
ANTONIO LUIS GALIANO PÉREZ, CRONISTA OFICIAL DE ORIHUELA
En alguna ocasión he hecho referencia a que conocía este aforismo del que es autor el filósofo, periodista y ensayista catalán Eugenio d´Ors. Sin embargo, me causó asombro el día que lo vi escrito en el friso de la fachada norte del Casón del Buen Retiro de Madrid. En aquel momento me hizo recapacitar sobre su significado en defensa de las tradiciones que configuran la idiosincrasia de los pueblos, que se ve asediada por modas pasadas de otros tiempos y que no llegaron a cuajar como costumbre, precisamente porque dicha moda es cambiante en función de quien la introduce por motivos económicos. Sin embargo, la costumbre como hábito adquirido por la práctica reiterativa en el transcurso del tiempo, sin establecer cuantitativamente su duración aunque cuanto más mejor, se consolida dando carácter individual y colectivo. Máxime si se transmite de padres a hijos ya sea verbalmente o por escrito.
En Orihuela, hay mucho sobre qué hablar de costumbres que se fueron legando de generación a generación durante siglos, en algunos casos más de ochocientos años, transformándose en tradiciones con componentes de creencias, valores y expresiones artísticas. No así como las modas, que no perduraron al desaparecer en un guadiana que si surgen no tienen fuerza suficiente para sobrevivir.
Y hablando de tradiciones que, algunas veces se auxilian o forman parte de la historia de nuestro pueblo, nos encontramos con el protocolo, el ceremonial y la etiqueta legados por nuestros mayores. Siendo lo más acertado respetarlos, ya que ellos están integrados en el simbolismo y por ende en la naturaleza o peculiaridad de los oriolanos.
Un claro ejemplo de ello es Día 17 de julio o Día de “El Pájaro” o Fiesta de la Reconquista. En el que Orihuela y sus gentes vibran en la conmemoración de aquello que sucedió hace 783 años, teniendo como protagonistas a la Gloriosa Enseña de “El Oriol”, descendiendo, izándola e inclinándola, siguiendo el ceremonial de tradición foral; a la Armengola y a los jóvenes que la auxiliaron en la toma del castillo; a las luces de gesta que iluminan desde lo alto de la fortaleza la noche del 17 de julio; luces que simbolizan a las vírgenes y mártires sevillanas Justa y Rufina, Patronas de la Ciudad de Orihuela; a las Fiestas de Moros y Cristianos que hunde sus raíces en el siglo XVI, rescatadas del olvido hace cincuenta y un años, lo que las avala para ser una tradición más en dentro de la Reconquista. No dejando a un lado, dentro de la historia de la Fiesta de la Reconquista de Orihuela, la celebración religiosa que ha ocupado un aspecto importante y prácticamente invariable a lo largo de los siglos.
Sabemos que toda esta Fiesta está relacionada a lo largo de los siglos con la devoción a las Santas Patronas Justa y Rufina, a través de su intervención milagrosa en dicha efemérides, y que al cabo de los siglos se vieron acompañadas por la hazaña de la legendaria Armengola que, de alguna manera “poetiza la gesta”, como decía el franciscano Agustín Nieto Fernández.
Así, la historia pervive, y la tradición se transmite y consolida de padres a hijos, dejando la impronta de esta celebración en Orihuela el día 17 de julio, en su protocolo, ceremonial y etiqueta. Fiesta, declarada como tal, por el obispo de Cartagena Fernando de Pedrosa, en 1400, cuando la entonces villa pertenecía a su Diócesis.
A pesar de que, no localizamos cuándo fuera establecido como tal el Patronazgo de las Santas; oficial y popularmente era observado con anterioridad. De hecho, un siglo después, en 1579, en la memoria de los actos a celebrar con motivo de la festividad, la referencia como Patronas persiste: “per solempnizar la festa de les glorioses Sanctes Justa y Rofina patrones de dita ciutat en lo qual dia per intercessio de les dites Sanctes nostre Senyor Deu fon seruit donar vitoria als cristians”. De igual forma, cuatro años después, el 14 de agosto de 1583, en la toma de posesión de los nuevos jurados, hacían voto de celebrar su fiesta, ratificándose en las actas capitulares el 25 de mayo de 1586: “ab la qual se hon de guardar lo festa de les glorioses santes Justa y Rofina, Patronas de la dita ciutat y festejar la dita festa”.
