PINOSO RECUPERA LA FUENTE DE LA PLAZA DEL AYUNTAMIENTO CON UNA RÉPLICA DE LA ORIGINAL DE 1826

Pinoso sigue celebrando su bicentenario y, dentro de los actos programados para ello, este pasado fin de semana se ha inaugurado en la plaza del Ayuntamiento una fuente hecha de mármol que está presidida por una escultura en bronce de una mujer con su cantera, recordando que el lugar en el que se ha colocado fue antaño el corazón del abastecimiento de agua y de la vida social de Pinoso.

La fuente es una réplica del primer surtidor público de agua que tuvo el municipio.

La iniciativa ha sido el resultado de un proceso de documentación iniciado desde el Archivo Municipal con el objetivo de recuperar el espíritu de la fuente original, que está construida con el mismo material que fue elaborada la original del año 1826: mármol Crema Marfil.

Silvia Verdú, alcaldesa de Pinoso, ha destacado que el proyecto es el resultado de un proceso de documentación iniciado desde el Archivo Municipal.

Por su parte, CÉSAR PÉREZ, CRONISTA OFICIAL DE PINOSO, que también es concejal de Patrimonio en la localidad de la comarca del Medio Vinalopó ha incidido en que “no inauguramos solo una fuente, inauguramos una memoria”.

La instalación de la nueva fuente se va a completar con la colocación de un código QR que permitirá conocer todos los detalles de su creación o el proceso de remodelación de la plaza, entre otras curiosidades.

Fuente: https://amp.ondacero.es

EN EL 125 ANIVERSARI D’’ENTRE NARANJOS’. EL MONUMENT A BLASCO IBÁÑEZ

AURELIANO J. LAIRÓN PLA, CRONISTA OFICIAL D’ALZIRA

El 5 de juny de 2000, fa poc ha fet vint-i-cinc anys, un grup d’alzirenys ens reuniem en el Círculo Alcireño i acordarem constituir-nos en comissió cívica per tal de preparar una sèrie d’actes per a commemorar el centenari de la publicació d’”Entre naranjos”, de Vicente Blasco Ibáñez, novel·la amb la qual l’escriptor va universalitzar per a sempre el nom de la nostra ciutat.

D’aquella comissió vam formar part un grup d’amics, ciutadans i ciutadanes d’Alzira, als qui ens unia l’estima pel nostre poble.

Pocs dies després de constituir-nos vam visitar a l’alcalde de la ciutat, Pedro C. Grande, a qui vam fer partícep de les nostres inquietuds i de qui vam obtindre el recolzament i la promesa de col·laboració, necessàries per a posar en marxa el nostre projecte. A la comissió es va sumar l’aleshores regidora de Cultura.

Per a fer realitat els nostres propòsits vam demanar també l’ajuda de particulars, entitats i institucions. La resposta va ser magnífica.

Entre els actes que vam dur a cap, dins d’un extens i variat programa, destacaren l’elaboració del cartell commemoratiu, obra de Ferran Boscà, el cicle de conferències al voltant de la novel·la i del seu autor en el qual van intervindre destacats especialistes, dos exposicions commemoratives, el cicle “Blasco Ibáñez y el cine”, la Trobada de centres d’ensenyament de la Ribera que porten el nom de l’escriptor, els concursos literàris per a escolars i el periodístic, una ruta guiada pels escenaris citats a la novel·la, l’emissió per Correus d’un matasegell, un concurs de fotografia, l’edició de diverses publicacions a càrrec de la Comissió del Centenari, de l’Ajuntament, de la Generalitat Valenciana i dels diaris valencians, l’emissió de programes especials per Onda Cero i Alzira Ràdio, la lectura continuada de l’obra en el Círculo Alcireño a càrrec d’importants personalitats del món de la cultura i la política, la presentació d’una nova reedició de la novel·la, la publicació d’un número extraordinari de “Arte y Libertad”, la inauguració en la Muntanyeta d’un panell ceràmic amb la reproducció d’un dels passatges més coneguts de l’obra i, com a cloenda, un concert de l’Orquestra Polifònica i l’Orfeó del Cercle Catòlic de Torrent que tingué lloc al Gran Teatre.

