Arxiu diari: 1 de novembre de 2026

EL CONCEJO DE LA VILLA DE SAX EN 1310

VICENTE VÁZQUEZ, CRONISTA OFICIAL DE SAX

Las fuentes historiográficas sitúan la constitución del Concejo de Sax a finales del siglo XIII, en la década de 1290, durante el gobierno del infante don Juan Manuel (1282-1348), al amparo del fuero de Villena.

La importancia estratégica del Castillo de Sax y las circunstancias de su situación fronteriza facilitarían la tarea, por lo que, a partir de la primera década del siglo XIV, ya contaba con un concejo organizado con todos los oficios propios del Concejo.

Lo podemos comprobar en una carta del Archivo Municipal de Elche, de fecha 11 de junio de 1310, sobre un problema entre el concejo de Elche y el alcaide del Castillo de Sax, Sancho Pérez de Sacra. Los ilicitanos protestaron por los impuestos que cobraban a sus mercaderes por los negocios que hacían o por el simple paso por la localidad, alegando que, además, eran francos en toda la tierra de don Juan Manuel por privilegio concedido por su padre y más tarde confirmado por él mismo.

El documento nos ofrece el nombre de las autoridades municipales, además del alcaide. El escribano era Johan Fernández; el merino, Pedro Sánchez de Gordum; y el jurado, Ruy Peres de Villamentin. El merino era el juez que tenía jurisdicción en un territorio determinado, y el jurado era el encargado de defender los intereses económicos de los vecinos y fiscalizar la labor de jueces y alcaldes.

Carta como los omens de Elix son franchos de totes coses de Sax.

Sea a todos conescida como como jove XI dies de junnio, era de mille CCCXK et VIII annos En Martin Martines de Spinosa et En Bartholomeu Romeu, mandadors del honrat conceyl de Elch, dieron a mi Johan Ferrandes, notario público de Xax, una carta abierta, seellada con su seello del dich conceyl e las espaldas quel dit conceyl enviava // [fol 65] a Sanche Peres de Sacra, alcayt del castiello del dit logar de Sax, la qual carta me requisieron que de mi oficio la leiese delante del dicho alcayt…

 … Et fueron testigos de todas las dichas cosas: Ruy Peres de Villamentin, jurado de Sax, Pero Sanch[e]s de Gordum, merino del dich logar, Pero Sanch [e], Ximens de Lauclares.

Fuente: https://www.facebook.com/people/Vicente-V%C3%A1zquez-Cronista-de-Sax/100063582006807/

URDA, ANÓNIMA Y SOLIDARIA

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

  • Los muertos y la buena gente viva vuelven a humillar el orgullo estúpido de ministros petulantes.

Como ya pasó en enero con Adamuz, el horror de un accidente permite saber que existe un pueblo llamado Urda. No es grande ni pequeño. Tiene unos 2.500 vecinos; menos que hace veinte años, pero no para que hablemos de la España Vaciada. Pero es un pueblo bonito, un adorno con encanto en medio de ese paisaje lejano que vemos discurrir, adormilados, mientras apuramos un café cortado camino del sur. La Sagra, Ablates, Mora, Los Yébenes… La taza tiembla un poquito cuando el tren pasa de 250 por hora. Urda aparece en el kilómetro 119,7 y desaparece enseguida. El tren vuela y nadie se percata de que la villa tiene una iglesia y una torre, un ayuntamiento con balcón como en las películas de los sesenta y una fuente de diez chorros en medio de una plaza serena.

La tristemente famosa borrasca Adam, antes de cebarse en Oliva, inundó primero, el 18 de octubre, varias calles y plantas bajas de Urda. En hora y media cayeron 140 litros por metro cuadrado, el alcantarillado no dio abasto y los bomberos tuvieron que evacuar a siete personas en apuros. De modo que Manuel Galán, el alcalde, más allá de enfadarse porque le habían trasladado un simple aviso amarillo de 20 litros, andaba esta semana preparando los papeles para pedir la declaración de zona catastrófica.

Un tren AVE, ya saben, embistió por detrás, el miércoles de mañana, a un tren Iryo Flecha Roja. Y aunque los telediarios no habían hablado de la inundación de Urda, este pueblo de Toledo, hasta ahora anónimo, se hizo enseguida famoso. Por una catástrofe ferroviaria aún más terrible y vergonzosa que la de Adamuz, pero sobre todo por la espontánea solidaridad de sus vecinos, que se lanzaron a ayudar a las víctimas con el corazón y las manos: agricultores, farmacéuticos, hosteleros, amas de casa, curas, taxistas, camioneros en ayuda de los heridos. Sin más armas que la generosidad, entre muertos, chatarra, grasa, maletas, despojos humanos, asientos y juguetes… En la vía férrea más fatigada de España, en esa línea por la que pasa diez veces más circulación que cuando se inauguró, se ha dado cita el fallo informático, el error humano y la humanidad sin desmayo.

Los muertos y la buena gente viva vuelven a humillar el orgullo estúpido de ministros petulantes. La debilidad vuelve a sacudir el prestigio de una red de transporte esencial, de la que el público desconfía. Y España, una vez más, se divide en dos: la que viaja de una gran ciudad a otra cruzando somnolienta la España Anónima; y la que ve pasar trenes desde que se quedó sin tren. Porque Urda tiene una estación preciosa, cerrada desde 1988, que se usa para fines particulares. Para tomar el tren, los vecinos de Urda, en el siglo XXI, tienen que hacer 50 kilómetros por carretera hasta la estación de Tembleque.

Fuente: https://www.lasprovincias.es