Arxiu de l'autor: José Martí Coronado

EL PESO EXACTO

ANTONIO LUIS GALIANO, CRONISTA OFICIAL DE ORIHUELA

Aquellos que estamos entrados en carnes siempre agradecemos, cuando nos ponemos bajo los designios de la báscula, que ésta acuse como resultado un kilo o dos menos, incluso unos pocos de gramos, aunque con ello nos estemos engañando nosotros mismos, pues nuestro peso es el que es y no valen engañifas. No creo que ocurra esto con los luchadores de sumo japonés, para los que tiene gran importancia su volumen y los kilos. Incluso, en el boxeo se estableció una clasificación en los Juegos Olímpicos de San Luis, en 1904, en función del peso de los púgiles, dando lugar con ello a las categorías de pesado, medio pesado, wélter, ligero, pluma, gallo y mosca.

Pero el peso es el peso, aunque sea una redundancia, máxime si decimos sobre una persona o alguna cosa que lo vale en oro. Expresión ésta de ‘su peso en oro’, que aplicada a los futbolistas puede adquirir cantidades astronómicas y desorbitadas, incluyendo el presunto fraude fiscal. A veces, cuando empleamos estas expresiones desconocemos su origen, y al descubrirlo nos hace gracia el saber que podría proceder del medievo, cuando se secuestraba a una persona y como rescate se exigía su peso en oro. Todo ello cae dentro de lo anecdótico, como el decir que alguna manifestación cae por su propio peso en el sentido de que es razonable o presenta evidencia de lo verdadero. O bien cuando nos referimos al peso muerto que no hay que confundir con el de un difunto, sino que es la máxima carga de un barco mercante.

Mas vamos a lo que nos ocupa, que tiene relación con muchos productos de consumo alimenticio. Aquí comenzamos a ver en los envases el peso neto, el escurrido, la cantidad neta, o los gramos de producto escurrido, pues de todas estas formas podemos encontrarlo. Siempre, a lo largo de la historia cotidiana, ha existido preocupación por el control de aquellos elementos que facilitaban conocer la exactitud de lo que se estaba mercando, evitando así el engaño. Sin ir más lejos, en la Orihuela de 1757, debido a algunas quejas que se habían producido sobre el abuso en los pesos, cantidades, calidades de los géneros que se vendían al público en las confiterías, y máxime teniendo en consideración que se consideraba que, en su mayor parte, dichos productos servían para alivio de los enfermos; motivó que se efectuase una inspección en los establecimientos donde se expendían dichos productos.

Para ello, en el cabildo extraordinario del 1 de enero del citado año, en los remates de los arrendamientos de propios y rentas, se resolvió que había que tomar cartas en el asunto. Para ello se comisionó al capitular Joseph Juan Balaguer, regidor, como fiel ejecutor, para que a la mayor brevedad reconociera los pesos y pesas de los confiteros y que hiciera visura de los dulces, bizcochos y demás géneros, así como los precios con que se vendían. Para llevar a cabo su misión, el citado regidor fue acompañado por el alguacil mayor Thomás de Cervantes, por el alguacil ordinario Fernando Navarro, por los maceros Joseph Rodríguez y Francisco Sánchez y por Blas Ramón, fiel refinador de pesos, pesas y medidas. En aquella época en Orihuela existían nueve confiterías, que estaban regentadas por Joachin Roca, la viuda de Andrés Francés, Jerónimo Fuentes, Pedro Sánchez, Nicolás Meseguer, Nicolás Clemente, Luis Fuertes, Pablo Vigo y Pedro Francés. Este último tenía su establecimiento en la calle Mayor. De todos ellos, Nicolás Meseguer manifestó, tras serle comprobado el peso y las pesas de su establecimiento, que no tenía género alguno que vender «en su aparatada (sic) tienda». Por esto, se le comunicó que si deseaba fabricar posteriormente se sujetase a lo establecido sobre la regulación de precios.

El protocolo con que se llevaba a cabo la inspección se iniciaba con la comprobación por parte del fiel refinador de las pesas y pesos, y la solicitud de información sobre los precios de los productos. De éstos solo se menciona de forma genérica a los dulces y se especifica más los bizcochos y el azúcar esponjado, que podríamos identificarlo como los azucarillos, o porción de una masa esponjosa confeccionada con almíbar, clara de huevo y zumo de limón. Una vez que el regidor era informado de los precios, en base al cómputo y regulación de los que, en esos momentos tenía el azúcar y demás materias primas, como los huevos, ordenaba que la libra de doce onzas de azúcar esponjado se vendiese a 60 dineros y los demás dulces y bizcochos a 56 dineros, incurriendo en una multa de 10 reales si se excedía de dichos precios. En aquellos casos en que se superaba los mismos, los confiteros alegaban la carestía del azúcar y de los huevos. De todas las confiterías inspeccionadas, únicamente en la de Luis Fuertes se detectó una pesa de doce onzas con una falta de doce adarmes. Así mismo, cuando se les preguntaba si tenían algún privilegio para vender a un precio determinado, la respuesta era siempre la misma: la costumbre del arreglo de los precios de los maestros del gremio según la carestía de las materias primas.

Así, se aseguraba un precio fijo para todas las confiterías, garantizando a los clientes que el peso era correcto, con lo cual la actuación «se caía de su propio peso», aunque el azúcar esponjado y los bizcochos no lo tuvieran en oro.