Però del que més satisfet ens sentim aquells que ens vam juntar fa un quart de segle, és, sens dubte, de l’erecció al cim de la Muntanyeta del Salvador, del monument que perpetuarà la vinculació de Blasco Ibáñez i la seua obra amb Alzira. S’alça ben a prop del que es va erigir el 1935, de l’alzireny Enrique Casterá que, lamentablement, van fer desaparéixer en finalitzar la Guerra Civil.

El pròxim 15 de desembre es compliran 25 anys de la inauguració d’eixe monument que, sent iniciativa de la Comissió del Centenari, va ser possible gràcies a la implicació personal de l’alcalde Pedro Grande. El bust en bronze del novel·lista, rèplica de l’original en marbre, de Victorino Gómez, adquirit en 1984 per l’Ajuntament, anava a coronar el monolit dissenyat per l’arquitecte municipal Alfredo Andrés.

Han transcorregut 25 anys i el monument seguix en peu recordant-nos els vincles amb la capital de la Ribera d’un escriptor genial que, malgrat escriure majoritàriament en castellà, estimà molt la seua terra i va ser un gran valencià.

Gràcies a Alzira i a tots els que ho van fer realitat. Confiem que dins de vint-i-cinc anys Blasco continúe romanent i albirant des de la Muntanyeta.

Fuente: https://www.levante-emv.com

ELDA PIERDE SUS MONTES

GABRIEL SEGURA, CRONISTA OFICIAL DE ELDA

Fruto de la conocida como “Desamortización de Madoz”, promulgada un 3 de mayo de 1855 por el entonces ministro de Hacienda, Pascual Madoz, del gobierno presidido por el general Espartero, todos los bienes de propios y comunales propiedad de los ayuntamientos españoles, entre los que se encontraban los montes, tierras y dehesas comunales, pasaron a ser considerados propiedad del Estado. Con posterioridad y de cara a su venta pública, los montes públicos fueron clasificados según el interés para su aprovechamiento, por la Real Orden de 17 de febrero de 1859.

En virtud de la Ley de 1 de mayo de 1855 y de la Real Orden de 1859, entre diciembre de 1860 y enero de 1861 fueron vendidos en pública subasta todos los montes de Elda, Petrer y Salinas, que habían conformado el antiguo condado de Elda.

Estos bienes que durante siglos habían sido propiedad de villas y ciudades habían permitido bien obtener ingresos a los ayuntamientos (bienes de propios), mediante su alquiler para la explotación; o bien atender a las necesidades de la población más pobre (bienes comunales), caso de suministro de leñas, caza, frutos silvestres, forrajes, etc.

En sucesivas subastas celebradas los días 28 y 29 de diciembre de 1860 y 2 de enero de 1861 diversos particulares adquirieron extensas propiedades montañosas del antiguo condado de Elda que, durante siglos, habían permitido el mantenimiento de los ayuntamientos y la subsistencia de los vecinos más pobres.

En el caso de Elda, fueron subastadas las sierras de Camara, de las Barrancadas y la Torreta-Lobera. Por su parte, los montes de Bolón y Bateig, dado su escaso interés agrícola y forestal, fueron reservados para el abastecimiento de leña y atocha por la población más desfavorecida. Aunque años más tarde también acabarían siendo enajenados.

Hoy, un 28 de diciembre pero de hace 165 años, y no como broma del día de los Santos Inocentes, la villa de Elda vio como su patrimonio público municipal era vendido en pública subasta, siendo adquirido por unos pocos potentados, ajenos y foráneos a la villa, para perjuicio del común de los eldenses. Habrá que esperar unos 120 años, para que a partir de la década de los años 80 del siglo XX, el ayuntamiento de Elda bajo el gobierno de Roberto García Blanes, inicie una política de adquisición de parcelas, recuperando parte de lo que durante siglos fue el patrimonio forestal de todos los eldenses.

Fuente: https://www.valledeelda.com

CAMPANA SOBRE CAMPANA

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

Mañana, domingo, a mediodía, es la cita musical que Ayuntamiento y Gremio de Campaneros han programado para celebrar los 600 años de vida que el Micalet nos viene regalando como campanario y símbolo de valencianía. Es momento, pues, de hablar de las campanas del Micalet, que han acompañado a los valencianos con sus toques. Desde la alegre celebración del nacimiento del que ha de ser rey hasta la triste hora de recordar a las víctimas de una tragedia como la inundación de 2024, «els campaners de la Seu» han acompañado a los vecinos a través de unos instrumentos de bronce, las campanas, que tienen historia y están protegidas como patrimonio cultural que son.

