DOMEÑO RINDE CULTO A LA SANTA CRUZ

JOSÉ SALVADOR MURGUI SORIANO. CRONISTA OFICIAL DE CASINOS

Es sorprendente visitar los pueblos de nuestra comarca, que además de ser conocidos, en muchas ocasiones nos pueden resultar desconocidos. Descubrir la esencia de los pueblos cuando la fiesta toca la fibra de las personas que los habitan, es el mayor exponente que los une y los hace fuertes.

Esta tarde he podido participar en la procesión que Domeño rinde a la Santa Cruz. Estamos ante una cruz, no muy grande de tamaño, aunque acogedora para toda una localidad y que está forrada de un material dorado que la hace solemne, respetuosa y amada.

Lleva esa cruz en el centro unas incrustaciones con reliquias de la Veracruz y todo este conjunto está rematado por una delicada tela blanca, tejida por manos artesanas que nos evoca, no solo la sábana o sudario que envolvió el cuerpo de Cristo, sino también nos hace presentes los clavos y martillos con los que clavaron al Salvador del mundo.

El corazón y la mente de las personas es inescrutable, los sentimientos nacen de lo más profundo del alma y me ha impresionado ver desde el dintel de la puerta de la iglesia los ojos empañados en lágrimas de una mujer que desde allí, seguía los pasos de la Santa Cruz.

El corazón que llora es porque ama, y ese amor se traduce en nuestras fiestas en pequeños gestos difíciles de captar, que nos empapan de gozo, de piedad, de súplica, de agradecimiento o de amor ante esa sagrada imagen que veneraron nuestros antepasados y que debemos dejar el testigo a las generaciones venideras.

Así transcurre una procesión que cruza por todas las calles del pueblo, que se encuentra con cruces de mayo, que esperan silenciosamente el paso de la Santa Cruz patronal para rendirle el culto merecido.

Cruces, labradas en flores, cruces cargadas de belleza, cruces, que no solo adornan el paso, sino que invitan a la meditación en torno a la esencia del misterio de la cruz.

La banda de música santa Cecilia de Domeño acompaña con rigor el caminar de los doce portadores que sobre sus hombros llevan la cruz patronal. El sol multicolor de la tarde pone la luz adecuada para que el brillo de la cruz penetre ante nuestros ojos. Se oyen los cantos de los pájaros, el murmullo de las hojas de los árboles que se mecen con el viento y la música dirige el paso con solemnidad a ritmo de marcha de procesión.

Marchas como “Santos lugares”, “Marcha Triunfal” o “Macarena” de acentuado, sabor sevillano, por citar algunas son el dulce remo que envuelve la tarde cuando el sol se va desplomando para dar paso a la luna.

Los fuegos artificiales acompañan y ponen ese sabor que solo los valencianos conocemos en cada rincón insospechado, porque cuando pasa la cruz, el pueblo se detiene.

Domeño es: Pueblo limpio, moderno, aseado, muchas puertas repletas de flores, colgaduras en los balcones y sobre todo corazones sinceros que con velas encendidas acompañan durante toda la vuelta la apreciada joya y tesoro de fe que identifica a sus gentes.

Muchas han sido las autoridades que han acompañado al primer edil de la población Francisco Gómez: los Diputados: Reme Mazzolari y Pedro Cuesta, junto a Chimo Segarra, alcalde de Benaguacil y parte viva de la misma Diputación; Stephan Soriano, Director General de diversidad de la Generalitat Valenciana. Presidía junto a las primeras autoridades don José Antonio Romero, Capitán de la Guardia Civil de Lliria y destacados mandos de esta ciudad, sin olvidar el resto de alcaldes y concejales de la comarca y C.V. que se han sumado a este entrañable acto.

No podemos pasar por alto la labor organizativa y litúrgica que imprime el Sacerdote: Don Ismael Mateo, siempre pendiente de la liturgia y velando por el buen discurrir de la procesión. Han sido tres días con eucaristías solemnes y festivas a las 12 horas y por la tarde a las 20 horas las dignas procesiones que han colmado la fe de la feligresía y pueblo de Domeño.

Acabo estas letras, teniendo una mención especial para dos personas muy conocidas en la comarca y en la Serranía que también han aportado su grano de arena para el mayor esplendor de esta fiesta. Me refiero a Ximo, Joaquin López Belenguer, el alguacil de Villar del Arzobispo, que se ha sumado a tocar el tambor junto a los músicos de la banda y por otra parte al inquebrantable y último alguacil de Casinos: Miguel Bernardo, siempre dispuestos los dos a estar presentes en cualquier acto de nuestros pueblos, siempre que son necesitados.

Y acaba la procesión. Una vez ha entrado la Santa Cruz en la iglesia no han faltado las palabras de agradecimiento por parte del señor Cura Parroco a todos los asistentes, autoridades, portadores de las andas y a todas las personas que han hecho posible las fiestas y una vez cantados los gozos, ha llegado la parte final del día con los fuegos aéreos que han puesto el broche de oro a las fiestas de Domeño.

El silencio de la noche será roto por las verbenas y bailes, por las escenas de armonía, por los encuentros de amigos, aunque siempre quedará ese recuerdo primaveral de encontrarnos el original contraste de una cruz dorada que avanza entrepinos, mientras el crepúsculo solar le da sus últimos rayos; las miradas de ojos sedientos de amor, cargados de agradecimiento, sensibles al paso de la cruz, dejarán junto a las notas musicales, esa meditación apasionada a los pies de esa imagen amada y venerada por todas las generaciones de Domeño.

Fuente: https://valencia.elperiodicodeaqui.com