La Iglesia en que desde hace siglos se ha celebrado la misa solemne con el Sermón de “El Pájaro” dentro de la Fiesta de la Reconquista del día 17 de julio ha sido la de las Santas Patronas de la Ciudad, Justa y Rufina. Sin embargo, en otras ocasiones por diferentes motivos tuvo que cambiar de ubicación. Así, en 1902 y 1928, tuvo como marco la iglesia de San Agustín y la Catedral, respectivamente, por estar la Iglesia de las Santas en obras. Así mismo, debido a las restauraciones que se llevaban a cabo, 2002, para la Exposición “La Luz de las Imágenes”, se celebró en la Iglesia de Santiago Apóstol y, al año siguiente en el Santuario de Nuestra Señora de Monserrate. Por otro lado, en algunos momentos de la historia de la Fiesta de la Reconquista, la celebración religiosa no se llevó a cabo, como ocurrió en los años 1832 y 1885 debido a epidemias de cólera, y recientemente en 2021 motivado por la pandemia de la Covid-19. Incluso, en alguna ocasión probablemente la suspensión de la Fiesta fue por decisión del Ayuntamiento, tal como sucedió en 1917, o por motivos de guerras, como en 1937 y 1938. Sin embargo, tras la finalización de la Guerra Civil, volvió a celebrarse la Fiesta de la Reconquista, tanto en el aspecto civil como en el religioso.
En la misa solemne que celebra el 17 de julio, conocida como Misa de la Reconquista, tradicionalmente se predica el denominado como el “Sermón del Pájaro”, en el que es preceptivo desde siempre, que el orador sagrado haga referencia a la hazaña de la Armengola y a la intervención empírea de las Santas Justa y Rufina, Patronas de la Ciudad de Orihuela.
Con anterioridad, y antes del Concilio Vaticano II, el predicador permanecía en la sacristía hasta después del evangelio, en que era recogido y acompañado por el concejal síndico hasta el altar mayor para efectuar su prédica. En la actualidad, suele concelebrar en la misa. Tal como ha sucedido en este año de 2025, con Manuel Antonio Bernabé Belmonte, vicario en la Parroquia de San Andrés Apóstol de Almoradí.
Las primeras noticias documentalmente que disponemos sobre el “Sermón del Pájaro”, son debidas al franciscano Agustín Nieto Fernández, Archivero Honorario del Excmo. Ayuntamiento, el cual nos dice que, en 1562, el padre Pedro de Jaca, guardián del Convento de Santa Ana de los Franciscanos, recibía 10 libras por el Sermón de la festividad de las Santas Justa y Rufina que se había predicado, aunque no se indica que el orador sagrado fuera él. Así mismo, el Cronista Oficial de la Ciudad de Orihuela, J. Rufino Gea Martínez nos informa que, en el acuerdo entre ambos Cabildos, Civil y Eclesiástico, para la celebración de la Fiesta de las Santas Justa y Rufina de 1577, se encargue al magnífico señor don Luis Gómez Daroca, que elija predicador, y para ello “cometieron al magnífico micer Juan Jordi, doctor en ambos Derechos y abogado de esta Ciudad, que con la brevedad posible, valiéndose de su prudencia y buenas letras, haga memoria de la conquista de la ciudad para que de ella se haga relación en el sermón de dicho día”.
Después localizamos nombre, apellidos y cargo que ostentaba, el predicador entre 1601 y 2025, en un total de 274 predicadores del Sermón, incluyendo al de este año, con el que disfrutamos de una pieza de oratoria sagrada, en la que conjugó citas bíblicas y evangélicas con la historia y las tradiciones de Orihuela, siguiendo los pasos aconsejados de las partes y cómo se debe predicar dicho Sermón que, al ser publicado nos permitirá ratificar el disfrute que tuvimos ese memorable y entrañable “Día del Pájaro”. Así, dentro de su prédica nos decía nuestro amigo y presbítero Manuel Antonio Bernabé Belmonte:
“De noche se abrieron las puertas de la muralla y comenzó la liberación. De noche salió el Pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto. De noche salieron del Rabaloche la Armengola y los cristianos, Nuevo Israel, para la liberación de la opresión. De noche aconteció la Pascua del Señor, su resurrección. De noche, hace 783 años, Orihuela se preparó para el paso salvador del Señor, el paso de la muerte, que acechaba, a la vida nueva que manaba brillante de dos luceros.”
Mantengamos el Protocolo, el Ceremonial y la Etiqueta, pues ya decíamos que “todo lo que no es tradición es plagio”
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