Del conjunto de campanas del Micalet, El Miquel, que da nombre a la torre, es la más antigua. La ubicada en los inicios (300 quintales, unas 16 toneladas) se rompió en 1458 y fue repuesta en 1465, con un tamaño y peso menor. Pero se volvió a romper en 1481. Las reposiciones se hacían instalando al pie de la torre un taller de fundición que quemaba toneladas de leña; cientos de obreros de varios oficios se movilizaban cada vez para la colosal tarea de fundir y subir la singular pieza. Pero en febrero de 1519, en el curso de una tormenta, un rayo dio en la casamata de madera de lo alto de la torre, incendiándola y tirando al suelo la enorme campana.

Hubo que empezar de nuevo y en 1521 se hizo una nueva, que fue subida de un modo ingenioso: con un ascensor montado a base de cuerdas y poleas. Para ello se puso en un lado de la torre tanto plomo como pesaba la campana, con lo que esta subió… Aunque el plomo tocó el suelo cuando a la campana le faltaban aun unos palmos para ganar su nivel de trabajo. Para ello, imaginen el espectáculo, fue preciso abrir una «piscina» en la calle, un agujero por donde los plomos descendieron unos palmos más y la campana pudo llegar hasta su emplazamiento final. Todo eso no impidió una nueva ruptura del Miquel, en 1532: por un exceso de uso: «fent alegries per una victoria que tingue Lemperador contra lo turch… en una ciutat que ha nom de Viena», dicen las crónicas.

Sanchis Sivera relata otros muchos incidentes: cuando Miquel cayó a la terraza, en 1625, tocando de noche. O cuando los fuegos artificiales por el natalicio del príncipe Felipe, en 1657, quemaron todo el entramado de madera y la campaña cayó… pero lentamente y sin gran desastre. En todo caso está allí arriba, sirviendo a la ciudad, desde 1539. Pesa 7.514 kilos y tiene un diámetro de 2’35 metros, solo superado por la María de la catedral de Pamplona y la gran campana agrietada de la catedral de Toledo que mide tres metros de diámetro.

El asno del mestre Baldomar en lo alto de la torre

La historia del maestro Pere Baldomar es, seguramente, la más famosa de las que envuelven los 600 años de vida del Micalet. Porque cuenta lo que unos desalmados hicieron, hacia 1462, con el hombre que había recibido el encargo de ampliar la Catedral uniendo su edificio con la torre del Micalet, que hasta ese momento se erguía exento y sin remate, como había quedado desde 1429.

Baldomar, lo dicen todos, era un santo varón, un hombre muy trabajador pero escaso de genio; de esos que parecen hechos para el abuso de los demás. Baldomar, para su trabajo, había instalado el taller a los pies de la torre, donde tenía también cobijo para dormir y mudarse. Y dicen los maledicentes que una mañana al levantarse, hizo lo primero que hacía, que era echar mano de sus lentes, para encontrarse con la desgraciada novedad de que los cristales estaban cubiertos de una pasta, de pésimo olor y peor tacto, que no podía ser otra cosa… que la peor cosa.

Se indignó. Protestó ante el juez del cabildo. Pero no logró que se averiguara qué picapedrero, o qué sacristán, había sido capaz de tamaña felonía. Y es que el cabildo, que desde el año anterior estaba en las manos del obispo Rodrigo Borja, futuro papa Alejandro VI y persona ya de gran influencia en la corte papal de Roma, donde era cardenal y vicecanciller. De modo que lo único que parecía preocuparles era invertir bien los recursos destinados a la obra de ampliación del templo, para la que había mucha prisa: menos quejas y más trabajar.

Baldomar calló y lo que vino después fue peor. Porque una mañana se oyeron gritos y rebuznos que provenían de la torre de la Catedral. ¡El dimoni, el dimoni!, decían a voz en cuello los sacristanes, que había encontrado en lo más alto un asno llegado nadie sabía de dónde; y rebuznos del pobre animal, que estaba más espantado que sus descubridores. Pero no, no era cosa del diablo como decían. Aquello era un asno de verdad, era el jumento del mestre Baldomar, que sus crueles burladores habían subido hasta la torre.