Fuente: http://www.laverdad.es

LA SORPRENDENTE INAUGURACIÓN DE LA CALLE DEDICADA A UN MÉDICO EN ACTIVO

El pasado jueves, 15 de junio, se renombró la vía dedicada al doctor José Jaime Canós ante un millar de asistentes.

El Doctor José-Jaime Canós inaugura una calle con su nombre en Nules (Castellón).

ECA

Como ya informó El Confidencial Autonómico el pasado 31 de mayo, el Doctor José-Jaime Canós ya tiene una calle dedicada en su ciudad natal, Nules (Castellón) desde el jueves 15 de junio, en que tuvo lugar el acto oficial de inauguración.

En torno a 1.000 personas asistieron a esta “nada frecuente inauguración” de una calle a un vecino de una ciudad, en vida, en activo y por unanimidad de los partidos políticos con representación municipal. Es un médico del Hospital La Plana (Villarreal).

En sus palabras, que el propio José-Jaime Canós reconoció sentirse incómodo y abrumado porque “lo habitual es que no hable la persona a la que se dedica la calle, porque está muerto, pero el afecto de mucha gente me ha llevado a aceptar”. Con humor, mencionó algunos recuerdos de  su vida personal y familiar, plagados de anécdotas y reflexiones profundas sobre el ejercicio de la medicina y la dedicación a los demás.

Informe del cronista oficial

Según ha sabido ECA, la iniciativa de dedicarle una calle en su ciudad natal y donde siempre ha vivido este médico partió, en octubre de 2015, de un vecino que trasladó el deseo vecinal al ayuntamiento. Desde el ayuntamiento, por unanimidad, lo aprobaron y solicitaron previamente un informe al CRONISTA OFICIAL DEL MUNICIPIO DE NULES, VICENT FELIP SEMPERE (Associació de Cronistes Oficials del Regne de València).

El CRONISTA OFICIAL, en su informe avaló la iniciativa, destacando “el factor humano y su implicación en lograr lo mejor para los pacientes de los centros en que ha trabajado, de forma especial en Nules y poblaciones del entorno”.

Pero,  al ponerse en contacto con el Doctor Canós, éste “de entrada se resistió, pero la insistencia vecinal y municipal le llevó finalmente a aceptar una calle en su ciudad natal y donde siempre ha vivido”, señalan fuentes del ayuntamiento.

Entre los asistentes, muchos procedían de ciudades y pueblos cercanos a Nules, pero también de Madrid, Valencia, etc., pues es un médico muy querido por su abnegación profesional, dedicación incansable e impulsor de iniciativas solidarias desde hace décadas.

El alcalde, David García, en sus palabras de  enumeró las diversas iniciativas ciudadanas y de solidaridad en que ha estado o está presente el Doctor Canós, destacando el Banco de Alimentos, la Residencia local de la Tercera Edad y  los colegios de Fomento Miralvent y Torrenova, entre otras.  Subrayó la “solidaridad con cada vecino, con cada paciente, con cada persona, está muy por encima de su tarea de promoción o impulso de iniciativas solidarias colectivas”.

Fuente: http://www.elconfidencialautonomico.com

LA GUARDIA CIVIL ES ABATIDA EN ELDA

Vista del vallado del Coliseo España desde el cual fueron tiroteados los guardias civiles

GABRIEL SEGURA, CRONISTA OFICIAL DE ELDA

No hacía ni tan siquiera un mes del estallido de la más cruenta guerra que ha sufrido España en toda su historia, cuando un 13 de agosto, pero de hace 81 años, la violencia volvió a desatarse en Elda. En la calurosa tarde de aquel jueves de agosto de 1936 un cabo y cuatro números del puesto de la Guardia Civil, de Elda, fueron abatidos a tiros en pleno centro de la ciudad, en la actual calle Jardines, frente a la Plaza Mayor, en lo que fue el Coliseo España.

La Guardia Civil, al igual que el Ejército y la sociedad española, quedó dividida en dos bandos enfrentados. Como ha puesto de manifiesto la investigación histórica, la Guardia Civil fue decisiva en el desarrollo de los acontecimientos iniciales, pudiendo afirmarse que, salvo excepciones conocidas, la sublevación triunfó donde se sumó la Guardia Civil y fracasó donde esta permaneció fiel a la República.

En el caso de Elda, quizás contagiado por el caso de la sublevación de la comandancia de Albacete que fue duramente reprimida con ayuda de milicianos eldenses, los miembros del puesto de Elda fueron detenidos y arrestados de forma preventiva. Por las versiones conocidas, parece que yendo custodiados por los milicianos, al llegar cerca de las tapias del Coliseo, les dejaron adelantarse para que otros milicianos, apostados detrás de las tapias, les disparasen.

Acribillados a balazos, cuatro muertos por disparos en la cabeza y un herido grave con perforación de pulmón, que falleció más tarde, quedaron tendidos sobre el firme de la entonces carretera nacional que cruzaba Elda: el cabo José Marcos Praes y los guardias Manuel Morales León, Manuel Moreno Luna, Miguel Benítez Cuenca y Manuel Manresa Pamies. Manuel Manresa tenía 47 años y dejaba viuda y cinco hijos, entre ellos a su hija de 20 años, Josefina Manresa Marhuenda, novia del gran poeta Miguel Hernández.

