
Una investigación del CRONISTA OFICIAL, ENRIQUE SORIANO, saca del olvido a una gran artista, Concha Salvador.
MARIÁN ROMERO TORRES
Gilet sacará del anonimato a una de sus artistas más internacionales de principios del siglo XX, Concha Salvador Lozano, la que ya se ha venido a apodar la “Concha Piquer giletana”. Un trabajo de investigación de meses, a cargo del CRONISTA OFICIAL DE LA LOCALIDAD DE GILET, ENRIQUE SORIANO, ha destapado la existencia de la “que pudo ser una de las grandes de la escena y del cuplé y cuya carrera truncó un grave accidente”, EXPLICA.
Ahora, EL INVESTIGADOR da a conocer su vida y obra para “poner en valor este legado local, la figura de una mujer avanzada a su tiempo, feminista y libre”, describía. Para este objetivo ya cuenta con todo el apoyo del ayuntamiento.
Joana Ureña, concejala de la Mujer, adelantaba a Levante-EMV que “estamos encantados con la propuesta y más tratándose de una mujer con una vida tan apasionante y unos valores que cabe destacar”, añade.
Aunque aun es pronto para hablar de proyectos concretos, afirmaba la edil, sí que ha revelado que el ayuntamiento ya trabaja en diferentes acciones, entre ellas poner su nombre a una calle o a uno de los inmuebles municipales, entre otras posibilidades, “con el objetivo de sacar del olvido a esta gran artista y gran mujer”, insistía Ureña.
Investigación
Los trabajos comenzaron hace unos meses dentro de la investigación genealógica que lleva desarrollando SORIANO desde hace años, fruto de la cual ya ha publicado más de un libro.
Esto le llevó a un padrón de Madrid en busca de personas de Gilet. En este estudio dio con la familia Salvador, todos artistas, pero en especial le llama la atención la vida de Concha, que ya despuntaba sobre los escenarios a su corta edad. “Me quedé prendado de su historia. Para mí, dar con ella ha sido algo muy importante y de gran valor, ya que nadie la conoce en el pueblo, ni sabían de su existencia, pues después del accidente, su rastro se diluye”, CUENTA SORIANO.
Artista desde la infancia
Concha Salvador Lozano nació el 22 de agosto de 1888. Su padre era cómico y tenor del Teatre Circ Barcelonés. El arte lo heredó de él, Vicente Salvador Bonet, quien la introdujo en el teatro desde bien pequeña. Su primera incursión fue con un concurso de tangos, donde escogió para la ocasión “la Farruca”.
Pero su debut como artista no llegaría hasta 1907, con 18 años, con la Opereta “La Guedeja Rubia”, cuyo éxito fue tal que, desde Barcelona, la obra se llevó al teatro Apolo de Madrid. Esta obra la lanzó a la escena internacional y ese mismo año emprendió viaje a las Américas.
Artista internacional
Su coronación como artista internacional comenzó en el Teatro Real de Costa Rica con la zarzuela “El Barquillero”, donde hacía de tiple, que eran aquellas mujeres que interpretaban canciones picarescas y sarcásticas, con música de Ruperto Chapí y libreto de José López Silva y José Jackson Veyán. A esta le siguieron “La Marcha de Cádiz” y “Las Granujas”. De ahí viajó a Quito, donde siguió creciendo como profesional y adquiriendo algo de fama, que la apodó Conchita.
Tras su vuelta a España se alojó en Madrid. Con solo 20 años entró a formar parte de la compañía de Vicente Lleó Balbastre, donde se convirtió en una de las más famosas tiples del teatro en Madrid. Esto le permitió codearse con la burguesía de la capital y que se comenzara hablar de ella, hasta que su participación en la obra “La corte de Faraón”, junto a un gran elenco de artistas en el teatro Eslava, la puso en el candelero de la escena con esta obra de gran éxito, que ha sido interpretada en muchas ocasiones.
En 1910 estrena junto a su compañera, la zarzuela “Las Romanas Caprichosas”, con música del valenciano Manuel Penella Moreno, autor del pasodoble El Gato Montés. De ahí, llegó al gran teatro de Madrid con “Las dos reinas” y el “Carro del sol”, del maestro Jose Serrano, con libreto de Maximiliano Thous.
Accidente
Sin embargo, cuando “Conchita ” estaba casi en la cresta de la ola y con un futuro prometedor, un trágico accidente truncó su destino. Una fuerte caída en la Puerta del Sol de Madrid, le provocó una grave lesión en la cara de la que ya no pudo recuperarse, al quedar completamente desfigurada, lo que frustró toda una carrera “de una giletana que podía haber llegado muy lejos en el mundo de la interpretación”. Ahora, gracias a esta investigación, “no seguirá en el olvido y su pueblo natal la reconocerá como merece”, terminaba destacando el cronista.
Fuente: https://www.levante-emv.com