Lo que vino después no fue poca cosa: Baldomar protestó, pero el cabildo lo que le dijo es que desalojara el animal cuanto antes de la torre. Así es que se armó el espectáculo: marineros llegados del Grao con sogas y poleas se subieron hasta lo más alto, embridaron el jumento y lo descolgaron por la baranda, en el curso de una operación que reunió a cientos de vecinos en el dédalo de calles del pie de la torre. Todos, público, marineros en tierra y el propio Baldomar, tuvieron premio: porque en cuanto el burro se vio en las alturas se le aflojaron los esfínteres y, a unos cuarenta metros del suelo, empezó a mear una benéfica lluvia fina para todos los congregados.

Fuente: https://www.lasprovincias.es

PATIR MÉS FAM QUE CARPANTA

ALFRED BERNABEU, CRONISTA OFICIAL DE ONTINYENT

Els anys de postguerra foren durs fins a convertir la simple supervivència en l’eix central de la vida de les classe més desfavorides. Per contra, en temps presents, l’obesitat és un dels principals problemes de salut pública

Confesse que soc un aficionat a la lectura. Un xiquet que devorava llibres d’aventures de Jules Verne, Emilio Salgari o Aleixandre Dumas; però vaig començar llegint tebeos -actualment anomenats còmics-. Amb la pagueta setmanal, m’encaminava al curiós quiosquet hexagonal de  “Ca Joaquinet” que estava situat quasi enmig de la plaça de Sant Domingo. Allí Pepe Llopis disposava d’un bon inventari de publicacions de l’editorial Bruguera, entre elles, “Tio Vivo” o “Pulgarcito”. En les seues pàgines apareixia un personatge que sempre intentava assaciar per tots els mitjans la fam que patia; es tractava de Carpanta.

La meua generació rep el sobrenom de “baby boomer” i, afortunadament, no va viure de manera personal la cara amarga de la postguerra. Els nostres pares i iaios, sí, i no desperdiciaven les sobres del plat. Un xiquet a finals dels seixanta-principis dels setanta, en temps del “desarrollisme” econòmic no va patir fam; les condicions de vida havien millorat. Carpanta, com a referent, quedava molt lluny; no funcionava.

Més tard, amb més coneixements històrics, he pogut constatar que el personatge reflectia les duríssimes circumstàncies imperants en la societat espanyola de postguerra. De manera còmica, José Escobar -autor també dels famosos germans Zipi i Zape- evitava la censura franquista, que estigué a punt de cancel·lar aquelles historietes. Ell va suavitzar els guions. A finals dels anys cinquanta Carpanta ja no manifestava que tenia fam; tenia molta gana o apetit perquè segons el règim “en la España de Franco nadie pasa hambre”. L’autor del personatge ja estava escarmentat, després de la guerra havia sigut empresonat i depurat del lloc de treball a Correus pels  ideals republicans. Per cert, el nom del personatge ha tingut fortuna, el Diccionari de la Reial Acadèmia Espanyola defineix carpanta com “hambre violenta”.

Els anys de postguerra foren durs fins a convertir la simple supervivència en l’eix central de la vida de les classe més desfavorides. Es va patir fam afavorint la virulència de malalties infeccioses en aquells cossos tan desnodrits. Menjars tan bàsics com la farina, arròs, llegums, oli, farina, abadejo… van estar sotmesos a racionament fins a 1952. La penúria obligava a buscar en el mercat negre -l’estraperlo- productes difícils de trobar com el sucre, els ous… altres aliments resultaven inabastables. El professor Antonio Calzado assenyalava que l’alcaldia d’Ontinyent mitjançant ban públic anunciava el 18 de març de 1941 que al mercat el peix blanc es vendria fins a les onze del matí “con receta médica”.

La necessitat alimentària va aguditzar l’ingeni: el llit del riu Clariano va ser ocupat i parcel·lat en improvisades hortetes on cultivar verdures. Una dieta vegetariana imposada a la força. El pa blanc elaborat amb blat va ser substituït pels anomenats bollos de panís, més eixuts i corretjonosos. El mateix bisbe Teodoro Úbeda recordava la seua infantesa i la ingesta dels bollos amb un rajolí d’oli que es feia més comestibles.