Fuente: https://valledeelda.com

HACIENDO EL FANTASMA

FRANCISCO SALA ANIORTE, CRONISTA OFICIAL DE TORREVIEJA

El cambio de estación hoy en día, en que la forma de adaptar la ropa o la comida a las estaciones viene marcada por las campañas publicitarias, nos hace difícil entender que en un pasado no muy lejano los criterios para esas adaptaciones iban ligados a determinadas maneras de computar el tiempo y de señalar los inicios de las estaciones.

En contra del que podríamos pensar, esos inicios no coincidían con las efemérides astronómicas que llamamos solsticios y equinoccios, ya que eran los cambios de temperatura y pluviosidad los que caracterizan las estaciones dependiendo de la inercia térmica de la tierra y del agua. En nuestra tierra esos cambios se asociaban a dos momentos determinados, el primero de los cuales, el fin del buen tiempo, venía marcado por la fiesta de Todos los Santos, el 1 de noviembre, 40 días después del equinoccio de otoño, 22 de septiembre.

Y ya metidos en la segunda quincena del mes de octubre no está de más que escribir de esos días mágicos inundados por modas asentadas en nuestra comarca de pocos años a esta parte. Primero llegó Halloween -contracción de All Hallows’ Eve, ‘Víspera de Todos los Santos-, también conocido como Noche de Brujas o Día de Brujas, una fiesta de origen celta que se celebra en la noche del 31 de octubre, celebrado con mascaradas en las islas británicas e introducido con gran éxito en Estados Unidos por los emigrantes irlandeses y que se ha afincado de forma relevante en España.

Hay que recordar que estas tierras, llegado el otoño, los frutos secos pasan a formar parte de nuestra cultura, como las castañas y sus entrañables cocineras, las castañeras, lo que festivamente dio principio a que niños y niñas se disfrazaran para celebrar la llegada del otoño, proliferando en fiestas de colegios, guarderías y hasta en el Casino, amén de la novedad festiva, la ‘Survival Zombie’ (supervivencia zombi), una fórmula nueva de hacer de fantasma.

La festividad de Todos los Santos, tenía la cita obligada a los lugares donde reposan los restos de nuestros difuntos. Es época y momento de recordar lo que dicha conmemoración suponía hace tan solo medio siglo, no solo para las personas mayores, sino también para la chiquillería de entonces, tan propensa a integrarse en actividades poco frecuentes.

Todos los vecinos acudían en masa al camposanto, lo que para la chiquillería suponía una ocasión única para gozar de los frutos más apetecidos criados en el patio, como las níspolas. Desde muchos días antes las pandillas recorríamos ojo avizor el territorio, para situar estratégicamente donde había que actuar llegado el momento.

El inicio del invierno tenía su repertorio culinario particular, desde los alegóricos buñuelos de viento, a los más humildes boniatos y calabazas al horno. En la comarca del Bajo Segura, se tenían para el día de Todos los Santos y Difuntos un postre casero hoy en día casi desaparecido, las gachas de difuntos o de santos, hechas con harina anisada endulzada con arrope y calabazate. Pero, sobre todo, dulces capaces de conservarse durante mucho tiempo y suministrar una fuente de energía fácilmente digerible durante los meses fríos. Como los pastelillos de boniato.

En estas fechas de Todos los Santos y el Día de los Difuntos, el grito de «¡arrope y calabazate!» se enseñoreaba de nuestras calles a lomo de enjaezadas y pintorescas borriquillas que portaban en sus alforjas la golosa y negra mercancía. Iban conducidas por sus no menos pintorescos dueños, inconfundibles en sus típicos atavíos, produciendo su mercancía, en niños y mayores, las primeras bigoteras negras de la temporada. Ahora, el despacho de esta rica golosina se realiza muy de tarde en tarde y en motorizados medios.

Y todo esto ¿por qué? Es que la muerte y el culto a los difuntos, va más allá del hito anual del cambio de estación y de las novedades gastronómicas, en los aledaños del día 1 de noviembre se llenan de misterio y de culto a los muertos y a sus almas, no se celebra sólo en las culturas mediterráneas.

Llegada la festividad, se encuadraba en dos grupos. El más numeroso acudía al cementerio, para permanecer durante horas ocupados en diversas actividades, siendo la más lucrativa para los niños al ir cosechando la cera que se solidificaba una vez derretida en las velas, para posteriormente salir con ella a la puerta, donde era comprada por diversas personas dedicadas a tal menester, siendo pagadas con algunas monedas o cualquier chuchería. Algunos niños, generalmente monaguillos, acompañaban a los sacerdotes en recorrido itinerante por todas las sepulturas, donde se rezaban responsos a voluntad de los familiares. También recorrían el cementerio las dos campanas de auroros de las Cofradía del Rosario, cantando ante los sepulcros diversas salves y principalmente la llamada de Ánimas.

En el pueblo sólo se oían las campanas sonando todo el día, en el llamado toque de difuntos. La jornada acababa vaciando melones o calabazas, para colocar en su interior alguna vela encendida, y así confeccionadas, colocarlas en los lugares más oscuros de las calles para intentar asustar a algunos niños con supuestas apariciones fantasmales. Las tradicionales calabazas, las venden como algo traído de los países anglosajones.

