
FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA
Las Fallas de hace cien años, las de los tiempos del cuplé, la Guerra Mundial, el estraperlo o los primeros automóviles, son historia viva de la ciudad y de los valencianos. Pero los detalles y circunstancias de cada momento solo se pueden atrapar a través de imágenes, de publicaciones dedicadas a la fiesta. Revistas literarias y satíricas, papeles efímeros y divertidos, en prosa y en verso, en valenciano y en castellano, jalonan la historia fallera y sirven un siglo después para reconstruir el estado de ánimo de la Valencia de cada momento. Y entre todas ellas, como la reina de las publicaciones, el ‘Pensat i fet’.
¿Cuándo se quejaron las fallas de los tranvías y sus atropellos? ¿Cuándo pusieron el grito en el cielo porque el tabaco era malo, se echaba agua al buen vino y el juego era un vicio consentido por la autoridad? ¿Desde cuándo nos reímos en Valencia de los turistas y su indumentaria? Todo eso, y mucho más -el fútbol, el estraperlo, el Seiscientos, la televisión-se puede sondear a través de las fallas, que llevan muchos años, en realidad todos, burlándose de los políticos y alarmándose por la corrupción.
Para conocer las fallas antiguas hay que recurrir a las revistas falleras. Que se hicieron posibles gracias a que el Ayuntamiento pidió a los artistas y comisiones un boceto, un dibujo del proyecto de falla, con unas líneas que resumieran el tema y el argumento. Se trataba, claro, de salir al paso de los posibles excesos; y de que la fiesta tuviera unas mínimas reglas de decoro. Pero ese control público es el que permitió que, en 1912, apareciera una publicación, el ‘Pensat i fet’, que reprodujo los dibujos, informó de la temática y luego se ocupó de los nombres del autor, el presidente de la comisión y hasta la banda que acudía a animar la fiesta. La idea funcionó muy bien y el ‘Pensat i fet’ tuvo muchos seguidores e imitadores; porque una revista era el mejor recuerdo de la fiesta y el mejor regalo que se podía hacer a un valenciano, a un amigo, que viviera lejos.
Tres revistas de 1926: El Fallero, Pensat i Fet y La Sombra. | La Chala, en su primer número de abril de 1926. LP
Aquellas publicaciones, en sus primeros años, organizaron los bocetos de forma que el lector pudiera ver todos los monumentos a lo largo de un agradable paseo. Las fallas no eran más de treinta y casi todas estaban plantadas en los barrios de Ciutat Vella. Pero las fallas crecieron en cantidad, y se dispersaron, numerosos pueblos de la provincia, también de Castellón y Alicante, tuvieron fallas también. La revista, mientras tanto, se arropó con artículos, poesías y muchos complementos más. El número de revistas falleras se multiplicó y seis, ocho publicaciones, hecho el cruel salto de la guerra civil, acompañaron a la fiesta durante el franquismo, incorporando colores en su impresión y colaboraciones de periodistas, escritores y poetas. ‘Pensat i fet’ fue siempre líder, hasta llegar a los 23.000 ejemplares de tirada, una cifra extraordinaria para ese tipo de publicaciones.
Por otra parte, las revistas falleras acudían a los kioscos en dura competencia con las revistas de humor de periodicidad semanal, que al llegar las Fallas editaban números extraordinarios. En cuanto a los periódicos diarios tardaron más en bajarse del pedestal de las «noticias serias» y unirse a ese tipo de publicaciones. En la colección de LAS PROVINCIAS podemos ver que el año 1925 fue el primero en el que se dedicaron dos páginas, la 3 y la 4, a publicar el dibujo de las 44 fallas plantadas ese año. El día 18 de marzo, cuando las fallas aparecían plantadas y la fiesta daba inicio verdaderamente, el periódico acompañaba la celebración dando el título o lema de la falla, su autor y luego una cuarteta que explicaba el argumento y su sentido. Incluso en algunos casos, se publicó la composición de la comisión fallera que ponía en marcha la fiesta del barrio.
El repaso de los bocetos lleva a un punto de nostalgia; a un tiempo de fallas pequeñas y sencillas. Y a una fiesta moderada y auténtica, con sordina de barrio e intimidad. «Este año -escribimos en 1925- el número de fallas es mayor que nunca y, en general, la mayor parte de ellas se apartan, afortunadamente, de la tendencia de años pasados, ser puramente decorativas y con pretensiones de fastuosidad y de arte». Para el periódico, la falla ideal era la espontánea y sencilla. «Gracia, intención y cierta originalidad» eran los factores esenciales a valorar. Entre los temas del momento destacaban las modas, el noviazgo, el español quijotesco que vive de ilusiones, los buñuelos y la propia fiesta, el teatro y los espectáculos… y el fútbol. La rivalidad entre el Levante y el Valencia se hizo presente a través de estos ripios: «Esta granota y el mingo y con los once merengues… ¿Qué será, qué no será? Quien quiera que lo interprete».
En 1926, cuando publicamos también 44 bocetos falleros, los temas fueron más o menos los mismos, aunque se añadió la moda del pelo «a lo garçon», de la que ya hablamos, las reformas urbanas que proyectaba el Ayuntamiento, la peligrosa caída de cables del tranvía, y el extraordinario y reciente viaje del avión Plus Ultra entre España y Argentina, una aventura que tenía a todos en vilo. Es destacable que, en esta ocasión, publicamos los bocetos de las fallas de Villamarchante, Cheste, Mislata y Tavernes de Valldigna,
En el número de «Pensat i fet» que se puso a la venta en los primeros días de marzo, es destacable el artículo del alcalde de Valencia, Luis Oliag, del que se publicaba como ilustración una caricatura, algo realmente muy nuevo. «L’Ajuntament de Valencia, que té la misió de fomentar tot allò que, naixent del espirit tradicional, siga encaminat a producir progrés, esplendor i engrandiment en lloa de la ciutat i en pro de la cultura ciutadana, deu ferse resò d’estes manifestacions populars, sobre tot d’esta de les falles de San Jusep, la més típica i hermosa…» escribió el alcalde. En la página anterior, en elegantes quintetas, la revista daba «Receptes per a fer bunyols», con bromas hacia los «pollos pera», la cruz del matrimonio, la impopular reforma de la Glorieta, el «monyo a lo garsón», el aburrimiento del fútbol y la necesidad de adoquinar calles…
En busca de calidad y tirón popular, la revista «Pensat i fet» recurrió a pedir colaboraciones de muchos valencianos famosos. Así, en el número de 1926 podemos ver un bonito soneto de Cora Raga, otro de Eduardo Buil y colaboraciones diversas de Meliá, Salvador Verdeguer, Carles Salvador, Navarro Cabanes, Morante Borrás, Hernández Casajuana y muchos otros periodistas o poetas.
Fuente: https://www.lasprovincias.es