En la dura postguerra es va menjar pràcticament de tot per enganyar l’estomac: garrofes, guixes, verdures silvestres, caragols…  i, sobretot, molt de moniato, guisat, torrat i cru. Rafa Ferrero en el llibre “Tiempo de benimerines” recollia testimonis orals i ressaltava la monotonia de la dieta d’aquell període. Bona prova era una cançoneta burlesca que entonaven els festers: “Moniato pel matí, moniato per la vesprada, moniato per la nit”. Tot s’aprofitava. En setembre de 1941, l’ajuntament d’Ontinyent es veia obligat a prohibir la recollida de pebrassos com a únic mitjà per evitar que els afamats buscadors acabaren la collita abans de començar pròpiament la temporada.

Per contra, en temps presents, l’obesitat és un dels principals problemes de salut pública. La seua prevalença es tan elevada en la població occidental que l’Organització Mundial de la salut (OMS) l’ha declarada com un dels majors reptes del segle XXI. La reducció del sobrepés és un negoci  milionari per a les farmacèutiques i ha augmentat el consum de medicaments com “Ozempic”. No debades, la companyia que el comercialitza,  Novo Nordisk A/S, ha trobat una bona font d’ingressos. Altres persones prefereixen utilitzar mètodes més tradicionals, exercici físic i  reducció de la ingesta d’aliments com si estiguérem voluntàriament en temps de postguerra.

Fuente: https://loclar.es

EL JARDÍN DEL TURIA

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

El jardín que cambió una ciudad

En el principio hubo un río con dos brazos que abrazaban, por el norte y el sur, una ciudad romana asentada sobre una suave colina. En el principio hubo una ciudad en la que los arqueólogos han aprendido a leer, como en los troncos de los árboles, las suaves capas de limo de las avenidas de su río. Hablamos de Valencia. Donde el río, que abraza con amor pero también ahoga, que fecunda y arrasa con la misma intensidad, es quien, siglo tras siglo, ha hecho y deshecho, ha configurado esta ciudad.

Es una ancestral relación de amor y odio. La riada de 1358 causó más de cuatrocientos muertos y destruyó un millar de casas. Tan grave fue el golpe que el rey Pedro el Ceremonioso autorizó la creación de un organismo específico -la Fábrica de Murs i Valls- que durante siglos se encargó de gestionar con impuestos especiales la obra pública local: los fosos, murallas y baluartes de la defensa convencional; pero también los puentes, pretiles y valladares de la lucha cotidiana contra el río y el barro.

Esa lucha dejó una ciudad de imagen insólita: la de un enorme cajero de piedra, de apariencia ciclópea, destinado a conducir un regato de agua sin interés. El Turia histórico, sin embargo, no faltó a su cita: dos, tres, cuatro veces por siglo recordó con daños y víctimas su terrible poder. Hasta que en octubre de 1957 fue víctima propiciatoria de una riada especialmente terrible y sufrió la pena máxima que se reserva a un rio: el destierro.

El desvío del Turia es una de las pocas grandes obras públicas que en Valencia se han hecho casi de un tirón y se han podido concluir como el proyecto ordenaba. Entre 1965 y 1969 se desarrollaron unos trabajos colosales que terminaron mostrando un canal de grandes proporciones sobre las huertas del sur de la ciudad.

«¿Qué destino final tendrá el viejo cauce del Turia?». El 27 de julio de 1970, esta pregunta, en forma de titular, empezó a abrir espacio de reflexión en un tema que muy pronto fue una polémica palpitante. En 1972, cuando LAS PROVINCIAS editó en facsímil el viejo libro de ordenanzas de la Fábrica de Murs i Valls, se empezó a vislumbrar que los caminos de la cultura bien podrían ser la avanzadilla de una transformación. Que llegó en cuanto el ministerio de Obras Públicas decidió construir el by-pass y se hizo patente que el acceso por carretera desde Madrid ya no era preciso que atravesara la ciudad por el viejo cauce del Turia como pretendían algunos visionarios del cemento a toda costa.

La Transición, en la ciudad de Valencia, se hizo sobre el colchón verde de dos campañas que el periódico abanderó abiertamente, para dar fe de su indiscutible liderazgo en el mercado y en la opinión: una se dedicó a frenar los daños de una incipiente urbanización en la Dehesa y la Albufera; la otra puso la intención en lograr que el viejo cauce del Turia se declarara zona verde y fuera donado a la ciudad para su conversión en parque urbano. En diciembre de 1976, durante su primer viaje oficial a Valencia, don Juan Carlos firmó el decreto de cesión a la ciudad, por el Estado, de la propiedad del viejo cauce del Turia. En ese 2026 en que el periódico va a celebrar 160 años, se cumplirá medio siglo de una firma de trascendencia histórica.

