CUANDO FALTA DE TODO

FRANCISCO PÉREZ PUCHE, CRONISTA OFICIAL DE VALENCIA

Las materias primas escasean y el mundo está cada vez más angustiado. Hay falta de ladrillos y de madera, de petróleo y de cemento, de papel, plástico y minerales. Sube y sube el precio de la electricidad, pero nadie se está fijando en el mercado de futuros del molibdeno. Yo si lo he hecho; y en Chile, donde parece que tienen bastante, están que bailan de la alegría: en lo que va de año les ha subido la cotización casi un 50 por ciento. El molibdeno, dicen, va a ser mucho más rentable aún que el cobre.

La plataforma Salvemos la Montaña se viene manifestando hace meses contra la explotación minera del litio, que abunda en Extremadura… Las cuatro minas que tenemos, están allí; pero Podemos está presionando en los ayuntamientos para que no se extienda la búsqueda del mineral clave para fabricar esas pilas eléctricas de alto rendimiento, imprescindibles para los coches eléctricos. Ni comen, ni dejan comer. Ni favorecen la extracción y procesamiento de litio, que en su mayoría se concentra en China, ni dejan en paz a los vehículos de gasolina. La pintada de Greenpeace en el costado de un barco metanero en el puerto de Sagunto me lleva a pensar si los ecologistas se duchan con agua fría en invierno, como los trapenses. Mientras tanto, comprar un coche nuevo obliga a lista de espera, como cuando apareció el Seiscientos.

-¿Tiene usted tungsteno por casualidad?

-Tengo, pero es carísimo. Ha subido de precio más que el gas.

La inflación acaba de subir a un 5’5 %, empujada por la electricidad. Trabajo no falta, ya son veinte millones los españoles que tienen un empleo. Pero el dueño del bar donde almuerzo me dice que lo que faltan son ganas de trabajar. «Vienen, están dos semanas y se van: dicen que esto es muy duro, que están cansados, que prefieren seguir con el subsidio». Mal asunto: si a un país le falta cobalto, uranio, tungsteno y ganas de trabajar, si además no está espabilado a la hora de conseguir litio y lo ha de comprar en China, como todo lo demás, ese país va para atrás, como los cangrejos.

En un ejemplar del ‘Heraldo de Alcoy’ de 1906 leo las profecías de Thomas Edison. Muy pronto, decía el sabio inventor, sacaremos provecho del 85 % de la energía del carbón que perdemos por la chimenea. La electricidad será tan barata entonces, que todo será eléctrico en el mundo y el género humano será feliz. Edison no tuvo un buen día cuando hizo esas predicciones. Lo que estamos viendo -el alza de precios del gas y la electricidad, la falta de materias primas- se vivió cuando la primera Guerra Mundial. Ahora es parecido, aunque de momento no tiran gas mostaza. La iperita está por las nubes, como los fertilizantes.

Fuente: https://www.lasprovincias.es