Un lúgubre suceso ocurrió en 1922, en el cementerio, cuando varios obreros que allí trabajaban se refugiaron, huyendo de la lluvia, en una casilla cuya techumbre, resentida por las aguas, se desplomó sobre ellos causándole la muerte a José Moya. Otros sufrieron heridas de importancia. Tendremos que recordar los versos del poeta latino Gayo Valerio Catulo: «Los astros pueden morir y volver; pero nosotros, una vez que muera nuestra breve luz, deberemos dormir una última noche perpetua»

Fuente: http://www.laverdad.es

EL VALLE DE AYORA, 35 AÑOS DESPUÉS

MIGUEL APARICI NAVARRO CRONISTA OFICIAL DE CORTES DE PALLÁS

Arrojé el uniforme caqui, arrugado y embarrado, al interior de la lavadora y comí casero y me eché a recuperar horas de sueño. Veintiocho días seguidos en Alzira, con la responsabilidad de cien soldados, eran suficiente para caer rendido; pero mi cerebro no paró de dar vueltas sobre la suerte que podía haber corrido mi querido Valle de Ayora-Cofrentes, tras aquellas lluvias tan torrenciales. Así que al día siguiente, aprovechando una corta licencia, tomé la cámara y el bloc de notas y me marché a recorrer el suroeste de nuestra provincia. Treinta y cinco años quedaron notas y fotografías guardadas en una de mis carpetas del despacho. Quizás no fuera mala idea, para la historia local, recordar ahora algunas de mis visiones de aquellos momentos.

Laguna de San Benito. El propio Botánico Cavanilles ya había dicho, a fines del XVIII, que aquella depresión endorréica precisaba de la apertura de una mina que eliminara sus pestilencias hasta la distante rambla de Gracia. Así se haría, muchos años más tarde, excavándose una galería kilométrica que permite que hoy esta zona en el límite con Almansa sea un vergel de campiña regada por aspersión.

Pero en aquel otoño de 1982 me la encontré rebosante, atascado de lodos como había quedado el desaguador, y al llegar el invierno frío, que siguió, pude fotografiar también su superficie helada y mostrarla en las imágenes que llevó un artículo de José Soler Carnicer en la revista ‘Generalitat’.

Barrancada ayorina. El núcleo ayorino y su arrabal estuvieron siempre atados por las dos márgenes de una vaguada que, en su parte superior, gozaba de un pequeño embalse. La ruptura de éste, la pendiente rápida, las viviendas que habían osado levantar pilares en la cota prohibida… motivaron el desastre, con un par de víctimas humanas. Con aguas que subieron, cargadas de objetos atiborrantes, por la típica calle ‘Empedrá’ hacia la plaza del mercado y que el autor local José Martínez Sevilla (‘Pepe, el de la Imprenta’) acabaría plasmando en su libro ‘El día más triste de Ayora’.

Huertas del llano. Al norte de la población de Ayora, donde la ermita del milagro medieval de El Ángel, un hermoso llano siempre ha presentado huertas de manantial ubérrimas. Tal que, con la llegada de los sobresueldos de la Central Nuclear de Cofrentes, muchas familias ‘enriquecidas’ se habían construido magníficas ‘mansiones’ sobre ellas. Un desaguisado inferior al que dejó -sobre estos campos- la llegada tumultuosa de las lluvias caídas, en el 82, sobre las laderas del Montemayor, La Hunde y La Solana.

Puente de la N-330. Si una carretera ha dado vida a esta comarca (lejana, rural y ‘olvidada’) ha sido la que une Almansa con Requena. Bien que, en los 70, había empezado a recibir grandes maquinarias para Cofrentes y que, ahora, disfruta de abundantes mejoras rectificadoras.

Pero tras aquella riada, brutal en La Ribera, imponía atravesar aquí en coche el puente hormigonado sobre el río Zarra. Cuyas orillas habían perdido sus afamados cerezos, y hasta una mitad de la parte asfaltada vial, justo por donde los bordes del cauce eran deleznables yesos y arcillas del Keuper.

Barranco del Agua. A espaldas de Jarafuel, el barranco del acueducto gozaba de ser punto acampador; por sus caños y albercas de las fuentes Bella y El Tobarro. Y no fue moderado el oleaje pluviométrico que hizo desaparecer para siempre la histórica conducción acuífera, sino que tuve ocasión de perpetuar en foto las inmensas rocas rodantes que habían varado, finalmente, a la vera del río madre.

‘Río arriba’. El tramo del Júcar sobre el que cae la línea del mapa que divide provincia con Albacete es un mundo aparte, impenetrable y desierto. Avanzar por ese paraíso natural requería hacha o podón en mano. Hasta que la riada raspó paredes y fondos gravosos tan profundamente que la garganta rocosa quedó transitable hasta para niños.

Pontón de la CNC. La zona de nueva creación al pie del monte Alcola, base de la ubicación de la Central Nuclear cofrentina que hoy debate su prolongación de vida útil, sólo requería un ligero pasador sobre el magro río Reconque (previo a su afluencia al Júcar). Pero aquel día aciago, el vehículo que alejaba a los trabajadores no pudo con la corriente y el lodo de tan breve afluente; ni las cuerdas, lanzadas por compañeros, sujetaron las vidas de quienes quedaron para siempre sepultados en el barrizal arcilloso que fluía.