Once años más tarde, en 1987, la ciudad, después de no pocas dudas y demoras, inauguró el primer tramo del jardín del Turia, liberado dos años antes de la servidumbre de encauzar aguas residuales. Ricardo Bofill fue el autor de ese primer tramo, el del Palau de la Música, y de un proyecto global, de rasgos academicistas, que nunca pudo realizarse. Las dificultades presupuestarias, la necesidad de dar entrada a arquitectos jóvenes y de la tierra y otros cien factores y coyunturas más, impidieron que el proyecto fuera unitario. Pero la variedad de escenarios del jardín, su continuada polémica, la entrada en sus opciones visuales de la arquitectura de Santiago Calatrava y la llegada de otros profesionales y paisajistas dio como resultado un parque con una sola unanimidad que incluso los políticos respetan: hemos de terminarlo, hemos de hacerlo llegar hasta el mar.

Lo decimos medio siglo después de que la reivindicación, el viejo ensueño, empezara a hacerse posible. Lo decimos pese a que sabemos que las dificultades del tramo final del jardín -sobre todo el enterramiento de las vías férreas- son más serias que las que nunca se han soportado antes. Pero ocurre que en este tema hay, sostenida durante medio siglo, una rara unanimidad: la de transformar en parque un río. El río que construyó la ciudad. El parque que cambió Valencia.

En los años sesenta, como consecuencia de las múltiples riadas acontecidas, se aprueba desviar el camino natural del río hacia zonas menos peligrosas para la capital damnificada. Más tarde, en 1973, de acuerdo con las tendencias desarrollistas de la época, se presenta una propuesta donde una enorme autopista de coches ocuparía el vacío que el río había dejado.

Tras años de movilización y sensibilización ciudadana, utilizando el antiguo cauce como espacio de activismo y celebración y bajo el lema «El llit del Túria és nostre i el volem verd», en 1979 se consigue cambiar el plan urbanístico; el cauce es designado zona verde, haciendo posible el gran parque que es hoy.

Esta ilustración quiere poner en valor aquel momento histórico en que se consiguió una mejora para la vida de los habitantes de la ciudad que afecta y afectará a generaciones. Porque el «llit» no sólo es sólo un inmenso pulmón verde que oxigena la ciudad, sino que está lleno de vida. Es un lugar abierto, integrador, donde cada persona encuentra su lugar para jugar, celebrar, hacer deporte, culturizarse… Un lugar donde nos cruzamos, nos reunimos, nos refugiamos.

Fuente: https://www.lasprovincias.es

LA FALLA PLAÇA MALVA ATORGARÀ DEMÀ EL GUARDÓ D’OR 2026 A ENRIQUE JUAN REDAL

L’Associació Cultural Falla Plaça Malva d’Alzira ha decidit atorgar el Guardó d’Or 2026 a ENRIQUE JUAN REDAL (CRONISTA OFICIAL D’ALAQUÀS), professor i editor, en reconeixement a una trajectòria intel·lectual i professional de gran rellevància en els àmbits de l’educació, l’edició i la divulgació cultural.

Nascut a Alzira, concretament a la plaça Malva, ENRIQUE JUAN REDAL és catedràtic d’Institut i professor del Màster d’Edició de la Universitat Complutense de Madrid. Al llarg de la seua carrera ha ocupat responsabilitats destacades com a Director General i Director Global de Continguts de l’editorial Santillana, així com Director del setmanari El País de los Estudiantes, vinculat al diari El País.

És autor de nombrosos llibres de text i de més de trenta estudis d’Història social. En l’actualitat forma part dels consells assessors de revistes de prestigi com Cuadernos de Pedagogía i Saó, imparteix classes a la Universitat Popular d’Alaquàs i col·labora habitualment amb articles al diari Levante i a la revista Saó. A més, dirigeix les revistes d’investigació Quaderns d’Investigació d’Alaquàs i Memòria Popular i Patrimoni.

