es que, cosas de la historia, uno y otro forjaron oficio y leyenda, cicatrices incluidas, en la dura campaña de guerra que, durante la dictadura de Primo de Rivera, logró pacificar Marruecos… al menos por una temporada.
Apenas cerrados los actos del 12 de Octubre, don Felipe y doña Leticia van a viajar hoy a Ceuta para una visita histórica. La ciudad, herida por la invasión de una riada humana que aún no se ha sabido ni contabilizar, va a recibir, de manos del jefe del Estado, el abrazo solidario del pueblo español. Un pueblo que, durante 76 días, ha visto con estupor cómo el gobierno superaba los límites de la incompetencia y se esforzaba en dar a Marruecos unas señales de comprensión que parecían complicidad.
Como nos pasó a los valencianos durante la riada de octubre de 2024, los ceutíes necesitan toda clase de ayuda y colaboración material para recobrar la normalidad. Pero en casos de catástrofe, la solidaridad, la compañía y el apoyo de los españoles es un bien más preciado todavía. Ceuta necesita constatar que no está sola. Y es ahí donde el aliento humano de los Reyes puede obrar efectos extraordinarios en el temple y en el ánimo. En su visita de 1927, don Alfonso y doña Victoria Eugenia no durmieron en suelo ceutí, sino a bordo del mejor acorazado de nuestra Armada, el bautizado como ‘Jaime I’. Hoy, sin embargo, se va subrayar que don Felipe y doña Leticia van a pernoctar en suelo de Ceuta, un hecho simbólico que certifica el deseo de desplegar un programa largo que vaya más allá de lo protocolario y deje raíces de compromiso.
Nuestro periódico, en aquellos días lejanos, habló de un «desfile de moros notables» en el que los Reyes, entre zalemas y besos de sumisión, recibieron toda clase de obsequios, desde diez caballos enjaezados a una diadema de oro y piedras preciosas. La Legión de Millán Astray, en un gesto de desmesura, dio un almuerzo, servido por Lhardy de Madrid, que costó diez mil duros, a 190 pesetas el cubierto.
Aunque el problema de España con Marruecos se remonta a varios siglos, el viaje de los Reyes a Ceuta y Melilla es bien distinto que el que se produjo tras el duro desembarco de Alhucemas. La visita al cementerio musulmán de Ceuta, donde reposan los cadáveres de los inmigrantes que han muerto en el mar, nos está indicando que el problema del siglo XXI es muy diferente, aunque quizá no sea menor. Y que debe ser abordado por jefes de Estado serios… servidos por gobiernos competentes.
Fuente: https://www.lasprovincias.es