‘Embarcaderos’. Pocos son quienes no se han acercado ya hasta este pantano cofrentino para darse un paseo en barca turística acristalada, por el hermoso cañón del Júcar; embalsado desde la vecina Cortes de Pallás.

Nada que ver con el paisaje atroz, de hace tres décadas y media, de un embalse colmatado de barros rojos hasta la cúspide; frenando miles de toneladas de lodos que -afortunadamente- no se sumaron a los remitidos desde Tous.

Fuente: http://www.lasprovincias.es

LA PRESENTACIÓN DE LA REVISTA ANUNCIA LA LLEGADA DE LAS FIESTAS MAYORES DE ELDA

El acto fue presidido por Deltell, Arráez, González, Alfaro y Agost | Jesús Cruces.

SUSANA ESTEVE

La nueva edición de la revista Fiestas Mayores se presentó ayer en la sede de las Huestes del Cadí. Inma Arráez Juan se encargó de explicar de forma amena y precisa el contenido de esta importante publicación dirigida por Teresa Bellod, que se compone de artículos, imágenes y textos de creación sobre la historia, la botánica y las costumbres eldenses. Como afirmó el presidente de la Mayordomía de los Santos Patronos, Ramón González, “la revista es un tomo más de la Historia de Elda”.

El alcalde Rubén Alfaro acudió al acto con miembros de la Corporación de PSOE, Compromís y Partido Popular. También asistieron representantes de las diferentes fiestas religiosas de Petrer.

Inma Arráez, profesora de Inglés del IES Azorín desde el año 1990, es actualmente su vicedirectora. Con un tono didáctico y  desde su cariño que siente por las Fiestas Mayores y los Patronos de la ciudad, comentó cada artículo y valoró “el esfuerzo y el trabajo de las más de 70 personas de la Mayordomía de los Santos Patronos, en sus diferentes comisiones, que trabajan para que todos disfrutemos de estas fiestas: Pregón, Alborada, Camareras de la Virgen, Novenario, comisión de la Traca y de los Globos, Revista…”.

El artista que ha creado la portada y los dibujos que inician las diferentes secciones interiores es el eldense Constantino Callado, quien ha querido reflejar momentos importantes como la recogida del espliego por una joven en la tapa.

Entre los 65 artículos de la revista destacan artículos como los de José Blanes sobre los 50 años que cumple el Instituto Azorín, así como de Francis Valero -que pregonará las Fiestas Mayores el próximo miércoles-, sobre Deporte y Religión, o trabajos de acreditados investigadores como GABRIEL SEGURA (Cronista Oficial de Elda, Associació de Cronistes Oficials del Regne de València), Fernando Matallana, Juan Antonio Martí Cebrián, José Luis Bazán, Vicente Vázquez, Antonio Lozano y Miguel de Juan, Juan Vera, Ramón Candelas, Francisco Susarte o Emilio Gisbert, junto a otros muchos.

La presentadora habló desde el conocimiento del trabajo que supone la realización de una revista como esta, ya que ha sido su correctora de textos junto con su padre, Juan Arráez, durante los diez años en que su marido Pedro Civera asumió la coordinación de la misma. Inma Arráez tuvo palabras de recuerdo para Ernesto García Llobregat, fallecido este año, y director de la revista Fiestas Mayores durante muchos años. También quiso felicitar al Valle de Elda por sus 60 años de trayectoria y por su activa página web.

La directora de la revista, Teresa Bellod, en nombre de la Mayordomía de los Santos Patronos, destacó la labor fotográfica de uno de los fundadores de la revista, José Miguel Bañón, y rindió un homenaje a tres personas por sus años de colaboración en la publicación: Juan Deltell, Joaquín Planelles y Juan Vera. Asimismo, recibieron un reconocimiento tres empresas por su fidelidad como anunciantes: Electroidella, Seguros Tendero y Paco Herrero.

Fuente: https://valledeelda.com

LA NIT DE LES FOGUERETES D’AGULLENT

JOSEP MIQUEL BAUSSET

Es la noche del 1 de septiembre, cuando la villa de Agullent celebra la Festa del Miracle (Fiesta del Milagro) o Nit de les Fogueretes (Noche de las Hogueritas), una romería nocturna que sube desde este pueblo valenciano de la comarca de la Vall d’Albaida hasta la ermita de San Vicente Ferrer, para agradecer al santo valenciano el fin de la peste que asoló este pueblo en 1600.

Así lo encontramos datado en el documento del voto de esta villa: “dit consell de comú consensu determinen, decreten, statuhixen e diguen que voten la festa de dit gloriós Sant Vicent Ferrer en tal dia com és a quatre de setembre, prometent-hi al dit sant gloriós, cada any en dit dia, pujar a la seua hermita en processó amb molta devoció”.

Aunque tradicionalmente esta romería se celebraba siempre en la noche del 3 al 4 de septiembre, desde el 2013, la Nit de les Fogueretes (declarada Fiesta de Interés Turístico Local) se celebra el fin de semana más próximo a esta fecha, tal como decidió Agullent en un referéndum.

