MIGUEL MARTÍNEZ APARICIO, CRONISTA OFICIAL DE CALLOSA DE SEGURA
Hoy, Domingo de Ramos, comienzan los ocho días de la Semana Santa que, de Ramos a Pascua, celebran los momentos más trascendentales para los cristianos. Pero, aunque estos son los días que marca el calendario litúrgico de la Iglesia Católica, las actividades pasionales o procesionales amplían su calendario en las conocidas vísperas: el Viernes de Dolores y el Sábado de Pasión.
En el caso de Callosa de Segura, con una población que vive intensamente estas celebraciones, podemos decir que comienza el viernes anterior al de Dolores, cuando Nuestra Señora de los Dolores, en la tradicional Bajada de la Virgen, traslada desde su ermita a la Dolorosa hasta la Arciprestal.
Sin ir más lejos, ayer sábado, con unas procesiones muy consolidadas, pudimos ver cómo María Santísima de la Victoria llenó de fieles las calles de la ciudad, mientras ya en la noche, la Hermandad de los Nazarenos de Cristo y Los Moraos, en hermanamiento cofrade, tenían como testigo excepcional la Ermita de los Dolores.
Pero vamos a retroceder en el tiempo setenta años, a 1956. Este año fue de gran importancia debido al auge alcanzado por nuestra Semana Santa a mediados de esta década, impulsado, sin duda, por la creación, el 14 de mayo de 1954, de la Junta Mayor de Cofradías; la fundación de nuevas cofradías como la de Nuestro Padre Jesús en 1951 y Ecce Homo en 1952; y la llegada de nuevos tronos e imágenes entre 1952 y 1956. Como ejemplo de ello, el Ayuntamiento, presidido desde 1955 por don José María Martínez Aguado, para darle más solemnidad a los cortejos procesionales, iluminó con arcos las calles por las que discurrirían las procesiones.
La Junta Mayor, presidida por don Manuel Cagigal Masiá y actuando como secretario don Joaquín Ramón Almira, coordinó estas procesiones en las que encontramos novedades como la llegada de imágenes y tronos: Nuestro Padre Jesús, de José Noguera Valverde, Santa María Magdalena, del escultor valenciano Ignacio Pinazo Martínez, el trono de Santa María Magdalena realizado por Vicente Segura Valls; el conjunto de trono de los torrevejenses hermanos Blanco y Cristo Yacente, de Manuel Ribera Girona, para la Cofradía del Santo Sepulcro; y el Cristo de la Agonía para la Cofradía de la Santa Cruz, también del imaginero Ribera Girona.
Hace setenta años, la Semana Santa se desarrollaba de la siguiente manera: Domingo de Ramos, procesión de las palmas por la mañana y, a las siete, procesión de San Juan y Nuestra Señora de los Dolores; Lunes Santo, a las diez de la noche, la Oración del Huerto de la Hermandad del Silencio, con salida desde el convento donde se guardaba; Martes Santo, por la noche, desde la Ermita del Rosario, las Santas Marías, a las que se uniría en la Arciprestal la de Santa María Magdalena con su nueva imagen; Miércoles Santo, también a las 22 horas, salieron de la iglesia de San Martín Nuestro Padre Jesús, con la imagen de Noguera Valverde, y la Santa Cruz, a las que se uniría en la Ermita del Rosario el Ecce Homo; Jueves Santo, a las 23 horas, procesión con el Cristo del Silencio a oscuras; Viernes Santo por la mañana, Vía Crucis con Nuestro Padre Jesús de Peris y el Cristo de la Agonía desde el convento, mientras desde la Ermita de Nuestra Señora de los Dolores salían San Juan y la Dolorosa y desde la Ermita del Rosario las Santas Marías, para participar en la ceremonia del Encuentro en la Plaza del Calvario. A las ocho tendría lugar la Procesión General y ya por la noche, la Procesión del Santo Entierro con las Santas Marías, Santa María Magdalena, la Santa Cruz, el Sepulcro y la Soledad, presidida por la Corporación Municipal, y encabezada por don Carlos Galiana Cecilia como Caballero Portaestandarte. Finalizó el Domingo de Resurrección con la procesión y acto del Encuentro y, una hora más tarde, la procesión del Resucitado de la Cofradía del Ecce Homo, estrenado el año anterior.