Des de l’any 2019 coedita la revista del Devallament de la Creu d’Alzira, contribuint activament a la preservació i difusió del patrimoni cultural i històric de la ciutat. Recentment, ha estat nomenat Fill Adoptiu d’Alaquàs, un reconeixement més a la seua implicació cívica i cultural.

L’acte de lliurament del Guardó d’Or 2026 tindrà lloc el dimecres 4 de febrer, a les 19.30 hores, a la Casa de la Cultura, dins dels actes programats de la XXXIV Setmana Cultural.

Amb aquest guardó, la Falla Malva vol reconéixer no sols una trajectòria professional exemplar, sinó també el vincle profund D’ENRIQUE JUAN REDAL amb Alzira i, de manera especial, amb la plaça Malva, espai que forma part de la seua memòria vital i col·lectiva.

Fuente: https://www.elseisdoble.com

EL TERREMOTO DE MONTESA EN 1748 Y XIXONA

BERNARDO GARRIGÓS SIRVENT, CRONISTA OFICIAL DE XIXONA

El siglo XVIII fue un periódico muy activo sísmicamente en la región Ibero-Mogrebí, la nuestra, ya que se produjeron los terremotos de Montesa del 23 de marzo de 1748, de Lisboa del 1 de noviembre de 1755, el más terrible que ocasionó daños también en la península Ibérica y norte de África y el de Orán del 10 de octubre de 1790.

Eso sí, ninguno de ellos provocó daños en la ciudad de Xixona. En este trabajo nos centraremos en el terremoto de Montesa de 1748.

Fue  el 23 de marzo de 1748 cuando un terremoto sacudió la comarca de la Costera y en especial la población  de Montesa. El historiador Teodoro Lorente narraba así lo sucedido: “Amanecía el día 23 de marzo de 1748. Después de copiosas lluvias, sonreía hermosa la primavera… Los clérigos del Sacro Convento habían rezado en coro las Horas menores, y algunos de ellos estaban celebrando misa. De pronto sintieron temblar la tierra a sus pies, bambolearse las paredes y desplomarse las bóvedas con horrible estrépito. Eran las seis y cuarto de la mañana. La iglesia y todas las construcciones del castillo se venían abajo. Un prolongado trueno salía de aquellas ruinas y una nube de polvo las envolvía. A las dos horas, otra sacudida completó la destrucción. Repitióse el estrépito y la polvareda; caían rodando por la montaña los sillares desprendidos de los muros…”

La magnitud del terremoto se desconoce con exactitud, aunque siguiendo los trabajos de Martínez Solera se podría estimar en 6.1, lo que supone una gran capacidad de destrucción para el territorio valenciano, que no se haya preparado para estos siniestros.

En Montesa destruyó prácticamente el castillo resultando sepultados la mayoría de sus habitantes causando el fallecimiento de 18 personas.  El historiador Josep Teixido lo narra así:

“En el día 23 siendo como las seis y media de la mañana, repentinamente, y sin dejarse advertir aquel rumor previo, que suele preceder a los grandes terremotos, empezó a estremecerse todo el castillo por todas sus partes con tantas y tan violentas conclusiones, que no caben en ninguna exageración…Duraría según la más exacta observación cerca de dos credos todo el estruendo; habiendo hecho una pequeña remisión en su tercera parte de las cuatro que le componían…”

Los frailes de la Orden de Montesa supervivientes fueron trasladados en julio de 1748 a Valencia, a la iglesia del Palacio del Temple, hasta que el rey Fernando VI, a la postre maestro de la orden decretó la construcción de un nuevo convento.

Este terremoto fue seguido de un buen número de réplicas hasta el día 2 de abril donde se produjo prácticamente la destrucción de toda la zona.

Tanto Joseph Teixidó en su obra Relación del terremoto y sus efectos que padeció el Sacro Convento de Montesa en el dia 23 de marzo de 1748 como Esteban Félix Carrasco en su Relación  puntual circunstanciada de las ruinas y extragos causados por los terremotos que se iniciaron en varias partes del Reino de Valencia, los días 23 de marzo y 2 de abril de 1748, ambas obras publicadas ese mismo año, detallan los daños causados. Así Estubeny sus 11 casas y la villa señorial fueron destruidas por lo que sus vecinos se refugiaron en el campo o en otras poblaciones de los alrededores. En Moixent algunas casas tuvieron que ser apuntaladas.