La fiesta fue instituida el 7 de agosto de 1600 como cantan los Gozos:

“Era lo any mil sis-cents/ en que esta Universitat/ estava molt afligida/ patint de la pesta el mal,/ puix huitanta-i-tres veïns/ en dos mesos soterrà”.

Así, en las actas del Llibre de Consells (1592-1644) Municipals del 28 y del 29 de octubre, el pueblo de la universidad de Agullent, reunido en Consell Particular el 28 y en Consell General el 29, admitió que la curación de los enfermos de peste y la desaparición de esta epidemia, fue debida a la intervención de San Vicente Ferrer.

La tradición nos dice que fue la noche del 3 al 4 de septiembre de 1600, cuando en el pueblo ya habían muerto 83 vecinos víctimas de la peste, que el ermitaño Joan Solves oyó un fuerte ruido en la ermita:

“Era ermità en esta ermita/ Joan Solves aquell any,/ i sols quedava en les cases/ lo vicari i los jurats;/ la demés gent fugitiva per barraques i barrancs”.

Cuando Joan Solves fue a ver qué había pasado, vio a un fraile dominico, que identificó con San Vicente Ferrer, arrodillado, rezando. El ermitaño fue a avisar a su mujer y cuando el marido y su esposa llegaron al lugar donde él había visto a San Vicente orando, ya no vieron a nadie:

“Joan, tancada la porta,/ desde son cuarto atisbà/ genollat un dominico/ davant de l’altar del Sant;/ més cridant a sa muller/ mai el pogueren trobar”.

Pero en el lugar donde había estado el gran santo y taumaturgo valenciano, vieron una lámpara encendida supuestamente por el santo (y que antes estaba apagada) y que con su aceite curaba de la peste a los enfermos del pueblo:

“Però veieren que la llàntia/ que ans no havien cuidat/ estava sobreeixint d’oli/ en una llum molt flamejant”.

En ver este prodigio, “Lo repic i la notícia,/ per lo poble s’escampà,/ pujaren tots a l’ermita”. Así lo cantan estos Gozos de 1658: “Tocaren, doncs, la campana,/ i després es veren pujar,/ Justícia, Jurats, Vicari,/ pensant-se era algun fracàs;/ però vent ser gran miracle,/ plens de goig tornaren a baixar”.

Una vez allí “Prengueren, puix de la llàntia/ llum i oli en quantitat,/ anant-se’n per poble i terme/ untant i curant malalts;/ i en un instant,/ s’encontraren de la pesta/ bons i sans”.

Subir cada año, de noche, a la ermita de San Vicente de Agullent, con antorchas y farolillos, ya es una tradición más que centenaria en esta villa de la Vall d’Albaida. Es la manera como el pueblo agradece cada año a San Vicente la curación de los vecinos de Agullent. Una tradición que perdura cada año y que consiste, cuando se llega a la ermita, en ungirse la frente u otra parte del cuerpo con el aceite de la lámpara de San Vicente.

Por eso, también este año, aunque no sea la noche del 3 al 4 de septiembre, Agullent aclamará a San Vicente, para así agradecerle su protección:

“Puix que Déu en Agullent/ per Vós féu coses tan grans:/ guardau-nos, Gloriós Vicent/ de la pesta i altres mals”.

Como dice el amigo y CRONISTA OFICIAL DE AGULLENT, RAMON HARO ESPLUGUES, “La tradición agullentina admite sin reservas la predicación del padre y maestro Vicente Ferrer en Agullent alrededor del 1410, como también su estancia, una noche”, en esta villa de la Vall d’Albaida. RAMON HARO afirma también que “la devoción agullentina al santo aparece en la documentación del Llibre de Consells de la Universitat d’Agullent, en el Decreto del Milagro y en los escritos de mossèn Josep Esplugues, agullentí, rector de Montaverner y promotor de la Nueva ermita de San Vicente Ferrer (1745-1749)”.

Que en esta fiesta tan entrañable, San Vicente, patrono del País Valenciano, nos enseñe a ungir con el aceite de la caridad y de la amabilidad, de la generosidad y de la alegría, a todos aquellos que viven situaciones de pobreza, de enfermedad o de solitud. Y que San Vicente continúe protegiendo a los ciudadanos de Agullent y de todo el País Valenciano: “La salut per atalaia/ en tal tossal us posà:/ Guardau-nos gloriós Vicent/ de la pesta i altres mals”.

El amigo RAMON HARO, en 1972, escribía este precioso poema dedicado a la Nit de les Fogueretes, con el cual quiero honrar esta fiesta y a todos los agullentinos y agullentinas, por el hecho de haber sabido mantener esta tradición tan hermosa y tan enraizada en la villa de Agullent :

“És la Nit del Miracle,/ nit de popular devoció;/ de setembre, la nit més lluminosa;/ d’Agullent, la més bella explosió./ És nit de bona assistència,/ puix tots els agullentins/ hi fan acte de presència,/ acudint per tots els camins./ Xics i xiques pugen pel Camí de ciprers/ i pel pinar a l’ermita del Sant,/ uns amb falles, d’altres a ballar./ La música ix de la Plaça/ i de la torre la campana/ la nostra festa proclama./ És la Nit del Miracle,/ que proclama el nostre idioma vernacle”.