El itinerario oficial para la Procesión General del Viernes Santo, 30 de marzo de 1956, fue el siguiente: salida del Convento, siguiendo por Generalísimo (Convento), Canónigo Hidalgo, Mayor (Carlos Galiana), Vázquez de Mella (Plaza Reina Sofía), Plaza de España, Camarada Maciá (Mayor), 18 de Julio (Juan Carlos I), Alameda (Manolita Amo Nadal), Escuelas (Cervantes), finalizando en la Ermita del Rosario.
La Junta Mayor editó una revista de Semana Santa con portada del Cristo del Silencio, patrocinada por el Ayuntamiento. Dirigida por don Joaquín Ramón Almira y don Rafael Almira Torregrosa, fue impresa en Imprenta Molina. Recoge interesantes artículos que nos acercan a la Semana Mayor de 1956, entre ellos encontramos la colaboración realizada por don Juan Herrero Guardiola, arcipreste de Callosa de Segura, presentando el nuevo «Ordo litúrgico de la Semana Santa». Y es que esta Semana Santa comenzó, según el decreto promulgado por la Sagrada Congregación de Ritos el 16 de noviembre de 1955 para la Semana Santa de 1956, el nuevo orden litúrgico de la Semana Santa. Según el consiliario de la Junta Mayor, el Papa Pío XII pretendía «el acercamiento a las horas en que tuvieron lugar los hechos y misterios que celebramos y dar este fuerte aldabonazo… para que el pueblo participe piadosa y devotamente en las grandes solemnidades de los divinos Oficios».
Así pues, en este año comenzaría el Triduo Pascual, tal y como lo conocemos hoy: el 29 de marzo de 1956, Jueves Santo, Misa Solemne In Cena Domini, conmemorando la Última Cena en la iglesia de San Martín a las 11 de la mañana (por la tarde sería en el convento). Terminadas las misas, comenzaron las visitas a los monumentos. El Viernes Santo, a las cinco de la tarde, tanto en el convento como en la parroquial, se celebró la acción litúrgica de la Pasión y Muerte del Señor. Y ya el Sábado Santo, 31 de marzo, a las diez y media de la noche, la Vigilia Pascual, para celebrar a medianoche una Misa Solemne con comunión. A estos actos centrales de la Iglesia Católica en la Semana Santa se unieron el Jueves Santo, en San Martín, a las 8 de la mañana, misa rezada y, a las nueve de la noche, Sermón de la Pasión; el Viernes Santo, a las 11, en la parroquia, Maitines y Laudes; y finalmente el Sábado Santo, a las seis y media de la tarde, partiendo desde la plaza de la iglesia, solemne Vía Crucis.
Señalar que este año no se celebró el Sermón de las Siete Palabras, que comenzó a principios de siglo, desconociendo el motivo, aunque sí se realizó el Viernes Santo de 1955, 1958 y 1959, en el presbiterio de San Martín a las 13 horas, siendo 1959 el último año en el que se realizó, predicado por don Antonio Hidalgo Mateo. También en los años 1956 y 1957 tampoco procesionó la imagen del Cristo de las Siete Palabras el Domingo de Ramos, como tenía costumbre.
También es curioso que, sobre la ceremonia del Viernes Santo en el Calvario, que este año volvería a su ubicación habitual, ya que por unas obras se celebró en 1955 en la Rambla junto al Sagrado Corazón, señalando la Junta Mayor para este año, el 14 de enero, “devolviendo a dicha ceremonia toda su pureza y sabor tradicional”, ceremonia en la que no participó Santa María Magdalena al tratarse de una nueva imagen y trono, con una envergadura importante para subir al Calvario, participando de nuevo en 1957 con la imagen de Peris (1940).
Este ha sido, pues, un recorrido por la Semana Santa de hace setenta años, en la que tanto procesional como litúrgicamente comenzaron celebraciones y se incorporaron tronos e imágenes de las que hoy puede disfrutar la Callosa cofrade y los visitantes que desean conocerla. Setenta años separan aquella Semana Santa de la actual, pero en esencia sigue siendo la misma: la de una ciudad que se detiene cada primavera para vivir su fe, su tradición y su historia en las calles.
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