MARI CARMEN RICO NAVARRO, CRONISTA OFICIAL DE PETRER
Fue en el teatro Cervantes construido a finales del XIX y
hasta que en 1920 se inauguró el Gran Cinema en la Explanada donde se
realizaron algunas proyecciones esporádicas en verano, aunque el Cervantes en
lo que a éstas se refiere no tuvo competencia alguna. Más tarde, la demanda
hizo que se instalasen y funcionasen hasta un total de ocho cines a pleno
rendimiento: Cervantes, Cinema, Avenida, PAX, Regio, Aguado, Goya y Capri, al
margen de los espacios que en determinados lugares hicieron las veces de sala,
como fue la plaça de Dalt y, salvando la distancia en el tiempo, más
recientemente en algunos parques o jardines de Petrer.
Hoy hablaremos del Cine PAX, un cine parroquial que impulsó
el sacerdote D. Jesús Zaragoza Giner, el PAX o el cine de los colores, se ubicó
en el n.º 12 de la calle Leopoldo Pardines y funcionó en los años 60 del pasado
siglo Abrió sus puertas al público en octubre del año 1961, gracias al trabajo
desinteresado de varios jóvenes comprometidos con la parroquia de San
Bartolomé. Su aforo era reducido, unas 200 butacas y sólo se proyectaban
películas para niños y para todos los públicos. Este cine estuvo en activo
hasta el año 1966.
En esta ocasión hemos querido mostrar una imagen muy
interesante correspondiente al 25 de enero de 1964 y recordar este cine PAX que
estaba ubicado en un local que era propiedad de Ismael Poveda y que,
anteriormente, albergó un par de pequeñas fábricas o talleres. Cuando surgió la
idea de montar un cine para un público determinado (en este caso los niños) se
desalojó el local y el párroco D. Jesús Zaragoza y el dueño se reunieron con el
fin de llegar a un entendimiento.
El local comenzó a funcionar durante las fiestas de la Virgen
de 1961 y lo hizo gracias al trabajo altruista de los jóvenes de la parroquia.
De la recogida del material, o sea, de las películas y su organización, se
encargaba D. Jesús Navarro el Vicari. También existía una comisión en la que
estaba Enrique Amat Payá y Juan Villaplana Planelles que, entre otras
funciones, debían presentar cuentas a la parroquia.
Como anécdota, apuntar que eran los propios jóvenes los que
debían abonar la entrada en la taquilla, antes de acceder al interior a
trabajar, puesto que ellos y ellas hacían las veces de porteros, acomodadores o
aposentadores, taquilleros, etc. Los trabajos se hacían previa distribución,
rotando en las funciones que cada uno desempeñaba. Estuvieron muy implicados en
este cine algunos jóvenes y, entre muchos otros, destacaban, Ramón Navarro
Sala, Juan Ramón Montesinos que se encargaba de la cartelería, Luis Payá
Gamundi que hacía de aposentador y Carmen Benito que hacía de taquillera y de
aposentadora. Estos dos últimos no se conocían, pero en el PAX surgió el
flechazo y se hicieron novios.
Las limitaciones del PAX comenzaban ya por el aforo (200
butacas) y le seguían los temas a tratar o, para ser más exactos, las
películas, puesto que allí no se proyectaban más que cintas blancas o azules,
es decir, para los niños y para todos los públicos. Al cine se accedía por un callejón
sin salida y se entraba por una puerta estrecha que todavía se conserva.
La iglesia aplicaba su propio código moral a las
producciones cinematográficas, incluso al margen de la censura y de los rombos
que, el que más y el que menos aún conserva en la memoria. De ahí que el uno
fuera para las películas blancas; el dos para las azules; el tres para las
rosas; tres R, mayores con reparo y cuatro R, gravemente peligrosa. Existía un
fichero que contenía todas las películas que, generalmente, se exhibían en las
salas comerciales. De ahí se sacaba la información, no sólo para el PAX, sino
para el resto de los cines, puesto que una práctica habitual en aquellos años
era la exposición de datos sobre las cintas que se proyectaban, acompañadas de
la clasificación moral de las películas a través de los colores, en la entrada
de la parroquia. Ramón Navarro Sala estuvo encargado de esa labor durante
bastante tiempo, es decir, de rescatar del archivo las fichas que más tarde
tendría que colocar en la puerta de la iglesia; anecdóticamente, recuerda que,
al encargarse de este cometido, mucha gente le paraba por la calle con el fin
de consultarle cuáles eran las películas aptas y cuáles no.
El cine PAX era más barato que cualquier cine de la época y
para amortizarlo se promovieron toda clase de ayudas: bonos, donaciones, etc.
y, por descontado, la aportación y la labor de los jóvenes entusiastas de
Acción Católica, que durante mucho tiempo pasaron allí la mayor parte de su
tiempo libre. Durante los dos primeros años, la actividad fue fructífera,
prácticamente se desbordaba, pero la repetición constante de películas hizo que
los más jóvenes dejaran de asistir. Vista la poca rentabilidad del local, se
buscó como solución contactar con la empresa que explotaba el Cine REX de Elda,
que también perteneció a la Iglesia. En noviembre del año 64 se llegó a un
acuerdo por el que la empresa de espectáculos Rex A.C. de Elda-José Martínez
Tercero, de Alicante, se encargaría a partir de esos momentos de suministrar
películas y gestionarlo, comprometiéndose a no desvirtuar jamás el motivo por
el que se abrió este espacio, es decir, la proyección para jóvenes y niños. De
esta forma funcionó hasta el cierre de sus puertas a comienzo de 1966.
Los maestros del Colegio Primo de Rivera también ejercían su
función pues obligaban en cierto modo a los alumnos a acudir a misa los
domingos y después a la sesión matinal que se celebraba en el Cine PAX, tras la
Eucaristía. Este control se ejercía teniendo que mostrar los niños la entrada
cortada al maestro los lunes cuando se iniciaba la jornada escolar.
Durante el tiempo que el cine permaneció en activo dio
cabida a otra actividad. Nacía entonces el Cine-Club Petrerense, formado por un
colectivo que se dedicaba a seleccionar una serie de películas, a su juicio
interesantes, para pasarlas en el PAX. Después de una introducción que se hacía
antes de comenzar la proyección y tras visionar la misma, se procedía a dar
paso al coloquio, en el que intervenían miembros de este grupo. Hipólito
Navarro se encargó de dirigir muchos de estos coloquios. Curiosamente los
socios pagaban para su mantenimiento una cuota de 20 ptas. mensuales destinadas
a la compra de películas que, por aquel entonces, valían unas 500 pesetas. Hay
que destacar que jamás tuvieron ningún tipo de censura a la hora de seleccionar
las cintas y que, cuando el PAX desapareció, siguieron llevando esta actividad
en el cine Regio. Contamos con una imagen del célebre periodista y prestigioso
crítico de cine, el recordado Alfonso Sánchez Martínez (1911-1981), acompañado
por el alcalde Nicolás Andreu y por el sacerdote Jesús Zaragoza que vino a
Petrer en 1964 a hablar de aquello que más le gustaba: el CINE.
Para saber más sobre los cines de Petrer os recomiendo que
leáis el trabajo que publicó mi amiga Concha Maestre Martí en la revista Festa
94 que lleva por título ¡Una entrada… por favor! Como siempre podéis hacerlo
entrando en bibliopetrer.petrer.es ¡Qué lo disfrutéis!
Fuente: https://www.facebook.com