Fuente: http://www.periodistadigital.com

LA GREU SITUACIÓ DEL CASTELL DE PETRÉS

LLUIS MESA REIG, CRONISTA OFICIAL D’ESTIVELLA

En la nostra comarca hi ha un gran nombre d’elements patrimonials que mereixen el seu reconeixement. Són monuments que no sols resulten destacats béns locals sinó que han format part del passat comarcal. Malauradament, no tots estan en la situació que es mereixen i algun d’ells es troben en un greu estat d’abandonament que pot arribar fins a la seua desaparició. En eixe cas es troba el castell-palau dels Aguiló a Petrés, catalogat per l’entitat Hispania Nostra com un dels béns històrics patrimonials en perill de desaparició. En l’última reunió de cronistes i investigadors de la comarca s’ha pogut comprovar que el seu estat resulta penós i que necessita el suport de les entitats supramunicipals per a recuperar-lo. Cal no oblidar que eixe monument era la porta de Sagunt a la comarca. Des d’allí s’albirava l’eixida de la capital cap a les poblacions. L’edifici té unes dimensions considerables. Hi ha unes destacades cavalleries i un pati gòtic amb una important escala que encara el presidix. Des dels seus extensos merlets s’observa encara una vista que permet reconéixer una part important de la Baronia, tot un símbol que representa perfectament el que va suposar eixe palau. En estos moments, l’Ajuntament s’ha establit com una prioritat la seua recuperació però no ho té fàcil. El pressupost municipal no pot arribar a assumir totes les necessàries despeses i les institucions que han de col·laborar no ho fan amb la intensitat pertinent. És clar, que hi ha moltes prioritats però este monument necessita una atenció que malauradament continua sense prestar-se d’una manera eficaç.

En definitiva, el Castell de Petrés es troba en un estat d’imminent desaparició si nó s’intervé prompte. El dia menys pensat poden assolar-se alguns dels elements que encara es mantenen en peu i són de gran singularitat. Al llarg de la història la comarca ha sigut testimoni de la desaparició d’una part del seu patrimoni. Cal confiar que este no siga el pròxim monument que desaparega davant la desídia o la llarga espera de l’actuació de les institucions.

Fuente: http://www.elperiodicodeaqui.com

UNA HOGUERA DE TRASTOS

La Asociación Cultural Lloixa comienza a acumular enseres viejos que quemará en la noche del 23 de junio, en una tradición recuperada en 1989.

VICTORIA MORA

La tradición de la noche de San Juan se mantiene viva e intacta en Sant Joan d’Alacant, población inmersa en las fiestas de Hogueras y que este año celebra el medio siglo de tradición fogueril. Además de las tres hogueras que se quemarán el día 24, una con gran tradición es la de la Asociación Cultural Lloixa. Desde 1989 la entidad elabora una hoguera tradicional con trastos y objetos inservibles que acumula para prender fuego. El precursor fue el CRONISTA OFICIAL DE SANT JOAN D’ALACANT, ISIDRO BUADES (Associació de Cronistes Oficials del Regne de València), quien quería recuperar una tradición ancestral de la huerta alicantina.

Los trastos, maderas, muebles viejos y diferentes enseres se están dejando ya en el Racó de Giner, según explicaba ayer Alfredo Campello, de la asociación, quien recuerda que esta hoguera ha pasado ya por varias ubicaciones, la plaza Josep Carreras fue la primera, ha estado en el aparcamiento de La Moleta y la última década es Racó de Giner, detrás de las pistas de petanca. Campello augura que pronto deberán de buscar otra ubicación ya que a medida que pasan los años se va reduciendo el espacio.

Desde los primeros años la Hoguera Tradicional Lloixa contó con el apoyo de la Hoguera Plaza de Maisonnave que participa activamente en la cremà, según explica el representante de la entidad cultural. Cuenta que el Ayuntamiento de Sant Joan deposita los enseres recogidos por la brigada que son quemados junto a los muebles aportados por los vecinos de Sant Joan.

Este año la hoguera tiene la colaboración de la Asociación Els Amuntegats que realizarán un espectáculo junto a la hoguera minutos antes de la cremà.

La Asociación Cultural Lloixa pide a los vecinos que participen activamente en esta tradicional hoguera tanto con la aportación de los trastos que ya no quieren y que acudan a vivir la cremà.

Fuente: http://www.diarioinformacion.com

LA MEMORIA DEL TEATRO SE DESPIDE

José María Morera muere a los 83 años tras una vida dedicada a la cultura como director teatral y en diversos cargos públicos.

ALFONS GARCÍA

El hombre que aún quería al teatro pero ya no se acostaba con él. Quizá sea mejor titular para concentrar el espíritu de José María Morera, piensa el redactor, siempre confuso a la hora de la tipografía gruesa. Morera… Si una persona tuviera que resumirse en un gesto, Morera sería una sonrisa, que contenía tanta picardía como inteligencia. Y recuerdos de un mundo de apreturas y sueños de libertad cada vez más borroso. Morera, si se nos permite añadir algo más, era un magnífico conversador, gesticulante como buen hombre de teatro y dueño de silencios elocuentes. Morera se ha ido así a los 83 años, en medio de un gran silencio tras una etapa de progresiva desconexión mental. Se va sin entierros ni ceremonias públicas. Por decisión personal, sus cenizas serán lanzadas al Mediterráneo.

