FIRA DEL MUSSOL

J.MANUEL PUCHOL, (CRONISTA OFICIAL de L’ ALCORA)

Origen e Historia

EXCELENTÍSIMA DIPUTACIÓN PROVINCIAL. 25 de Marzo de 1843.

Acta de la Sesión celebrada en el día de la fecha. Señores diputados presentes: Querol, Ballester, Ramos y Balada.

SOLICITUD DE CONCESIÓN DE FERIA A LA VILLA DE ALCORA.

“Dada cuenta del expediente instruido para la concesión de Feria a la Villa de Alcora, se acordó evacuar el informe que nuevamente pide el Gobierno de S.M. en términos favorables, con la limitación de que para evitar el choque con los demás pueblos inmediatos que gozan del mismo beneficio por los días en que lo solicita. Igualmente la municipalidad de Alcora, convendría que se le concediese la gracia de celebrar la feria en los primeros días del mes de Octubre.”

Alcalde de Alcora: D. Vicente Negre. Secret: D. Ramón Gil

>>La Fira<< Comenzó siendo dilatada en su exposición, se realizaba a través de siete días. En realidad estaba estructurada por otras siete menores. Cada una de estas duraba una jornada y se resaltaba una especialización o producto: 1º Ropa. 2º Salazones. 3º Ganadera. 4º Caza (prioridad al Parany). Agrícola, Comestibles, etc.

Con el paso de los años y el cambio económico-social que realiza la villa de l´Alcora -de agrícola y ganadera, a industrial-, la feria pierde fuerza. En la medida en que el progreso y la calidad de vida van ganando posiciones entre la sociedad alcorina, la dependencia que esta tiene de la feria se aminora, decayendo la necesidad de adquirir ya allí una buena parte de los productos que en ella se exhiben. Los nuevos tiempos cambian toda la estructura comercial y gastronómica. Los vestidos y calzados son más selectos y variados, los vehículos sustituyen a los animales en el transporte y se mecanizan las labores agrícolas. Aparecen las modas y cambia la demanda, inclinándose por un tipo y modelo de producto de consumo, donde miles de unidades de fabricados en serie arrasan el mercado, ofreciendo una variedad y posibilidades de elección casi inagotables. En Alcora, el fuerte progreso que imprime la potente industria cerámica, unido a una economía familiar saneada y boyante, provocan un vuelco en los hábitos, y esto casi fulmina nuestra tradicional Fira.

Primero pasó de siete a cinco días, y en el 1.900, su duración ya solo era de tres jornadas. Ahora solo nos queda uno, unido inexorablemente al descanso dominical, pues el calendario laboral, también pasó de rural a industrial.

Fuente: http://laplanaaldia.com