CULTURA EN COMPETICIÓN

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

Mil doscientos metros cuadrados de cielo, en paneles pintados por Antonio Palomino, frente a mil setecientos metros cuadrados en 28 pantallas led de LG, de una calidad excepcional. Santos y profetas, el Paraíso y la Gloria, en los Santos Juanes; los héroes de la NBA, e incluso Nino Bravo reconstruido, en ese pabellón de deportes y conciertos que va a marcar un rumbo nuevo en aquella Valencia que vio pasar a Tina Turner por Mestalla. ¿Con qué nos asombraremos primero, con el Roig Arena o con Sant Joan del Mercat? El otoño valenciano se muestra prometedor y uno imagina a esta pareja valenciana de mecenas -Hortensia y Juan- compitiendo en la intimidad, cada uno con su juego de cromos, con su empeño favorito:

-Hoy me han colocado dos mil butacas y diez de los palcos vip…

-Pues yo ya tengo la Apoteosis de San Vicente Ferrer en su sitio…

Entre septiembre y Navidad, Valencia va a dar otro cambiazo. Nada será igual en la Valencia de 2026. Y esa ciudad que duda como Hamlet ante el turismo, la ciudad que se transforma cada día pese a su pánico al cambio, se dispone a exhibir dos herramientas nuevas de poderosa atracción cultural, social y turística: una cancha de deportes y espectáculos como no las hay en Madrid y Barcelona y una iglesia barroca, sencillamente excepcional, a la que solo se le encuentra algo parecido en Roma.

Con todo, hay un fenómeno mucho más interesante: a pesar de los hachazos de las inundaciones, el mecenazgo privado está teniendo la virtud de arrastrar a la iniciativa pública. Lo digo, sobre todo, por el empuje que la alcaldesa María José Catalá y su concejal de Cultura, José Luis Moreno, están poniendo, en los últimos meses, en lanzar novedades culturales al ruedo. A las ideas destinadas a reaprovechar monumentos desmantelados, como la Tortada o el de Sorolla en la playa, se han unido hace poco las de dar destino culto a dos casonas con fantasma, Hacienda y el palacio de Montortal.

La olla debe removerse; y si hubiera polémica a la valenciana, incluso mejor. Ayer, en el Ayuntamiento, cobró cuerpo el paquete de contenidos del Centro de Interpretación del Santo Cáliz, en la Casa del Relojero. Y mañana será el turno de conocer qué albergará el centro cultural dedicado a Manolo Valdés en el Parque Central. Son dos promesas que van pareciendo cercanas, y que hacen pensar que las elecciones de 2027 van a ser doblemente interesantes. La Casa dels Bous se dice que va a estar lista muy pronto. Pues a ver si esa competición entre lo privado y público da nuevos frutos porque Valencia necesita menos miedo y más ambición. No hay límites, ni barreras ni costuras.

Fuente: https://www.lasprovincias.es