Quizá en los tiempos de las tuitnovelas, el nombre de José María Morera diga poco a los jóvenes culturetas, pero sería difícil explicar la cultura valenciana de la última mitad del siglo XX sin citarlo.

Por extractar: fue fundador del Teatro Universitario en las aulas de La Nau, se codeó después en Madrid con los renovadores de la escena española, introdujo a Sartre o Albert Camus en el repertorio del teatro español, moldeó a algunos grandes cómicos, fue dos veces Premio Nacional de Dirección…

Y después, cuando regresó en 1988 a València («la decisión más valiente que he tomado en mi vida», confesó a María José Muñoz Peirats en una entrevista en Levante-EMV en 2007) fue director de la Mostra de Cinema, director general de Patrimonio y de Promoción Cultural de la Generalitat en los primeros años noventa y secretario del Consell Valencià de Cultura (CVC) hasta 2011. A partir de ese momento inició su retirada: de València a Ondara, donde ha pasado sus últimos años.

Para quienes tengan dudas de quién fue Morera, es aquel a quien José Sacristán recordó hace un par de años, al recibir en Mérida el premio Ceres en 2015. Le dedicó el galardón como el hombre que dio el giro a su carrera después de debutar en 1964 en el teatro romano extremeño con Julio César. Morera le prometió que contaría con él en su próxima producción y cumplió. Sacristán protagonizó un año después La pulga en la oreja, de Feydeau, «un vodevil que cambió mi carrera», dijo emocionado.

Sacristán es uno de los intérpretes que el actual secretario del CVC -y amigo de Morera-, JESÚS HUGUET (Cronista oficial de La Pobla Llarga i Portell de Morella, Associació de Cronistes Oficials del Regne de València) , recuerda haber visto desfilar por el palacete que es sede de la entidad para saludar al viejo director teatral. Josep Maria Pou, Verónica Forqué, Emilio Gutiérrez Caba o Vicente Parra son otros.

Parra y la vecina de arriba

De Parra, su buen amigo en los tiempos madrileños, Morera era una fuente inagotable de anécdotas y recuerdos. En la casa madrileña del actor valenciano solían cocinar la tradicional paella de los domingos y allí podía topar cualquiera con los grandes de la escena, empezando por Sara Montiel, la vecina del piso de arriba.

Morera llegó al teatro en los tiempos de la clandestinidad, se fajó en el TEU valenciano y, como Parra y otros intérpretes de aquella generación, se construyó un nombre y un prestigio en Madrid.

Fue, sobre todo, el introductor en los teatros españoles de la modernidad europea: Sartre, Camus, Dürrenmatt, Greene. Y fue un forjador de actores y actrices: los mencionados Parra, Sacristán y Pou, Fernando Guillén y Gemma Cuervo (era padrino de Cayetana, la hija de la pareja), María Luisa Merlo y Juan Echanove, entre otros. «Tú fuiste la persona y director que desató en mi la pasión por el teatro», afirmó ayer este último.

Hasta aquí, el director y hombre de teatro que se codeó con Francisco Nieva, Adolfdo Marsillach o José Tamayo. ¿Por qué regresó en 1988 a València? Por honestidad profesional y personal, diría hoy el redactor. Porque el tiempo de dirigir había pasado para él (ya no sintonizaba, confesaba en la entrevista citada) y porque el glamur de los estrenos cada vez le repelía más.

Claro que el futuro que eligió en su regreso a València no iba a estar apartado de focos y cámaras. Pongan polémicas culturales valencianas de los ochenta y noventa (no son pocas ni menores) y Morera tuvo algún papel.

Reapareció en la ciudad de su Russafa natal para dirigir sin carné socialista la Mostra de Cinema del Mediterrani en un momento de transición, con Clementina Ródenas de alcaldesa y cuando el festival empezaba a pasar página del proyecto mediterranista original en busca de una identidad que nunca encontró. Ni con Morera ni con los posteriores gestores hasta su mutis por el foro en 2011.

Perdido el Ayuntamiento de València en 1991, el PSPV repescó a Morera en la Conselleria de Cultura. Primero como director de Patrimonio y luego como titular de Promoción Cultural, con Pilar Pedraza al mando del departamento.

No eran tiempos fáciles. Los veteranos saben por qué: estaba el conflicto del teatro romano de Sagunt y su polémica reforma. Pedraza ponía en valor ayer el esfuerzo por construir una programación y dar «vidilla» al tan comentado espacio. Fue lo más difícil de aquella etapa. Algo más que realizar una temporada de ópera en el Teatro Principal de València, porque la lírica existió en la ciudad antes que el Palau de les Arts. De verdad.

Después de la victoria de Eduardo Zaplana en las autonómicas de 1995, Morera pasó al CVC. Hasta 2o11. Una larga etapa. Como secretario durante muchos años. Con momentos duros, otra vez. Como cuando el dictamen sobre el conflicto de la lengua que proponía la creación de la Acadèmia Valenciana de la Llengua. Con tomates en la puerta del Palau de Forcalló.

Morera se va sin ceremonias, no sin condolencias. Ximo Puig dijo ayer: «Era uno de los intelectuales valencianos más destacados del siglo XX». La conselleria le dedicará el domingo el estreno de la ópera La brecha. La memoria del teatro valenciano se despide. Quizá sirva como titular.

Fuente: http://www.levante-emv.com