Joseph Teixidó nos cuenta como se apreció el terremoto en Valencia, capital del reino:

“(…)que el citado dia 23 a la hora expreffada, temblaron todos los Edificios  de aquella Capital por efpacio de un minuto: (poco mas) Que la gran Torre de fu iglefia Metropolitana, llamada el Micalete, fin embargo de la efpecial robuftez de fu fábrica, fe conmovió por nueve veces, y otros tantos golpes dio el martillo, feparado de su campana mayor, lo que consternó y pufo con la novedad en turbación a todo el Pueblo”.

Teodoro Lorente también recoge la destrucción en otras poblaciones:

 “En Enguera, Vallada, Canals, Sellent y demás pueblos de la costera, el terremoto registró una gran intensidad, produciendo desastres, derrumbándose casas, iglesias, campanarios, desprendimiento de peñas….abrió grandes grietas en la tierra, llegando a alcanzar una longitud de una legua”.

En Xixona también se percibió el seismo y así lo narró al pleno de corporación municipal celebrado el 29 de marzo, es decir 6 días después de la primera réplica, el regidor Leonardo García: “que el sábado día veintitrés de este, entre las siete de la mañana, se percibió en esta ciudad un terremoto, pero en muchos fue imperceptible, de suerte que apenas se advirtió, pero en los lugares camino de Valencia, se fue aumentando tanto que en el castillo de la Virgen de Montesa, se desplomó la iglesia, refectorio y la mayor parte de la habitación de los frailes de suerte que perecieron en las ruinas según noticias ciertas todos los frailes a excepción de cuatro, y algunos sirvientes y en los lugares convecinos en la ciudad de San Felipe y su huerta y otros lugares más distantes han padecido muchísimo por los estragos que han experimentado, lo que ha causado un lamento general, y supuesto que la divina providencia ha libertado a esta ciudad de semejante contratiempo, parece muy justo y demás que la ciudad le tribute gracias con asistencia de los patronos de la iglesia parroquial y a un mismo tiempo del reverendo clero y demás.

Y en su inteligencia acordaron de una conformidad, se pase recado al reverendo clero para que se sirva celebrar una misa de gracias con asistencia de los patronos de esta ciudad, señor san Bartolomé y el señor san Sebastián, y después concluida se cante el Tedéum y se haga procesión claustral”.

La segunda gran réplica del día 2 de abril hizo incrementar el temor entre los regidores jijonencos por los que en la sesión plenaria del 4 de abril el regidor Vicente Picó propuso a sus compañeros; “(…) hacer una función de gracias acordada en el antecedente Cabildo, pero que la función de Procesión sea por las calles acostumbradas, y no claustral, y también con Señor Sacramentado y los mismos Patronos, que se cante del Te-Deum con sus acciones de gracias”. El regidor propuso que junto con la función religiosa agradeciendo la intervención divina por la que la ciudad no se vio afectada se realice una procesión general por las calles de la ciudad en vez de sólo por el interior del templo parroquial y que junto a las imágenes de los patronos de la ciudad procesione también el Santísimo Sacramento.

Se trató de uno de los terremotos más graves de la historia valenciana debido a la importancia de los daños materiales.

Fuente: https://bgarrigos07.wordpress.com

VAMOS A CALLEJEAR

GABRIEL SEGURA HERRERO, CRONISTA OFICIAL DE ELDA

Con 154 alumnos matriculados de la Uned Abierta en sede de la Uned Elda, más los espontáneos que, a lo largo del curso, puedan saltar al ruedo, hoy empiezo la asignatura sobre historia de Elda que este curso 2025-2026 he titulado “Calles con nombre, nombres sin calle”. 

Durante 12 sesiones entre febrero y mayo recorreremos la historia de las calles de Elda, su toponimia, sus cambios de nombres, las presencias y la ausencias en el nomenclátor eldense. Conoceremos la historia de algunas de las calles más emblemáticas.

Tras la introducción inicial, hablaremos del por qué de los nombres de las calles, su origen y finalidad verdadera, así como la evolución de los rótulos del callero eldense a lo largo de la historia.

Fuente: https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=pfbid02sosU2c9oTEYdbAiAg5JAqvbYxxrvKLtGu9bdzRQHnqKuDB7eGSbP2s94ghW7YpoLl&id=100005260934676