EL REGRESO DE LOS VULTÚRIDOS

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

Uno de los toros más feos que el PSPV-PSOE ha tenido que lidiar en su historia fue el del cierre de Altos Hornos de Sagunto, una decisión impulsada desde la Europa a la que queríamos entrar por el socialista francés Jacques Delors. Pero, pese a las largas protestas de los obreros saguntinos, la siderurgia de Fos-Sur-Mer se salvó y la del Camp de Morvedre se cerró. Para sumir al Gobierno de Felipe González en una angustia de tal calibre… que tuvo que transmitírsela a la autonomía presidida por Joan Lerma.

La enclenque autonomía valenciana estaba empezando a navegar y los obreros del metal, tan indignados como bragados, se cargaron las puertas del cine Oma del Puerto de Sagunto, y casi la emprendieron a mamporros con el presidente Lerma. No mucho después, en 1984, en las Cortes Valencianas, que aún celebraban sesiones de prestado en el Salón de Cortes de la Generalidad, los diputados de la derecha afearon a los socialistas el triste destino de los parados de Altos Hornos. Y fue el conseller Segundo Brú el que replicó diciendo que los populares eran como vultúridos. Como buitres que olfatean los despojos de la desgracia y hurgan en las heridas más sangrantes.

Fue la primera vez que oímos el uso de esa palabra terrible, vultúridos, en el lenguaje juvenil de la autonomía valenciana. Los periodistas, estupefactos, empezamos a decirnos que algo estaba cambiando, que la cortesía de la Transición iba quedándose atrás y que a la adolescente democracia española ya le salían granos, algunos con pus… Pero, sobre todo, fuimos testigos de uno de los primeros milagros de la semántica política: cuando esa palabra sonó en las páginas de un diario madrileño de la «gauche divine», se rasgó el velo del Templo y quedó acuñado, para siempre jamás, que la derecha española se asociaba a los buitres. A los vultúridos que hacen uso torticero de los residuos.

Las palabras tienen un poder mágico, una retrocarga; que se activa de modo muy especial según el cañón que las dispara y el pobre que les recibe. Dos años después, en 1986, desde las filas del PP, Martín Quirós reprochó a Segundo Brú haberse abalanzado como un vultúrido hambriento sobre los fondos de una Fundación para el Fomento de los Estudios de la Administración que no parecía muy activa, pero había hecho fosfatina sus 100 millones de pesetas de presupuesto. Pero ya no fue igual. Cuando la derecha lanza sus misiles, lo más normal es que se desgasten y pierdan punta camino de las portadas.

Los vultúridos, los buitres han vuelto. Las inmobiliarias malas-malísimas con muchas casas son ahora «fondos buitre». «Fons voltros» se ha escrito, mal, en el improvisado monumento a Maricarmen de la plaza del Ayuntamiento. Pero es que ahora se convocan huelgas generales contra la oposición.

Fuente: https://www.lasprovincias.es