
FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA
Durante la Semana Santa que hoy culmina, muchas ciudades españolas han sacado de los museos e iglesias donde se custodian, preciosos pasos procesionales de Mariano Benlliure. Son obras de la etapa final de su carrera, esculturas distintas, más suaves, místicas y depuradas; son tallas en madera que enorgullecen a cofradías de penitencia de Málaga, Úbeda, Zamora, Hellín, Cartagena o Andújar. Aunque las más próximas las tenemos en Ontinyent, en nuestro Canyamelar, y en Crevillent, la ciudad del Bajo Vinalopó. Allí, gracias a un empresario local que atrajo al escultor, tienen varios pasos de Semana Santa y todo un Museo Benlliure, con más de 300 obras del maestro.
Muchos admiradores de la vida y la obra de Mariano Benlliure no conocen bien la faceta religiosa de su trabajo. Aunque ya en los años de la República había cincelado alguna imagen, fue entre 1940 y 1947, la etapa final de su vida y su obra, cuando se dedicó a esta especialidad, sin dejar de trabajar en otros campos del modelado. Los estragos que la guerra civil hizo en la imaginería religiosa española tras los incendios de numerosas iglesias y conventos, desencadenaron una notable demanda de reposición de imágenes; Benlliure, que vino varias veces a Valencia y aconsejó al Ayuntamiento y a Bellas Artes en la reparación de los daños causados en las estatuas de los casalicios de los puentes, recibió no pocos encargos, que afrontó con energía.
Del estudio de un Benlliure ya mayor salieron en los años cuarenta varias esculturas de Cristo yacente. Según el depurado catálogo que hizo en su día Violeta Montoliu, estudiosa de la obra del maestro, las podemos encontrar, entre otras ciudades, en Ontinyent. Pero la gran alegría de esos años de posguerra la tuvo el escultor al recibir el encargo que se le hizo desde la Cofradía de la Santa Faz del Canyamelar. Montoliu inserta en su libro una cariñosa carta del maestro a Antonio Bellmont y Francisco Alarcó, responsables de la institución. «¡Ojalá pudiese modelar un brazo que llegase a Valencia y estrecharles a todos!», les escribió desde la casa-taller de la calle de Abascal de Madrid, de donde habían salido cientos de obras para el mundo entero.
Desde el año 1944, la Verónica muestra dolorida el rostro del Nazareno impreso en un lienzo, mientras éste carga con la pesada cruz; es un paso procesional de una sencillez dramática que estos días ha vuelto a salir a las calles, cuajado de flores y luces. Y es que, aunque vivían en el barrio del Carmen, todos los Benlliure proceden del Marítimo de Valencia; allí tenían sus raíces y afectos; y es en el Cementerio del Cabanyal donde Mariano Benlliure está enterrado, junto a sus padres.
Un emprendedor
José Manuel Magro Espinosa fue un empresario de Crevillent que triunfó en el Madrid de posguerra. Conocido por sus paisanos como «Pepito El Doroty», Magro fundó una fábrica de medias de seda y nylon, prendas tan codiciadas en los años cuarenta y cincuenta, que triunfaron con la marca Doroty. Trasladó el negocio a Madrid, se enriqueció, pero nunca olvidó a Crevillent, donde volvía con su esposa, Pilar Más Parellada, a emocionarse con la Semana Santa, a la que quiso favorecer con donaciones.
Para ello, no dudó en hacer encargos personales a Mariano Benlliure, al que conoció gracias a amistades comunes. Es así como Pepe Magro y Pilar Mas, desde 1944, hicieron llegar a las iglesias y a la Semana Santa de Crevillent imágenes de la Immaculada, San José, La Virgen del Rosario, Les Tres Marías, La Dolorosa, el Nazareno, el Cristo de la Victoria i María Magdalena, atracción actual de las procesiones crevillentinas. En la primavera de 1945, el propio Benlliure viajó a la ciudad del Vinalopó y pudo presenciar el desfile de las dos primeras imágenes, invitado por la familia Magro.
La amistad entre los Magro y don Mariano propició una corriente de afecto, y de envíos de imágenes, hacia Crevillente. El escultor, viudo y tristón, pero infatigable como siempre, no se rindió nunca de su labor de artista; y murió «con las botas puestas»: después de trabajar toda una jornada en el modelado de un Jesús que entra en Jerusalem a lomos de un borriquillo, murió mientras dormía en la madrugada del 2 de noviembre de 1947.
José Manuel Magro, en ese punto, se convirtió en un gran coleccionista de la obra de Mariano Benlliure. Ya no se trataba de encargar obra terminada del escultor sino de poder acceder a los bocetos, dibujos, maquetas a escala reducida, moldes y pruebas de taller que abundaban en la casa-taller de la calle de Abascal. Muchas de las obras eran piezas de tamaño natural, pero en escayola, de interesante valor artístico. Y aunque algunas pusieron rumbo hacia el Museo de Bellas Artes de Valencia, no pocas tomaron la carretera de Crevillent, donde el empresario disponía de casonas, un antiguo molino y otros almacenes.
El derribo del estudio
El descuido de las autoridades del momento, el escaso interés de algunos herederos y la penuria de la España de posguerra, propiciaron que el solar de la calle de Abascal de Madrid fuera un bien codiciado y que el chalé que don Mariano había dibujado y construido para su amada Lucrecia Arana, dejara de existir en pocos meses. En una crónica publicada el 23 de noviembre de 1950, nuestro corresponsal en Madrid, Francisco Casares, denunció con dureza que la casa estaba siendo desmantelada y que, para vergüenza general, se iba a construir un edificio por pisos. «¿Del mismo modo que se montó el Museo Sorolla, el otro gran artista valenciano, ¿cómo no se ha montado el de Benlliure?», escribió más allá de toda censura. «Desconozco si hubo iniciativa y fracasó», decía. Y añadió: «El hecho es que trae desconsuelo que nada de eso se haya intentado. Y en tanto sigue la acción demoledora, fría, ausente de sentimiento y de devociones».
A la muerte de José Manuel Magro, en 1960, sus herederos disponían de obras de Benlliure suficientes como para instalar un museo más que interesante. Por fortuna en este caso no faltó la sensibilidad. Las páginas digitales del Museo de Crevillent cuentan que la tarea no fue fácil, pero estuvo coronada por el éxito: «Con el apoyo de la Junta de Cofradías de Semana Santa, Álvaro Magro, su creador y principal impulsor, abrió al público, en 1961, en una casa de su propiedad situada en la calle Sagrado Corazón de Jesús, una exposición permanente con cerca de 109 obras», se informa.
Gratiniano Nieto, director general de Bellas Artes, visitó la casa y «maravillado por la originalidad de la colección decidió impulsarla». La cripta de la parroquia de Nuestra Señora de Belén, de finales del XVIII, fue acondicionada para museo, que abrió sus puertas en 1967. Una orden ministerial acreditó el impulso del Ayuntamiento de Crevillent de crear un museo. Con las obras que los Magro reunieron, con algunas donaciones y aportaciones del Ayuntamiento, en la actualidad son dos los espacios dedicados a Benlliure: el de la cripta, con bocetos, dibujos, maquetas y pruebas, y en otro ámbito anexo, abierto en 1985, las obras terminadas.
En ellos, el visitante puede informarse, a través de ocho secciones, sobre retratos y técnicas, la casa estudio en la calle Abascal, el taller y el jardín donde se preparaban grandes monumentos, los relieves, la escultura religiosa, la tauromaquia y la danza en la obra de don Mariano, su obra en medallas y placas y, finalmente, un espacio dedicado a toda la familia Benlliure. Porque hay también obras de José, Juan Antonio y Peppino Benlliure. Crevillent, en la actualidad, atesora 332 obras y expone un total de 128.
Fuente: https://www.lasprovincias.es
